Soy pensadora, curiosa, difícil de comprender, escritora encriptada y otras tantas cosas. Soy, también, alguien que dejó de fumar hace algunos años [no soy, sin embargo, de las que cuentan los minutos desde que abandonaron la adicción] y quién esporádicamente añora con nostalgia el gesto de tener un cigarrillo entre el índice y el corazón de la mano derecha [soy diestra, por desgracia para mi] y llevárselo a la boca en intervalos cortos para inhalar y exhalar un humo caliente que contiene centenares de productos químicos que afectan a nuestra salud. Vale. A veces me gustaría volver a fumar. Lo reconozco. Es improbable que lo haga pero me gusta lamentarme mientras lo recuerdo. Tengo un carácter adictivo y sé que debo andarme con ojo. Con todo, incluidas las personas. Me engancho y lo hago con relativa facilidad y hasta la médula. Suele ser recíproco, por fortuna. Me encantan los post que comienzan por un me gustaría porque ya destilan calma, porque transmiten la ilusión que conlleva el fin de la frase para quien escribe... Hace unos meses decidí cambiar de hábitos. Ahora aprovecho el tiempo de aviones y trenes para estudiar temas atrasados o nuevos. Antes solía perderlo, el tiempo. Y se me hace increíble todavía valorar el rendimiento y los resultados, el impacto también. Avanzo en mis fortalezas, por ejemplo, igual que conozco a fondo mis debilidades, que procuro matizar, al menos. En fin, lamento el caos pero es que dispongo de poco tiempo y hago tres cosas a la vez... Soy, al fin y al cabo, caótica. Y géminis...
Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...
domingo, 16 de diciembre de 2012
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Un momento de silencio...
Tengo treinta minutos para mi entre el momento en el que se vacía la casa y en el que conviene que empiece la ducha. Una reunión de tutoría a primera hora con el padre del vástago promete alguna risa y un poco de ansiedad. Aquélla la proporciona el que fue, ésta el tutor. Y es que me resulta incomprensible el grado de dificultad al que se enfrentan ahora los chicos y las chicas; no recuerdo que fuera tan complicado, que requiriera tantas horas. Ni siquiera la Facultad me resultó tan caótica como ahora, que los convierte en arqueólogos de la materia en busca de la elaboración de los mejores apuntes del mundo. Lo veo como una pérdida de tiempo. En cambio, seguimos sin saber debatir o hablar en público, como si no fuera crucial en una vida. Sin que nadie rectifique, cada vez que legislan al respecto. Y mira que lo hacen con frecuencia, pero nada. Un olvido tras otro, un error endémico nacional. Sirve para hacer los más espantosos ridículos en entornos plurinacionales. Los españoles no necesitamos badge...
Todo va bien. Y sin embargo siento que se me despierta algo en el estómago. Un poco de pereza ante el próximo avión. Algo de rutinario en ciertas conversaciones. Como un vacío aquí delante, un camino cortado, la carretera en obras yendo hacia ninguna parte. La sensación no es de miedo ni de preocupación, solo de vacío. El que precisamente yo no puedo permitir ni quiero permitirme. No hay queja, nada que perturbe una plácida existencia. Quizá de tan plácida ahora, aburrida. Todo es subjetivo y las agendas no tienen por qué parecerse o llenarse a la vez o entenderse igual.
Tengo treinta minutos hasta que vaya a entrar en la ducha y hoy, en lugar de pensar con el volante entre las manos, conduciendo por inercia y conversando telefónicamente, me he sentado aqui, en silencio, en blanco, para saber cómo estoy. Me sorprendo un poco porque debería haber dejado la impaciencia por ahí caída y sin embargo...
jueves, 6 de diciembre de 2012
Teatros y alertas...
Un regalo. Dos entradas. Una obra colorista, explosiva y alegre. Vigilia de puente, en el mejor de los casos. Un repaso mental a l#s probables acompañantes. Repito el repaso. Tengo que esforzarme más. Tiene que haber alguien en mi misma ciudad, sin compromiso, a quien me apetezca ver, disponible. Venga, esfuérzate.
Qué triste que la respuesta sea: nadie.
Definitivamente, algo no va bien. La parte intangible e inmaterial gana por goleada. Y una vez leí que eso era malo, señal de alarma, aviso de mal funcionamiento.
Confieso preocupación y esta vez no voy a negarlo...
lunes, 26 de noviembre de 2012
Hablando de ética...
Supongo que a algunas nos debe pasar. Me dicen que no se me entiende, que mis posts son difíciles, para mentes privilegiadas. No sé si estar de acuerdo. Es cierto que soy opaca de manera forzada y aquí las razones no importan. Es así. Pero creo que hay cosas inteligibles a la primera, evidencias y hasta planteamientos plagados de obviedades. Siempre me ha sucedido y ahora ya llevo dos blogs a mis [anchas] espaldas [de nadadora] y muchos años por aqui (creo que más de diez pero, como suelo reconocer, el tiempo se me hace de mal contar, como por falta de interés; es otra historia...): la gente llega con curiosidad y, me tarevo a decir que con interés; según el caso, se lee un gran número de entradas y se hace una composición y llega a conclusiones. Comenta, atrevida, durante una temporada que suele ser corta. Y desaparece después de establecer una cierta relación de proximidad, con intercambio de correos y, en el mejor de los casos, algún encuentro puntual. Todo eso salvo honrosas excepciones de gente que decide permanecer. Y permanece.
A veces quiero creer que la palabra clave es la siguiente: disponibilidad. Cuando una está disponible está abierta a planes, citas, correspondencia y largas conversaciones. Cuando una no lo está, tiende a esconderse, a no propiciar futuros inciertos, interesantes. Hay quien decide disimular su indisponibilidad y avanza hacia cualquier parte, sin saber el lugar al que se dirige. Yo lo he visto, yo lo he hasta padecido. Pero, suerte o desgracia, no tod#s somos iguales y hay quien opta por una determinada honestidad. No abandero ninguna causa ni se me llena la boca de anécdotas, mucho menos de felicidades, pero generalmente tardo muy poco en advertir de esa falta de disponibilidad que suele terminar con todo, excepto en los casos en los que el interés trasciende y supersede cualquier otra opción. A mi me gustan estas cosas, ver las reacciones de las personas, tratar de entenderlas, buscando por qués y tratando de aplicar la empatía.
Decía que mis posts son difíciles y raros. Quizá haya conseguido explicarme, excusarme. En este AVE que parece ir más lento que nunca antes...
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Otra vez...
A rachas y a trompicones. Las cosas van a fases y etapas y la que abro en estos días no es solo la navideña, que acostumbro a vivir intensamente y a celebrarla con un [para mi] largo asueto. Y blanco. En la etapa que estreno comienzan los madrugones otra vez, los aeropuertos y los taxis y las camas de hotel [que nunca he abandonado, en realidad], las muchas personas relacionadas con asuntos tan diversos a los que hay que adaptarse deprisa, las ausencias de la mesa del despacho y de las salas de reuniones; luego vendrán las urgencias, los recordatorios y hasta las exigencias. No puede ser de otra manera. Puede parecer imposible pero está llegando un momento extraño en el que se acumulan temas y se inician novedades que mejor llamar primicias, por la inexperiencia mía y las ganas que quiero ponerle. Nunca prometí nada. Siempre hay reuniones pendientes. Largas conversaciones y, al final, la certeza de que siguen quedando diferentes puntos por tratar y la incertidumbre de la próxima vez, entre viajes, en medio de las ausencias bilaterales. Me desplazo breve, me muevo deprisa. Pero eso no le sucede a todo el mundo, que debe tener otras obligaciones, atender distintas exigencias, aprovechar los días de calma y alargar, permanecer en lugares y tiempos. En cambio yo... apagaré un despertador a las 04:00 para seguir durmiendo un par o tres de horas más tarde camino al sur y deshacer el camino volado otra vez de noche, incorporándome tarde a lo que debe ser una jornada normal en la vida de mis descendientes. A Dios agradezco que puedan permanecer sin tutorizar y yo tranquila...
jueves, 15 de noviembre de 2012
De la primera vez, de grupos que cantan y de otras adoraciones...
A una le perforan el alma una vez. La primera. Y todas las demás veces ya no son nunca la misma ni la inicial y más sentida. Simplemente te enamoras y pierdes hasta la esencia mientras todo va sucediendo, el cerebro se adormece temporalmente y tu cuerpo padece reacciones químicas, biológicas y físicas impunemente, sin previo aviso. Hablo de la primera vez, del primer amor. Quizá se olvida. Tal vez. Y se revisita de tanto en tanto, cuando la adolescencia entra en grises, como en borrador y todo se ha ido modificando de manera que nada es real sino el producto de los matices subjetivos. Pero de buen rollo, se altera. Se olvida quién protagonizó esa vez primera y, sin embargo, los sentidos permanecen casi intactos, aumentando, deviniendo imposibles. Puede ser que todo lo demás sea una copia, un intento de regresar, retrotraerse, recuperar. Todo.
Iba a hablar de relaciones asimétricas por la edad pero voy a abstenerme, de la misma manera que no quiero referirme ni al lápiz de Ikea ni al pistacho [es un estribillo popular de una canción de un grupo mallorquín llamado Antònia Font; me gustan. También los Manel y Anna Roig i l'ombre de ton chien y nada -me gustan- algunos otros que no es necesario decir, ¿para qué? si todo es tan subjetivo y carente de valor, a veces; con lo que deben esforzarse, los pobres, para salir adelante para que venga una idiota a dar opiniones que nadie le ha pedido, vamos...] o a los malos humores y las tensiones que se acumulan alrededor, con cuerpo, con alma, nombre y apellidos.
Visualizo la siguiente habitación de hotel, tan familiar, tan céntrica, tan fácil hacerla mía. La cordura se mantiene con ciertos hábitos, como el de llegar, buscar el lugar en el que el trolley negro y rígido de vértices redondos pueda mantener sus dos hojas abiertas, deshacerla inmediatamente después de los primeros besos detrás de la puerta: el necessaire [tremendo en esta lengua, ¿verdad?], colgar las pocas prendas que lo requieren, sacar los zapatos de sus bolsas de viaje, volver a dar abrazos y besos, enredarme en un hombro y, por fin, descansar, sabiendo que la vida me regala algo más de 48h. y que voy a compartirme completamente, a obsequiar, dejarme vencer por varios placeres distintos que van desde el gastronómico pasando por el cultural sin olvidar el más físico de todos. Extraño a veces esa gran ciudad y perderme por sus barrios, locales y enormes calles. Nada que ver a cuándo la visito por mis obligaciones profesionales. Nada.
Odiaba ese lugar. Ahora adoro volver...
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Thoughts...
Se me está desordenando el caos. Es probable que sea materialmente imposible. Pero el mío tiene vida propia, actúa por su cuenta y es cierto que la palabra se queda corta para describir el interior de mi cabeza a día de este hoy que ya acaba.
Sucede en raras ocasiones, así que ando desentrenada.
Funciono por compartimentos estancos, perfectamente sellados. No hay fisuras ni escapes. Y así -con un mucho de organización no improvisada- voy transitando con cierto éxito [el éxito lo determina cada una, en este caso; me refiero -en el mío- a un más que aceptable grado de satisfacción, por ejemplo] por todas y cada una de las facetas que me forman y, por lo tanto, completan. Y hasta complementan, vale.
Solo ocasionalmente todo se mezcla y en mi cabeza se produce un cortocircuito. Me manejo mal, en esos momentos.
No sé si comprar el primer vuelo que salga hacia California y empadronarme ahí o bien pedir a gritos que me ingresen en algún hospital, me pongan una vía y me administren propofol durante un par de semanas y me dejen aislada, sola, hasta que los circuitos neuronales vuelvan a estar comunicados y recupere mi salud mental. Y las ganas de un millón de cosas.
Uno de esos largos días en los que valoras seriamente si serás capaz de seguir adelante...
jueves, 8 de noviembre de 2012
Me gustaría decirte algunas palabras...
Como decía... el tren...
He visto el otoño y todos los viñedos de color y entre la lluvia. Aquí las estaciones van a otra velocidad y se nos están avanzando. He ido en su busca lejos dos veces y las dos he fracasado: me he adelantado, contra todo pronóstico, también. No han empezado la poda y los sarmientos están en su esplendor en tamaño y en plena decadencia por sus sinfonías en marrón y rojo. Ojalá el agua caiga y caiga hasta empapar dulcemente la tierra que ha reducido su productividad, alterando precios y mercado y obligándo a rehacer presupuestos. Es una ansiedad constante, esto...
Al salir, de noche, me he entretenido en escribir una nota en la pizarra de casa, con el ánimo de acompañar desde la ausencia, persiguiendo una presencia virtual y simbólica que haga un nanosegundo de compañía, justificando retrasos inevitables, con cualquiera de las combinaciones posibles e imposibles. Él ni siquiera vio la nota. Ella ha pedido que llegara antes. He charlado con el maquinista y no hay nada que hacer. Serán pasadas las diez y volverá a ser de noche.
Agradezco a los dioses que me tengan ocupada y sin posibilidad de pensar. En cuanto me descuido, recurro. Y no hablo de apelaciones, no. Me refiero a pensamientos de esos que te revisitan hasta aburrir, agobiar, saciar. Los pegajosos y los desagradables, ese estilo de pensamientos que una tiene cuando quedan cosas por hacer, palabras que decir, conversaciones pendientes y tanto por vivir a medias. Me veo recordando y, eso sí que no, ya no tengo edad para lamentos, remordimientos y disculpas. Ahora no...
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Los puntos suspensivos son sólo tres y van seguidos de espacio...
La serendipia ha hecho que hoy le ponga nombre a algo que hace mucho que sé de mi misma. Nada cambia pero es como dar cara a las personas con las que correspondes, por ejemplo: libera y da calma, al menos a mi. Confieso, sin embargo, que la fuerte atracción debe venir acompañada de piel. Y voy a dejarlo aquí porque es una anécdota, el tema, consecuencia de la casualidad... como ya he dicho.
El tren ha irrumpido con tanta fuerza en mi cotidianeidad, que empiezo a ser capaz de caminar entre vagones con naturalidad profesional, como si esos vaivenes que provocan los socavones que fueron noticia que abría telediarios y que a mi me hicieron jurar que jamás dejaría el aire, Barajas ni el Prat, porque la tierra era demasiado peligrosa, nos engañarían y alguna vez un largo tren acabaría deglutido. Como si esos vaivenes, decía, no fueran capaces de romperte la cadera mientras te colocas una enorme sonrisa que disimula el dolor físico, el del ridículo y hasta el amor propio maleado... Pasan los años y no suceden esas cosas, yo he cambiado de hábitos [jamás pensé en hacerme monja, por cierto] y padezco modificaciones físicas evidentes, que asumo con dignidad y tristeza.
Tengo el convencimiento de que cada día está lleno de infinitas posibilidades, sonrisas escondidas, retos, personas interesantes que te arrancan carcajadas deprisa en conversaciones arañadas, cada día está lleno de ti y de tus voces, los detalles compartidos y el devenir privilegiado de una época maravillosa que no acaba, contra todos los pronósticos que nunca ha hecho nadie. Vale. Un poco pastelero, queda. Pero, ¿qué quieres? Estoy destrozada...
lunes, 29 de octubre de 2012
Por si eres tú quien lo ha perdido todo...
Nunca me enamoraría de quien ha perdido batallas y espera en soledad a que lleguen milagros. No me gustaría sentir que rescato de los pozos y de las lágrimas y de las dudas más trascendentales. No querría abrazar a alguien que no tiene ninguna posibilidad de ser abrazada y es el último recurso, la única posibilidad y la vez final, que eso se nota. Lo cierto es que apenas sé enamorarme, más allá de responder impulsos ajenos, empeños y ganas. Me enamoré una vez, activamente y [como no podía ser de ninguna otra manera, perdón por la inmodestia] salió bien. Todas las otras, diría, me dejé y me consiguieron. Suena fácil lo que fue casi imposible. Y diría que imposible, sin el casi, si no conociera el final. Que me conozco.
A veces me preocupa la imagen de intransigente que proyecto, absolutamente sin querer. O la de estricta. También la de impaciente y perfeccionista. No puedo comprender que todo eso, que es, se trasluzca tan clara y fácilmente. Quizá ell#s sean mucho más perspicaces de lo que aparentan y me tengan engañada. O no. Pero lo que me incomoda son los comentarios que acompañan el uffff de rigor. No sé si eso pueda tener arreglo, aunque lo cierto es que a los resultados me remito. Supongo.
Proyecto días a solas, lejos, con la cara bien alta y sin jugar al escondite. Que todo el mundo tenga la información y que nadie intervenga, incomodando. Nada de eso. Vivir de espaldas a todo tiene un precio. No compartir con nadie que el corazón revienta es una canallada. Y lo digo perfectamente consciente de las imperfecciones, de los no puede ser y de todos los es imposible que se me agolpan en la garganta mientras tecleo. Tendríamos que ser consecuentes, siempre, a todas horas. Caminar con la barbilla levantada de quien tiene todas las conciencias en calma, nada que disimular, nada que esconder. Mucho menos todas esas cosas tan bonitas. Menos enamorarse de alguien que ha perdido...
viernes, 26 de octubre de 2012
¿Precisamente ahora...?
Se me cierran los ojos, lentos. Y pienso que habrá sido el vino, las dos copas. Y recuerdo que la noche la pasé de tirón, aunque breve. Dos madrugones en cuatro días me tumban sin remedio, dos noches fuera, encuentros extensos y definitivos bajo presión y en cuatro idiomas, alternados con la naturalidad que solo las mentes abiertas son capaces de aplicar, sin necesidades de disculpas ni de falsas incomodidades. Tolerancia ante lo distinto y respeto por lo fácil para los demás.
Se me erizaba la piel de los antebrazos imaginando y descubriendo que ese era también un lugar para quedarse, largamente, aunque sea tan inviable. El segundo en poco más de un año [¿qué me está pasando, por favor?]. Primera visita por trabajo al centro neurálgico del corazón del centro de las decisiones de esta Europa nuestra tan poco potenciada y a la que nadie respeta. Despidiendo el otoño porque, en efecto, están hoy en riguroso invierno y pasé verdadero calor bajo un cielo dolorosamente azul para unas retinas idénticas.
Procuro disimular el fastidio, los nervios, la pereza y el agotamiento de todas esas cosas por inútil en todas direcciones: ascendiente, descendientes y colateral. Una se calza una máscara superficial que va de pies a cabeza y convence mientras por dentro se corren maratones y todos los temores se agolpan en la epidermis, entre tantos pliegues. Hay, sin embargo, algún momento magnífico, sutil, como que un par de caballeros exquisitos se tomen todas las molestias por mostrarte algunos lugares inevitables y el Restaurante de referencia, entre paseos cálidos y vías adoquinadas y magnificentes como solo la centroeuropeas.
Hay antes y después y a mi ese lugar me ha señalado la piel del alma, me he sentido sabiendo que habrá más, memorizando consciente el infinito y desconocido aeropuerto que, me temo, me visitará de tanto en tanto. Otro de esos cambios extraños que me suceden en estos últimos tiempos. Me asustan tantos frentes, no resistirlos o manejarlos mal, olvidar, perder, demorar...
Lo que nunca fui, me descubro siendo...
miércoles, 17 de octubre de 2012
Hoy la proporción ha sido de 10 a 3...
Hoy ha sido un día especialmente raro, que comenzó muy temprano y me llevó al Madrid de los Austrias con esos parquets de madera con enormes separaciones entre lamas [se debe a que se instalaron con la materia prima todavía verde, me contaron una vez] que crujen escandalosamente a cada paso [más si es con tacones]. El día era precioso, hoy que decidí sacar la primera americana de invierno.
Una no departe amigablemente de los objetivos, estrategias y hoja de ruta de una empresa grande con los Directores de todas las delegaciones de los cinco continentes, en busca de iluminación. Comida privada en un lugar público y visita rápida para tres [una impresionante biblioteca del siglo XVII]. Y reunión totalmente imprevista con La Coach de referencia en nuestro país para establecer la hoja de ruta de las vacas sagradas [anquilosadas, algunas] de la organización. No tiene precio que tu CEO te pida sinceridad para responder acerca de los puntos débiles del sistema, la cultura de la Casa y los compañeros miembros del Comité de Dirección. No tiene precio que insista, que -si es necesario- abandona la sala de reuniones para que nos sintamos más libres. Y contesto para alegría [no, más: la felicidad] de La Coach, que cree haber encontrado un tesoro, una fuente de conocimiento, una analista en tiempo real y me reclama para su equipo. Desde luego, los hombres que me acompañaban no son, precisamente, resolutivos y a mi es suficiente con sugerirme el tema para empezar a largar.
Hay días que son regalos, que son Navidades, que son cumpleaños y aniversarios. Hay días que merecen ser vividos intensamente para soñar que alguna vez pueden llegar a repetirse, si los astros vuelven a conjugarse y los escenarios y los protagonistas no mutan demasiado...
martes, 16 de octubre de 2012
Una presencia que persiste...
Ayer hizo cinco años que estuve en una fiesta y ayer se repitió una nueva fiesta para celebrar otro cumpleaños. Hablo de una de esas fiestas mezcla de gentes desconocidas que solo tienen en común el conocer a quien la organiza. Y eso es bien poco. Incómodo, si apareces sin acompañante, naturalmente. Hace cinco años me presenté con más reparos que otra cosa y me quedé cuatro horas, cerrando el local. De entre todos los asistentes, coincidí taburete alto con taburete alto en una esquina del salón, copa de vino en la mano, cierto nerviosismo y mucha timidez, con una mujer que me resultó incomprensiblemente interesante. De mi edad, regresada de una larga temporada en un potente país europeo, fluidez en varias lenguas, con alguna ingeniería que no recuerdo y expatriada de nuevo a su país gracias a otra poderosa multinacional del sector energético que ni siquiera me propuse recordar. Andaba en busca de marido para un ansiado bebé, que la naturaleza empujaba. Fueron horas agradables de conversación pausada entre coetáneas con vivencias comunes de quienes han crecido en un mismo lugar.
He podido seguirle los pasos discretamente gracias a nuestra común amiga y a ese maravilloso invento que [a veces] es el FBK. Para mi gigantesca sorpresa dio un giro inesperado, vio la luz y cambió de vida, dejando de buscar marido alguno. Hace dos años que se instaló en una relación física y espiritual intensa y [creo] vive feliz. Ayer la vi otra vez. El tiempo ha pasado para todos y reconozco que a mi me ha apisonado, pero no me lo pareció [feliz]. Ayer estuvimos [ni queriendo nos hubiera salido tan bien] enfrentadas, una en cada extremo de la mesa rectangular a la que nos sentábamos una veintena de invitados, en los lugares más alejados. Y, sin embargo, me tropecé varias veces con sus ojos azules. Lo cierto es que me apoderé de las risas de los no conocidos que compartían mi extremo de la mesa y su zona se convirtió en un lugar apagado y silencioso, aparentemente poco confortable.
Voy a reconocer que su recuerdo ha sido recurrente estos cinco años. Y que me cuesta apartarla de mi cabeza ahora que pienso que puede que pasen otros cinco años antes de poder volver a charlar con ella y ponerlos al día, como me apetecería... Pero no voy a reconocer nada más. Porque... ¿y si me lee...?
lunes, 15 de octubre de 2012
De hábitos e imperfecciones...
Queriendo cerrar etapas no hago más que abrir nuevos frentes. Sigo divirtiéndome tanto como me dejan y lo cierto es que encuentro serias resistencias para ello [para que me dejen]. Me gusta pensar que, a pesar de todo, esto es provisional, estoy agotando la fase y en algún momento el entorno va a cambiar para siempre y de forma rotundamente definitiva e irreversible. Mañana por la mañana voy a tener que recordar no ponerme perfume ni colonia, que esconde los olores y los matices de los vinos y ese sentido, el del olfato, es crucial en una cata a ciegas. Pasado me toca madrugar para seguir durmiendo en el AVE y regresar no demasiado tarde vía Barajas, después de haber dado un nuevo espectáculo en el que seguro que creceré dos palmos, de lo mucho que van a criticar mi presentación. Aunque sea en tono jocoso y constructivo, naturalmente, soy de las que procesa mal la crítica; aunque la acepto y la digiero, aún siendo de digestión muy lenta. Si hubiera nacido perfecta todo sería distinto; pero solo nací perfeccionista y eso, quien lo padece, sabe bien lo que es. Frustrante, por un lado; y te condena a vivir en un permanente estado de insatisfacción, por el otro [sic mi preciosa psicóloga blondie... hace una eternidad, claro]. Ahora que soy [tan] mayor y estoy cómoda en mi estado, no he mudado demasiado los hábitos pero reconozco que me he relajado. Y no me está sucediendo nada...
viernes, 12 de octubre de 2012
La vida cambia de repente...
No puedo escribir más que tristezas. Maldecir esta odiosa distancia que yo no sé cómo vencer. Llorar que el hecho, las escenas se hayan repetido con tan poco tiempo de diferencia. Y que todo sea tan extraño, definitivo y traumático. Me ducho y al salir, mojada, un messenger telefónico entre BBs, antes de las 07:00: "... ha muerto. Me acaban de llamar". Pero... ¿cómo? Pero... ¿qué ...?
De pronto sabes que no fue accidental. Que la pareja estaba en crisis. Que ella tenía acceso a toda la medicación del mundo. Que era adicta a la famosa anestesia de aquel cantante que fue negro. Que tenía moratones por el cuerpo. Que él está bajo sospecha. Que todos esperamos a conocer la autopsia.
La vida cambia y empiezas a rebuscar en el alma-zen cuál fue la última vez que la viste, cuál fue el último encuentro fortuito, los planes truncados y los viajes que ya nunca serán. Los últimos besos y lo distante que estuvo en la última fiesta, como ausente, una mirada extraña y sin acabar de encontrarse cómoda en ningún lugar.
Yo te echaré de menos, tanto como maldigo estar tan lejos. Yo te recordaré de mucho en mucho al principio y de tanto en tanto después Pero te seguiré recordando toda la vida. Que yo para esto es en lo único en lo que soy fiel...
martes, 9 de octubre de 2012
Has vuelto tú a mi memoria, de manera tan infructuosa e inútil como siempre...
[Qué título tan largo...].
Siempre con prisa y hoy no ha sido la excepción. Una dirección céntrica a media tarde, pero retrasadísima. Desde la Diagonal he escogido Muntaner para llegar a Aragón y a su flamante escuela de negocios [where business people grow...], sin caer en la cuenta de que esa era tu calle, la nuestra. Primero, he alzado la mirada a la izquierda, al primer piso, y nos he visto fumando en la ventana, en el intermedio de cada clase, apurando los minutos, las conversaciones, los silencios, el humo y los nervios. Inmediatamente después he mirado a la derecha, a la misma altura del principal, dónde vivías con tu madre y tres hermanos menores, dónde me enseñaste las caricias y los besos en largas tardes de estudio que no nos llevaron a ninguna parte a nivel académico [bueno, a mi a algún lugar impreciso; a ti, a un matrimonio fabuloso con un flamante heredero de esa burguesía empresarial tan nuestra... Me quedo con lo mio, por cierto...] y a tantos lugares en el plano sensorial. Nos he visto y al no reconocerte en la cara de nadie, he recordado que han pasado unos escandalosos treinta años. Treinta. 30. Y creo haberte encontrado dos veces durante ese lapso de tiempo, sabiendo que nunca te has marchado de nuestra ciudad, que sigues viviendo aquí, educando adolescentes despreocupados y difíciles, conviviendo con alguien a quien no amabas entonces, sin profesión conocida. Es imposible tanta crueldad y no sé si el destino es el único responsable. Tampoco sé si sería capaz de reconocerte hoy. No sé si te encontraría en la calle, entre tantas caras, entre bocas sonrientes, el cabello tan distinto. Ni tú. Ni siquiera tú y tampoco tú. No me adivinarías hoy, estoy segura y quiero seguir así, creyendo que nos sobrepasaremos por las calles céntricas que debemos frecuentar y nos omitiremos, sin querer, para siempre y para todos los restos de esta vida que avanza en décadas demoledoras, sin vuelta atrás...
lunes, 8 de octubre de 2012
Como si todas las quincenas fueran iguales...
Mucha carretera y horas completas al volante. De tirón. Sin paradas ni siquiera para el consabido peaje, que hasta esto tenemos inventado para facilitar el paso y el pago sin apenas darnos cuenta. Siguiendo la costa, viendo el mar, cantando las canciones que conozco y tratando de memorizar letras de los Manel, que llegan a ser entrañables. Converso y escribo retales de palabras en frases cortas que pueden llegar a sonar rudas y apenas puedo explicar o justificar. Suerte que recibo clemencia. Y conversaciones telefónicas impacientes y el gas un poco más a fondo, programando un par de kilómetros más a la hora, que total no se va a notar y sin embargo son minutos y se van sumando o, mejor, restando. Hay quincenas infinitas pero la pasada no lo fue; no me preguntes por qué. Las ganas intactas, el abrazo tan fuerte y el calor, el sol, el azul. Nunca entenderé que la mirada se me ponga líquida cerca del mar, a veces indantreno, siempre azul; como al llorar pero en plena fiesta de felicidad y entre sonrisas un poco tontas. A veces es más fácil percibir la asimetría y otras veces son empates técnicos, tablas o paridades con efecto bloqueante, sin ninguna intermitencia ni posibilidad de reacción o movimiento. Hay kilómetros que matan, a veces; otras veces, los centímetros producen idéntico resultado. Es imposible elegir, una vez dentro. Es como preguntarse, cada mañana bajo la ducha, si a una le ilusiona acudir a sus obligaciones profesionales, quienes tengan la suerte de tenerlas. Tengo el circuito diseñado para economizar tiempo y movimientos mientras me cuentan noticias que entretienen mi mente y la updatean [que diría una compañera algo anglosajona en las formas] o, más últimamente, la escandalizan porque mira que el patio está mal. Y me entretengo entre alguno de los recuerdos [normalmente] magníficos que colecciono, para no plantearme casi nada, para no cuestionarme los planes, para emplearme a fondo sin detenerme a valorar si realmente existen alternativas viables a esta vida. He dicho viables. Y el matiz es determinante, crucial...
jueves, 4 de octubre de 2012
Hablemos del tiempo, de la independencia, de los BRIC. Del sincrotrón y de los oportunistas, los tránsfugas y los chaqueteros. De lo bien que se expresan los políticos de [casi] todos los colores y de las manifestaciones a favor y en contra. No sabes qué gritarás al expresar tu contrariedad, que todos los mensajes suenan rancio. Póngame usted una caña, por favor. Cuéntame que estrenaste una enorme casa y que ya te has independizado. A los treinta y tantos, tocaba, que las dos lo sabemos. Manifiesto sorpresa al conocer que cocinas, tú que no supiste hervir unos espaghetti hace unos pocos años y necesitaste indicaciones sobre cómo aderezar el agua y cuándo echar la pasta. Y tú, dime. Tu marido de viaje estrenando fábricas en un país sudamericano de proporciones continentales, saliendo en prensa sonriente, disimulando la caída de ventas en el mercado nacional [todavía] nuestro que tanto se acerca a la raya del 60%, pero no vayamos a decirlo. Yendo y viniendo del gimnasio, a los museos, restaurando muebles interesantes y cuidando de tus jardines [de idénticas proporciones a las del país sudamenricano al que me he referido antes, seguro]. Llenando como se puede el vacío del haber dejado de estar obligada a cumplir horarios y el que deja la frecuente ausencia de la pareja por trabajo. Supongo que queréis otra caña, ¿verdad? ¡camarero, por favor, otra ronda! -dice él, señalando con el índice de la mano derecha el centro de la mesa para cuatro haciendo círculos de radio pequeño, como el de la boca de un vaso de vidrio, por ejemplo-. Bueno, tu turno. Directivos que antes fueron tus compañeros y que hoy salen en la prensa diaria hacen declaraciones poco afortunadas y se exceden de los que son sus áreas. El año que viene tendremos una segunda equipación realmente horrible pero hay que vender y eso vende. El universo de los conflictos está superpoblado de impresentables y en nuestra frontera con el norte están sucediendo cosas buenas en tiempo real. A algunos les va bien fuera y a los de dentro la salud les trata mejor que nunca. Nos alegramos. El azote de la crisis ataca a todos los sectores a los que representamos y se nos anudan las gargantas de preocupación... Soy poco habladora y esta vez no hubo interrogatorio sobre status sentimental, como suele suceder. ¿Podría darnos la cuenta, que se nos hace tarde? Tengo el coche aparcado aqui en frente. Me vienes de paso. Si quieres te llevo...
martes, 2 de octubre de 2012
Crónicas de una [crítica] nómada crónica...
No quiero otoño. Ni tener prisa por cambiar citas y encuentros que se solapan y coinciden con precisión quirúrgica y matemática. Está llegando el frío y a mi me recuerda al blanco, mil veces lo he dicho, de las montañas y me da pereza recomenzar los hábitos de temporada. Comeré setas y castañas, seguramente; lloverá y anochecerá antes y todo será negro a media tarde y frío; me deslizaré y regresará el verde y el sol. Como cada año, todo invariable; con preferencias y sin poder cambiar apenas nada para seguir en esta suerte de resignación calmada, tranquila, estable. Nómada crónica y crítica. Cuestionándome en algún rincón secreto y en voz baja si esto puede acabar por ser eterno y, como dice, si nos vemos así hasta el infinito senil que acabará con todos los tiempos nuestros. No lo sé porque no lo planteo porque no quiero saber la respuesta, seguramente; porque no me interesa proyectar hacia adelante y ver tristezas, lágrimas y nostalgias ante nuevas soledades que acaban resultando familiares. Porque estoy con el consabido carpe diem y no veo más allá porque no quiero ver [y ya se sabe que no hay más ciego que...]. Aunque sea cierto lo de que nunca [en ningún momento de la vida adulta post adolescente y de manera más bien poco interrumpida] acabé de estar sola porque soy de enamoramiento fácil: basta con perseverar y [eso sí] reunir El Requisito...
lunes, 1 de octubre de 2012
Cuanto daño hace la convivencia...
Recorreré carreteras al volante y sola durante horas. Cruzaré provincias y comarcas. Venceré el sueño y la prisa. Pondré los cinco sentidos en los asfaltos mientras me aprendo canciones y las canto cuando no te escucho al teléfono y te hablo. Pasarán los kilómetros a ambos lados, por delante y se acortarán las horas de luz. Me acercaré a veces por aire, otras en tren, las menos en coche y pasarán dos días. Los años no han conseguido que me de pereza el movimiento y que lo prefiera a quedarme quieta y a jugar en casa. Porque jugamos. También. Y superamos todos los momentos a veces típicos de esa convivencia excepcional, rara y periódica para volver a comenzar e introducir tantas novedades como nos sigue siendo posible. Hay cosas que cambian y otras que siguen siendo mejores de lo que nunca han sido antes. Están cayendo los meses, los años, las semanas y las ganas que no se alteran ni siquiera se alternan con la desgana, porque eso me consta en ambos lados. Me entretengo a veces [como tú] en buscar la novedad, en encontrar lo que rompa cualquier atisbo de rutina, aquello que vuelva a colocarlo todo en su lugar: una cuasi clandestinidad encantadora, un secreto arriesgado, una escapada sin avisar, ese no sé qué de l#s amantes, lo que se siente cuando, además, se desconeta el teléfono y el mundo deja de dar vueltas hacia ninguna parte. Todo eso. Solo eso...
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- Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)