Suelo recordar la frase de tanto en tanto. También nuestra correspondencia, nuestra relación y las llamadas telefónicas. Nos tuvimos lugar durante un par de años, seguramente y yo la admiraba. Por decenas de razones, por nuestras semejanzas y por su valentía y fortaleza. Escribía de manera deliciosa y sacaba adelante un par de preadolescentes entonces sin presencia ni auxilio del progenitor, sola, con muy mínimos ingresos. Ella fue quien escribió que esperaba la entrada de mis correos en su buzón como algo extraordinario, que seguía un breve ritual, que se moría de impaciencia por 'lamer' cada una de mis letras, de todas las palabras y releer una y alguna otra vez todos nuestros mensajes. Magistral conjugación que me recuerda cuán extraordinario es a veces ponerse nerviosa cuando lees el nombre de un remitente todavía en negrita...
Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...
jueves, 7 de marzo de 2013
miércoles, 6 de marzo de 2013
Como si bastara...
No quiero echarte de menos. Pero te echo.
Procuro pensar todas las cosas y enredarme en los detalles del cada día. Me entretengo con cuidado y prolongo las distracciones que me ocupan y preocupan. Hasta me concentro en los papeles que he perdido y lleno los vacíos y los tiempos que se mueren, entretanto.
No quisiera echarte de menos. Y, sin embargo, te echo.
Como si fuera incapaz de vencer al pensamiento, regresas. O faltas, que esa es otra historia. Para escuchar lo que quiero callarme e ignorar lo que jamás pienso decirte. Darme cuenta de que no estás en el lugar al que no sabes que perteneces.
Me gustaría no extrañarte. Y lo hago.
Como si fuera natural lo contrario, como si tenerte conmigo hubiera sido posible en algún momento. Como si nunca hubiera valorado vivir sin ti. Y me sorprendo a medio vivir, serena. Y reacciono y regreso al inicio de las distracciones y repito las rutinas de siempre, en medio de tu ausencia.
Sé que me convendría dejar de pensar en ti. Pero te pienso.
Lúcidamente, con nitidez y todas las ganas que la vida todavía no me ha quitado, que no he perdido, que no se han escapado y que conservo entre las manos, con fuerza, por si regresas alguna vez. Para regalártelas. Por si vuelves conmigo...
Quería sólo dejar constancia que no te cambiaba por nadie...
Es una casa de campo, en un campo cercano a la gran ciudad, recién rehabilitada persiguiendo determinados origenes familiares, entre viñas. El lugar perfecto para evitar interrupciones innecesarias. La sala contiene una mesa rectangular que hace las funciones de mesa de trabajo para vestir luego un sobrio mantel de grueso lino gris, pulcra e impecablemente planchado, transformándose en cómodo comedor. Sus correspondientes sillas y alguna que excede las necesidades. Algún aparador, un platero y un par de estanterias de madera. Todo pintado en una gama de blanco a gris medio, decapado. La tapicería y los cojines siguen la misma combinación cromática. Velas sin encender en diferentes lámparas de cuatro brazos, bajas, con lágrimas y el absoluto protagonismo para una chimenea, que ha estado siempre encendida, acompañando y moderando el frío húmedo de hoy. También aquí ha llovido todo el día, dulcemente...
Ubicada a la diestra del anfitrión, he tenido durante todo el encuentro (es el embrión de futuros próximos de enormes magnitudes) una ventana de frente, a través de la cual me alejaba y volvía a regresar; he adivinado árboles mojados, lluvia, un cielo con niebla baja y toda la nostalgia. Me he dado cuenta de que todavía es invierno, a pesar de que los días se alargan y ya es perceptible. Como cuando aterricé en el sur y me encontré con una puesta de sol de un rojo intenso, tan inolvidable como tu fuerza. Y necesito la primavera como te necesito a ti...
Haz alguna maleta y vente conmigo. Hay playas de azul turquesa y arena rubia. Lo sabes? Hay lugares en los que basta con algo de calzado y un par de pareos. Conozco azules profundos que se navegan a nueve nudos y el viento te despeina. Tomar un avión y amanecer a seis mil millas y veinte mil pies, contigo. Despertar a media noche entre urgencias y que sea imposible la reconciliación del sueño hasta la rendición del agotamiento. Sentir hambre y sed y volver a empezar por un rincón inexplorado de tu piel, de cada uno de los pliegues. Y regalar lo que solo una vez antes. Volver a sentirse, volver a empezar, en todos los lugares del mundo. Tan lejos y tan cerca...
[El título del post no es mio, si no un regalo. Tiene dos lecturas, aunque quien lo pronunció pareció no ser consciente de ello: me fue dicho en la acepción menos posesiva de las dos posibles. Que conste].
martes, 5 de marzo de 2013
Me debes unos versos...
A mi, de vez en cuando, me regalan versos. Llegan de lejos, de quien lee y me sigue en secreto, perseverando a lo largo de los años. A veces me regalan poemas. También vienen de fuera, de extramuros y los meses, poco a poco, se añaden y se suman. Hablan de todas las cosas y hasta de la piel y las ganas. De tanto en tanto recibo correos y palabras unidas que se muestran cercanas, aunque no conozca a quien las escribe, aunque tenga sentimientos muy fuertes y, también, aunque haría una defensa violenta si fuera necesario. Que l#s mí#s son muy mí#s! Y no se tocan. Los años se entrelazan y van sumando versos, poemas y textos. Y constancia. Porque hay que perseverar en el intento de no dejar por los caminos a quienes nos acompañan. Es la parte fácil: interrumpir, dar por hecho, abandonar. La difícil lo es y suele serlo. Y a mi me encantan los retos. Porque me empeño en querer y, a mi edad, lo hago ya sin ningún pudor ni vergüenza, profusamente, a voluntad y sin límites...
lunes, 4 de marzo de 2013
Tengo sensación de fragilidad...
Solias decir que para recibir los mejores besos de la ciudad había que estar entre mis brazos. Discutíamos largamente. Yo te declaraba culpable y tú considerabas que yo era la responsable. Con estos labios, nadie lo diría, bromeabas, contenta de saber que no despertaría sospechas, que no había peligro, que no me lloverían las ofertas, ni me visitarían las tentaciones. Los mismos labios que los que un conocido director de cine definió como de 'persona con mal carácter' (bueno, dijo mala leche, pero yo -ya se sabe- no escribo tacos) refiriéndose a Demi Moore, que estaba en la habitación de al lado, junto al marido post adolescente que bebía whisky y jugaba a la play incesantemente y hasta a media noche. Estábamos en público y me dí secretamente por audida. Nadie asoció ideas. Estábamos en un comité de crisis, era domingo y el mes de agosto, así que a nadie le importaban esas suriliezas... Él fue muy gráfico y mi procesión interior. El jet lag era lo que le debía tener despierto, supongo. Yo voy a regresar a los labios, a los que recuerdo de tanto en tanto por irrepetibles, inimitables, imposibles ahora. Los mejores besos. Lo repetías cada vez que caías entre mis brazos. Durante horas. Enteras y completas, indefinidas, improvisadas. El recuerdo es nítido, por el abuso, supongo. Por las sobredosis y hoy por las abstinencias...
domingo, 3 de marzo de 2013
Hoy me ha dado por ti...
Pongo un link porque es la canción que me ha traspasado estos dos días. Espero que no sirva de excusa para salir de esta página...
Soy de las que repite tantas veces como es posible, como se resiste cuerda, una misma melodía. A modo de mantra. Siempre que apetezca y no se convierta en un impacto negativo, naturalmente. Y esto ha sucedido con esta canción las veces en las que he podido darle al replay. No eran días de nostalgia o de extrañar cosas pasadas y, sin embargo, hay cosas invencibles... Y soy, lo confieso, una reincidente.
He estado observando, como viene siendo habitual, y visto cómo ocupabas de manera inmediata mi lugar en la cama, al abandonarla por un momento; boca abajo, como si yo siguiera ahí, como si buscaras el recuerdo de mi aroma, consciente de que en algún momento lo extrañarías; me he dado cuenta de que ocupabas mi sitio, el de siempre lejos de la ventana (que siempre es para ti), como si estuviera debajo, con los brazos abiertos y la cara en la almohada. Te he oído sollozar tras los besos infinitos de las noches eternas. He escuchado, extemporáneamente, la frase "¿qué iba a ser de mí si tú no estás...? y hasta el típico ¿qué haría sin ti? en algunas conversaciones sencillas y poco consistentes, después de mirarme fijamente a los ojos mientras yo seguía conversando, sin querer darme cuenta del momento capturado, para siempre. Esta timidez... Quizá te has atrevido a hacer promesas de eternidades futuras y a realizar peticiones imposibles sin querer recordar que no soy la persona adecuada ni para las unas ni para las otras.
No sé si hay cosas que se presienten por la noche, mientras velas el sueño de quién te acompaña, en las facciones relajadas que suelen aparecer entre sueños. Desconozco si hay rostros que son incapaces de guardar secretos o si se trata de adivinanzas inadecuadas e improcedentes que a veces no se aciertan. No tengo todas las respuestas. Ignoro si hay miedos que se convierten en realidades y sueños que jamás llegarán a cumplirse, por mucho que los hayamos soñado alguna que otra vez, hasta el más mínimo de los detalles. El tiempo es relativo. Nunca es tan largo como convendría a la ocasión y en cambio hay momentos en los que es imposible reaccionar con agilidad y todo cambia, antes de lo previsto, de que te des cuenta, de que todo haya terminado...
viernes, 1 de marzo de 2013
Locuras...
Todos los paréntesis son importantes y el de hoy providencial. No escondo que necesito desconectar, parar, cambiar, respirar, vacaciones. Me noto en bucle y en colapso, a veces. Se me acumula todo sobre las cejas y bulle y se mueve y todo choca. Hace demasiado tiempo que no me detengo en mis pensamientos, por miedo a saber de pronto que hay tanto que cambiar. No me gusta que me pregunten ni hablar de las abstracciones en las que antes no me costaba nada entretenerme. Sin ser miedo al cambio, al que suelo dar la bienvenida, creo que la sensación es de pánico a la toma de las decisiones previas. Y así me voy recordando que todo marcha bien en todos mis compartimentos estanco. A veces pienso que también creemos que hay sistemas educativos perfectos e impecables, hasta que un chaval se sube al tejado de algún edificio y dispara a matar al primero que se le cruza y se cobra docenas de víctimas antes de regalarse el tiro de gracia...
jueves, 28 de febrero de 2013
Niñas...
Regresar al gim después de tantos días de ausencia provoca un par de efectos inmediatos: una sonrisa enorme en el rostro cuasi perfecto del monitor y una noche de sueño sin interrupciones. Y es que anoche tampoco se vio perturbado mi sueño con una presencia que se desliza intentando no ser percibida en el momento de introducirse en mi cama para luego enlazar sus piernas con las mias y recibir una amplia caricia en la espalda, un gesto que me sale del alma y supongo que trata de darle la bienvenida. Es realmente bienvenida...
Hoy me han robado el alma...
Estación de tren tras un día largo y repleto de gente, ya de regreso a casa, acompañada. Camino del coche, en el enorme hall sin lluvia, corretea una bebé de año y medio, pelo afro recogido en un par de coletas laterales, piel adecuada al pelo, tratando de alejarse del padre, alegre y entre juegos. La madre no está a la vista, ambos se acercan a mi y ella se enreda entre mis piernas. Tenemos prisa pero la miro desde arriba y decido tomar una de sus mejillas entre los dedos índice y corazón de mi mano derecha en un gesto que no suelo hacer desde que aprendí que en Asia no gusta que se toquen las cabezas de los niños, que es una ofensa. Me devuelve una sonrisa enorme, perfecta, de niña acostumbrada a hacer reir, a ser querida. El momento se ha prolongado porque ella me seguía y yo me iba girando sobre mis pasos a medida que me alejaba. Seguía riendo. La escena ha sido captada por terceros, que han coincidido en pensar que era una preciosidad, y a mi se me ha incrustado en la retina...
miércoles, 27 de febrero de 2013
Sin aliento, impresionada...
Tengo conversaciones telefónicas en inglés con una profesora de tanto en tanto, un par de veces a la semana, tal vez. Es una mujer jóven, afro (ella misma se definió así), originaria de Sudáfrica, que vive en Sarajevo. Una mezcla explosiva. Además, es animista. Realmente, mi mismo perfil, vamos. Hoy (hasta ella me ha reconocido introspectiva, enfadada y muda; cosa que demuestra cuán transparente puedo ser sin darme cuenta... qué peligro...) ha decidido hablar sin tema ni conducción, saltándose el guión que me había mandado hará un par o tres de días y me ha pedido permiso para hacerme un par de preguntas. Personales. Naturalmente, he accedido. Por varias razones. Se ha adelantado recordando exactamente detalles míos que debí contarle en conversaciones sueltas y que, francamente, no soy capaz de devolverle con la misma memoria. Me ha tocado el turno y también yo le he pedido permiso para preguntarle cuántos alumnos tiene en estos momentos. Y resulta que tiene setenta y dos...
Una mala decisión...
Creo que a estas alturas es sabido que vivo en permanente movimiento, desplazándome entre geografías, tanto por motivos de trabajo como personales, así que si algo conozco son cadenas hoteleras, nacionales y extranjeras. Otras cosas y personas también. Pero eso sería otro asunto. Hay una (cadena hotelera) en especial, cuyo nombre ni siquiera pretendo recordar (se me confunden en la mente obnubilada que corona mi cabeza por debajo del cuero cabelludo y no me gusta mentir, aunque a veces, ya se sabe, a una no le quede más remedio...) que en un primer momento me sorprendió por un detalle bien perceptible después de cada ducha. O de cada baño. Y es que el espejo es térmico, así que no se empaña nunca. Nunca hay que estar pasando toallas. Nunca más viendo caer gotas de agua por la superficie lisa. Nunca más moviéndose lateralmente entre las manchas que suelen quedar justo frente a la altura de la cara, molestas. Nunca más. El tema ecológico correspondiente al consumo de la instalación eléctrica en cuestión, que me inquietaba en un principio, desapareció al saber que es equivalente al de una bombilla y que se enciende a voluntad. Hay quien tiene música en la ducha. Hay quien tiene espejos térmicos. En el primer caso, provoca alegría y bienestar. En el segundo, tengo comprobado que genera mucho mal humor: ahora el espejo me devuelve nítidamente las líneas de expresión que pueblan mis facciones, las de antes y las que voy incorporando cada día. Pero el invento es genial...
martes, 26 de febrero de 2013
Hablando de walkirias...
Somos animales. De costumbres. Lo de los hábitos lo dejamos para un tercer género al que aludía una de mis múltiples colaterales en su tierna infancia (que nadie se preocupe, por favor. Es una broma familiar que no va a ser comprendida y no tiene la menor de las importancias). Creo que me atrevo a decir que tener encuentros profesionales (lo que viene a llamarse coloquialmente reuniones) con desconocid#s forma parte de mi día y no se me da demasiado mal. Recientemente, justo antes de dar comienzo a un fin de semana, se produjo el último caso, un poco con pistola en el pecho y más de acompañante, consorte o florero (quien me conoce sabe que no me refiero a mi propio físico, al usar esta acepción para mí misma) que de responsable que organiza algo motu proprio, como suele ser.
Nos situamos.
En esta mi ciudad hay tres arterias que conforman el shopping line. Dentro de una de las dos que unen mar y montaña, más o menos, se encuentran dos joyerías (lo demás, no cuenta): la local y la importada de la capital del Reyno. La cita era en una de estas dos, en hora punta y la espera en la simbólica barra de bar con camarera oriental fue muy breve, lo justo para observar y absorber. Un chico de mi edad (ergo, ¿un señor?) pero con estudiada barba de tres días que blanqueaba, se ubicó a nuestras espaldas y, sin ninguna discreción, estuvo algunos minutos tratando de escuchar hacia dónde iban nuestros comentarios y de qué trataba nuestra conversación. En esta tierra, como en otras, el espionaje se nos da muy bien, como rezan los periódicos. Se presentó a sí mismo con un aire distante y desinteresado que me pareció descortés y acerté con la percepción porque fue el interlocutor altivo y difícil con el que tuvimos que lidiar casi una hora. Nos acompañó al piso superior y la decoración a base de terciopelos morados y plateados, brillantes, se me incrustó en la pituitaria, dónde se ha quedado instalada de manera permanente.
Aquí se produce el impacto. Atención.
"El" gerente del local resultó ser una jóven de unos treinta años, rostro angelical y caucásico típico de revistas y pasarelas de este nuestro mundo, sobrepasando el metro ochenta y cinco (mal contado, no pude medirla aunque debo reconocer y lo reconozco que, a solas, no me hubiera importado hacerlo), sin alcanzar, probablemente, los sesenta kilos. Blandía una preciosa sonrisa personalizada en cada ocasión en la que su partenaire nos asestaba un revés y su mirada líquida y comprensiva se abría paso en los momentos más hostiles, dulcificando la atmósfera. Confesó haber sido profesional de la moda desde siempre y hasta que maridó al cachorro de la Casa que nos alojaba momentáneamente, a quién acabó por presentarnos una vez finalizado el encuentro.
Hay cosas que se saben. Y ahora sé perfectamente la razón por la que esta mujer (inteligente, dulce, esforzada constantemente para no apabullar a sus congéneres, amable, educada, próxima y de facciones perfectas) escogió a ese hombre.
Solo me queda por añadir que a mi esa belleza me turba, me incomoda y me corta la respiración. No es lo que persigo, naturalmente. Pero en las contadas ocasiones en las que he debido tratar a este tipo de ejemplares, la realidad es que me he sentido realmente incómoda, en desventaja y en desigualdad...
Nos situamos.
En esta mi ciudad hay tres arterias que conforman el shopping line. Dentro de una de las dos que unen mar y montaña, más o menos, se encuentran dos joyerías (lo demás, no cuenta): la local y la importada de la capital del Reyno. La cita era en una de estas dos, en hora punta y la espera en la simbólica barra de bar con camarera oriental fue muy breve, lo justo para observar y absorber. Un chico de mi edad (ergo, ¿un señor?) pero con estudiada barba de tres días que blanqueaba, se ubicó a nuestras espaldas y, sin ninguna discreción, estuvo algunos minutos tratando de escuchar hacia dónde iban nuestros comentarios y de qué trataba nuestra conversación. En esta tierra, como en otras, el espionaje se nos da muy bien, como rezan los periódicos. Se presentó a sí mismo con un aire distante y desinteresado que me pareció descortés y acerté con la percepción porque fue el interlocutor altivo y difícil con el que tuvimos que lidiar casi una hora. Nos acompañó al piso superior y la decoración a base de terciopelos morados y plateados, brillantes, se me incrustó en la pituitaria, dónde se ha quedado instalada de manera permanente.
Aquí se produce el impacto. Atención.
"El" gerente del local resultó ser una jóven de unos treinta años, rostro angelical y caucásico típico de revistas y pasarelas de este nuestro mundo, sobrepasando el metro ochenta y cinco (mal contado, no pude medirla aunque debo reconocer y lo reconozco que, a solas, no me hubiera importado hacerlo), sin alcanzar, probablemente, los sesenta kilos. Blandía una preciosa sonrisa personalizada en cada ocasión en la que su partenaire nos asestaba un revés y su mirada líquida y comprensiva se abría paso en los momentos más hostiles, dulcificando la atmósfera. Confesó haber sido profesional de la moda desde siempre y hasta que maridó al cachorro de la Casa que nos alojaba momentáneamente, a quién acabó por presentarnos una vez finalizado el encuentro.
Hay cosas que se saben. Y ahora sé perfectamente la razón por la que esta mujer (inteligente, dulce, esforzada constantemente para no apabullar a sus congéneres, amable, educada, próxima y de facciones perfectas) escogió a ese hombre.
Solo me queda por añadir que a mi esa belleza me turba, me incomoda y me corta la respiración. No es lo que persigo, naturalmente. Pero en las contadas ocasiones en las que he debido tratar a este tipo de ejemplares, la realidad es que me he sentido realmente incómoda, en desventaja y en desigualdad...
domingo, 24 de febrero de 2013
Soy un ángel. Pero hablo de negocios, claro...
He tenido que oir un segundo despertador muy temprano y el placer de una cita encantadora. Después de la comida en petit comité, el sofá se ha convertido en pirata, como sucede con la cama de Victoria con una frecuencia diaria. Se ha llenado de papeles, informes, legislación fresca como los huevos, el iPad con funda roja, tres o cuatro libros a medias, un rotulador negro y otro rojo, el móvil y su vida propia, música muy bajita, un poleo y tres velas estratégicamente colocadas, como casi siempre [que me acuerdo de encenderlas] en el salón. Ha dado para estudiar, quedarme dormida bajo la manta, leer, investigar algunas palabras clave que me inquietaban y mandar unas docenas de mensajes que siempre están pendientes. Sé que no es una tarde de aventura ni de riesgo. Pero me han preguntado qué me gusta hacer los domingos y esta sería una buena fotografía de los que son como hoy...
Será la madurez...
Esta profesión mía de madre a tiempo parcial, que compagino con otras, me ha llevado a poner el despertador esta noche a las 4:30 para hacer un transporte a una céntrica plaza del centro de la ciudad. Lo hago para mi misma cuando tomo trenes matinales, así que era imposible negarse a su cara suplicante, consciente de la jugada que me estaba haciendo. Es un tipo elegante, consciente y agradecido. Cuando quiere. Así que a esas horas la ciudad vaciaba discotecas y la gente llenaba algunas calles en busca de alternativas a los cierres o de taxis y coches para regresar a casa. Volviendo de vacío y esperando a que me hicieran soplar para que mi cappuccino no dejara rastro en el alcoholímetro, he leído que las banderas publicitarias rezaban así: "T'estimo. Ets perfecte. Ja et canviaré". Me ha gustado pensar que, al menos ahora, no intento cambiar al objeto de mi amor y que, sorprendente, las cosas van mucho mejor que nunca antes...
sábado, 23 de febrero de 2013
Lo que faltaba...
Me dice muy serio, sentados a una mesa de un conocido y tranquilo local del Paseo de Gracia, que tengo un talento natural comercial. Está intentando con perseverancia que acepte una de la dos Direcciones que me ha ofrecido en el último par de semanas. Añado 'para las que no estoy capacitada' sin ninguna falsa modestia, tal como le he venido respondiendo con sinceridad. Pero tiene explicaciones peregrinas para callarme, negar la mayor y avanzar un par de centímetros hacia su objetivo. Ya no lo minusvaloro, desde hace tiempo. Sorprende sin proponérselo y cuando no lo imaginas. Así que habrá que estar preparada para lo que sea que tiene preparado, aunque a mi lo que de verdad me encantaría son otras dos cosas, completamente diferentes. Pero no escucha...
jueves, 21 de febrero de 2013
Confianza ciega...
"Tal como demostraron Rosenthal y Jacobson o como a diario lo hacen decenas de empresas, es posible conseguir imposibles con gente corriente, pero para ello debemos estar dispuestos a eliminar prejuicios, creencias limitantes y confiar ciegamente en las potencialidades de los miembros a los que tenemos el privilegio de servir como líder."
Tomado de este lugar. La negrita y el subrayado son míos.
miércoles, 20 de febrero de 2013
Un recuerdo imborrable.. O dos...
Estoy empezando a perder la costumbre de estar frente a un ordenador y, como al papel en blanco, empiezo a temerle. Por eso antes de empezar a escribir en un teclado blanco que me resulta poco familiar pero tremendamente cómodo y agradable al tacto, me paseo las palmas de mis dos manos frente a la frente, sobre los ojos, en busca de la inspiración y la concentración. Trescientas mil bolitas pequeñas están ahí dentro rebotando a diferentes velocidades y en todas direcciones, desordenando el caos. Oprimen, en cualquier caso. Pero al final una se acostumbra. Como a los silencios.
Hace días que necesitaba confesar algo públicamente, en busca de la penitencia que no me darán arrodillada frente a un señor de negro. Sea cual fuere, merezco el castigo y lo aceptaré estoicamente. Y es que uno de estos días, en el penúltimo de los aeropuertos transitados, me sucedió algo que todavía me avergüenza en lo más profundo. A saber. Desde hace poco he mudado de costumbres y, una vez finalizadas las reuniones, suelo bajar de los tacones y suprimir americanas. Ambos porque tengo comprobado que han de ser quitados en los controles de seguridad. Los primeros porque parece que el material interior puede ser metálico y ser detectado. La segunda, porque podrías llevar un cargador de metralleta y la propia metralleta escondidos en el interior para, cándida, intentar burlar la seguridad nacional del Estado al que pertenecen las fuerzas del orden que te acaban cacheando con libertad y profusión. A mi, últimamente, me tocan más mujeres desconocidas, profesionales, que otras personas. Y oye... a veces... qué quieres que te diga: no dejan centímetro que revisar y, además, le ponen una seriedad y un interés que...
Decía que suelo cambiarme de ropa porque he comprobado también que no me gusta mucho desnudarme en público y/o caminar descalza por suelos enormemente transitados entre escáneres de diferentes modelos. Así que, en caso de no poder cambiarme en el propio hotel, suelo hacerlo en el aeropuerto. Me gusta más caminar sin tacones, cuando los recorridos son largos y arrastro algún cansancio. La última vez busqué los servicios del aeropuerto y me encontré con que eran terriblemente estrechos, por lo que opté por entrar en el de handicapped, que estaba vacío y tenía la puerta abierta de par en par, invitándome a que no dudara en usarlo. Me estaba cepillando los dientes [otra manía idiota, si queréis] cuando sonaron unos nudillos impacientes en mi puerta y respondí que estaba occupé! Empecé a sospechar y me apresuré. Pero aún tenía que proceder con la apertura de maleta, con el calzado y con el cambio de ropa que entonces vestía en mi mitad superior. Por mucho que corría, el tiempo volaba. Se oyó un carraspeo muy forzado, sobreactuado, como para recordar que quien esperaba antes, al golpear la puerta, seguía haciéndolo ahora, transcurridos algunos incómodos minutos. Comenzó el peor de los presentimientos. Repetí eso de apresurarme y terminé la operación. Después de poner en pie a uno de mis mejores amigos [el trolley, claro], respiré hondo y me dispuse a salir, con toda la dignidad de la que fui capaz, a pesar de saberme completamente en falso y consciente de que no estaba sola ahí afuera.
Detrás de la puerta aguardaba una chica joven, morena, con el pelo largo y expresión enfadada. Sentada en una silla de ruedas.
Todos los servicios vacíos. Nadie más. Sólo ella. Sólo yo.
Sólo pude pronunciar, alto y claro, un "desolée" con la mirada baja, mientras aplicaba la empatía y me odiaba abiertamente, sin tapujos...
Dejo una canción que estos días me acompaña. Cuando te la envía alguien que quiere poder volver a quererte es un buen intento.
martes, 19 de febrero de 2013
Jalea. Real...
Me preguntan por mis principios y no puedo evitar pensar en todos mis finales. He pedido ejemplos porque me veo incapaz de responder, con las manos llenas de corazones. Buenos días y buenas noches con veinticuatro horas de decalage. Un día largo, con refuerzos y nuevos aprendizajes. Hay silencios que queman el alma y desasosiegan. Algún día aprenderé lo que es la paciencia y sabré esperar, dejando aparte todas las resoluciones que se me presentan, inevitables. Presentimientos que aciertan y encuentran, como si un hilo rojo uniera distancias invencibles, ineludibles y decenas de otros in que signifiquen lo mismo o casi igual. Aunque todo se frustre ante la impotencia de la imposibilidad más evidente de lo que es cotidiano. Como una presencia al pie de la cama. Sé que algún día este estilo cambiará y llegarán resultados y otros modos, aunque, consciente, piense que será insuficiente y todas las adrenalinas van a echarse de menos. Pero es solo un decir, porque una nunca sabe. De repente...
lunes, 18 de febrero de 2013
Un domingo y un nuevo final...
Todas las esperas y los traslados y las ventanas se acabaron y salió el sol, se abrieron las puertas y se retomaron viejas costumbres. Desapareció la pereza a golpes y cambió la temperatura, exterior. En horizontal se intensificaron los gestos y se prolongaron en el tiempo, entre silencios, contra lágrimas y alguna sonrisa tímida. A fuerza de escuchar diferentes versiones de algo similar se avanza despacio, se plantean dudas y se escuchan los pensamientos que ya no se conocen, por falta de práctica y a pesar del interés. Las manos, la boca, la piel y las melodías que elegiste regalar, escogidas para cada cosa, sin improvisar ni un segundo, irrumpen como inesperadas. No hay tiempo para discusiones sobre este u otro asunto, ahora que el sábado se nos voló de entre los abrazos y en silencio. Forma parte de la vida, es su esencia, no se cuestiona. No se admiten lágrimas ni reproches. No me llores por favor y acércate a mis labios, otra vez...
viernes, 15 de febrero de 2013
Y lo digo porque lo siento...
Tengo fama de intransigente y siempre me he enfadado al oírlo porque preferiría ser de talante abierto y tolerante. Pero el paso del tiempo, aparte de dejar recuerdos en mi piel, me ha enseñado a reconocerlo, con toda la humildad imaginable. Lo cierto es que hay cosas que me resultan muy molestas e imperdonables. Una en especial. A saber: hay personas que dedican tiempo y atención a determinado#s amigo#s cuando están singles, impares, sol#s, sin pareja. Son l#s amig#s más maravillosos. Hasta que les aparece alguien. Entonces, en ese momento, el mundo se despuebla, la agenda se vacía, no hay actividades ni citas y tampoco llamadas de cortesía para el seguimiento más básico y elemental.
Soy de las que opinan que querer es poder y que encontramos tiempo para lo que nos interesa. No me sirven las excusas. Soy, como dije antes, intransigente.
Puedo decir un par de cosas: quien a mi me lo ha hecho ha sido borrad# de mi vida, de mi agenda y oportunamente bloquead# de estas nuevas formas de comunicación. Y yo, que [no presumo pero] nunca me he quedado sola, jamás he dejado de interesarme por quienes sabía pasando un momento bajo...
jueves, 14 de febrero de 2013
Apuesto a que mañana...
Todo es relativo. Pero hoy ha sido un día con un par de momentos difíciles. Cuando una no se mueve en zona de confort, la ansiedad aprieta... Así que pienso en serio que Bea, la de las neuronas zurdas y especiales a quien nunca he conocido, estaria hoy orgullosa de mi. No es, desde luego, mi papel natural. Pero hoy me eligieron para ser bulldog y va con el sueldo. Tampoco puede una elegir, a pesar de lo que opina la generalidad de los habitantes de este mundo. Así que, en mi incómodo cinco por ciento, he tenido que adoptar un par de decisiones rápidas, pensando poco y viéndolo clarísimo, harta de indefiniciones y unfair play. En un intervalo breve y ante el estupor de quienes estaban presentes o en linea y altavoz, he bloqueado [confieso que no he tenido otro remedio; no me gusta comjugar el verno 'bloquear'; me parece muy feo] una operacion para mañana (riesgo de 2.9M€) en la que mi firma avalaba. Y acto seguido, pero en otra reunión, he determinado la compra de inmuebles por otro par de millones multiplicado por 1,5. No es mi salsa ni mi mejor perfil pero hoy alguien tenía que hacerlo. Y yo cada vez tengo menos paciencia. Eso sí: llevo dos días aprendiendo de manera intensiva pero durmiendo breve e incómoda. Y estoy de una mala leche...
El asunto es que mañana mismo hay quien espera resolver alho conmigo a las 8:30, a las 9:00, a las 9:30 y a las 11:00.
Espero que nadie tenga la amabilidad de cuestionar y aconsejar que mejor cambio de vida y eso. No creo que tenga opción, señores y señoras...
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Acerca de los datos personales
- spark
- Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)