Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

martes, 17 de mayo de 2016

Decisiones, omisiones y amaneceres...

Al final es cierto que siempre decidimos. Al hacer o al omitir. Al cumplir con nuestro deber o al lanzarnos al barro, huyendo de lo que se espera de nosotros. Todo influye, posiciona, contribuye y define. Somos quienes queremos ser. Quienes no cambiamos cuando echamos la vista atrás y nos descubrimos posicionados ante alguien, algo, todo, la vida.

De poco valen las excusas, contarnos frente al espejo que había una razón poderosa para ir o no, para decir o no, para sentir... Somos. Y hemos cambiado, al decidir una u otra opción, al esperar algo, al contribuir al silencio, al considerar que el tuyo propio puede determinar a terceros.

Cada día decidimos. Hasta arruinar nuestra vida de mil maneras, tomando caminos arriesgados, que pueden destrozar. Coquetear con el entorno, ponernos al límite, perdernos buscando lo improcedente porque detrás hay una oferta irresistible. El vacío de la soledad, el miedo a la vacuidad más superficial, reconocer el propio fracaso. Sin mirarse a la cara. Vemos lo que odiamos. 

Todo regresa, al final. Nos viene de vuelta. Como las decisiones que tomamos sin intervenir, deseando no precipitarnos, creyendo que hay tiempo, que podemos ir tirando, incluso sin llegar a decidir, a veces. Como el ayudar a todos menos a uno mismo. Apelando a la responsabilidad para con los demás y eludiendo el deber de socorro hacia sí. Inconsciencia, irresponsabilidad o quién sabe? Pues hay que saber... No todo vale. No hay que mendigar gotas de afecto en el exterior cuando hay en los aledaños cucharas soperas repletas. Hay que abrir los ojos, el corazon, el alma y escuchar los silencios y los gritos. Las guerras silenciosas.

Suerte que has querido que amaneciera, por fin y entre carcajadas...

martes, 10 de mayo de 2016

En mi momentum, en mi contexto... un verso suelto...

He soñado con rizadores de pestañas increíbles; simples, sofisticados, de vivos colores y especialmente eficaces. Varios modelos. Será que me compraron uno recientemente y que el domingo olvidé el mío en casa...
 
También me he pasado un rato esta noche soñando con jengibre caramelizado. Leí algo acerca de sus propiedades impresionantes. Intenté incluirlo en mi compra telemática del fin de semana pero mi proveedor no lo tiene a la venta. Tendré que hacer aquello que hago ya tan poco de personarme físicamente toda yo en alguna tienda del barrio. Pereza salvaje. Falta de tiempo. Menos ganas aún.
 
Otra nota mental: brócoli, avena, chocolate negro, nueces, espinacas, aguacate. No es la lista de la compra. Es la de alimentos con propiedades antioxidantes.
 
Todo esto es previo a una locura que no será transitoria. O sí. Pero será larga. Como la travesía y la soledad. Todo tiene un comienzo. Todo pasa por algo. A todos los cerdos les llega San Martín. ¿Se me olvida alguna otra frase tópica que se ajuste bien a este mi momentum?
 
Y esta locura es previa, también, a tratamientos ayurvédicos que depurarán lo poco que queda de mi, después de recoger lágrimas de ocho ojos diferentes en tan solo un par de días y de tomar decisiones que suponen cambios de hábitos en alguna de mis adicciones. Bonita colección, la de las lágrimas. Motivos diferentes. Circunstancias tan distintas. ¿El tiempo gris y lluvioso? ¿el puñetero Saturno? al final, ¿qué importa? Todo son lo mismo: lágrimas!
 
No incluyo las mías propias [sigo hablando de las lágrimas, por si hubo pérdida del hilo], que también.
 
Todo está como convulso. Se van cerrando puertas con dulzura, sin sobresaltos ni portazos. Sin grandes sorpresas, tampoco, en algún caso. Cada vez soy más intolerante a los ruidos, al caos, a la falta de armonía, a los no consecuentes. Y más intransigente, según dicen. Sí. Se me acusa de eso. Pero para acusar como Dios manda [¿Qué qué Dios? pues el que cada uno elija libremente, faltaría más...!] hay que calzarse los zapatos del acusado, en calma, y caminar. No soy ejemplo de nada y no creo pretenderlo. Me basta con sobrevivir, a veces. Al final siempre he sido una individualista, un verso suelto, el protón libre, la mala estratega que salta al ruedo a defenderse, nunca a atacar. La que pierde cuando la presionan. La que se repliega. Sobretodo, aquella que parece tener una fortaleza de la que carece.
 
Nunca deberíamos creernos lo que vemos proyectado en los demás. Es un error, generalmente. Y, sin embargo, lo hacemos.
 
Voy a ordenar mi mente. Sigo en modo out, quizá más, todavía. Pero algo ha cambiado: no es un castigo. Al menos, no ahora... Queda mucho por comprender, todavía.
 
Todo irá bien. Procuro repetírmelo como un mantra, entre respiraciones rítmicas, lentas y profundas. Aunque hoy, ahora, me encantaría que alguien me definiera la palabra "bien", en mi contexto... Y ya, de un de paso, que me quiten el telón negro, grueso y pesado, de terciopelo, que parece colgar frente a mis ojos. Todo irá bien, ¿verdad?...

viernes, 6 de mayo de 2016

Nota mental: Modo out on...

Se me acumulan las cosas, las emociones y las experiencias. Algunas se repiten. Y mis hormonas tienen exceso de trabajo. Finalmente había decidido dejarme caer hasta el sur, sola y empuñando el freno y el gas. Pero el tiempo tiene otros planes para mi. Malditasea.

Aplicaré aquello que he aprendido de condicionar mis planes y no decaer cuando algo sale diferente a lo programado. No hay expectativas, por lo que no hay frustración. Sucede lo mismo con las personas. Por eso estoy tan distante en estos últimos tiempos raros, que ni yo misma me reconozco.

Y ahora toca mi fase más egoica, introspectiva y ostrácica. Ese modo que me asusta y paraliza a partes iguales, al que me tenía que enfrentar tarde o temprano, a pesar de las distracciones que aparecen en el trayecto y con las que me entretengo, sin perder el foco, ese foco angustiante. Era consciente. Lo sabía. Al final no puedes ir contra eso que nos empuja. Es inútil.

Es curioso cómo repito patrones. Como atraemos siempre lo mismo. Y repetimos, como si no supieramos que será divertido y difícil, todo a la vez. Y te acabas enfrentando a tragos que en realidad querías evitar, a toda costa. Y fracasas...

Ayer oí la primera golondrina en la ciudad. Ese vuelo veloz y desordenado. El sonido de mi adolescencia preparando examenes finales, a media carrera. Cuando todo cambió y empezó. Escucharlas otra vez me hace sonreir con el emoticón de la mueca torcida. Con nostalgia y pena. Pienso un poco en mi ascendente y le rindo un secreto homenaje, le brindo un recuerdo. Y todo sigue, como hoy...

miércoles, 4 de mayo de 2016

Extremadamente exigente, soy...

Tengo que reconocer que en este viaje de auto conocimiento voy descubriendo cosas nuevas cada día. La última, crucial, es que soy extremadamente exigente. No digo que no. Todo lo contrario, seguramente. Porque lo soy conmigo y lo hago extensivo a los que me rodean, envuelven, acompañan. No podía ser de otra manera, claro. Espero poco, en realidad. De mi, de los demás. Pero con firmeza, lo hago.

Fidelidad, compromiso, libertad, confianza, bienestar, felicidad, oportunidades, crecimiento, aventura, diversión, fe. Respeto. Compartir. Sin expectativas. Porque las cosas pueden salir bien. O no. Y hay que estar alerta. Hay que prepararse para no caer en la pataleta de niña mimada, cuando algo no sale como yo esperaba o quería. Soy mayor, soy responsable. Tengo auto control. Me adapto. Persevero. Intento enmendar todo lo que procede de mis actos y que ha salido mal. Pongo remedios, tanto como puedo.

Espero un poco de todo y todo tan a fondo. Pero hay unos mínimos que sí, que no perdono y eso parece que me convierte en un ser extremadamente exigente.

Lo soy. Sin duda. Siempre me han dicho que soy implacable y otra palabra tremenda que ahora no consigo recordar. Era como sinónimo de la anterior. ¡Sí! ¡intransigente...! era esa...

Porque el tiempo se vuela, los tiempos cambian, las esperanzas mutan y la soledad acaba por imponerse. Fin de las tonterías. Porque soy de las que me tuteo y me cuento la verdad, esa que mucha gente no quiere ver ni escuchar, que ignoran para seguir adelante como los seres irracionales. Para seguir el camino hay que saber hacia dónde hay que dirigirse. Y eso es un trabajo difícil, que se debe hacer en soledad, en silencio. No se vale hacer trampas al solitario, hablar de bailarinas, omitir reflexionar, no pensar en los por qués y las consecuencias, dejar de valorar los resultados de actos y omisiones, los beneficios de una palabra amable, de una mirada dulce...

Tengo dos trucos, que comparto ahora que tengo la oportunidad. Uno, ver "desde fuera" y tratar de reconocer a la persona que está conmigo, saber si me mueve, si me conmueve, si la siento. Si todavía siento... El segundo truco es el de cerrar los ojos, imaginar un paraíso de todos los que he podido visitar o los que tengo creados en mi mente en la lista de pendientes de viajar y pensar en quien me gustaría que se sentara a mi lado, la compañía que elegiría. Eso, las dos cosas, me cuentan si estoy yendo por la vía correcta, la que me marca el corazón, la que debe conducirme a la felicidad.

Soy extremadamente exigente con casi todo. Y hoy, ¿sabes?, te elijo a ti...

martes, 3 de mayo de 2016

El Tiempo, la Vida y algunas otras cosas...

Por el momento no tengo previsto subirme a La Bestia y dejarme caer hasta Cádiz. Que no vaya cundiendo el pánico, por favor. No por falta de ganas. Es más algo así como falta de disponibilidad y mucha paciencia. Una no se enfrenta a nuevos retos de esta magnitud cada día. A mi me ha pasado solo tres veces, contando ésta... Mucha vida a cuestas, ya. Not much, entons.

Aunque, de decidir bajar, a Cádiz o a cualquier otro sitio [hablaste de las playas de Tarifa, ¿verdad?] creo que contaría contigo y te dejaría una alforja, para poner lo justo, ahora que en este mundo clinex no hay nada que no podamos reponer en casi cualquier parte. Me han pautado una dosis de tus carcajadas cada 8 horas, para mi salud mental. 

Descartados los países árabes, por razones obvias ya referidas en anteriores post, a los que me remito para evitar hacer innecesariamente extenso éste de hoy, nos quedarían mundos civilizados o en desarrollo, algunos paraísos turquesa, cordilleras, valles y masías deshabitadas en temporada baja, hoteles con encanto y algún barco en el que cargarlo todo y que pudieras practicar la lengua de tu infancia, la misma que siempre pensaste que nunca te sería útil. Y mírate hoy...

He ganado mi partida de futbolín 5 a 3. Golazos, de los de verdad, lanzados con toda la fuerza de la muñeca derecha desentrenada, liberando un poco de todo, a lo detox, muy verde, porque la energía debe fluir hacia afuera, de abajo arriba, con fuerza y ganas. Todas las cosas deben salir porque, si se quedan, malignizan. La peor cosa de todas las cosas es la pena, por ejemplo. O la ira. Sí. La impotencia y la frustración tampoco son tontería. Y cada una tiene su lugar y hay que moverlas, removerlas, para que no se encallen, para que no aniden o colonicen, no se instalen. Y el día que es demasiado tarde ya es eso: irreversible. Te ingresan y te cuida gente en bata verde o blanca. Horror.

Me gustan las personas que van de frente, que se escuchan en sus silencios, intentan comprenderse y buscar los motivos de ser quienes son. Hoy. No me gustan los cobardes, quienes lo quieren todo, a cualquier precio, cargando con su egoísmo, sin mirar a ninguna parte, dejando atrás. La vida ya nos desequilibra suficientemente y no hacen falta más: me gusta poder confiar, saber que las presencias son estables y cada cual carga con su propio proceso de búsqueda, haciéndose compañía. Me gustan mucho las buenas personas. Son una de mis debilidades. 

Nuestro problema es que creemos que tenemos tiempo. La frase no es mía pero la tomo prestada un rato. Y no es así. Me remito a la física cuántica para valorar que la vida es un momento, imperceptible en el concepto de Tiempo, esencial para nosotros. He decidido no perderla [la Vida, malgastándola]. He resuelto no perderlo [el Tiempo, escaso y lleno de posibilidades]...

lunes, 2 de mayo de 2016

Risas, humus y gas a fondo...

Parece que se acerca el verano, unos días, junto con accesos de risa de los que irritan la garganta y te obligan a carraspear durante mucho tiempo. Aires nuevos. Actividades distintas. Estableciendo rutinas, saludables. Tampoco a mi me apeteció el plato de verduras "de primavera" hervidas, un domingo de sol en la playa. Erré en la elección, como en el chiste del español en Francia, por ejemplo. Y lo reconozco. A veces hacemos cosas inesperadas. Otras veces nada sale como querríamos. Y sin embargo seguimos intentándolo.

Han sido unas vacaciones breves que me han depurado por dentro y por fuera... Tan cerca y sintiéndome tan lejos de todo...

Días de humus y gloria, que diría aquél. De pensar destinos y de tratar de adivinar el punto en el que voy a encontrarme en algunas semanas que, juntas, forman meses. Ha llegado un tiempo en el que me apetece mirar atrás y comprender tantas cosas. Miro sin lamentarme ni extrañar, solo para conocer más, para rectificar los trazos, fijar mejor los nuevos rumbos. También procuro escuchar los ruidos, cerrar los ojos, entender, ligera de casi todo, ahora. Han vuelto las ganas de mucho porque se fueron casi todos los miedos. Mentiría si quitara el casi pero me sienta bien verme hoy tratando de tutearme, de hacerme compañía, sin regañarme, sin esperar nada, sin contar con...

Busco paraísos sin saber apenas nada de mí misma. Pienso en todas las cosas que me quedan y me impaciento detrás de un teclado, conteniendo las ganas de salir corriendo, ir a buscar las llaves de La Bestia, llenar las alforjas con lo imprescindible y desaparecer, camino del sur, hasta que acabe la tierra firme...

viernes, 29 de abril de 2016

Igual me encuentras dormida...

De nuevo una primera vez de tantas cosas. Maravillosa oportunidad tan cerca de todo. De casa. De mis calles. De mi vida. Sorprendente e inesperada, sin programar apenas. Miramos un lugar para ahora y el plan de mañana, hora a hora. Nada, más allá de eso. Estoy adormecida después de una semana intensa y crucial, de una deseada siesta que, a pesar de todo lo esperable, solo ha durado una hora. La mente ha desconectado, tan poco. Sirve igual. Porque hay risas contagiosas, muchas ganas, ninguna prisa, tiempo por delante y un sofá gris. Has decidido ducha y sigo tumbada, pensando que cuando acabes igual me encuentras dormida. Pero no. Sirve como título inducido y provocado para que improvise este párrafo. Hoy no voy a acostarme temprano, por la misma razón por la que anoche el sueño fue breve, después de improvisar un cambio de cena, fuera de tiempo. Hay inevitables...

miércoles, 27 de abril de 2016

Muchas cosas, muchas gracias...

Cuatro horas de sueño. Tres países. Tres ciudades. tres viajeros. Cuatro desconocidos. Dos salas. Tres aeropuertos. Nieve. Sol. Lluvia. Un río. Miles de pensamientos. Algunas decisiones y un par de propósitos. Todos y cada uno de los años que tengo, colgados en las españdas, cayendo sobre mis párpados. Tres dudas sobre el mismo número de destinos. Pienso, me imagino, trato de decidir. Un millón de ganas y de lágrimas, que ayer me invitaste a llorar, acompañándome. Son necesarias, dijiste. No sé qué hubiera sido de mi hoy si ayer no las hubiera llorado casi todas, contigo al otro lado, entre mis manos, al teclado, después de un largo rato tan agradable. Miles de gracias, miles de besos, por todo eso...

Mil maneras de amar...

Me han amado y he amado. A veces perdiendo el norte, el juicio, desesperada. Otras veces de manera plácida, segura y confiada. He amado mucho. Absolutamente. De forma indiscriminada, sin excusas y un poco de miedo. Insegura o fuerte como la montaña más alta. Contra las corrientes, a solas, convencida, a por todas.

He sido amada. Muchísimo y con adoración y respeto. Sigo siendo amada. Hay algo en mi, en esta época. Desde la distancia o la indiferencia, sigue habiendo muchos tipos de amor. El físico, el espiritual, el de la amistad serena que todo lo aguanta y escucha. Me han amado desde la lujuria, la pasión e incluso la obsesión, el interés y las ganas locas, las que hacen perder el temple y el sueño de las noches. No hablo del insomnio de esta etapa mia...

Lo más extraño, hoy, es ver que hay en este mundo quien ama disimulando, sin transmitirlo, para que no se note, sin hacerlo saber. Se ama, se sabe de ese amor, pero se niega y se esconde, porque de lo que no se habla no existe. No se puede ir contra los gritos del alma. No mucho tiempo: el cuerpo acaba gritando a voces.

Madurar es entender estas cosas. Reconocerlas como sorprendentes y sin embargo sonreir. Y tomar decisiones.

He amado mucho, he amado mal. Y mi obsesión, en esta época fascinante de mi vida, es amar bien. Desde la calma y la locura, la complicidad y la confianza, sabiendo que es el fin de un camino largo y difícil, que he llegado a casa, amo y me aman, somos frágiles y podemos contárnoslo. Mi obsesión es la búsqueda del equilibrio entre la pérdida de la razón y la fe ciega.

No me digáis que es imposible. No queráis arrebatarme la fe. Solo escucharé a quien opine que eso es lo más bonito que existe... 

lunes, 25 de abril de 2016

Así, voy tirando...

No me deshago del cansancio, como tampoco de las preocupaciones. Las colecciono. Me despiertan a media noche, se encuentran con los recién estrenados sofocos, y eso ya es una fiesta. Me levanto, bebo agua, regreso, empiezan las vueltas sobre mi misma, llegan los pensamientos. Así me lucen las ojeras, de luto. La suerte es que el ceño ya no aparece tan fruncido, gracias a métodos artificiales y artificiosos que no puedo decir aún que me convenzan o ponerme con todo el equipo a denostarlos abierta y públicamente. La piel bronceada es útil para tapar el rictus triste y la escasez de sonrisas; despista. Eso es lo que hay, además de muchos planes poco definidos o no, ejercicio a tandas y algo de caos, constantemente, al que no he logrado acostumbrarme aún.

Figura que estoy en una fase tranquila y que aún queda un mes pacífico, pre bélico. Y me arrastro, en todos los sentidos. Veo desmoronado mi entorno. Aún caen restos de ruinas a mi alrededor. Procuro inspirar despacio, como trayendo el oxígeno de muy lejos, suavemente. Y dejar la mente en blanco. Procuro repetirme que todo irá bien, que nada es grave, que tengo que relativizar. Intento trazarme a corto, no mirarme a la cara, imaginarme lejos y sola. Pero, ya lo sabemos, resulta que yo soy de asirme a un proyecto, un alguien, un mucho y un todo. A fondo, sin respiración ni miedos. Ni medias tintas o indecisiones extrañas. Así estamos, señoras y señores. Voy tirando, sin darme la oportunidad de escucharme para no oír mis quejas o lamentos... Voy tirando, consciente de que la vida no es esto. La vida es decidir...

jueves, 21 de abril de 2016

Cambio de aires, cambio de caras: cambios...

Esta vida [tan cachonda, ya sabemos] me está sentando a muchas mesas de diferentes lugares y calles, con personas nuevas y de lo más distintas a lo que viene siendo tónica en los últimos tiempos. Han regresado los trajes a medida, con corbatas de tonos pastel, pelos engominados, apellidos compuestos, gemelos y zapatos italianos, acompañados de sonrisas perfectas. Llegan las miradas blandas, amables y bondadosas, en esta fase. Todo se solemniza, hasta los silencios programados, los golpes de efecto, las propuestas y las miradas de reojo entre los miembros de un mismo equipo. Complicidades engranadísimas por repetidas un día y otro.

Qué distinta soy desde la primera de las reuniones de esta ronda. Me lo noto porque al menos entiendo una frase de cada cien. Algo puedo seguir. A menos que hablen muy deprisa. Bromeo. Y colecciono tarjetas de visita, que acabo de introducir en mi agenda porque queda todo por hacer y algunos serán los elegidos con los que voy a pasar noches en vela. Suelo anotar algún comentario sobre el lugar, el motivo y la fecha en la que conozco a alguien, así como uno de sus rasgos, el que sé que no olvidaré.

En el apartado de observaciones de la ficha de una de las directoras de blablablá que conocí ayer me he permitido introducir algo de poesía y reza así: "Middle 30s, morena de pelo lacio y brillante, media melena, llega algo tarde por retraso del vuelo. Se excusa dulcemente, con discreción. No se quita el abrigo ni una voluminosa bufanda gris perla en toda la reunión, como si tuviera un frío que no debía. Piensa mucho, mientras hablamos. Durante toda la presentación. Intercala alguna pregunta crucial en un tono implicado y empático. En realidad es la estratega de la operación. Me observa hasta los gestos y los silencios, las manos. El resto del equipo, hasta siete [de los cuales 4 varones de más edad que ella], calla mientras ella expone. Tiene los ojos azules más aparatosos [por espectaculares] y dulces del mundo. Nos besamos antes de entrar al ascensor".

El alma me pedía abrazarla para quitarle el frío y provocarle una sonrisa, que me abrazara fuerte susurrándome un convencido y convincente: "todoirábien..." que me quite un poco de ansiedad...

martes, 19 de abril de 2016

Quiero mudar de vida..:

Destinos para cuando haga mucho calor. Aún sabiendo que no sé mi disponibilidad. Arriesgando. Modo 'norisknofun'. Esa delicia de ver pasar fotos, planes, paraísos, lugares, islas y mucho turquesa. Elegir.

A pesar de Saturno, Marte y Plutón, por ejemplo. Y su fuerza, su lucha, su beligerancia.

No hay mucho más. Agosto se acerca. Sigue mi búsqueda. Voy a desconectar y acertaré. Como siempre. Soy buena encontrando lugares perdidos en los que perderme. Mis paraisos. Los silencios. Yo. Solo yo.

De hecho, casi lo tengo. Un par de dudas y orden de compra.

Qué simple, todo.

Qué fácil, en realidad.

Alguien me ofrece otro continente para mudarme mañana, dejarlo todo y ser otra mujer...?

lunes, 18 de abril de 2016

Hay cosas que me tumban...

Sí. Hay cosas que me tumban. Y hago el recuento hacia atrás para encontrar los denominadores comunes, que tengo claramente identificados y sé, con precisión, el segundo en el que se originan. Pero no es eso lo que entra para examen. Qué va.

Han vuelto las tormentas, todavía pequeñas. Y me preparo en silencio, mi costumbre, para lo que va viniendo, sin grandes avisos, por sorpresa. Adivino la magnitud y solo eso me basta para entrar en modo susto. Y pánico. Por fases bien definidas. Tomo conciencia de las cosas, intento salirme del paréntesis que se abrió de pronto, encontrar el sitio que me corresponde [hoy bien cerca de la trituradora de documentos que tengo bajo la mesa auxiliar de mi despacho; una bestia que destroza en todas las direcciones, imposibilitando de esta forma la ardua tarea de reconstruir cualquier papel] y, sobretodo, el punto final para ver si debo modificar rumbos, adaptarme a vientos, sortear oleajes. Como si no lo supiera. Disimulo las evidencias, como queriendo retrasarlo un poco más.

Todo indica que habrá cambios. Profundos, radicales, difíciles. Que quedará mucho por el camino que ahora paseo. Que al final, de nuevo, procede la etapa de soledad que había empezado a conocer, tuteándome a la cara y viéndome reflejada en el espejo, de refilón, con evidente falta de interés. Eso sucede cuando te dejas arrastrar por la fuerza de lo que sea que gobierna tu existencia. Eso supone que una no puede hacerse la loca con aquello que sabe que es procedente, necesario, conveniente. Aunque vaya acompañado de sufrimiento y emociones. Es como la llamada de la selva y los animales: invencible, inevitable, biológico y orgánico.

Vuelvo a respirar en grandes bocanadas de aire y por la boca. Tengo un agujero en el pecho del tamaño de un bazoka, otra vez. Siento que es época de cambios, de toma de decisiones, de reflexión y de mirar hacia dentro, obviando más lo que está sucediendo allá fuera, egoísmo puro y potencia [que hay quien confunde con la prepotencia y la soberbia; a mayor indiferencia por mi parte, más reacciones. Está comprobado y dermatológicamente testado...].

Estoy sentada en el suelo del rincón de la tristeza. Y me callo, necesito pensar. Mi autoestima y yo estamos lamiéndonos las heridas, como si un bichón maltés blanco de cinco meses estuviera pasando su lengua pequeña y rosa sobre mi piel, dulcemente...

miércoles, 13 de abril de 2016

Relación de cosas que mutan con el tiempo: y yo soy otra...

La vida.
El entorno.
Los protagonistas.
La compañía.
Los interlocutores.
Las referencias.
Las pautas y conductas.
Las tareas.
Todo.
Las responsabilidades.
Los intereses.
El ejercicio.
Los pensamientos.
Las rutinas.
Los objetivos.
Todo.
Las emociones.
Los proyectos.
Las ilusiones.
La mirada.
Las ganas.
El compromiso.
El futuro.
Las expectativas.
Todo.

Es cambiante.
Y yo, mutable y tan diferente...

lunes, 11 de abril de 2016

Patrones de conducta...

Estoy revisando patrones de comportamiento, en esta época de mi vida en la que puedo mirar hacia atrás con una perspectiva amplia. Objetivamente lo he venido haciendo siempre. Ahora hablo de concluir y valorar cómo se comporta la gente conmigo y cómo eso influye en mi propio patrón de conducta, en mis reacciones y en mis consiguientes reglas.

Me he dado cuenta, por ejemplo, de que me alejo de quien me apartó una primera vez. Y una segunda. Explicaciones peregrinas que justifican el alejamiento en evitación de su sufrimiento, con independencia del mío, claro está. Gestiono muy mal los abandonos y los apegos. Esto ya era sabido y contra eso me encuentro haciendo grandes esfuerzos ahora, precisamente. Y, paradojas de esta época de mi vida, con eso me voy desayunando alguna que otra vez.

Huyo de las personas que huyeron de mi, también. En el caso que me vino a la cabeza, literalmente salí escapada de la casa de alguien que había amagado con escapar y a quien el primer fin de semana coloqué las llaves de mi coche frente a su expresión enfadada, a media noche, señalándole la ubicación del parking y liberándola de la tortura en la que se había introducido por causas que ni recuerdo ni tenían mucho que ver conmigo. Estábamos lejos y le cedía mi medio de transporte. No me importaba. Como casi nada ahora...

Hay mucho ego enorme y suelto, por ahí. Y desconocido y mal gestionado. También hay mucho capricho regalado [y personas caprichosas, evidentemente], algo de tiranía y egoísmo.

Por todas las partes implicadas, que yo también me incluyo y trato de comprenderme y saber por qué me condiciona tanto lo que otros hacen de mi, conmigo.

Lo que de momento he decidido no admitir son los insultos. En esa dinámica ya no juego. Puedo entender miles de cosas: el tirón nostálgico, el miedo a lo irreversible, la llamada de atención y de emergencia, cuando la soledad estrangula, el enfado y la frustración ante las expectativas, los reproches consiguientes. Pero el respeto es básico y la educación se da por supuesta, como el valor en la guerra. El diálogo, incluso el silencio, es preferible a un "vetealamierda", por ejemplo...

No está resultando nada fácil eso de Garriga y conjugar el verbo amar con el adjetivo bien. Qué difícil encontrar el equilibrio, la confianza, la ilusión, el respeto, la pasión. Todo junto, en la misma persona, como en el chiste. ¿Verdad?

domingo, 10 de abril de 2016

Las cosas sucedían sin mi participación...

Lo dice Julieta, en uno de los momentos cruciales de la última peli del director manchego, que coloca una copa de vino en todos los planos en los que resulta verosímil. Un guiño a su tierra, imagino. Me he identificado con ella, la protagonista, y con su voz en off, su cara triste y su alma devastada. Una no se identifica con esa frase miserable si antes no ha dado muchas vueltas por el fondo de todo y supongo que pasará desapercibida a la generalidad, por esa misma razón. No somos tantos, al final, los tocados...

De pronto, dejas de participar en el cada día, en tu propia vida, en la de los demás. Y de repente, sin darte demasiada cuenta, solo quieres salir huyendo, escapada, revuelta y con el desorden en el pelo,  pero no tienes idea de a dónde, hacia qué ni siquiera por qué te está pasando todo eso a ti, precisamente, curiosamente. La vida va siguiendo y se mezclan el día y la tarde con la noche insomne, miras a través de alguna ventana, sin ver, puede ser otoño, o no. Se te pierde la mirada. Tal vez llueve, quizá resbalas lágrimas o se escapa una mueca que ni siquiera sabe, alcanza a ser sonrisa.

Apenas existes, quizá solo sobrevives sin ser consciente de nada y no intervienes ni participas, no opinas ni juegas y te arrastras, dejándote llevar, permitiendo que otros se ocupen de ti, de tu viabilidad, de perpetuarte, procurando que las emociones no se presenten, que ahora no hacen ningún bien. Supervivencia. Y nada más. Fluctúas. Malvives.

Confieso que he ido sintiendo eso, igual que las ganas de correr estando sentada en mi propia mesa. Todo sigue en bucle y yo no he llegado, no he terminado, no puedo parar. No es el final porque este caos no puede serlo y trato de llenarlo mientras se vacía. Inquietante, el proceso. Lo aseguro. Lo lloro con lágrimas pequeñas, como sin querer. Yo, que no sé llorar más que en casos de auténtica desesperación...


Empecemos por las primeras partes de todas las cosas...

Hace nada que hice de nuevo algo por primera vez. De hecho fueron varias las cosas, recién soñadas, planeadas y sonreidas. Mucho tiempo sin sentirme creativa, creyendo que ya no quedaban fantasias por cumplir, ilusiones que perseguir, cosas nuevas. Y de pronto la sorpresa, toda la maquinaria en marcha, mi fuerza comprimida en un solo objetivo. Conseguido.

No me pregunto si habrá más. Ni siquiera sé qué será de mi en un par de días. Como si la historia, el riesgo, no fueran conmigo o para mi, como si afectaran a terceros. He decidido que va a ser mi oportunidad, ahora que sé que a las mujeres profesionales de más de sesenta deben matarlas, porque no están en puestos visibles. El camino es largo y nos creemos que tenemos tiempo, cuando nuestras vidas son pura anécdota y se vuelan de manera mediocre, sin dejar grandes rastros. Será la oportunidad que proceda y será aqui o no. No puedo saberlo. En realidad, sigo mi camino y todavía no me he sentado a decidir hacia dónde ir para concentrar toda mi ilusión en conseguirlo.

No importa si el paseo es largo. Me da igual. Me orientaré a resultados y seguiré trabajando todo lo que ha de venir, con cuidado y sin perder de vista que la voluntad es poderosa para conseguir lo que nos proponemos. Cuando tenga tiempo escribiré mi mapa de vientos, mi hoja de ruta, mi plan de acción. Y nada va a detenerme. Incluso si decido huir...

jueves, 7 de abril de 2016

Cansancio, fuerzas, engaños y dragones...

Cansa un poco ir contra la corriente, todo el rato. Es como si todas las fuerzas universales ejercieran presión sobre mi, como si los vientos se levantaran de pronto y chocaran contra mi cara o las olas mutaran en tsunami en mi orillo. No me doy cuenta y algo sale al revés, por no decir mal. Podría entrar en detalles pero no voy a hacerlo.

Solo tengo que recordar la puñetera cruz cósmica, visualizar la imagen de colores, recordar la frase final y sonreir con una mueca timida y algo incrédula. No pasa nada. Es normal. Sigue tu camino, explora, vive y aprende, continúa, nada te detiene, nada te retiene...

Un fuego. En el alma. Un juego. Interminable. Fuego y juego. Era un juego de palabras para un título de un post. Pero ya pasó el momento, surgido a 300 kms a la ida de mi viaje último y ahora puedo obviarlo.

He decidido practicar activamente la gratitud y recordar las tres mejores cosas del día, agradecer lo más trivial aqui y que en otros lugares es puro lujo y tomar consciencia de cosas tan básicas como sentirse bien, poder hacer deporte, ser movible, poder moverme de geografía, estar pasando esta etapa rara como de película que no comprendes pero que te divierte y es útil y ayuda, al final.

Dicho esto, incompleto, veremos que no estoy engañando a nadie, ni siquiera a los dragones de fuego a los que de todas maneras es cuasi imposible despistar. Y lo digo con conocimiento de causa: mi particular dragón de fuego, encantadora compañía y compañera, oyente paciente, siempre me pilla...

miércoles, 6 de abril de 2016

Sapiosexualidad...

Me pregunto seriamente si es posible amar a alguien solo por su físico. No hablo de atracción o deseo. Me refiero a amar, compartir y proyectar con alguien vacuo y sin criterio. Sin duda soy mucho más de inteligencias, de mentes, de esas que atrapan y ya no hay nada que hacer porque es imposible liberarse de la atracción y el enganche. Por mucho tiempo.

A pesar de que hay cabezas que, en efecto, atrapan, sin piedad, algo de maldad, ningún miedo a las consecuencias y a las cicatrices que dejan a su paso, dónde nunca más vuelve a crecer la hierba o a surgir una sonrisa o aparecer la confianza. Esas también enganchan, sí. Odio pensar que pueda haber dolo, en algunos casos que he tenido que vivir en los últimos años. Pero hay comportamientos que parecen imposibles.

Me gusta hablar de mentes sanas. Respiro hondo. Me cuesta mirar hacia adelante y no sentir un poco de vértigo. Hay tantas cosas que no quiero...

lunes, 4 de abril de 2016

Yo sí soy de dulce, aunque tú no...

Cuando bebes, no mezclas. ¿Verdad? En mi caso, adoro estanqueizar. Y no mezclo. Raramente. Si lo hiciera, estaría [más] loca. Me ha costado decenas de reproches, hasta que decidí que no aceptaría más. Ni sobre este tema ni sobre casi ningún otro. Ya no tengo edad ni me interesa y he decidido vivir única y exclusivamente mi vida, con mis normas. Aunque eso haya puesto en riesgo muchas cosas. Ahora me reprochan y arrugo un poco la nariz, me retiro unos centímetros, me elevo de la conversación y me voy alejando. Con el mentón en alto. Como muy digna. Me parece una enorme falta de respeto. Y por ahí, ahora, tampoco paso.

Tener compartimentos estanco puede ser muchas cosas pero la más importante para mi es que es una suerte de respeto, incluido a mi misma. Cuando me introduzco en un paraíso, sea el espacio o la compañía, procuro que nada venga a perturbar la paz. Ni la mía ni la de quienes, en cada caso, me acompañan. A quienes acompaño yo, que a veces la compañía es el mejor de los regalos. Me parece de mal gusto mezclar aunque, ya se sabe, a veces es imposible evitar las interrupciones. Pueden ser múltiples los motivos e incluso a mi se me escapa la agenda, a veces, o el control de los hechos.

También es cierto que me alejo poco del teléfono porque existen remotas posibilidades de que las personas sobre las cuales siento responsabilidad necesiten ponerse en contacto conmigo en mis momentos de libertad, felicidad, descompresión, meditación, deporte, socialización y otras cosas que forman parte de mi paisaje diario. Pero ese mismo teléfono acostumbra a permanecer totalmente inactivo mientras no le dedico pequeños momentos de fiesta, generalmente para responder asuntos prosaicos como el trabajo. Y cada vez menos. En eso también he conseguido operar un cambio de costumbres.

No tengo idea de la razón por la que me meto en este jardín de intentar contar mi relación estanqueizada y mis pautas de comportamiento durante mis fines de semana, cuando en realidad he venido aquí a explicarme a mi misma que me siento como deshinchada y un poco apagada desde que esta misma mañana terminó mi visita al último paraíso, que ha transcurrido en un lapso de 60 horas que ha resultado ser perfecto, en todos los sentidos. Seguramente el sentido más intensamente vivido [si hay que elegir] haya sido el gusto. Sí. Por muchas razones, especialmente por lo dulce...

Aquí está todo...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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