Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

jueves, 31 de enero de 2019

Descubrimientos...

Me repongo tumbada en un rincón de este nuevo lugar. Me llega música y me gusta lo que escucho, la voz femenina. Ni siquiera pregunto. Hago un shazam con prisa, para que no se acabe, implorando que reconozca la canción, que la conexión sea buena, que no me pida que lo reintente porque a la segunda nunca suele funcionar. Bingo! Y aquí la tenemos. Me descargo el album completo y lo escucho como una adolescente, sin dejar que acabe ninguna canción, como palpándolo completamente. Esta no es su mejor canción. Pero la he elegido bastante al azar. Porque adoro el francés...!

viernes, 18 de enero de 2019

Se nos ha escapado un once...

...y me doy cuenta y me levanto y te encuentro muy cerca y nos abrazamos entre besos y no entiendes nada y te miro y me miras y me preguntas y te lo digo. Se nos ha escapado un once...

Y te das cuenta y lo confirmas y te sorprendes y casi esperas una regañina que no llega y nos reimos mientras nos abrazamos todavía.

Porque hay detalles cruciales que a veces no tienen ninguna importancia...

jueves, 3 de enero de 2019

Totes les abraçades que vaig oblidar fer-te...

He mirat amb por la teva finestra. Des de sota, al carrer. Ho confesso, perquè no és el primer cop que ho faig...

Encara hi ha les cortines del quarto de la cantonada penjades, on a vegades et veia per una meravellosa casualitat treient el cap, mirant a baix, potser a la gent, al tràfic, no ho sé. Depenia, suposo. Ara es perceben d'un gris impossible, oximorònic. Les cortines, vull dir.

No he somrigut, tampoc he pensat que havia de pujar a veure't i fer-te un parell de petons, explicar-te les darreres novetats de la meva canviant vida o que em parléssis de metges, perquè ara ja tinc la teva absència indefinida instal·lada sota la pell, dins els ossos, darrera les retines i al córtex.

És tot irreversible. Que hagis deixat de ser-hi. El que no et vaig dir, potser. I el que vaig fer. Amb tú, per mi sobretot. Tot el que no podem canviar, ni fer, ni treure o desfer, tampoc posar-ho o callar, retirar o potser donar.

Penso en tot això avui, quan comença un altra període de molts díes i sembla que hem de fer propòsits i fixar-nos objectius. M'agrada mirar el que queda enrera, de tant en tant. Perquè és bo saber d'on venim per recordar qui som i com volem ser. Mentre puguem...  

Ella no está en el coro...

pero qué Leo...!

https://www.catorze.cat/noticia/11755/save/last/dance/for/me

A veces, en secreto, me alegro de que su mánager le robara hasta la ruina: no le quedó otra que volver a cantar poesía... Hasta el final, con gira agendada...

miércoles, 2 de enero de 2019

Disobedience. Nota bene...

Solo un apunte para recordar en el futuro lo mucho que ha removido esta película en mis memorias, que ya andan revueltas, dadas las circunstancias.

No voy a hacer spoiler (sólo voy a contar lo que pasó! Aún escucho tus carcajadas por calles vacías tras casi diez kilómetros de paseo...).

Acabé de verla dando un salto en el sofá. Enfadada. Como furiosa. La decisión no es la adecuada, según quién soy hoy. Son idiotas!! Probablemente me hubiera comportado igual, en el pasado. Hoy (que soy tan distinta) ya lo dudo. [Me acabo de acordar de la canción ‘Cómo sería?’ de la fallecida Soraya.. Snif...]

Sé dónde están los sueños, la felicidad, el futuro. Y los persigo, la tengo y lo comparto. Respectivamente...

domingo, 30 de diciembre de 2018

Balance del 2018, en cuatro palabras...

Siempre fue uno de mis juegos favoritos, gracias a mi ascendiente femenina: poner boca abajo las fichas con dibujos y buscar la idéntica de entre todas.

Ahora sucede un poco lo mismo. 

Hay miles de piezas dispersas en un espacio nuevo, que van saliendo de las cajas y hay que agrupar, machear, ordenar. 

Es un gigantesco puzzle que cuesta de montar, de esos que puedes dejar suspendido por algun tiempo, consciente de que lo que no hagas ahora va a quedar pendiente. 

Es un proceso lento y largo que se enfrenta a mi renovada impaciencia. Todo ayuda a ser.

Estamos. Seguimos. Somos. Queremos.

Cuatro palabras que pueden servir como balance del año que acaba. Joder, qué año!! :)

domingo, 9 de diciembre de 2018

Recordando por qué huía de...

Quizá precisamente por eso nunca quise reincidir y buscaba todo lo contrario. La distancia, el no compromiso, la volatilidad, lo que sea que se llame la falta de seriedad. Pero lo opuesto. Era por esto por lo que salía paseando hacia el otro extremo, sin prisas, con muchas ganas. En cuanto olía la palabra compromiso. Y también convivencia.

Porque reconstruirme de cabeza a pies, de índice a índice, de pasado a presente, no es muy fácil pero hacerlo contigo lo convierte en algo divertido, por lo menos. Aunque discutamos por el color del sofá o las vistas desde la nueva galería, los ruidos que subirán desde la calle por la noche. Dónde van las plantas o el material de las alfombras.

Es interesante cuando me doy la vuelta sobre mi misma, despacio, observándome desde y hacia afuera, y noto que apenas quedan personas, espacios, rutinas comunes. Solo tú estás ahí, arraigada, instalada. Lo único sólido en un mundo líquido, parafraseándome. Todavía.

Huía de la convivencia precisamente por esto: para no echarte de menos con la inquietud de un animal privado de libertad.

Gracias por estar presente incluso en tus raras ausencias del cada día. Todavía...

viernes, 2 de noviembre de 2018

Justo ahora y justo hoy: te quiero...

Justo ahora que empieza el horario de invierno y llega el frío. Sí, justo ahora que estamos lejos de casa, para no variar nuestros hábitos, y compartimos, simplemente, todas las horas sin relojes, ninguna prisa y alguna duda, porque no es fácil dejar este espacio enorme como de ensueño. 

Justo ahora, que vamos a por la nueva estación, repitiendo. Siguen las carcajadas y hasta los ratos del silencio. Y las caricias tranquilas de por la mañana, bajo edredones y sábanas blancas en enormes camas. Con albornoces blandos y suaves y también enormes.. Y la paz profunda, esa tan imposible en este tiempo de mentiras que son las únicas monedas de cambio, pensaba yo.

Acostumbradas a celebrar lo difícil y sobretodo lo maravilloso de estar hoy, aqui, o allá, viviendo nuestros propios planes, con esta nueva libertad, tan previsible y esperada, sin embargo. Tanto tiempo. Fuertes incluso frente a los imprevistos. Porque somos dos y eso es innegociable. 

Y justo ahora, justo hoy quería volver a pasar por este lugar después de tantisimo tiempo, y, como quien besa dulcemente sobre los labios, escribir lo mucho que te quiero...

jueves, 20 de septiembre de 2018

Soy muy bruja...!

Todo sucede según lo previsto. Años creando en silencio esta realidad que está transformado la vida, desdoblándola. Lo más importante: te has deslizado dentro, te has instalado, también fuera. Y, una vez a solas, sin esconder explicaciones, nos dejamos llevar, como consumidores de psicotrópicos que no consiguen comprender el por qué de ninguna cosa.

Estrenamos momentos cotidianos mientras planeamos escaparnos, en una terraza en la que todavía es verano, intensamente...

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Segundo outing y tan fresca (y feliz)...

Como en aquellos tiempos (buenos, malos) pero disciplinados y puntuales, acudo a una cita ante el teclado con muy poco tiempo. Y es que una no estrena varias vidas de manera simultánea cada día...

El segundo descendiente y primogénito fue oportunamente informado de las novedades y, como siempre dije (las madres somos madres y punto), y mira que lo he dicho veces, bajó la mirada con timidez y una media sonrisa e informó que estaba al corriente y que su vida continuaría sin ningún cambio. Tiene un largo recorrido de felicidad al que todavía no se ha habituado y lo sigue, con madurez, calma y sorpresa.

Me acompañaba mi descendiente menor, a quién pedí ayuda con complicidad. Resultó que fue más difícil para ella que para mí. Paradojas sorprendentes.

Han cambiado las normas con mis promesas de transparencia y con mis juramentos innecesarios de comunicación, mis disculpas sinceras y mi perdón por si alguna vez pude hacerlo mejor de lo que creí entonces.

Y eso, hoy, era lo que yo necesitaba. Ellos dos, al corriente. No mucho más pero nunca menos. Y quince años o más proyectando unos minutos de conversación, respiración, silencio, timidez, vergüenza y alguna lágrima (ninguna mía; soy de granito) te acaban preparando desde el inconsciente más desconocido e ingobernable. 

Así que llega el momento y te explicas y te abres y no hay ni siquiera nervios, de tan natural e interiorizado como ya lo llevas. Y de repente todo es distinto...

sábado, 1 de septiembre de 2018

Primer outing vertical...

Hay fechas y momentos, aromas y sonidos que se tatúan en la memoria. Y dejarlas aquí es lo que toca.

Yo, que soy de memoria mala solamente para lo que no me interesa, quiero dejar apuntado para mi mañana de buscadora de recuerdos que éste ha sido el año de los primeros monzones para ella, de cerrar un ciclo y una etapa, para ambas. Se va unos meses y mi nido se vació de descendientes. Por completo. Ninguna pena por mi, felicidad por ellos.

Antes de eso, de que se marchara facturando dos maletas de 75 cms, había que hablar un secreto mal guardado durante mucho más de quince eternos años, que son los oficiales. No se preguntaba, ergo no se comentaba. Se sospechaba, suponía, imaginaba. Se atacan cabos como quien teje bolillos y los encaja, tan desesperadamente despacio... Pero el fin de mi intervención como educadora y ejemplo terminó hará ya un año y llegó ese inquietante momento de rasgarme naturalmente de pies a cabeza, deteniéndome en el corazón.

A un metro y medio de distancia en el sofá, cara a cara, solicitó conversar sobre eso. Lloró y reimos. Escuchó y pidió confirmar y resolver dudas. Dió nombres y acertó. Fui como soy y dije toda mi verdad, sin artificios ni subterfugios.

Apenas queda nada que esconder y todo por compartir. Le agradezco en el alma esta bendita liberación. Eternamente...

miércoles, 22 de agosto de 2018

Esta noche...

...me la he pasado entera echándote de menos. Y eso que dormías a mi lado...

Y es que no me acostumbro a que algunos centímetros sean distancias...

miércoles, 23 de mayo de 2018

Mi agradecimiento, mi reconocimiento...

Demasiado sin pasarme por aquí. Lo sé. Y lo he pensado. Pero en ocasiones lo mejor está reñido con lo posible y es preferible y recomendable guardar silencio. Callar. Lamerse los pensamientos y quedarse a solas, con heridas y alegrías. Qué año tan intenso, por Dios... Cuánto cambio... Tantas oportunidades...

Un par de motivos de peso me empujan aquí, este lugar especial, de nuevo. Algunas presiones y sugerencias bienintencionadas, que agradezco, junto a cierta nostalgia personal por acudir a vaciarme. Es terapéutico. Siempre lo fue. Y ha sido de tanta ayuda...

Y, por otra parte, un agradecimiento especial a quién está dedicando horas y horas de su vida a leer íntegramente este blog. Desde las entradas más nuevas hacia atrás, pacientemente, constante. A largos sorbos, me lee. Desde el centro de la península y desde el noroeste del país. Depende de los días.

Gracias de verdad por el tiempo y el interés. No puedo decir otra cosa más allá de lo que siento.

Es curioso el ejercicio que me hace vivir, ese hecho extraordinario. Entro en los post a través de los cuales deja el lugar. Y así revivo episodios de mi misma que han sido olvidados, nuevos ahora, desconocidos. Me remueve y revuelve, me preocupa no recordar rápidamente quién hubo detrás de la inspiración o la excusa para escribir. Siempre he tenido tan mala memoria... Me hace pensar.

Y la curiosidad lo mata todo porque me gustaría saber qué le produce a alguien que no me conoce leer historias impersonales, abstractas, sin alusión explícita al sexo o identidad de los protagonistas de mis cuentos de hadas y de príncipes y princesas, reales a veces o no.

Mientras tanto, sigo construyendo nuevas vidas a marchas forzadas, viendo cómo cambia mi suerte, todo huele a verano por fin y tú y yo nos planeamos intensamente...

miércoles, 7 de febrero de 2018

Shen o un relato erótico... Capítulo IX.

Me desnuda como si fuera a darme otro masaje, deprisa, con precisión. Deja mi ropa sobre la única silla que queda libre y se dirige a la puerta. Para cerrarla con llave, por dentro. 

Intento comprender uno sólo de sus movimientos, qué planes tiene para nosotras, pero confieso que es imposible. Su frase: "Voy a hacerte la mujer más feliz del mundo" no me aclara nada...

Se frota las manos para quitarse el frío y me acaricia el cuello y los hombros, las dos de pie, de frente, intentando mirarnos a los ojos. Yo, tratando de disimular mis nervios. Ella, divertida. Me besa un poco en los labios, muy por encima, y sigue sonriendo, consciente de que estoy abandonada y ni siquiera voy a tratar de oponer resistencia.

Me toma de la mano y me arrastra suavemente hacia una de las paredes de la habitación, llena de puertas de armario, marrones. Me acerca y me instala frente a esa pared, me da la vuelta mientras ella se pone detrás de mi. Sin decir nada, coloca mis brazos hacia arriba y deposita las palmas de mis manos abiertas sobre mi cabeza. Repite la operación con mis piernas y las separa. 

Estoy completamente desnuda ante ella, que me observa sonriendo. Se acerca a mi oído derecho para dejar un susurro:

- No tengas miedo. Sólo siente. Siente bien lo que vas a sentir porque nunca antes lo has vivido. Estoy segura.

- (...) Enmudezco. Estoy nerviosa. No tengo ningún miedo.

De pronto, siento sus manos subiendo por mis pies, entreteniéndose durante el camino, cambiando la dirección de la caricia, con movimientos suaves. Se distraen lo que a mi me parece una eternidad hasta alcanzar la parte alta de mis muslos y, mientras una se entretiene paseando mi vientre, la otra mano comienza su camino hasta el centro de mis piernas.

Me penetra tímidamente, para prepararme, mientras su mejilla me acaricia la espalda y su otra mano sigue descubriendo mis pechos y mi barriga y me abraza por completo mientras imprime ritmo y velocidad  a sus caricias.

Aparta sus manos de mi por sorpresa, me retira los besos y retoma las caricias con la boca y la piel de su cara y sus pestañas y el dorso de las manos. Y consigue que no cese el movimiento ni la sorpresa porque cada una de esas partes de ella se funde conmigo a la vez, me llena, me acaricia.

Comienzo a gemir porque su dominación me deja sin defensas, porque necesito besarla, porque quiero sentirla más y más adentro. Porque una siempre sueña con sentirse así alguna vez.

Nos visualizo desde fuera, desde arriba y me veo de pie con los brazos y las piernas abiertos, las manos contra la pared, desnuda, en forma de equis, Shen explorándome por detrás, a voluntad, ilimitadamente, toda a la vez. 

De nuevo, la siento besarme, con sus besos húmedos y cálidos, por la espalda. Si se detuvo antes no lo recuerdo. No deja ni un centímetro de piel sin visitar y noto cómo se genuflexiona entre mis piernas abiertas, se da la vuelta y se coloca cómoda en una posición perfecta para las dos.

Nunca había estado tan expuesta, ni tan excitada y decido hacerle caso. Voy a sentir lo que me está haciendo sentir. Y cierro los ojos. Como si potenciar mis otros sentidos fuera realmente necesario. Iba a estallar muy pronto.

Un segundo después su lengua y su boca comenzaban a explorarme, abierta, abandonada. Completamente suya...

sábado, 3 de febrero de 2018

La mujer de los coros de Leonard Cohen v.2.

Interrumpo por un post la que será mi ópera prima porque este blog tiene un fenómeno que me resulta sorprendente y llama poderosamente mi atención.

No lo he estudiado a fondo y no tengo datos pero estoy segura de que mi intuición no falla si digo que sé cuál es el post más leído y por el cual más visitas llegan a este lugar.

Tiene que ver con Leonard Cohen y desconozco la razón de que interese tanto. Sólo veo que van pasando los años desde que lo escribí y las visitas siguen llegando e incluso dejan algún comentario, de tanto en tanto, deshilvanados, sinsentido, sin razón aparente.

martes, 30 de enero de 2018

Shen o un relato erótico... Capítulo VIII.

Y me asaltan dudas y miedos y hasta vergüenzas. Incluso los "What if..." de turno se deslizan por mi mente, aunque trato de dar respuestas a todos, deprisa, con firmeza. Esto no puede seguir así, porque simplemente no puedo seguir resistiéndolo, ni siquiera quiero resistirme más.

Ha sido todo tan rápido que, al abrir la puerta, me encuentro a Shen frente al mostrador revisando unos papeles. Su próximo cliente, deduzco. Me acerco por la espalda y la sorprendo con un improvisado y tímido "¿Podemos hablar un momento, por favor?". 

Con las dos manos abiertas y con las palmas hacia arriba, Shen me señala el camino hacia una pequeña sala, anaranjada y de luces tenues y olor a sándalo. La música es la de siempre. La expresión de su cara es una mezcla de sorpresa, curiosidad e impaciencia. Me pongo muy nerviosa y reconozco los latidos de mi corazón en la garganta pero arranco, improvisando:

- Shen... perdona pero necesito hablar contigo...

- No me llamo Shen... Lawan. Mi nombre es Lawan. En mi país significa "bella"... 

Precioso nombre para esa mujer, pienso.

- ¿Y tú? ¿cómo te llamas tú? - Me pregunta con una media sonrisa y algo parecido al interés.

- Me llamo Anna. También es muy común aquí.

Sonreímos mientras cruzamos la mirada y nos observamos, con curiosidad, como si ninguna tuviera prisa y ahí fuera no hubiera nada que hacer. Nunca.

Shen guarda silencio y con la mano derecha me retira el pelo de la mejilla, acomodándolo detrás de mi oreja izquierda. No sabe que es imposible que aguante ahí más de tres segundos y repite la operación, riendo en voz baja, divertida, consciente de que el gesto lo llena todo y que a mi me ha cortado el discurso y la respiración. Me mira de frente. Directamente a los ojos, por primera vez. Me ruborizo y bajo la cabeza para no ser descubierta pero sigue riéndose, ésta vez de mi. Está alegre. Se le nota. Mucho.

Balbuceo algo parecido a un "Shen, de verdad, tengo que hablar contigo... Yo no puedo seguir así..." que suena entre súplica y ruego.

Y Shen se levanta y me toma la cara con las dos manos y, también por primera vez, me besa muy suave los labios, me mira y suspiro. Es imposible, imposible. Me desespero.

- Shen, por favor...

- Dime, dime... Perdona...

Pienso que se defiende muy bien en nuestro idioma, a pesar de tener un dulce acento oriental.

- ... es que desde que te conocí no puedo dejar de pensar en ti, Shen... No dejo de pensar en ti. ¡No puedo!

- (...)

- ... y necesito saber si esto es normal para ti o hay algo distinto, si puedo verte en algún momento fuera de aquí, si sólo yo voy a volverme loca... Hablaba en voz bastante baja pero desesperada porque la situación empezaba a escaparse de mi control.

- Anna... ven, acércate... Me abraza con cuidado, dejando que mi mejilla repose sobre su pecho, que recupere la respiración y me serene. Me acaricia el cabello, la cara y me aprieta contra sí para retenerme, moviéndose ligeramente como si quisiera hacerme dormir.

Se incorpora y me levanta con ella, sujetándome por los antebrazos y sus manos, como danzando, suaves y algo frías, me rodean la nuca y acompañan mi boca hasta la suya. Otra vez. Los besos me envuelven toda y me promete algo así: "Anna, te voy a hacer la mujer más feliz del mundo... ven...".

Y ya es imposible seguir hablando con ella...



lunes, 15 de enero de 2018

Shen o un relato erótico... Capítulo VII.

Toda la felicidad que siento allí dentro, como una euforia desconocida e incontrolable, se desvanece al cerrar la puerta del local. Camino cabizbaja y ausente, sorprendida de que algo de esa magnitud pueda sentirse en algún lugar de este mundo. De que haya personas afortunadas que lo hayan vivido solo una vez en la vida.

Y me asaltan las ilusiones, las ideas y los proyectos, las propuestas y los planes. Por la espalda pero sin traición alguna. Regresaría sobre mis propios pasos corriendo para decirle que quiero vivir con ella, compartirlo todo, viajar a Indonesia y a Atacama, dar varias vieltas al mundo, mudarme de país dejándolo todo atrás y comprar una casa en la playa de su paraíso preferido.

Necesito poder hablarle, mirarla a la cara, llenarla de besos, cuidarla y arrancarle la pena que lleva escrita por capítulos largos en cada mejilla. Quiero tenerla cerca y para mi sin distracciones ni interferencias para poder conocerla y saber si lo que siento tiene algo de real o es consecuencia de tanta soledad o de la borrachera del momento inmediatamente posterior a uno de los orgasmos más intensos que pueden sentirse.

Shen está resultando el mayor descubrimiento de la vida, quien provoca sensaciones nuevas y desconocidas, las manos que la elevan al cielo con una sola caricia y es imposible dejarla escapar. Imposible. Es irrepetible. No hay dos, seguro. Voy a perseguirla y para demostrarlo voy a retroceder sobre mis propios pasos. Ahora mismo. Me doy la vuelta. Me coloco el bolso en el hombro izquierdo y comienzo a caminar con pasos ágiles y apresurados. Tenemos que hablar...

sábado, 23 de diciembre de 2017

Shen o un relato erótico... Capítulo VI.

Salgo de ese lugar con la mirada extraña y una sonrisa a medias, entre feliz y triste. De nuevo todo terminó y tiene que marcharse, aunque me quedaría sentada en un rincón y en silencio hasta que ella saliera. La esperaría. La buscaría por los mares y las tierras. Lucharía contra cualquier inconveniente, contra todo lo que pudiera interponerse entre ellas. Valían la pena...

jueves, 7 de diciembre de 2017

Shen o un relato erótico... Capítulo VI.

Boca abajo me siento segura. No va a poder repetirse la escena increíble de la primera vez, el momento imposible que se ha ido fundiendo de tanto repasar, recordar, visitar. Esta vez estoy a salvo, suspiro y cierro los ojos, llenándome de calor, música, luz anaranjada y aroma de sándalo y vainilla.

Comienza su masaje por las manos. Es tan incómodo que un desconocido te haga caricias en las manos, que siempre pienso que mejor que sea breve, esa parte del cuerpo. Brazos y antebrazos. Hombros.

De pronto, sin ninguna lógica, sus manos se detienen sobre mis tobillos y muy despacio separa ligeramente mis piernas. Me resulta muy extraño que decida hacer la mitad inferior antes que terminar la superior, que no ha ni comenzado. Sus motivos tendrá, pienso.

Y siento sus dos palmas de las manos boca arriba y en horizontal tratando de colocarse bajo mis caderas, en paralelo, con la fuerza suficiente para que me abandone, me deje dirigir y la suavidad de siempre. Es Shen...

La adivino detrás de mi, en la parte inferior de la camilla, de pie. Pero no puedo verla. Y noto como tira de mis caderas hacia arriba, hacia ella. Todo muy a cámara lenta, como soñándolo. Y la toalla que me cubre va subiendo hacia mi espalda, dejando mis piernas entreabiertas al descubierto, y ella sigue guiándome y cambiando mi posición. No pongo resistencia pero tampoco serviría de nada. Fuerte y segura, avanza hasta colocarme con las rodillas sobre la camilla y mis brazos estirados en paralelo sobre mi cabeza.

Completamente expuesta, sé que está ahí detrás, observándome, esperándome, provocándome, sorprendida. La siento respirar. Noto sus caricias suaves y lentas, cómo conquista un centímetro tras otro, la forma de ir y venir cuándo y dónde menos la espero. Sopla ligeramente, de arriba abajo y me estremezco con un suspiro involuntario, preludio de lo que he de sentir, que la anima a seguir un poco más. Y me visita primero con los dedos, en caricias cortas y breves, y después con los labios, húmedos y calientes, que abre despacio pero por completo hasta envolverme toda. Y después, todo a la vez. confuso, sorprendente e inesperado.

Me remuevo sobre mi misma y mis labios la buscan porque necesitan besar, como respuesta, como sensación, no como sentimiento. Pero ella sigue ahí abajo, introduciendo sus dedos índice y pulgar alternativa o simultáneamente, el anular, imposible reconocer nada, con sus movimientos sutiles y ágiles, su tacto, sus manos, combinándolos con sus labios y su lengua, que creo que aparece a ratos.

Me encantaría que la historia hubiera sido más larga, dejarla hacer, ser capaz de resistirme, controlar. Imposible. Con Shen es materialmente imposible...

lunes, 4 de diciembre de 2017

Shen o un relato erótico... Capítulo V.

La decisión tomada, a pesar de todo. Y de las dudas y los miedos. Imposible seguir con esta incertidumbre y el enorme desasosiego que aprieta mi garganta y ralentiza mi respiración, además de perder mi mirada. Estoy idiotizada, desde la última vez, desde la primera. Me enfrentaré a eso, a lo que tenga que ser, a lo desconocido, a tenerla delante, porque no tengo alternativa, no puedo pensar en otra cosa, porque lo necesito. De verdad.

Me desnudo al miedo y me enfrento a esa batalla de desconciertos, fragilidad y vergüenza. La mente juega fuerte y me recuerda posicionamientos éticos y morales que siempre consideré sin dudar y que ahora se volatilizan cada día, lentamente. Quiero volver a sentir sus manos en mi piel. Fin.

Mi paseo cotidiano me deposita suave y lentamente ante su puerta, como tantas veces aunque no hubiera vuelto a entrar. Me tiembla un poco el pulso y temo que se note pero me presento en recepción, ese lugar pequeño con un mostrador de madera oscura de teka y superficie rugosa, cortinas naranjas y aroma de vainilla. Me despierta los sentidos estar ahí afuera, me alerta y acelera el corazón y el pulso. Me siento profundamente viva. Pregunto por Shen y reservo un tratamiento de sesenta minutos. No sé cuál y no me interesa.

Ojeo con displicencia una revista poco reciente sentada en un cómodo sillón bajo con los pies sumergidos en agua caliente y espuma. Mi alma congelada les da las gracias. Ni rastro de Ella, pero aún quedan diez minutos para el cambio de turno, para que sean en punto, para volver a verla. Media vida. Pienso. No quiero imaginar y he decidido dejarme llevar sin esperar nada. 

Los minutos se arrastran en mi reloj digital, en la pantalla de mi teléfono, que reviso continuamente, compulsivamente, en el reloj de pared que tengo frente a mi vista. Todos van despacio. Oigo los pasos de varios grupos de dos, saliendo de sus cubículos, lentamente. Se despiden y yo, mientras, me coloco en mi sillón, nerviosa. Oigo cómo pagan, se saludan, se despiden, la puerta al exterior se cierra varias veces y suena la melodía de las campanas tibetanas, conversaciones en una lengua oriental que desconozco, silencios, alguna risa.

Y mi nombre.

Escucho mi nombre y comienzo a levantarme y a recoger mis cosas, con la mirada baja, dudando entre quedarme y salir corriendo de ese lugar, respirar el aire helado y olvidarme de todo, de Ella, de esta borrachera de sensaciones extrañas e inexplicables. La veo frente a mi con la última vocal de mi nombre suspendida entre sus labios sorprendidos, menuda y sonriente. Le devuelve una mirada cómplice a mi sonrisa tímida, no disimulo mi sorpresa y mi alegría, feliz al darme cuenta de que me ha reconocido. Me señala el camino hacia su habitación y comienzo a caminar sintiendo su presencia en todos los rincones de mi espalda. Sé que es imposible pero he comenzado a temblar.

Con gestos y la misma sonrisa me solicita que me desnude y me tumbe boca abajo en la camilla, sale y me da un par de minutos, insuficientes para acabar de desvestirme, así que cuando entra me encuentra colgando mi ropa interior en una percha de detrás de la puerta. Tengo los brazos levantados y estoy desnuda. Me observa desde los ojos a los pies y se apresura a acercarme un albornoz y sugerirme con su mano derecha que me tumbe. Boca abajo, repite.

Me acomodo, me cubre con dos mantas y siento el calor de la camilla en todo el cuerpo. Cierro los ojos con la intención de potenciar mis otros sentidos ante lo que ha de venir. Escucho la música tranquilizadora, respiro el aroma de madera y sándalo y sus manos algo frías sujetan dulcemente mis tobillos mientras me pregunta qué es lo que necesito.

Necesitar. Fácil respuesta, entonces.

Le contesto titubeando que me pongo en sus manos, he tenido una semana dura y estoy contracturada, en general. Que haga lo que vaya notando, de manera improvisada. Me vendrá bien, seguro. Que no se preocupe. Se acerca a mi cara sonriendo y asintiendo. Hará lo que pueda, dice...



Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Number of online users in last 3 minutes Number of online users in last 3 minutes