Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

lunes, 14 de enero de 2013

El día a día y algunos fines de semana...

El contador debe estar marcando mal. Nadie puede tener tanto tiempo libre para instalarse en un lugar como este y perderlo. Cada cual sabrá qué espera y qué busca y, probablemente sobretodo, lo que encuentra. Yo me limito a avanzar despacio y en silencio. Hoy he regalado protagonismo, expresamente, sobre dos proyectos que han funcionado y han sido recibidos con especial entusiasmo por quienes esperaba abiertos opositores. Seguramente porque mi cara, mi cuerpo, mi voz y mi nombre no estaban detrás. He decidido no invertir energía en defenderme y quedarme sin energías luchando contra todos por el pequeño detalle de haber nacido mujer;también he decidido solamente hacer mi trabajo, tan bien como me es posible, como si el universo fuera de mi propiedad y alguna vez hubiera de ver revertidos todos los beneficios del firmamento. Lo he decidido porque es bueno para mi salud. Y una placa metálica en francés así me lo recuerda en el despacho, constantemente, cada vez que levanto la vista del pc. Reza así: "J'ai décidé être hereux. C'est bon pour la santé".

Hace mucho más de una década aprendí esa lección de quien era mi superiora jerárquica, aunque a miles de millas de mi mesa. Telemáticamente, funcionábamos. Presencia física requerida trimestralmente. Ir y venir en el día, permanecer algunas noches, incluso semanas cuando el problema era mayor. Y el tiempo acaba de devolvérmela en forma de letras, cariño y consulta. Cuántas vueltas está dando el mundo para que el pupilo enseñe a su maestro... el día en el que el superior agradece al subordinado en diferentes ocasiones su buen hacer y se aguanta con dignidad un trote largo [o un galope corto] en cinta de más de treinta minutos, después de tanta lesión, molestia y parón de gimnasio, que se sustituyó por algo bien distinto que solo desarrolla cuádriceps y destroza meniscos, entre otras lindezas. Son días de alegrías concatenadas y diversión en los rincones de cada una de las rutinas que me descubren con los pulmones vacíos y pensando que el crono sigue en marcha, hacia atrás, acercando al tercer avión que me ha de devolver a tus brazos y que se abra un paréntesis blanco y...

domingo, 13 de enero de 2013

Domingo por la tarde y este frío en las manos...

Me podría haber tirado del sofá e ir rodando, por inercia, hasta el mar, esta tarde gélida y gris en la que la ciudad estaba completamente vacía. Lo he dejado todo, he ignorado las voces que me reclamaban y he estrenado una aplicación genial, la mano en el bolsillo de la chaqueta, equivocándome por completo en la elección de la música. El día estaba para lágrimas y también rodaron...

Las calles en modo Babel; he observado con cuidado y detenimiento todas las razas, las facciones, la calma de los turistas en pleno centro, encantados de que la shopping line estuviera efervescente, este domingo de enero en el que la primavera ha dado un enorme salto hacia atrás. En lugar de vivir uno de esos horribles domingos en los que las ciudades se detienen y se transforman y no son lo que suelen ser, si no tristes... Rambla Cataluña podría ser esa calle en la que se regalan cochecitos con bebé haciendo la siesta. Al menos a la intempestiva hora en la que me he decidido a caminar, deprisa, mirando de reojo algunas tiendas en las que no me apetecía entrar, por si veía el par o tres de cosas que necesito para volar antes de fin de mes. Más de dos horas. Deprisa y sola, escapando de caras conocidas, conversando plácida y largamente y sintiendo que las molestias de la primera lesión y la somatización remiten con lo que empiezo a flirtear de nuevo con el ejercicio...

sábado, 12 de enero de 2013

Y es que es tan difícil saber de ti...

A veces hay cosas que se mueven, que se revuelven, sin querer. No soy de querer revisitar tristezas y, sin embargo, lo hago de tanto en tanto. Creo que hacía tiempo que nada retornaba con tanta fuerza como todo lo que quedó pendiente: las palabras, las caricias, los silencios y las miradas, además de la complicidad de compartir los enormes secretos de la vida, los descubrimientos, las felicidades. Todo eso ha regresado de repente y se ha instalado en mi día, mezclándose con todo lo que en su momento compartimos; un sábado cualquiera, como el de hoy, tan frío, tan húmedo, tan distinto... He regresado a un hotel de la playa, he visto la habitación y la king size con sábanas de seda [un capricho que nos acompañó durante todos los trayectos, muy recomendable, por cierto], he paseado descalza por una arena rubia, fina, fría; he recordado vivir la noche, sentirle la piel entre las manos, bajo los labios, y descubrir entre abrazos que llegaba la mañana, para dormir hasta que el hambre irrumpía más en mi que en quien despertaba a mi lado... Noches infinitas, que acababan con la luz del día, suspiros y algún que otro miedo. Velas y olores, que siempre acompañaban, formando parte, con la música, completándolo todo y haciéndolo [como es de ver] difícilmente olvidable. Pasan los años y hay instantes que siguen instantes; me pregunto a veces cómo te estará tratando a ti la vida, el tiempo, el amor...

viernes, 11 de enero de 2013

Maratón inalcanzable, hoy...

Una hace planes, con la calma de un reposo [prometido, esperado, calculado], gestionando los flecos sueltos y todo se enreda provocando la búsqueda mal disimulada de la cámara oculta que alguien debe haber puesto para atraparte con el paso cambiado y perdiendo los papeles, los estribos y el saber estar.  Como si se protagonizara una broma pesada y de mal gusto. Una lástima, la pérdida de las oportunidades, aunque esté aprendida la lección de adaptarse al cambio de manera precipitada, acaso. No valen ni dilaciones ni pérdidas de tiempo, inútiles, estúpidas, terribles. Hay que actuar deprisa, a pesar de que, con la frustración, han regresado esas molestias que parten el cuerpo en dos en un imaginario eje horizontal, perfecto. Y ni siquiera han admitido mi solidaridad, a pesar de que iba a mentirlo todo con la cabeza alta; la causa lo valía. Me pareció demasiado arriesgado, aunque mi impunidad hubiera sido perfecta. Quizá precisamente por eso di pasos al frente y me rectifiqué: no se trata de causar daños ni siquiera colaterales e indeseados, porque hay cosas con las que no se juega.

La tarde se ha llenado de letras, torpes, lentas. Y de voces y he cometido el error de exprimirme como un cítrico en un ejercicio extraño, como el de mirarse en un espejo y, simplemente, reconocerse. A momentos, en ocasiones y oportunidades, porque el papel todo lo sostiene pero, en cambio, la voz... Como un predio sirviente o el tutor a quien le aprovechan las experiencias ajenas, como la telonera o la encargada de exponer en primera persona, como esos perros guía entrañables que hay en todos los lugares y que suelen cortarme la respiración. Como si supiera el camino que queda por recorrer, lo recordara y me llevara las manos a la cara, cubriéndola con preocupación, intentando inventar soluciones para eliminar sufrimientos, los que sin duda han de venir, implacables e inevitables, sin piedad. Todos podemos, al fin. Hay esperanza y hay otras vidas y otros compartimientos y lugares. Es cuestión de querer, como quien quiere encontrar tiempo para lo que suele no ser posible y, ¡helas!, aparece rompiéndolo todo, rutinas incluidas. Y se recogen pedazos por todas partes y la mente se va en vuelo rasante hacia atrás, a los lados, proyectada hacia ese futuro que se acerca despacio.

Nada como una copa de vino para sentarse, escribirse y no decir nada. Mi soledad es cada día mayor por estos lares y ni siquiera pienso en releerme por si se me ha deslizado algún [odioso] typo o error gramatical que solo l#s mentalmente privilegiad#s son capaces de hallar...

jueves, 10 de enero de 2013

Este como siempre tiene algo de distinto...

Reconozco que vengo poco. Mucho menos de lo que me gustaría. Supongo que suele suceder. Pero de pronto el tiempo se ha comprimido y todo se ha llenado de cosas. Son gestiones rápidas y es imposible detenerse en cada una como antes, como siempre. Valoro los enormes cambios que se han producido en mi forma de hacer, a lo largo de los años. Y me disgusta porque sé que la explosión está asegurada y a la vuelta de la esquina, que es cuestión de tiempo y, lógicamente, la primera que se exigirá a sí misma seré yo. No se ha podido finalizar una gestión y llega el encargo de otras tres, simultáneos. Fuera del área de confort todo genera ansiedad, inseguridades y miedos. Sí, también a mi. 

Y estoy intentando hacerle bajar la voz a mi cuerpo, que me está lanzando a gritos y a la cara el bonito  mensaje de que es hora de ir levantando la manita y reconocer que no doy más de mi, que tengo fin y límites, que esto no puede seguir siendo y además es imposible. 

Tengo una pelota pequeña, de goma, azul, dando botes rítmicos y sutiles en mi sien izquierda desde esta mañana, acompañada -la sensación- de un ardor de estómago provocado por medicación antiinflamatoria que pretende combatir, sin éxito, una lumbalgia que amenaza con dejarme clavada en el sitio y momento menos pensados y un nudo en el mismo lugar (recordemos, el estómago) provocado, este, por nervios del tipo "otros" que han aparecido súbitamente en medio del trayecto de regreso a casa en el tren (hay novedades y sorpresas que cuestan de digerir, lo reconozco también).

Sé que es facilísimo pensar que es un panorama, que debería guardar reposo y parar un poco. Pero a pensar de que también yo lo pienso, es lo que hay y estoy fracasando en hacerle entender a mi mente que, como siempre, todo marcha bien...

domingo, 6 de enero de 2013

Dame un poco de tiempo, por favor...

Se me vuela una semana. Completa. Días y también las noches. Volados, voladas. Vas mirando hacia atrás, por encima del hombro, y apenas se pueden ya rescatar los recuerdos, pequeños y enormes, recién diseñados. De pronto, como un susto, los segundos que componen el domingo se detienen y todo deviene la entonación, la duda de lo que fue en realidad y lo que nuestra mente quisiera que hubiera sido. Todos los miedos agolpados, como niños y niñas detrás de una puerta cerrada, guardando turno para entrar cuando sea posible. Presintiendo lo que ha de venir, las rutinas retomadas que ahora no parecen ni siquiera confortables, como antes -hace tan poco- resultaban, cómodas.

No podía ser de otra manera y mi cuerpo está protestando por todos los excesos y, como en los viejos tiempos, la falta de ganas me ha introducido bajo edredones después de una comida europea, por frugal y por temprana, en soledad. Reconozco haber rechazado compañías porque hoy las lágrimas se me iban escapando por los rincones de la casa. Tal vez haya sido buscada, pero esta soledad de la que hablo no tenía opción, en realidad. Es la de los miedos, las pérdidas de control de la realidad, la mente avanzando a su ser hacia lugares nunca visitados, que no se puede compartir porque inquieta, preocupa y puede doler.

Solo necesito un poco de tiempo...

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Quizá porque son poco útiles...

Parece que en vacaciones me aburro. Como no voy acelerada, todavía duermo peor que en condiciones normales. Pienso millones de cosas y no puedo poner ninguna en práctica. Quiero moverme, hacer vida normal, vivir. Espero que haya sido la doble festividad y que mañana termine todo, cuando retomemos lo cotidiano, a pesar de no regresar al trabajo, como los niños. Estoy inquieta. Extraña. Desconcertada. En stand by de cosas que desconozco y que presupongo, aún sin saber de destinos ni de finales ni de comienzos. Es todo extraño, como yo estos días. Desubicada, desplazada. Participo y me veo en cuenta atrás, de nuevo equipajes, carreteras y kilómetros, espero que el frío que no está aquí me lo encuentre allí. Casi todo se me escapa, como las ganas de vivir estas fiestas...

martes, 25 de diciembre de 2012

Y me han mirado con cara rara...

A veces se olvidan sensaciones: esperar una llamada y comprobar compulsivamente que la línea funciona; chequear una y mil veces seguidas que la cuenta de correo sigue vacía y que no han llegado las noticias o las respuestas porque hace solo dos minutos que mandaste el último mensaje; la primera cita y quién se atrevió primero a pedir el número de teléfono; esperar una voz que no se conoce, un acento especial, un timbre algo nervioso y una conversación cuasi vacía; estar pendiente del reloj, del calendario, de la cuenta atrás, para acercarte a ese café, a un encuentro, a una larga charla, un fin de semana. Y vuelan mariposas y te pones nerviosa y te tiemblan las manos y la voz y el pulso, se seca la boca y se incrementa la sensación de ridículo.
 
A veces una piensa que todo eso ya no va a volver. El tiempo es implacable y los estragos aparecen de improviso, cuando parecía todo tan tranquilo. De pronto eres una persona diferente, que nunca fuiste; y hay líneas de expresión, colores de cabello, hay que alejar el objeto a observar o que leer y para conseguirlo los brazos se extienden hasta doler; desaparece el fondo físico y la musculatura que alguna vez estuvo; adolescentes que te repasan y te dan mil vueltas, hiperventilas mientras intentas aguantar con alguna dignidad bajo un sol de justicia y una temperatura de playa, a pesar de ser diciembre, qué diciembre tan cálido. Pero es inútil. Es la edad invisible, la de la autoestima desaparecida, el pensar en mantenerse a flote sin grandes cambio y, por supuesto, sin mariposas a mil kilómetros a la redonda, como con órden de alejamiento.
 
Es una época triste, para qué negarlo. Como la de la Navidad. Época de miedos y de nostalgias por lo que aún no se ha perdido pero que sin duda tiene fecha de caducidad.
 
Una observa a su alrededor, como en modo panorámico, en silencio. Y el resultado es una confusión y mucha nostalgia porque se comparte lo evidente con aquellos que deben ser y mientras tanto hay quienes se quedan por el camino. Y no decir de la nostalgia de no estar dónde se quiere en compañía de aquell#s a los que sin dudas prefieres.
 
Es una época triste, de noches largas e insomnes, de planes sin grandes metas y con desconciertos y un poco de miedo, que yo el ritmo del 2012 no creo que pueda aguantarlo dignamente... El día que dejéis de necesitarme me iré a vivir fuera de aqui...

viernes, 21 de diciembre de 2012

Paréntesis breve, inter fiestas...

Las vacaciones escolares son una bendición. Cuando se suman con los años y en el tiempo y te descubres disponiendo de seis semanas libres al año, el panorama se distiende. Hace poco, en una de mis etapas críticas, me planteé "comprale tiempo" a mi superior jerárquico. Me lo regaló. Hubo un evidente cambio de prioridades en mi y decidí que tenía que sentarme en el suelo, ir al parque, preparar papillas sanas de color verde y dar todo mi cariño [que no anda escaso, precisamente]. Y así fue, aunque seguro que pudo ser mejor. Cuando te quedas sola y tienes dos responsabilidades, te asustas, empequeñeces y flaqueas. También adelgazas, mucho. Pero remontas y engordas y ahora cosecho resultados. De nuevo el cambio de ciclo y de prioridades y ahora ya es todo distinto. Tengo un objetivo claro y me dedico tanto como me dejas. Y conste que me dejan poco, me ponen mala cara y hasta me reprochan. Eso quienes tienen otras prioridades o quienes no quieren reconocer las mías o tienen otras necesidades. En fin. El 2013 va a ir como un tiro. En una u otra dirección, seguro. Y espero que la compañía no falte así que todo el mundo será más que bienvenido...

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Es para estar agradecida...

No tengo ni siquiera la más leve de las percepciones, ni lo recuerdo de tanto en tanto, ni tan solo una sensación accidental. Nada. No siento que sea Navidad, que haya que ser feliz [lo soy, pero lo de siempre, lo normal, espontáneamente], intercambiar regalos, estar junt#s, ni que me empujen a celebrarlo todos los rincones iluminados de esta ciudad húmeda y cálida hasta ahora, en diciembre. Me sobran las chaquetas, los resfriados y los soles de invierno. Me falta la nieve y la lluvia, la nevada anual que todo lo colapsa y rompe las rutinas. El frío.
 
Este año es de cambios y de primeras veces en una vida frágil que tendemos a dar por supuesta, sentada y sabida. Hace un par de días me dediqué a agradecer que mis piernas funcionen, igual que mis órganos [no estoy enganchada a la diálisis, mis dietas pueden ser normales y contener azúcares]. Puedo distinguir nítidamente los colores, leer letras y adivinar objetos a distancia. Estoy sana y fuera de un hospital. Puedo pensar y tengo memoria, mis huesos están íntegros y fuertes y soy capaz de percibir olores y sabores, cosa que aporta grandes satisfacciones. No soy muchas cosas que podrían limitarme y restar calidad a mi vida. Y, sin embargo, no nos damos cuenta...

martes, 18 de diciembre de 2012

Y las mariposas, a veces...

Otra vez una noche tropezada y dividida en tres. La desolación y el silencio que me empujan a acelerarlo todo y meterme en la ducha, la impaciencia, se multiplican por mil cuando suena el despertador y se incrusta en esa zona pequeña que tenemos sobre la nariz, entre las cejas; ese lugar que se frunce con el paso del tiempo y las inquietudes. No son preocupaciones, en realidad. Ahí se instalan algunas tristezas, nervios y sobretodo todas las risas.
 
Ayer le pregunté hacia dónde iba yo. Con semblante serio confesó no saberlo y yo me dibujé como dando vueltas sobre mí misma, en inútiles círculos concéntricos. Da el pego porque, como camino deprisa, parece que tengo muy clara mi dirección, mi destino, cuál será el futuro. Por mucho que trabaje lo de las debilidades y hayamos tomado conciencia común de las fortalezas que nos hacen invencibles [ya será menos, claro; pero es positivo pensar de esta forma], sigo sin saber con exactitud. A veces me atrevería con todo y me comería medio mundo. Luego me atraganto, me asusto y me quedo en el sitio.
 
Creo que hay posibilidades. Venga, acércate. Atrévete. Deja otra señal, unas letras, una voz. Ni nos imaginamos lo que nos espera, cuánto vamos a divertirnos hablando deprisa, pisándonos la vez y la voz, comenzándolo todo, atreviéndonos...

domingo, 16 de diciembre de 2012

Avances y retrocesos...

Soy pensadora, curiosa, difícil de comprender, escritora encriptada y otras tantas cosas. Soy, también, alguien que dejó de fumar hace algunos años [no soy, sin embargo, de las que cuentan los minutos desde que abandonaron la adicción] y quién esporádicamente añora con nostalgia el gesto de tener un cigarrillo entre el índice y el corazón de la mano derecha [soy diestra, por desgracia para mi] y llevárselo a la boca en intervalos cortos para inhalar y exhalar un humo caliente que contiene centenares de productos químicos que afectan a nuestra salud. Vale. A veces me gustaría volver a fumar. Lo reconozco. Es improbable que lo haga pero me gusta lamentarme mientras lo recuerdo. Tengo un carácter adictivo y sé que debo andarme con ojo. Con todo, incluidas las personas. Me engancho y lo hago con relativa facilidad y hasta la médula. Suele ser recíproco, por fortuna. Me encantan los post que comienzan por un me gustaría porque ya destilan calma, porque transmiten la ilusión que conlleva el fin de la frase para quien escribe...  Hace unos meses decidí cambiar de hábitos. Ahora aprovecho el tiempo de aviones y trenes para estudiar temas atrasados o nuevos. Antes solía perderlo, el tiempo. Y se me hace increíble todavía valorar el rendimiento y los resultados, el impacto también. Avanzo en mis fortalezas, por ejemplo, igual que conozco a fondo mis debilidades, que procuro matizar, al menos. En fin, lamento el caos pero es que dispongo de poco tiempo y hago tres cosas a la vez... Soy, al fin y al cabo, caótica. Y géminis...

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Un momento de silencio...

Tengo treinta minutos para mi entre el momento en el que se vacía la casa y en el que conviene que empiece la ducha. Una reunión de tutoría a primera hora con el padre del vástago promete alguna risa y un poco de ansiedad. Aquélla la proporciona el que fue, ésta el tutor. Y es que me resulta incomprensible el grado de dificultad al que se enfrentan ahora los chicos y las chicas; no recuerdo que fuera tan complicado, que requiriera tantas horas. Ni siquiera la Facultad me resultó tan caótica como ahora, que los convierte en arqueólogos de la materia en busca de la elaboración de los mejores apuntes del mundo. Lo veo como una pérdida de tiempo. En cambio, seguimos sin saber debatir o hablar en público, como si no fuera crucial en una vida. Sin que nadie rectifique, cada vez que legislan al respecto. Y mira que lo hacen con frecuencia, pero nada. Un olvido tras otro, un error endémico nacional. Sirve para hacer los más espantosos ridículos en entornos plurinacionales. Los españoles no necesitamos badge...

Todo va bien. Y sin embargo siento que se me despierta algo en el estómago. Un poco de pereza ante el próximo avión. Algo de rutinario en ciertas conversaciones. Como un vacío aquí delante, un camino cortado, la carretera en obras yendo hacia ninguna parte. La sensación no es de miedo ni de preocupación, solo de vacío. El que precisamente yo no puedo permitir ni quiero permitirme. No hay queja, nada que perturbe una plácida existencia. Quizá de tan plácida ahora, aburrida. Todo es subjetivo y las agendas no tienen por qué parecerse o llenarse a la vez o entenderse igual.

Tengo treinta minutos hasta que vaya a entrar en la ducha y hoy, en lugar de pensar con el volante entre las manos, conduciendo por inercia y conversando telefónicamente, me he sentado aqui, en silencio, en blanco, para saber cómo estoy. Me sorprendo un poco porque debería haber dejado la impaciencia por ahí caída y sin embargo...

jueves, 6 de diciembre de 2012

Teatros y alertas...

Un regalo. Dos entradas. Una obra colorista, explosiva y alegre. Vigilia de puente, en el mejor de los casos. Un repaso mental a l#s probables acompañantes. Repito el repaso. Tengo que esforzarme más. Tiene que haber alguien en mi misma ciudad, sin compromiso, a quien me apetezca ver, disponible. Venga, esfuérzate. 

Qué triste que la respuesta sea: nadie.

Definitivamente, algo no va bien. La parte intangible e inmaterial gana por goleada. Y una vez leí que eso era malo, señal de alarma, aviso de mal funcionamiento.

Confieso preocupación y esta vez no voy a negarlo...

lunes, 26 de noviembre de 2012

Hablando de ética...

Supongo que a algunas nos debe pasar. Me dicen que no se me entiende, que mis posts son difíciles, para mentes privilegiadas. No sé si estar de acuerdo. Es cierto que soy opaca de manera forzada y aquí las razones no importan. Es así. Pero creo que hay cosas inteligibles a la primera, evidencias y hasta planteamientos plagados de obviedades. Siempre me ha sucedido y ahora ya llevo dos blogs a mis [anchas] espaldas [de nadadora] y muchos años por aqui (creo que más de diez pero, como suelo reconocer, el tiempo se me hace de mal contar, como por falta de interés; es otra historia...): la gente llega con curiosidad y, me tarevo a decir que con interés; según el caso, se lee un gran número de entradas y se hace una composición y llega a conclusiones. Comenta, atrevida, durante una temporada que suele ser corta. Y desaparece después de establecer una cierta relación de proximidad, con intercambio de correos y, en el mejor de los casos, algún encuentro puntual. Todo eso salvo honrosas excepciones de gente que decide permanecer. Y permanece.
 
A veces quiero creer que la palabra clave es la siguiente: disponibilidad. Cuando una está disponible está abierta a planes, citas, correspondencia y largas conversaciones. Cuando una no lo está, tiende a esconderse, a no propiciar futuros inciertos, interesantes. Hay quien decide disimular su indisponibilidad y avanza hacia cualquier parte, sin saber el lugar al que se dirige. Yo lo he visto, yo lo he hasta padecido. Pero, suerte o desgracia, no tod#s somos iguales y hay quien opta por una determinada honestidad. No abandero ninguna causa ni se me llena la boca de anécdotas, mucho menos de felicidades, pero generalmente tardo muy poco en advertir de esa falta de disponibilidad que suele terminar con todo, excepto en los casos en los que el interés trasciende y supersede cualquier otra opción. A mi me gustan estas cosas, ver las reacciones de las personas, tratar de entenderlas, buscando por qués y tratando de aplicar la empatía.
 
Decía que mis posts son difíciles y raros. Quizá haya conseguido explicarme, excusarme. En este AVE que parece ir más lento que nunca antes...

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Otra vez...

A rachas y a trompicones. Las cosas van a fases y etapas y la que abro en estos días no es solo la navideña, que acostumbro a vivir intensamente y a celebrarla con un [para mi] largo asueto. Y blanco. En la etapa que estreno comienzan los madrugones otra vez, los aeropuertos y los taxis y las camas de hotel [que nunca he abandonado, en realidad], las muchas personas relacionadas con asuntos tan diversos a los que hay que adaptarse deprisa, las ausencias de la mesa del despacho y de las salas de reuniones; luego vendrán las urgencias, los recordatorios y hasta las exigencias. No puede ser de otra manera. Puede parecer imposible pero está llegando un momento extraño en el que se acumulan temas y se inician novedades que mejor llamar primicias, por la inexperiencia mía y las ganas que quiero ponerle. Nunca prometí nada. Siempre hay reuniones pendientes. Largas conversaciones y, al final, la certeza de que siguen quedando diferentes puntos por tratar y la incertidumbre de la próxima vez, entre viajes, en medio de las ausencias bilaterales. Me desplazo breve, me muevo deprisa. Pero eso no le sucede a todo el mundo, que debe tener otras obligaciones, atender distintas exigencias, aprovechar los días de calma y alargar, permanecer en lugares y tiempos. En cambio yo... apagaré un despertador a las 04:00 para seguir durmiendo un par o tres de horas más tarde camino al sur y deshacer el camino volado otra vez de noche, incorporándome tarde a lo que debe ser una jornada normal en la vida de mis descendientes. A Dios agradezco que puedan permanecer sin tutorizar y yo tranquila...

jueves, 15 de noviembre de 2012

De la primera vez, de grupos que cantan y de otras adoraciones...

A una le perforan el alma una vez. La primera. Y todas las demás veces ya no son nunca la misma ni la inicial y más sentida. Simplemente te enamoras y pierdes hasta la esencia mientras todo va sucediendo, el cerebro se adormece temporalmente y tu cuerpo padece reacciones químicas, biológicas y físicas impunemente, sin previo aviso. Hablo de la primera vez, del primer amor. Quizá se olvida. Tal vez. Y se revisita de tanto en tanto, cuando la adolescencia entra en grises, como en borrador y todo se ha ido modificando de manera que nada es real sino el producto de los matices subjetivos. Pero de buen rollo, se altera. Se olvida quién protagonizó esa vez primera y, sin embargo, los sentidos permanecen casi intactos, aumentando, deviniendo imposibles. Puede ser que todo lo demás sea una copia, un intento de regresar, retrotraerse, recuperar. Todo.

Iba a hablar de relaciones asimétricas por la edad pero voy a abstenerme, de la misma manera que no quiero referirme ni al lápiz de Ikea ni al pistacho [es un estribillo popular de una canción de un grupo mallorquín llamado Antònia Font; me gustan. También los Manel y Anna Roig i l'ombre de ton chien y nada -me gustan- algunos otros que no es necesario decir, ¿para qué? si todo es tan subjetivo y carente de valor, a veces; con lo que deben esforzarse, los pobres, para salir adelante para que venga una idiota a dar opiniones que nadie le ha pedido, vamos...] o a los malos humores y las tensiones que se acumulan alrededor, con cuerpo, con alma, nombre y apellidos.

Visualizo la siguiente habitación de hotel, tan familiar, tan céntrica, tan fácil hacerla mía. La cordura se mantiene con ciertos hábitos, como el de llegar, buscar el lugar en el que el trolley negro y rígido de vértices redondos pueda mantener sus dos hojas abiertas, deshacerla inmediatamente después de los primeros besos detrás de la puerta: el necessaire [tremendo en esta lengua, ¿verdad?], colgar las pocas prendas que lo requieren, sacar los zapatos de sus bolsas de viaje, volver a dar abrazos y besos, enredarme en un hombro y, por fin, descansar, sabiendo que la vida me regala algo más de 48h. y que voy a compartirme completamente, a obsequiar, dejarme vencer por varios placeres distintos que van desde el gastronómico pasando por el cultural sin olvidar el más físico de todos. Extraño a veces esa gran ciudad y perderme por sus barrios, locales y enormes calles. Nada que ver a cuándo la visito por mis obligaciones profesionales. Nada.

Odiaba ese lugar. Ahora adoro volver...

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Thoughts...

Se me está desordenando el caos. Es probable que sea materialmente imposible. Pero el mío tiene vida propia, actúa por su cuenta y es cierto que la palabra se queda corta para describir el interior de mi cabeza a día de este hoy que ya acaba.

Sucede en raras ocasiones, así que ando desentrenada.

Funciono por compartimentos estancos, perfectamente sellados. No hay fisuras ni escapes. Y así -con un mucho de organización no improvisada- voy transitando con cierto éxito [el éxito lo determina cada una, en este caso; me refiero -en el mío- a un más que aceptable grado de satisfacción, por ejemplo] por todas y cada una de las facetas que me forman y, por lo tanto, completan. Y hasta complementan, vale.

Solo ocasionalmente todo se mezcla y en mi cabeza se produce un cortocircuito. Me manejo mal, en esos momentos.

No sé si comprar el primer vuelo que salga hacia California y empadronarme ahí o bien pedir a gritos que me ingresen en algún hospital, me pongan una vía y me administren propofol durante un par de semanas y me dejen aislada, sola, hasta que los circuitos neuronales vuelvan a estar comunicados y recupere mi salud mental. Y las ganas de un millón de cosas.

Uno de esos largos días en los que valoras seriamente si serás capaz de seguir adelante...

jueves, 8 de noviembre de 2012

Me gustaría decirte algunas palabras...

Como decía... el tren...
 
He visto el otoño y todos los viñedos de color y entre la lluvia. Aquí las estaciones van a otra velocidad y se nos están avanzando. He ido en su busca lejos dos veces y las dos he fracasado: me he adelantado, contra todo pronóstico, también. No han empezado la poda y los sarmientos están en su esplendor en tamaño y en plena decadencia por sus sinfonías en marrón y rojo. Ojalá el agua caiga y caiga hasta empapar dulcemente la tierra que ha reducido su productividad, alterando precios y mercado y obligándo a rehacer presupuestos. Es una ansiedad constante, esto...
 
Al salir, de noche, me he entretenido en escribir una nota en la pizarra de casa, con el ánimo de acompañar desde la ausencia, persiguiendo una presencia virtual y simbólica que haga un nanosegundo de compañía, justificando retrasos inevitables, con cualquiera de las combinaciones posibles e imposibles. Él ni siquiera vio la nota. Ella ha pedido que llegara antes. He charlado con el maquinista y no hay nada que hacer. Serán pasadas las diez y volverá a ser de noche.
 
Agradezco a los dioses que me tengan ocupada y sin posibilidad de pensar. En cuanto me descuido, recurro. Y no hablo de apelaciones, no. Me refiero a pensamientos de esos que te revisitan hasta aburrir, agobiar, saciar. Los pegajosos y los desagradables, ese estilo de pensamientos que una tiene cuando quedan cosas por hacer, palabras que decir, conversaciones pendientes y tanto por vivir a medias. Me veo recordando y, eso sí que no, ya no tengo edad para lamentos, remordimientos y disculpas. Ahora no...

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Los puntos suspensivos son sólo tres y van seguidos de espacio...

La serendipia ha hecho que hoy le ponga nombre a algo que hace mucho que sé de mi misma. Nada cambia pero es como dar cara a las personas con las que correspondes, por ejemplo: libera y da calma, al menos a mi. Confieso, sin embargo, que la fuerte atracción debe venir acompañada de piel. Y voy a dejarlo aquí porque es una anécdota, el tema, consecuencia de la casualidad... como ya he dicho.

El tren ha irrumpido con tanta fuerza en mi cotidianeidad, que empiezo a ser capaz de caminar entre vagones con naturalidad profesional, como si esos vaivenes que provocan los socavones que fueron noticia que abría telediarios y que a mi me hicieron jurar que jamás dejaría el aire, Barajas ni el Prat, porque la tierra era demasiado peligrosa, nos engañarían y alguna vez un largo tren acabaría deglutido. Como si esos vaivenes, decía, no fueran capaces de romperte la cadera mientras te colocas una enorme sonrisa que disimula el dolor físico, el del ridículo y hasta el amor propio maleado... Pasan los años y no suceden esas cosas, yo he cambiado de hábitos [jamás pensé en hacerme monja, por cierto] y padezco modificaciones físicas evidentes, que asumo con dignidad y tristeza.

Tengo el convencimiento de que cada día está lleno de infinitas posibilidades, sonrisas escondidas, retos, personas interesantes que te arrancan carcajadas deprisa en conversaciones arañadas, cada día está lleno de ti y de tus voces, los detalles compartidos y el devenir privilegiado de una época maravillosa que no acaba, contra todos los pronósticos que nunca ha hecho nadie. Vale. Un poco pastelero, queda. Pero, ¿qué quieres? Estoy destrozada...

Aquí está todo...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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