Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

lunes, 23 de febrero de 2026

Montañas rusas y las montañas...

Las montañas rusas emocionales te dejan tiempo libre. Y yo suelo usarlo para huir de mi entorno habitual y esconderme. Últimamente en lo que vendría a ser mi refugio personal en la montaña.

No me queda taaaan lejos, a pesar de estar en otra comunidad autónoma. Me permite conducir por carreteras que tienen de todo un poco: autopista, autovía, nacional y preciosa comarcal en medio de la nada y de nadie. La parte más divertida.

Este fin de semana tenía que revisar los daños del viento. Se voló una mosquitera de ventana y se destruyó una de puerta. Poco me parece y tengo repuesto de las dos, así que...

No he encendido la chimenea a pesar de que la casa estaba muy fría. De esa época en la que se está mejor fuera que dentro de los muros de piedra de un metro de ancho.

La terraza de invierno ha sido el lugar perfecto para leer, hacerme las manos, tumbarme al sol desnuda, escuchar los animales y pensar, sobrevolada por aves rapaces más grandes que un coche.

Salí los dos días a caminar y trotar, como durante la primavera y el verano pasados. Cada día, bastantes kilómetros metida en la naturaleza entre senderos, mirando al suelo a cada paso para no tener una torcedura dramática. Todo bien, gracias.

También encontré el rato para conocer a Alan Watts y escuchar sus teorías y reflexiones.

Y de ver Brokeback mountain con años de retraso. Me resistí a verla cuando tocaba, pero ayer lloré con el final, volvería a verla otra vez, me sentí identificada a ratos y me hizo pensar, por supuesto.

Si mañana me pasa algo irreversible, ¿cómo os enteraríais?

martes, 17 de febrero de 2026

Un matiz a la floración de los almendros...

Voy a ampliar brevemente la anécdota de los almendros floridos que conté ayer.

No aclararlo me produce inquietud...

Resulta que lo que realmente pasó fue lo siguiente:

Conduciendo al trabajo, por carretera estrecha, sinuosa y soleada, me di cuenta de que había flores blancas en algunos árboles, que los días previos no estaban.

Almendros, pensé. Y con euforia me grité a mi misma: ¡los almendros han florecido! Es el pistoletazo de salida a la primavera! ¡Por fin!

Todo seguido.

Inmediatamente pasé de la micro felicidad brevísima a la preocupación...

- ¿Cuántos inviernos vas a ver brotar a los almendros, Spark...? ¿Cuántos inviernos te quedan?

Sin dramas, sin saber el por qué de ese pensamiento tan bestia.

Y ahí me quedé. Tratando de visualizar las cosas que me preocupan... como eso de que no sé cuánto me queda de vida...

lunes, 16 de febrero de 2026

De dolor, conflictos y primaveras...

Cada vez que me reprochan que empiezo el duelo muy pronto y que (me) voy muy rápido me sonrío por dentro.

Es verdad.

La otra parte no quiere estar de acuerdo, se enfada o molesta y siempre se queja. No entiende que proceda de esta manera, pero es así.

Eso supone, aunque parezca otra cosa, que me cubre un manto triste, oscuro y grueso, como una capa. Y que yo me quedo debajo, en posición fetal, sin luz, como una niña herida. El tiempo que haga falta.

La soledad tiene un grosor considerable, ahora mismo...

Es lo que siento: dolor.

Pienso que, si no fuera así, si no sintiera dolor en las ausencias, yo sería un monstruo. 

Si no me importaran las idas y venidas, las desapariciones, las rupturas, quiero decir. El vacío y el sinsentido.

No importa. En realidad no venía a hablar de esto, que ya me cansa hasta a mí.

El viernes cogí el coche para irme de fin de semana dónde me siento abrigada y cuidada, dónde recibo amor y cariño.

Nada más salir de casa me di cuenta de que en las cunetas ya han florecido los almendros, en blanco, y los cerezos, en rosa.

Ese es el punto de salida, para todo. La primavera está más cerca y eso me parece un evento feliz al máximo.

Sé que van a pasarme cosas importantes, esta primavera. No me preguntes por qué. Pero lo sé.

Tampoco sé en qué sentido, pero creo que hablo de raíces, de familia, de resolución de conflictos.

Sería maravilloso, después de once años...

viernes, 13 de febrero de 2026

El otro lado de la cama. El tuyo...

Hoy he vuelto a despertarme en tu sitio, en el otro lado de la cama. La verdad es que no tengo memoria de cómo lo hago, porque eso supone rodar mucho y cambiar de almohada...

Me gustan las camas grandes, desde siempre. No esas taaaan grandes que requieren manejar metros y metros de sábanas. Con el hombro genéticamente mal, cuesta.

Esto lo digo porque hoy he debido rodar sobre mi misma para desplazarme o no sé bien cómo lo he conseguido.

Pienso que la casa ha quedado confortable y acogedora. Pero mi dormitorio no. Tampoco sé cómo podría solucionarlo, ni qué podría añadir...

Quizá la habitación es demasiado grande.

Estoy agotada y triste. Y de mal humor. También. Y eso que he dormido bien, fíjate. Desplazándome por la cama hasta casi caer por el otro lado, pero he descansado...

jueves, 12 de febrero de 2026

Dolor, vacaciones y alcohol...

Hay cosas que no recuerdo.

Pero no sé cuáles son...

Hoy me marcharía a una playa rubia y turquesa. Y reservaría un tour privado en una barca y pediría una copa. Una detrás de otra.

Bailaría descalza, colgada de tu cuello, pegada a ti. 

Me daría cuenta de que son vacaciones y de que estás conmigo, a pesar de lo difícil que ha sido todo, antes de la despedida.

Espero que la vida nos trate bien y que el tiempo cure nuestras heridas, aunque sean profundas, aunque quisieras hacerme daño cuando dijiste todo eso.

Hay que ser...

miércoles, 11 de febrero de 2026

Furia y amistad...

Una no deja de sorprenderse, casi nunca.

Lo digo tomando mi café doble sentada en la mesa del despacho desde la que trabajo presencialmente. Con menor intensidad de la que me gustaría. Y más desgana.

Es aquello de que cuanto menos haces menos ganas tienes de hacer nada...

Estoy en época de cueva. Con pocas ganas y mucho sofá.

Ayer, por ejemplo, quería retomar el trote y salir por las viñas que quedan delante de casa. Me dije que después de comer, que solo una breve siesta, que la necesitaba porque había dormido mal, que luego salía...

Fueron treinta minutos de sueño, máximo. Abrigada con mantas gustosas en el sofá. Suficientes para ser incapaz de vestirme de deporte y salir, después. 

Aunque no hacía (tanto) frío.

Aunque no llovía.

Aunque hiciera un sol azul.

Encontré diferentes excusas: recomponer el suelo del gimnasio, que se mojó con la lluvia y había puesto las losas de caucho a secar en la terraza. Poner una lavadora de ropa oscura y, mientras, recoger la ropa que tenía tendida. Leer el libro que compré hace unos quince días a un autor desconocido que solo vende por internet. Incapaz de leer algo más que un largo capítulo sin enterarme de lo que decía. Ordenar una cocina ordenada. Entrar en redes y pasarme demasiado tiempo ahí. Reprobable.

Me acosté tempranísimo después de empezar una serie terrible y solo pensaba en dormir. Apagué la luz sobre las 22h30. Y me dormí. Del tirón hasta una parada técnica y a seguir hasta que ha sonado el despertador.

Hay previsión de vientos huracanados y alerta comarcal. Aquí no ha llegado aún, pero sé que en la playa más cercana ya están padeciendo. Porque me lo han dicho.

Tengo una amiga que se preocupa por mi. Me ha convocado hoy a una actividad cultural. Y a cenar algo por ahí. Me recuerda que no me meta mucho en la cueva, que necesito vitaminas (de amigas, risas y sol). Es un precioso consejo, aunque sea tan difícil esto de estar acompañada por estos lares.

Hoy tengo fisio y sesión con mi psicóloga. Anillo al dedo, ambas cosas.

Sigo furiosa, pero no sé qué le voy a contar. Estoy cansada, aburrida, decepcionada y ofendida. Quiero cerrar esa etapa y que entre aire fresco.

Han pasado diez meses. Me remito a mi post de ayer...

¿Depende de mi lo que ha sucedido? no.

Lo tengo que dejar pasar.

Y centrarme en lo que sí depende de mí.

Procuraré mejorar mi puntería, regresar a mi rincón de la montaña, hacer ejercicio, mejorar mi padel, acabar el curso de filosofía estoica (y recordar cada día sus principios), leer en papel, alejarme de la pantalla, ver gente...

Ese sería mi plan de acción refrescado. Me apetece el buen tiempo, más que nunca.

Viene época de mucho trabajo, la verdad. Profesionalmente hablando, quiero decir.

Del otro, también...

martes, 10 de febrero de 2026

El principio de Pareto y el plazo de diez meses...

Hace algún tiempo (por no decir algunas relaciones) que he cambiado mis patrones de conducta.

Ahora ya no alargo agonías y tomo decisiones tan pronto como puedo.

He observado que se aplica un plazo mágico y sorprendente que no tengo idea de por qué sigo: diez meses.

Diez meses a contar a partir del encuentro, de algunas de las primeras veces.

También tengo banderas rojas y verdes y alguna amarilla.

Y aplico el ochenta veinte.

Así que resulta que el diagnóstico se acaba como produciendo solo y llega la decisión irreversible, que suele pillar desprevenida a la otra parte: contacto cero.

Yo, que era tan celosadependienteposesivaterritorialymonstruosa. ¿Yo? ¿Capaz?

Me reformo, aplico nuevos hábitos, procuro hacer deporte y quemar la pena hasta que suelen quedar recuerdos bonitos y poco o ningún rastro de lo que fuimos.

La edad cambia el planteamiento, seguramente.

Una tiene como más prisa por establecerse con alguien y en algún lugar definitivo y construir, compartiendo.

El patio está mal y hay quien llega a insultar con la palabra "veneno" a una congénere para quedarse tan ancha.

A mi es que cuando se me acaba el respeto por la otra... ugf, qué difícil resulta seguir... Cuando ya no puedes construir capas de cosas bonitas porque miras por el rabillo del ojo sabiendo que ya no te fías, pues solo vas tirando hacia abajo o a los lados... pero ni adelante ni al frente.

Hace ya algunos años que me apetecía convivir, de nuevo, después de un largo paréntesis de tres décadas o más, en el que ni muerta.

De hecho he estado conviviendo y en algunas etapas lo hice hasta encantada.

Era mi proyecto, otra vez. Ese alguien a quien le gustara el rincón de la montaña y quisiera vivir la mayor parte del año cerca, muy cerca, del mar.

Entro en boxes. 

Necesito una revisión a fondo...

viernes, 6 de febrero de 2026

Estoy bien, para variar... :)

Es bonito ir a una sesión de seguimiento y decirle a tu psicóloga: "Estoy bien". Y encoger los hombros elevándolos hacia arriba, simultáneamente. Un poco con desdén, incluso.

Una podría pensar que con eso ya estaría, ¿verdad? te levantas, te vas y todo concluido hasta que recaes y regresas a pedir hora con urgencia.

Pues no.

Hay miles de cosas de las que hablar y entender, cientos de aristas que trabajar. Aunque hayas conseguido estabilizarte, no ir y venir, controlar los miedos y todo lo que tiene relación con el ejercicio, socializar, dormir y comer bien...

Parece mentira que a mi edad y con la de cosas que he revisado en busca de respuestas aún existan circunstancias en las que no había caído o nunca pensé que podían ser tan relevantes como es probable que sean, en realidad.

Las hay.

Son coincidencias que hicieron bola, un nudo gordiano enquistado, ahí.

Reflexionaré sobre ellas y veré qué puedo hacer para integrarlas porque la vida es la que es y lo que quedó atrás no se puede hacer distinto...


Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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