Ayer no pude detenerme aqui y eso explica el silencio. Un encargo no ordinario con un corto plazo de entrega. Técnico. Hay cosas que no cambian y yo soy una de ellas. Desde la infancia [tierna o no] siempre he sentido un cierto temor reverencial, miedo escénico o síndrome de hoja en blanco cuando, ya en el colegio ya en la vida profesional, debía dedicarme a elaborar algún escrito, informe, dictamen, memorandum y similares. El primer pensamiento siempre era [y es, lo confirmé ayer]: no voy a poder, no domino el tema, no tengo nada que decir, seguro que no tengo en cuenta lo esencial. Siempre. Luego, metódica, sigo una habitual forma de proceder, que consiste en estudiar el asunto o detenerme unos segundos para ordenar el caos. Más o menos cuando voy por la mitad del planteamiento [sea cual sea su duración improvisada], salta algún resorte, encajan de repente todas las piezas y se me plantea nítidamente la estructura, la presentación, el desarrollo. Y no creo que sea solamente inseguridad. Fred tendrá toda la razón cuando comente algo acerca de mi perfeccionismo. A veces es inútil resistirse y se manifiesta cuando menos te lo esperas...
Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...
jueves, 29 de enero de 2009
martes, 27 de enero de 2009
Cuando tú no estabas...
Recuerdo el dolor intenso, punzante, inevitable y pegajoso de tu silencio. Cuando llegaba la hora de una de tus infinitas llamadas de cada día o cuando me sorprendías despertándome, con las sábanas enredadas entre las manos y los pies. Cuando lo normal hubiera sido que me contaras cómo había ido la reunión, el trabajo, un encuentro, el deporte. Sobretodo cuando era yo quién quería escuchar y oir y sentir y valorar. Quizá porque habíamos vuelto a discutir y tu indignación era desproporcionada pero persistente. Callabas. Tampoco me dejabas hablar. Siempre creíste que compaginaba demasiadas posibilidades y que alguna vez llegaría quien me apartara de ti, que yo sola no me iría ni me quedaría nunca. Era entonces cuando yo regresaba porque tu silencio me partía en cientos de miles de pedazos pequeños [yo siempre tan hiperbólica], buscando tu voz, el perdón y el reencuentro, el poder reanudarnos como si eso fuera posible, como si hubiera futuro, para que no llegara la soledad y se instalara en el sofá, vacío, de casa. Saberte callando y, sin embargo, presentirte tan activa con todos los medios a tu alcance, recontactando nombres irreales, recuperando diálogos interrumpidos, porque la soledad tampoco es para ti. Cuando no estabas, a mi se me acababa la vida y no quería ni moverme, pendiente de una llamada que no se producía nunca, un aviso, un mensaje. No había planes, tampoco ilusiones ni alternativas. Seguías callando, con el tiempo. Y no estabas y no sabía de tin ni siquiera podía creer en la esperanza. Ni sonreir.
Pero me aprendieron a vivir...
lunes, 26 de enero de 2009
Silencios en invierno...
Vayamos a lugares desconocidos donde nadie pueda reconocernos.
Pongámonos ropa cómoda y calzado viejo y caminemos entre brazos en la cintura, de lado, muy cerca, despacio, bajo el paraguas, la lluvia y el viento.
No perdamos el tiempo que hemos podido robarle a la vida haciendo cosas importantes.
Invirtamos todas las horas en nuestros paseos, entre miradas y la cara roja por el frio, las manos en los bolsillos, los dedos entrelazados.
Mirémonos a los ojos procurando no tropezar y atravesemos los charcos, dando vueltas en circulos concéntricos e infinitos o en espirales de radio enorme.
En silencio y a oscuras, te escucharé toda la noche, como si fuera la primera vez que no dormimos...
La Vida devino...
De repente, la Vida devino navidad, la segunda mitad de las semanas santas, quince días en verano y fines de semana alternos. Y [la Vida] se llenó de vida y de planes y de ilusiones. Si se vació, por el momento, sigue sin interesarme. En absoluto. Detesto las conjeturas...
viernes, 23 de enero de 2009
Convivencia...
He leído en alguna parte que el destino de una relación es la convivencia.
Quizá sea cierto y sea un mal augurio para l#s escéptic#s.
Quizá esos estudios sean imprecisos [todos mentimos en las encuestas] y puedan seguir cayendo años como lluvia o piñas piñoneras o nieve.
Yo creo que quizá.
Pueblo gris y quema de sarmientos...
Estoy aprendiendo a ralentizar. Nunca antes me había sucedido. Ahora sucede que me deslizo más despacio y camino a menor velocidad que nunca. Lo mismo con un volante entre las manos. Hasta mi descendiente menor me lo ha hecho notar esta mañana, dirección al cole [dónde quería llegar temprano, que tenía un asunto de enfados y amistades por resolver, y un desayuno que regalar], que a ver por qué iba yo tan despacito. Ella saltó del coche, operación que remató con el acostumbrado portazo, y se quedó ahi, sonriente todavía y mirándome de vez en cuando, caminando por la acera, deprisa. Yo continué, que tenía que recorrer todavía unas decenas de kilómetros, en la misma línea lenta.
Al dejar la autopista, las calles del pueblo estaban mojadas y el pavimento parecía más gris cobalto que nunca. Los campos húmedos de marrón oscuro recién podados y algunas columnas de humo blanco y espeso, compactas por la falta de viento, informaban que los agricultores habían decidio que el día de hoy es bueno para quemar los sarmientos. El olor es distinto al de los otros días en este lugar y se mezcla con la humedad.
No he visto a ninguna persona en la calle, a pesar de que hoy el frío ha remitido y estamos esperando la llegada de fuertes vientos. Nadie. Solo un par de gatos, saltando al paso del coche y el ruido. Todo silencios, todo quietud. Todo cubierto por un cielo lleno de nubes, que parece más bajo que nunca, que no da sensación de amplitud, ni de espacio grande. Hoy l#s agorafóbic#s están de enhorabuena y pasean en algún lugar que no es este pueblo. Sin miedos.
Salen algunos rayos de sol, entre las nubes grises, fugaces, que no van a durar. Todo está pasando muy deprisa. Todo es provisional...
jueves, 22 de enero de 2009
Ciencias puras...
No soy de ciencias pero tengo una tropa de herman#s con formación del tipo y asumo que me han imbuido la creencia de que las respuestas a las enormes preguntas vienen, tantas veces, por la vía científica. Estoy cómoda instalada en el convencimiento de que mi organismo tiene las razones que explican muchas inquietudes. Por ejemplo, de serie me traje el gen del fumar y del beber y confieso que ha sido extremadamente difícil mantenerlos detrás de una raya de trazo tembloroso y dubitativo. De momento, que aún queda y quién dijo que no se podía recaer. Me temo [porque es temor del puro] que mi genética tiene inscrustado el gen de alguna enfermedad de nombre coincidente con el conocido signo zodiacal y, probablemente, alguna otra cosa que se sale de lo común, porque es excepcional. Pero ahi entraríamos en el debate [y a mi no me gusta debatir. Prefiero hacer otras cosas] de si nos hacemos o nacemos. Y no entro.
También creo que la tristeza, de cualquier tipo, es una desestabilización orgánica que no conduce a nada bueno; que los disgustos suelen acabar llevándonos a ver a los tipos de las batas blancas y hasta verdes. Pero esta teoría la compartimos unos cuantos expertos y yo; apenas nadie de los comunes mortales que pueblan este planeta. Algun#s hasta se burlan de la teoría en cuestión. Y de mi, supongo.
Venimos predeterminad#s, pensando que somos fruto de nuestras propias decisiones en la vida. Y no. Hay matices que ya han sido descubiertos y otros que no se asocian con nada todavía por ignorancia y hasta incluso desconocimiento. Es un poco como el color de los ojos, de la piel, el cabello. Pero más profundo y mucho más chungo. A veces. Ya se sabe que los problemas no reconocidos por quien los padece son inexistentes y no se pueden ni mentar. Es una elección...
miércoles, 21 de enero de 2009
Clases de tristeza...
Hay tristezas de tantas formas y hasta olores; empiezan fisurando y, sin tiempo de tomar conciencia, se instalan dentro y juegan con la improbabilidad de llegar a atravesarte, salir de nuevo al exterior.
Hay tristezas pequeñas y discretas, como una costumbre antigua, que define caracteres y ensombrece personalidades que nunca más serán brillantes.
Hay tristezas razonadas, motivadas y argumentadas, como un pliego de descargos, un escrito de demanda o el prólogo de un libro, la introducción de un texto legal.
Hay tristezas que desorientan porque son como hijos naturales, de origen desconocido, endógenas e inexplicables.
Me temo que habrá otras muchas que se me escapen y es que, como siempre, ando mal de tiempo.
Pero la que de verdad interesa, ahora, es la tristeza que se instala sobre los hombros después de escuchar la voz apagada de alguien enfermo, enfrentándose a esos cinco años de pruebas y revisiones para empezar a pensar que todo fue una pesadilla, que confiesa tener miedo porque algo no anda bien. A mi me da miedo pensar en esa clase de miedo, que no he vivido pero que conozco. Y esa clase de tristeza es profunda, pesada, invalidante, negra y pegajosa...
Dos más tres...
Es época de grandes esperanzas y de cambios imprescindibles. Lo dicen. Pienso que me gustaría ir a esa fiesta [en la que van a repartir ese intangible de color verde] para avanzar hacia alguna parte, que me desplace al cambio necesario. Hago cuentas, rápidas y lo cierto es que [2 + 3 = 5] cinco años sin parar empieza a ser mucho, más que algo, como casi todo. Creo que el juicio sigue conmigo. Sería el colmo, perderlo. El cansancio y el sueño alterado, también. Están aqui, plácidamente instalados -respectivamente y por este orden- en mi expresión, en mi almohada [de raíces árabes, supongo; la palabra, no mi almohada]. Y de ilusión deben quedar un par de cucharadas grandes. Aunque a solas suela preguntarme, como en secreto, hacia dónde estoy yendo. Y nadie me responda porque yo -el único ser vivo y despierto en esos momentos de las noches negras e infinitas- guardo el más absoluto de los silencios. Muy en mi línea, vaya. Esa línea que, desde afuera, se percibe como de alguien reservado y ostrácico, hasta tímido, que deja vivir [bonne vivante, aussi], con quien se cuenta y se habla. En fin. Son improvisaciones vitales y casualidades que resultan del propio método que utilizo y que, en realidad, ni existe como tal.
Me gusta pensar que no hay nada imposible y basta con trazar un camino. Llegar a destino es solo cuestión de tiempo. Habrá que espabilarse porque pasa volando y no tengo hecha ni la ruta ni los cálculos en tiempo, en kilómetros imprescindibles para una buena organización. Con lo que detesto los mapas...
martes, 20 de enero de 2009
Sonidos y submarinos...
El terminal de teléfono que llevo permite tener configuradas varias cuentas de correo. Por supuesto, las tengo. Para poder discriminarlas [más las tareas, las llamadas y los avisos] he elegido un sonido diferente para cada cosa e identificarlos me resulta tan complejo que debería tener un índice pegado en un postit.
Una de las cuentas [no es la más activa] tiene un sonar [es un acrónimo y yo no tenía ni idea...]. Un sonido limpio, progresivo, discreto y fácilmente audible, concreto y agradable; tranquilo.
A veces, como hoy, me siento submarino en peligro de ser localizada de forma inminente por las incontables bombas aire-agua que me lanzan los buques desde la superfície.
Es, con diferencia, mi sonido preferido para los avisos...
Edito muy enfadada: ¿por qué, a veces, me deja espaciar los párrafos y a veces no? ¡agh!
jueves, 15 de enero de 2009
¡Concentración!
Demasiados frentes abiertos. Demasiados.
Diría yo que son frontones.
¡Concéntrate!
Esto, todo esto, se me está escapando de las manos...
Creo que tomo carrerilla, respiro hondo y me desaparezco.
Hasta que recupere el aliento, el resuello, la paz y la templanza. Aunque no me caractericen.
Me da igual...
miércoles, 14 de enero de 2009
Cicatrices...
Siempre es el mismo tipo de persona. Emana algo que me resulta de todo punto invencible, insuperable, hasta inolvidable. Recientemente apareció otro ejemplar [por la rareza, no por el símil con la cacería y la superioridad y lo que habéis pensado; no] y necesité un segundo para poner en marcha todos mis sensores. Tanto los que traje de serie como los que se me han ido instalando al pasar pantallas y ganar cientos de miles de puntos por experiencias sobrevividas. Pienso en cuántas vidas me quedan todavía...
Esta vez podría hablar de una piel blanca cuidadosamente tostada por el sol; de un pelo corto, liso y castaño con mechas muy claras; o de unos ojos claros [a saber si son de color marrón claro, verde oscuro o azul] y expresión miope protegidos tras unas gafas de cristales rectangulares, diseño vanguardista, gusto exquisito y marca de reconocido prestigio. Hablaría del resto de los complementos que la visten por dentro y por fuera, del resultado cuasi perfecto para un cuerpo menudo y joven con una necesidad imperiosa de sonreir y compartir su soledad.
La cicatriz de una cesárea reciente me sume en silencios improcedentes y me transforma en el ser tímido que puedo ser. Que te quiten del útero un bebé de ocho meses porque murió de repente tiene que ser algo que jamás se olvida, aunque intentes hacer vida normal y te esfuerces por sonreir y te disfraces de estupenda, cada día, después del desayuno. Pasar frente a la puerta cerrada de la habitación [de él, de ella, que ya tenía nombre decidido] que estaba dispuesta para el recibimiento tiene que sobrecoger el alma. Y tu marido, mientras, con sus cosas...
martes, 13 de enero de 2009
Un post que no empieza con el me gustaría de rigor... y no sucede nada...
No me gustan las entradas que empiezan con el manido me gustaría. Pero creo que esta vez no queda otro remedio, no hay opciones ni alternativas. Es la frase, quizá, más categórica [junto a la temible "tenemos que hablar"], que tengo en mente, ahora. Y es que, llegad#s a este punto, creo que alguien entendido en la materia debería prescribirme un cambio de vida. Pero definitivo, completo, radical, absoluto. Total.
Mire donde mire. Cualquiera de mis compartimentos estanco, los que me configuran a diario y sirven de propulsión, de razón para salir de la cama a comenzar un día, los que dibujan sonrisas y algunas risas, los que son motivo suficiente... todos, cada uno, presenta una fisura. Claro que podría continuar de por vida, como hiciera antes, tapando y desviando la mirada. Claro. Que la educación recibida basta para saber que nada de protestas ni quejidos, que todo agradecimiento y bienestar y que se perciba bien alto, sin dudas, que hay que emanarlo para difundirlo al entorno natural.
Tantas cosas cambiaría que a veces pienso en qué estaría pensando cuándo iba tomando [sin percibirlo, en absoluto] las grandes decisiones: elegir -insultantemente joven- un padre para mis descendientes, decidir los estudios que me traerían hasta aqui mismo, encontrar la ciudad y el lugar en el que vivir, las personas a las que amar, forzar a la naturaleza [eso tiene un nombre en el Código Penal español y hasta más de un artículo; vide violación, art. 179, si alguien tiene ganas...] hasta darme de bruces [e incluso de rodillas, narices] con la maternidad, quedarme cerca de algunas compañías que a veces devinieron adecuadas y otras maravillosamente inconvenientes...
C'est la vie, quoi... Si facile et terriblement dificile...
P.S.: qué dispersa estoy. Seguiría pensando por escrito toda la tarde y yo, que soy tan callada, tengo que preparar mi ponencia del lunes. Y mira cómo está Barajas. Ahora que empezaron las rebajas...
Palabras que intentan fotografiar un instante...
Media tarde, después de una ducha caliente, tumbada en un mullido sofá de color verde oscuro de tres plazas, con las piernas [agotadas por el esfuerzo de horas] levantadas sobre un puf que también hace las veces de mesa de centro, envuelta en un albornoz blanco de algodón y, sin embargo, indescriptible suavidad [sensación idéntica a la de tener -que no he tenido nunca- diez mil polluelos de oca dormidos, inmóviles, alrededor de mi piel, sus plumas moviéndose al ritmo de su pequeña y agitada respiración], con el libro a medias descansando sobre mi regazo, zappeando entre diferentes canales del tiempo, que la cosa pintaba mal y había que planear el día siguiente. Estábamos a menos diez pero podía ser mucho peor. Por ejemplo, un poco más al norte: fotos de lugares técnicamente congelados, a menos cincuenta; gruesos de nieve acumulada en formas y lugares imposibles, riesgos y complicaciones, aludes que se llevan gente local, helicópteros que no pueden despegar.
De pronto se interrumpe la programación del canal nacional del pronóstico del tiempo [hora a hora, província a província, precisión quirúrgica] y, tras el warning correspondiente que nos recordaba en letras amarillas y rojas [muy nacional nuestro] que nada de moverse hasta nueva orden, que tod#s quiet#s en su sitio hasta que las dos tormentas se alejen, aparecen a toda pantalla dos frases en mayúsculas de palo seco y caja muy grande:
"SOLO FALTAN TRES MESES
PARA LA PRIMAVERA"
Cuando se vive en penumbra, entre nieblas, vientos fuertes, tempestades y días breves en los que anochece pasadas las cuatro y los colores de acompañamiento son el blanco, el gris, el marrón y el negro, cualquier argumento anima a los millones de pobladores del país. Supongo...
No podría. No para siempre. De visita. Una temporada con una buena excusa [cruzar el mundo para reunirme con la única persona con quien quiero compartir mi tiempo, por ejemplo, sí]. Necesito el sol para vivir...
lunes, 12 de enero de 2009
Discusión y monólogo...
Me han llamado muchas cosas y la última es callada. Pensaba que era un ser observador pero me han reinterpretado y, sin saber si eso es bueno o no, solo sé que tiene que ser verdad. La fuente es fidedigna y hasta fehaciente, indubitada. Me preocupa [relativamente, no hay que exagerar] mi nueva caractarística porque pienso que a una persona callada, por ejemplo, no se la tiene en cuenta para animar fiestas; ni siquiera se la invita a dar ponencias y mucho menos para debatir temas existencialistas tan profundos como los agujeros negros. Eso limita de manera extraordinaria mis movimientos tanto a nivel profesional como en el social y/o personal. Me quedaré sin ir a fiestas, sin dar ponencias y sin debatir. Que ya he cambiado tantas cosas de mi misma que no soy más que una idea [burda] de lo que fui originariamente. Confieso que a mi cualquier cosa que se parezca a una airada discusión me empuja al ostracismo más estricto, a recogerme en mis adentros y desaparecerme. Una cosa es saber. Otra bien distinta es querer. Y yo quiero mucho. Pero odio discutir...
jueves, 8 de enero de 2009
De Lectores, de feeds y de bosques...
Hace algunos meses escribí una entrada extraña. Confieso que la borré. Fue la única vez. Porque me salté el copyright de alguien que, a pesar de ser familiar, es amiga. Me pareció mal colgar, exponer, dejar al alcance sus juegos de palabras que, en realidad, van acompañados de elementos gráficos creando una suerte de impacto gráfico y visual con lectura de fondo. La frase me pareció tan lograda que la escribí. La leí, por este orden, y la medité. Me arrepentí y la hice desaparecer. Total, no era mía. Sin embargo, por esas fechas alguien me seguía mediante feeds (herramienta que he conocido recientemente y que, por tanto, yo entonces desconocía. No pude prever que nadie me cazaría de esa forma. Estaba en mi casa y yo dispongo lo que expongo o escondo. O eso creía yo).
Ese Lector me respondío crípticamente en algún otro lugar, con una respuesta rotunda, que bloqueaba cualquier movimiento frontal o lateral, dejando expedita la retirada. Exclusivamente.
El argumento fue que pertenecíamos a mundos diferentes y que nunca lo haría.
Sigo pensando a menudo en el significado real de la respuesta. Creo que he valorado ya las cien mil opciones que quedan abiertas con ella. Y sigo sin saber.
Aparece, desaparece. Sin [para mi] ninguna lógica ni pauta ni ritmo. Espero que siga paseando bosques, bien abrigad#...
Emigrante...
Las he visto. Juntas, alineadas, simétricas. En triangular formación, algo aleatoria y desordenada, en algún momento. Diferentes ritmos y velocidades. Y edades, asumo. Batiendo las alas con un imperceptible esfuerzo. Regresaban al sur, en busca del calor. Me dieron la idea: quiero emigrar. En ti. Contigo. Dentro de ti. Y que llegue la primavera, que dé paso al verano, que fundirá en otoño hasta que regrese el frío de un nuevo invierno. Emigrante...
miércoles, 7 de enero de 2009
Reincorporación...
No debería. No podría. No ha llegado aún el momento. Pero. Aparto [con una mal disimulada violencia rayana en la rabia y una sonrisa perversa de quien delinque a sabiendas -es decir, prevarica-] algunos montones de papeles agrupados por temas [a lo que mundialmente y en la gran mayoría de ámbitos se conoce como expediente... Vale, file también. Si] que guardan turno porque previamente les dí la vez [qué madrileñísima me resultará siempre esta expresión...], en función de la urgencia y/o gravedad. Y/o alguna otra cosa que no puedo ni quiero recordar.
Estamos todavía en que no era el momento de apartar los expedientes que pueblan mi mesa para ponerme a escribir. Pero los días de ausencia y abstinencia han hecho mella en mi ya maltrecha voluntad, así que ahora viene el rato de intentar rescatar de la memoria las frases, los temas, los pensamientos que en algún momento he ido redactando con la mente, mirada distraída y expresión ausente. Y le llega también el turno a la amnesia que nunca he tenido pero cada vez conozco más. Como cuando hablaba seguido sin que mi auditorio, mi público se impacientara abiertamente. Ah. Qué tiempos aquellos, dijo ella tratando de despegarse la nostalgia de las yemas de los dedos.
Todo ha terminado y la vida ha recomenzado. Tengo las pupilas llenas de blanco. Jamás ví nevar así, tan intenso, tan seguido. No puedo recordar haber vivido antes momentos de un frío tan intenso, tan inutilizador, tan preocupante [que esto seguro que es un principio de congelación, coño, que no me circula la sangre y tendremos que amputar] pero sé que los viví. Aunque mi memoria ha dejado de alcanzar a más de dos décadas consecutivas. Y la verdad es que no me importa poder o no recordar este tipo de sensaciones que me confunden y hasta me cabrean por inoportunas.
Me aparté de la vida y me introduje en una burbuja. He estado hablando con y para un solo interlocutor. Todo iba continuando, a pesar de mi propia ausencia. De la misma forma en que también yo me he sentido continuada. Y por eso he podido volver, como si no hubiera sucedido nada, ni siquiera el tiempo. Consciente de lo mucho que ha nevado en el otro lado...
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Acerca de los datos personales
- spark
- Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)