Las noches son difíciles y están superpobladas de pensamientos y llega el amanecer y me atrapa con los ojos abiertos. ¿Es posible alcanzar -por intervalos- una suerte de paz cuando se anda tras la excelencia? También las horas diurnas se superpoblaron de gentes y nuevas actividades, precisamente cuando hubiera perseguido la calma y el sol y los silencios y ser solo dos. Se sonríe brevemente tras el prolongado bostezo y se continúa mostrando todo, desde diferentes alturas, en visiones inéditas como pueden serlo algunos sentimientos, también. Forrada en sensibilidades y rellena de proyectos, consciente de que las cosas suceden lentas y la vida se vuela a trompicones y ya nunca se deja alcanzar. Necesitaría tener la conciencia tranquila para coleccionar tiempo. Y luego compartirlo, repartirlo, regalarlo para que [todo eso] me regresara multiplicado por mil sonrisas espontáneas, agradecidas y sorprendidas. No hay nada como el contacto de tu piel cuando me piden que no te mire con ese azul transparente...
Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...
lunes, 4 de julio de 2011
domingo, 3 de julio de 2011
Otro sueño, ahí al final...
Cuando la casualidad te regala la visión de un Orgullo en SF, muchas cosas cambian. Caen mitos, crecen envidias y se desean muchas cosas... A pesar de poder verla con discreción y disimulo desde detrás de los cristales tintados de una limo negra. Muy breve, demasiado.
Miles de kilómetros que te reubican en un mundo distinto y hacen que creas que existen otros mundos y que son viables. Miles de maneras de pronunciar palabras desconocidas y, hasta las conocidas, devienen irreconocibles. Es, como conclusión, que la vida, la comida y el trabajo en un lugar como ese, de manera moderadamente provisional, podrían llegar a valer la pena. Aunque todo sea remotamente complejo...
Y este imposible jet lag...
miércoles, 29 de junio de 2011
He encontrado un lugar...
He encontrado un lugar para una segunda vida. Y es tan difícil de explicar. Un lugar sin ti. Un lugar para recomenzar despacio y empezar a solas. Un lugar temporal y privilegiado, de calles anchas y poca gente, amable, donde apenas llueve y las cosas son de color verde y marrón en el campo, las casas son de una sola planta o de dos, de madera pintara y un breve jardín que las envuelve, con cestas de baloncesto móviles y abundantes piscinas y caracoles por las aceras y exhuberante vegetación, aún sin ser tropical. He visto un colibrí en un contraluz magnífico y ha devenido mi mejor avistamiento hasta hoy. Un lugar en el que compensan trabajo y vida personal y toleran vidas distintas, a pesar de que todo el mundo se conoce. Diez mil es tan poca cosa... He encontrado un lugar en el que vivir. Un lugar en el que ascendientes, descendientes y colaterales, así como otras hierbas, podrían no estar interesados y por ello el dilema o la tristeza por adivinarlo imposible y producto de potentes imaginaciones desentrenadas...
martes, 28 de junio de 2011
Nada que ver contigo pero tan lejos, en esta geografía...
Y otras veces se visitan mundos tan distintos en los que, sin embargo, te encuentras como en el propio. Y hasta te asaltan las dudas sobre si podrías llegar a ser capaz de cambiar de mundo, por un tiempo, hasta integrarte y avanzar, mejorando algunas partes de ti misma. Hay opciones de vivir vidas diferentes en lugares distintos, opciones que pocas veces se contemplan, por miedo, por pereza, por ambas cosas. Y eso forma parte de los planes pendientes, de los sueños por cumplir, de los terrenos que explorar. Y se abren etapas, llenas de sol, de avenidas grandes, escasamente pobladas de casas de ds plantas y jardín, con lugares donde aparcar y tiendas de un poco de todo, gentes alegres de pelo rubio y abundancia. El primero de entre todos los mundos. El paraíso. Lugar de todas las posibilidades. Espacio para todos y la tolerancia instalada en cada rincón. También cierta violencia, como respuesta a las múltiples agresiones con las que la sociedad suele regalarnos. Nada perfecto, no todo es imposible. Y sentirse como en casa, a pesar de estar a diez mil kilómetros de ti...
sábado, 25 de junio de 2011
Esta tarde, revisitando a Tagore...
A veces la muerte te susurra al oido y, con la impresión, te dejas arrastrar, relativizando y hasta contextualizando. Te sientes mínima y frágil, sola como en el desierto por la noche, con el frío de las estrellas y los temores a los ataques de los animales desconocidos, casi siempre pequeños, como tú. Ni siquiera las palabras abrigan esa desolación extraña que se padece cuando se proyecta un nuevo presente con esa ausencia, ese agujero, ese no existir y, lo peor de todo, el para siempre, sin excepción, el nunca más. La muerte es idéntica a una pérdida absoluta como cualquiera de las que tengo en listas mentales, de ausencias y desapariciones, de nostalgias y silencios. Por eso Rabindranat decía lo que dijo, en una frase que se me grabó en el alma de adolescente impresionable y que no he olvidado, como ha sucedido con otras tantas [frases, digo]. Frase [sí] verdadera donde las haya, imprescindible, reiterada y hasta revisitada.
Entre tristezas y miedos escribo, esta tarde. La tristeza de la separación, la lejanía de nuestras distintas geografías y el enorme espacio que se instala entre mi y mi universo, poblado de seres a quienes necesito y quiero volver a ver. El miedo que siempre me visita antes de marcharme, el temor a no regresar y que sean otr#s quienes reciban el susurro de una muerte en el oído, con la intimidad de la sorpresa. No me da miedo volar y, sin embargo, me tiemblan las manos cuando escribo estas frases inconexas...
martes, 21 de junio de 2011
Me temo que como musa no he sabido estar a la altura...
De pronto vuelvo a sentir que algo acaba. Miro a ambos lados, deprisa, como en los dibujos animados, en el convencimiento de que [como en los cines] debe haber salidas de emergencia que me van a servir de atajo para avanzar de pronto en una suerte de calidad. De vida. No hay queja sino hastío, diría yo. O reacción alérgica al estrés o un poco de insatisfacción. Inconformista y perfeccionista. Inquieta e indignada. No voy a quedarme de brazos cruzados viendo cómo el agua sube desde los tobillos, a cierta velocidad, cubriéndome. Me lo he nadado todo y mi cuerpo rechaza el cloro, la humedad y las manos arrugadas, que una hectópica como yo le da mucha angustia. Creo que estaba diciendo que simultaneo un par de miles de gestiones, ya no puedo fiarme de la memoria y preparo un viaje precipitado y de todo menos de placer. Porque supongo que eso no se obtiene viéndose obligada a practicar un idioma que no se domina. ¿Cierto? Fugaz, fugaz como la pólvora que se va a iluminar en esta casa, como el año anterior, en un par de días, celebrando solsticios entre nervios, carrasperas y preocupaciones. Siento que toca cambio de etapa, soy de las que no se queja de manera infructuosa, siguiendo mi línea activa, proactiva, más habitual. Hoy he suspirado hondo porque creo que es correcto que me sienta frustrada al leer que no he estado a la altura. Pero también he cargado conscientemente los pulmones una decena de veces, respirando con calma y atención, para ventilar a fondo, detenerme y reubicar las cosas. Ah. Y se han colado en la pantalla y me han hecho sonreir. También. Inesperadamente. Y aqui me tienes, intentando saber quién cerró para desaparecer y ahora regresar... Y hay algunas posibilidades, claro...
lunes, 13 de junio de 2011
Hay cosas que ya no...
Hay pesos y cansancios que ya no son para mi. Hay plomos y losas y responsabilidades y compromisos a los que renuncié hace tiempo. Es un poco culpa de cualquier cosa, sobretodo de lo que ha ido sucediendo. Y ya no retrocedo ni para correr más deprisa y cumplo mis promesas, aún las más personales, y no me dejo atar porque sucedió que un día ya no fui capaz de comprender nada y me asusté. Sin poner ningún empeño se levantaban pasiones y hasta hubo quien me recomendó calma y una retirada a tiempo, para no doler, que no me dolieran. Y he estado practicando el consejo y no ha ido mal. A veces recaigo y reincido pero me vigilo de cerca porque hay cosas que no pueden ser y son imposibles... pero solo cuando te avisan antes...
viernes, 10 de junio de 2011
Presagios y un puñao de cosas...
Está siendo un viernes de lluvia y poca luz y me siento triste, un poco. Mis noches recuperan la normalidad relativa y no lucho contra esa alegría, consciente de su fragilidad y provisionalidad. Son noches breves, cierto, pero antes también estas se veían interrumpidas. Tengo una bolsa por hacer para escaparme de las tensiones tres días sin fin y sumergirme en una casa muy grande con diferentes habitantes. Había olvidado un rato que tendré que practicar inglés y la pereza me envuelve y abriga. No estoy en la costumbre de perder en asuntos de trabajo y esta mañana me hablaron de batallas que no gané pero sigo con el objetivo final, la guerra, en mente. Ya veremos, al final, el desenlace porque me siento más creativa que nunca, aunque he parendido que, cuanto más arriba subes en busca de explicaciones, las evasivas llegan antes y en toda la frente. Bien, reconozco el desánimo, que no sé disimular, pero prosigo con más fuerza que antes, crecida como los ríos con las lluvias. Las personas que habitan mi entorno diario se ubican, comprenden y se van adaptando a sus lugares naturales y me cuesta ver sus dificultades para mantenerse quietos y no salir movidos en la foto, que fuera hace mucho frío. Presiento que hay largas etapas que, incluso, se cierran y algo me dice que los cambios están por llegar [como lo mejor, que también...].
lunes, 6 de junio de 2011
Todo distinto, a la vuelta...
Un entierro sin lágrimas y un lunes con poco sol, altísima humedad. A mi las horas se me escapan y eso que pongo empeño. Luego lo vives todo tan frágil y provisional que te empecinas un poco más en verlo de nuevo con ojos distintos, como desde el prisma "hospitales llenos de gente sufriendo" y se potencia por mil la sensación de prisa mezclada con un pequeño bienestar, que reconoces provisional también, hasta la próxima crisis en la que intentes detenerte a respirar bien, profundamente, para ventilar. Intento no perder la sonrisa pero confieso que el infinito de cosas por hacer [creo que se reproducen sin asistencia...] y la falta de un descanso cotidiano tienen algo que ver con mi ceño fruncido y la expresión algo dura, que pretendo matizar como con justificaciones. Y es que me gusta tan poco...
domingo, 5 de junio de 2011
Otra vez el mismo día...
Se me pega el tiempo a la piel y transcurrimos. Me reconozco todavía en los espejos de las tiendas y en los reflejos de los cristales de la calle, aunque sea toda distinta, en lo invisible y en la imagen que me devuelven. Todavía soy capaz de sonreir cuando encuentro sorpresas en los estantes y consigo convencer de que eso es precisamente lo único que hemos estado buscando nunca para llevarlo a casa y recordar el momento cuando pronunciemos en silencio el nombre del lugar, con una media sonrisa. Suelos empedrados y olor de medioevo. Calles estrechas que suben y espacios recorridos de manera repetida, en busca de cualquier sensación, entre la de lejanía y la de soledad, que nos devuelve a un lugar vivo, moderadamente lleno, con música de fondo, como las quince canciones que también se han venido en la maleta y están rompiendo los silencios del salón. Un año más y lo digo feliz, con una sonrisa...
lunes, 30 de mayo de 2011
Allí donde convenga...
Me he pasado el día redactando y, sin embargo, no se me van las ganas de recuperar el teclado y escribir cosas diferentes. Porque lo que decía aquel [no es que sea mi trabajo es que es mi idioma] se cumple en mi caso: debo comunicarme con el exterior mediante letras [leído así, se diría que intento establecer conexión con vida exterior; y también...] y también así rompo soledades y conjuros y recuerdos molestos. Porque, a pesar de parecer lo contrario, puedo prometer y prometo que soy alguien normal. No está en mi ánimo debatir lo que es "normal", que ya sabemos que nos ha causado problemas en alguna ocasión. Quizá sirva pensar que es aquello que hace la mayoría [me gusta pensar, en la intimidad de mi universo]. Alguien normal, pues, que lleva una existencia común, con todas sus areas cubiertas y sin grandes lagunas. Aunque también sea cierto que atravieso momentos en los que me entretengo en recordar escenarios, instantes y palabras; o besos, miradas y otros descubrimientos de por primera vez. Quizá sea entonces cuando recuerdo que existe este lugar y acudo, sin que ello suponga, ni haga presuponer, que soy una mujer cabizbaja y triste, que pasa una época de bajón, depresiva y todos los sinónimos que os puedan asaltar. Esta vez no lo prometo, solo quería aclararlo. Para quién anda de preocupación en preocupación, intentando rescatarme de fangos y lodos inexistentes. Todo bajo control. Hasta mi sonrisa de siempre...
miércoles, 25 de mayo de 2011
Géminis de cabeza a pies...
Miércoles con reunión improrrogable, inaplazable, irrepetible y única. La llamaré, por todo eso, la Reunión. Ni más ni menos. Salgo del parking despacio a las 8, con tiempo suficiente para llegar antes de las 9, como procede. Y ya las curvas cerradas de cada mañana se me presentan más difíciles, la dirección se resiste en cada giro del volante, las rampas cuestan de subir a pesar de ser solo razonablemente empinadas. Y bien... pongo un "pie" en la calle y a un centenar de metros un caballero extranjero, rubio, de ojos claros y liándose un cigarrillo, me gesticula haciendo en el aire una circunferencia repetidamente con el dedo índice de la mano derecha y una sonrisa interesante. No puede ser. Vamos, por favor. ¿Hoy? ¿justamente hoy? ¿el día de la Reunión? si, el día de la Reunión... Opción A: proactividad y autosuficiencia, ensuciarme las manos y la ropa, tener que regresar a casa a tomar una ducha y a cambiarme de ropa. Con suerte, 2 horas y ninguna garantía de éxito y seguridad porque, a pesar de haberlo hecho con anterioridad, nunca sola... Plan B: telefonazo al renting y campaña de manos limpias. Todas sabéis cuál he elegido porque en mi lugar habríais hecho exactamente lo mismo.
Notifico oportunamente a colaborador#s y, sin embargo, amig#s de lo sucedido y advierto del retraso y de la causa. Ellos opinan que vamos, me lo podía haber hecho yo. Ellas creen que he tenido una idea estupenda y, por supuesto, correcta. Y empatizan conmigo. Paciente y en calma [el poder de la mente, la autosugestión y -sobretodo- la lejanía física de mi Ecs con sus histerismos perpétuos... son infinitos] espero durante los 45 minutos en los que se convirtieron los veinte que me anunciaron por teléfono. Recuerdo que la última vez que un coche me falló fue en los Monegros camino de Madrid para intentar coger un vuelo internacional a pesar del cierre por okupación del aeropuerto del Prat [sí, aquel fatídico 1 de agosto en el que los empleados tomaron las pistas y fueron posteriormente sancionados]. Bien, en los Monegros la grúa tardó muchisimo menos que en el centro de BCN hoy... He despachado correos y he hecho llamadas que adeudaba o necesitaba hacer, tranquila y escuchando música y/o noticias por la radio.
He llegado a las 10h45. Nada mal, teniendo en cuenta que mi despertador había sonado a las 6h30. Y como también yo soy de las que me creo el centro del universo y de todas las galaxias, hasta de las que se van descubriendo en estos tiempos, tan lejanas, al entrar he pensado que ya todo el mundo estaría al tanto de mi súper problemón, de la razón de mi retraso y hasta se reirían de mi por haber pedido grúa para eso tan sencillo que es sustituir una rueda que en mi coche debe pesar 30 kilos, sin llanta de aleación ni tornillos normales y de seguridad. Así que la entrada con una poco proporcionada disculpa por la interrupción al grupo ha devenido en esperpéntica con una comunicación imposible plagada de frases sinsentido... Nadie había querido interrumpir la reunión y he debido explicar por enésima vez el periplo, mientras constataba con asombro que habían avanzado tantísimo en solo un par de horas escasas...
El cambio de actitud, el priorizar las llamadas y las gestiones, la espera paciente por inevitable me han hecho reflexionar. Luego me he subido a la cinta a sudar profusamente, corriendo como si se me escapara el barco que me lleva a un paraíso de largas vacaciones y he tomado una frugal ensalada [sí, con proteina, sí] y la tarde ha surgido a la hora de la siesta y de la digestión y se me ha hecho larga porque terminó a las nueve. Y ya por la autopista he hecho un par de llamadas para excusarme en una cena en la que tenía previsto contar, escuchar y reir. Pero es que solo tengo fuerzas para acostarme y que mis circuitos abandonen su actividad frenética y desconecten...
Anda que parece que haya comido lenguas, que decimos por aqui. Menudas parrafadas bien claras que han salido hoy, a mi, tan críptica...
martes, 24 de mayo de 2011
Entre lágrimas y sonrisas...
Hoy no hubo lágrimas y el sol lució por dentro, inexplicablemente. Y es que no sé explicarme mejor. Hoy hubo que trabajar de corrido y correr por los pasillos para acabar llegando cinco minutos tarde a una videoconferencia y verse en la pantalla mientras cinco norteamericanos aguardaban formales a que diera inicio. Yo procuro ir respirando profundo de tanto en tanto, como me aconsejan. Y detenerme algunos segundos a levantar la vista de la pantalla buscando un breve horizonte, como resulta conveniente. Hoy no hubo gimnasio porque me esperaban. Y hubo una equilibradisima comida rápida y a solas, entre conversaciones telefónicas que iban cerrando asuntos. Hoy, todo es cuestión de actitud, me sorprendí de nuevo animada mirando al hoy, sin proyectar mañanas que solo demoran la llegada del momento esperado. Y es que el momento es, precisamente, únicamente, ahora. Ahora mismo. Hoy una anécdota: mientras regresaba a casa, con una preciosa luz, conversaba con el volante entre las manos y la velocidad fijada para no cometer excesos, comentando todo lo magnífico del día. De manera simultánea han entrado una, dos y tres llamadas adicionales. He suspendido la conversación importante para atender una urgencia y el bloqueo ha desconectado el bluetooth y hasta la línea del móvil. Me he detenido suavemente en el arcén y he tenido que reiniciar el coche para que la normalidad regresara. Mañana se inician los restantes cuatro hábitos. Estoy impaciente por recomenzar...
lunes, 23 de mayo de 2011
Dolor de lunes...
Me acaban de decir una gran verdad, de esas tan obvias que parecen más verdaderas y es que los lunes deberían estar prohibidos. Vierto lágrimas por las esquinas y aparto la cara para que no noten que mis ojos están enrojecidos. No puedo aguantar miradas y lanzo besos de viento. No me interesan las cartas y tampoco me apetece nada. Será todo a la vez o que es lunes o primavera o bien que ando en proceso de ovulación y estoy en festival de hormonas asténicas. E histéricas, por cierto. Me aburro pensando en que voy cansada y prefiero no decirlo para no oir eso de que seis vuelos en cinco días son demasiado y por que es lo que yo quiero hacer. En parte. Otra parte no, que es porque va con la nómina. La voluntaria, la deseada, la esperada en cuenta atrás, esa no se renuncia ni se cuestiona ni siquiera se valora. Se extraña, se padece, se revisita y se recuerda con detalles ínfimos y mínimos, aunque determinantes, como esa caricia entre el volante y el cambio de marchas a media maniobra, aunque el coche sea automático...
miércoles, 18 de mayo de 2011
Un paréntesis de un momento que puede parecer media vida...
Siempre ha sido mi asignatura pendiente y lo sigue siendo. Hacer inmersión en un país y otra lengua por 48 horas es un ejercicio de concentración y de atención agotador y, según se mire, hasta sublime. A mi me devuelve siempre al primero de los escalones, empezando por abajo, me da una lección de humildad y me recuerda que soy una mota minúscula que se desplaza a merced de las corrientes de aire. Y, además, la sala de hoy era majestuosamente imponente, de las que quitan respiraciones, a pesar de que la decoración fuera más que discutivle, como el asunto a dirimir. El balance es positivo pero solo de manera moderada. Esta vez una cuarta parte era yo y representaba a nuestro género [como he podido, carmaba, ya me hubiera gustado hacerlo a la perfección pero mucho me temo], así que hoy me he sentido ligeremente más igual [por igualdad numérica, claro, sin dudas]. Me persigue la sensación de que el mundo giraba al triple de revoluciones que yo, que estaba como alejada de todo y se me ha hecho infinito. Ni un minuto para elegir una fragancia o los chocolates o la tontería que muestra y demuestra que, en efecto, encontraste ese minuto, precisamente y pensaste en el/ella/ellos/ellas o lo que sea. Eso me hace sentir mal...
Han pronunciado tu apellido. Y se me ha detenido el alma. No se hablaba de ti, no te conocían, tampoco van a conocerte jamás y nada te relacionaba ni con el lugar ni con el momento ni con el sol que brillaba a pesar de que en España el territorio recibía tormentas y lluvias. Han dicho tu apellido por coincidir con el de otro alguien y he sentido el golpe seco en el estómago, que se ha introducido levemente hacia adentro. He mesado mi cabello, he mirado hacia los espléndidos zapatos italianos de mis tres acompañantes y me he sonreido con nostalgia. Si, he pensado en ti, consciente de que no estabas y de que a mi regreso de esta [solo para mi] larga ausencia no ibas a estar más, ni tampoco, ni como siempre, ni esta vez. Ni nada. Y, efectivamente, no te he llamado a ti en el trayecto del aeropuerto a casa...
lunes, 16 de mayo de 2011
Un rápido, un breve, un ánimo...
Una ducha y una mascarilla para el pelo. Y pienso. Coche, radio y conversaciones. Jornada rápida en la que se solapan [y hasta olvido] las citas. Correr sobre una imparable cinta empujada por el ritmo de una música en las aurículas. Una ensalada exquisita. Poca tarde a alta velocidad y regresar a la urbe preciosa con un sol estuendo y en azul para abrir mucho la boca. Pero sin dolor. Casa y teclado rápido par alcanzar el fin en tiempo récord. Ya se hacen la cena y yo termino ahora, justo a tiempo de sentarme a hacer balance. Dos aviones y una larga reunión en una lengua no materna. Me llevo las zapatillas de volar y ropa técnica, que alguna soledad le arrancaré a la jornada, supongo. Un sueño interrumpido en enorme cama y un desayuno rápido. Un enorme lugar oficial, con acreditaciones y arcos de seguridad. Unas horas de tensión, que el juego es fuerte. Otro par de aviones y el hogar. Y menos horas para los siguientes vuelos, que todos necesitamos un poco de sur. Ánimo, Farala. No cierres. Aguanta.
domingo, 15 de mayo de 2011
Cuando todo es complicado, excepto los sábados...
Cuatrocientas entradas después de comenzar este lugar e incontables en el otro y me siento exactamente igual: llena de palabras qeu combinar para fotografiar sentimientos y pensamientos que, a veces, se instalan en la garganta en un para siempre. Por ejemplo, un virus en forma de correo que entra en mi bandeja un sábado de primavera con un saludo y un mortal carpado en el corazón, como de circo. Sé que es suyo. Sé que es un virus inevitable y desconocido. Sé que no va a cambiar ni un ápice milimétrico nuestras apacibles vidas [espero que la suya también lo sea, por supuesto] y conozco los riesgos [se me eriza el vello de los brazos pensando en que pueda morir mi blackandecker, más que si fuera un tamagochi o una mascota real, que no tengo -si los hijos no se consideran, naturalmente, mascotas, cuando hablamos en serio-], a pesar de lo cual me regalo un profundo suspiro y lo abro, solo para verificar que el correo en inglés es eso, un virus de mierda. Quería salir a correr por esos caminos de aire limpio y campos verdes y cielos azules como los ojos de algun#s y no pude. Sueño con salir a rodar con los neumáticos nuevos por esas carreteras de tierra y la boca cerrada, que con esto de la primavera los bichos ya se mueven con libertad y a veces anidan en humedales inapropiados. Y he querido disfrutar de mis olores preferidos y de las vistas que quedan después del trabajo, la tez morena y una sonrisa breve y discreta entre la nariz y la barbilla, pensando en mis cosas, preparándome para seguir lidiando [aunque ahora los expertos en coaching y en otras direcciones se empeñen en llamarlo liderazgo] con seres humanos complejos como yo, con sus ganas y sus negaciones, sus humores y sus frustraciones. Cuestan las sonrisas, cuestan...
miércoles, 4 de mayo de 2011
De inseguridades y tantas otras cosas que hay que adivinar cada día...
Me gustaría detenerme a pensar en las consecuencias de las inseguridades. Propias pero especialmente ajenas, que revierten y afectan, impactando en el centro de una diana no imaginaria. Acciones y omisiones de a diario que repercuten en terceros y en tod#s aquell#s que rodean nuestros universos. Pensé en habilidades de líder que ahora no aparecen como deberían. En aprendizaje constante, puliendo aristas y formas de hablar. Escuchando silencios y esperando gestos con la esperanza frágil de que vayan a llegar algún día, consciente de que no serán. Jornadas compactas y apenas sin distinciones en las tres octavas partes que las componen: una para la familia, otra para el descanso y la última para el trabajo. Religiosamente estancos, como a mi me gusta. Y tan mal como lo vengo haciendo en los últimos meses, con la frustración cargada a las espaldas y el peso repartido sobre los cuadriceps y los párpados agotados, a medio camino...
domingo, 1 de mayo de 2011
Impresiones de una madre trabajadora en un domingo por la mañana...
Voy a decir algo impresionante. Fíjense bien, por favor, porque es la primera vez que lo vivo, que lo pienso, que lo escribo y que me sucede. Siempre hay una primera vez hasta para encontrarse hablando con propios y extraños, conocidas de siempre y desconocidas recientes, y que una de estas últimas, al verte hablar, se te quede mirando con sorpresa y admiración y sin más lance tu nombre y primer apellido, preguntando si eres realmente tú misma. Bien, no tendría gracia [razón por la cual jamás lo escribiría] si no fuera por el detalle de que han transcurrido cuarenta (40) años desde que nos cruzáramos la última vez, en un lugar tan entrañable y en nuestro caso idealizado parvulario. He enmudecido porque procedía, rápidamente, responder algo así como: "vayaaaa y tú debes de ser....." pero yo, maestra en fisonomías, memoria y, sobretodo, retención de nombres, me he quedado profundamente en blanco hasta que algo, algo muy pequeño, un detalle imperceptible, ha desatascado mis recuerdos y he conseguido no equivocar ni el nombre ni la persona. Lo impactante ha venido cuando, admirada, la he felicitado por haberme reconocido tanto tiempo después y ella ha soltado con naturalidad un ¿pero cómo quieres que no te reconozca si estás iguaaaaaal!!!!!?. En este punto las coetáneas que nos acompañaban y envolvían en un razonable corro han empezado a odiarme porque cuarenta años es mucho tiempo. ¿O no?
He de decir que yo he sido quien se ha quedado más impresionada con el encuentro. O bien que ella es una gran disimuladora que considera habitual eso de no volver a ver a alguien [a quien te unió una estrecha y verdadera amistad porque ya se sabe que las infancias son tremendas] que vive en tu misma ciudad, en barrios colindantes, por cuatro hermosas décadas. A mi no me gusta, al contrario, me molesta y debo decir que a lo largo de nuestra vida he pensado esporádicamente en ella y en aquel tan típico qué habrá sido de... A pesar de todo lo cual nos hemos despedido con un par de besos y una de esas caricias [repetidas y verticales] en la espalda que se dan con la palma de la mano abierta por completo y se prolongan algunos segundos de especial proximidad. Solamente. Ni un cruce de teléfonos ni un deseo de volver a coincidir o vamos a quedar algun día para unas copas, por ejemplo. Nada. Solo los besos. Sé que tardaré en olvidar el impacto de esta mañana. Qué diferente vida nos hemos construido, ella y yo...
viernes, 29 de abril de 2011
Vivir así...
Modestamente voy a dar fe de que es posible hacer cuatro o cinco cosas a la vez, si bien existe un riesgo real de bloqueo y colapso o de otras cosas. Pero es época de asumir riesgos para salir bien en la foto, sin movimientos raros, aunque me repito a veces que esta vida impredecible, imprevisible, muta (sí, muta; con pe) sin previo aviso y lo que es hoy, su esencia, puede cambiar por completo en un plazo breve. No hablo de la salud, que también, sino de entornos personales, físicos y de funciones a ejecutar, hasta de retos, los que cada un# se diseña y a los que se predispone y muestra vulnerable. Aunque nos empeñemos en intentarnos e inventarnos seres inmóviles y como para siempre, iguales, de rutinas aburridas y hastíos estivales y de largos otoños en gris, las cosas cambian de repente y hasta de pronto. Golpes de suerte. Desgracias. Depende. Veo venir un puñetazo, el tercero, de esos que me ha regalado la fortuna en mi corta travesía y he comenzado a elevar la cabeza a los cielos en busca de lo que deba llevarse mi infinita gratitud eterna. On verra. Pero [incluso con la ansiedad que me convierte en un ser insomne] estoy disfrutando cada milisegundo, cada nanosegundo [ignoro cuál de esas medidas es superior a la otra, por eso he recurrido a ambas] como si todo fuera mentira, como si todo fuera a terminar, de golpe y sin previo aviso...
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Acerca de los datos personales
- spark
- Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)