Me doy perfecta cuenta de que estoy siempre esperando.
Disimulo, hasta conmigo.
A ver si os pensáis que soy tonta.
Pero no me alejo del teléfono.
Por si.
Y no.
No hay nada.
Tampoco avanzo en otras direcciones, esa es la verdad.
Ostrácica.
Encerrada en mi cueva.
Esperando un milagro, que no llega.
De esto hace un año y medio. De mierda. De mierdas.
Y hoy, que no sé qué pasa con Escorpio y tal como dicen las tarotistas que sigo, se movían cosas. De casas. De papeles estancados.
Pues sí. Ambas cosas han pasado esta mañana.
Asusta.
Que tengan razón. En todo, menos en lo del amor.
Me advierten que esté preparada porque antes de 2027 voy a vivir un amor apasionado y se consolidará una relación compleja que dará paso a una nueva vida.
Y ahí no. Se equivocan. Altamente improbable.
En fin.
Voy a encerrarme otra vez en mi concha. La mía. No la de mi madre.
Que no se está tan mal, al final...
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