Una cena de gala, por trabajo.
Una carrera, opción caminada en lugar de corrida (qué malsonante, oye).
Bajo el sol, entre viñedos. Una primera vez.
Las dos el fin de semana pasado.
Hay cosas que salen inesperadamente bien.
Esas dos, por ejemplo.
Mi primera carrera con dorsal, diría yo. Participar por compromiso.
Y va y quedo quinta de mi categoría (la de seniles, claro).
Había unos 250 participantes. Ni idea de cuántas en la mía.
Pero un quinto puesto no me parece un mal resultado. En poco más de 2 horas.
Sabiendo que yo no competía, porque en realidad estaba ahí más por apoyar a la organización, entre otras cosas, que por mi resultado.
Pero eso ha despertado la bestia competitiva que llevo dentro. Es muy pequeñita, todo sea dicho.
Este domingo hago otra carrera caminada.
Son 13,5 kms. Igual es una distancia mágica o simbólica o algo. Ni idea. Todas suelen ser así, por aquí. La del domingo, también.
Parece que he encontrado algo nuevo que me gustó. Sé que me cansará, que abandonaré cuando no vea mejora o cuando encuentre cualquier otra excusa.
Porque ya no hay sorpresas, a estas alturas.
Me pareció una combinación de naturaleza, ejercicio y equipo difícil de transmitiros y convenceros de que es una opción que casi nada conoce...
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