Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Quizá porque son poco útiles...

Parece que en vacaciones me aburro. Como no voy acelerada, todavía duermo peor que en condiciones normales. Pienso millones de cosas y no puedo poner ninguna en práctica. Quiero moverme, hacer vida normal, vivir. Espero que haya sido la doble festividad y que mañana termine todo, cuando retomemos lo cotidiano, a pesar de no regresar al trabajo, como los niños. Estoy inquieta. Extraña. Desconcertada. En stand by de cosas que desconozco y que presupongo, aún sin saber de destinos ni de finales ni de comienzos. Es todo extraño, como yo estos días. Desubicada, desplazada. Participo y me veo en cuenta atrás, de nuevo equipajes, carreteras y kilómetros, espero que el frío que no está aquí me lo encuentre allí. Casi todo se me escapa, como las ganas de vivir estas fiestas...

martes, 25 de diciembre de 2012

Y me han mirado con cara rara...

A veces se olvidan sensaciones: esperar una llamada y comprobar compulsivamente que la línea funciona; chequear una y mil veces seguidas que la cuenta de correo sigue vacía y que no han llegado las noticias o las respuestas porque hace solo dos minutos que mandaste el último mensaje; la primera cita y quién se atrevió primero a pedir el número de teléfono; esperar una voz que no se conoce, un acento especial, un timbre algo nervioso y una conversación cuasi vacía; estar pendiente del reloj, del calendario, de la cuenta atrás, para acercarte a ese café, a un encuentro, a una larga charla, un fin de semana. Y vuelan mariposas y te pones nerviosa y te tiemblan las manos y la voz y el pulso, se seca la boca y se incrementa la sensación de ridículo.
 
A veces una piensa que todo eso ya no va a volver. El tiempo es implacable y los estragos aparecen de improviso, cuando parecía todo tan tranquilo. De pronto eres una persona diferente, que nunca fuiste; y hay líneas de expresión, colores de cabello, hay que alejar el objeto a observar o que leer y para conseguirlo los brazos se extienden hasta doler; desaparece el fondo físico y la musculatura que alguna vez estuvo; adolescentes que te repasan y te dan mil vueltas, hiperventilas mientras intentas aguantar con alguna dignidad bajo un sol de justicia y una temperatura de playa, a pesar de ser diciembre, qué diciembre tan cálido. Pero es inútil. Es la edad invisible, la de la autoestima desaparecida, el pensar en mantenerse a flote sin grandes cambio y, por supuesto, sin mariposas a mil kilómetros a la redonda, como con órden de alejamiento.
 
Es una época triste, para qué negarlo. Como la de la Navidad. Época de miedos y de nostalgias por lo que aún no se ha perdido pero que sin duda tiene fecha de caducidad.
 
Una observa a su alrededor, como en modo panorámico, en silencio. Y el resultado es una confusión y mucha nostalgia porque se comparte lo evidente con aquellos que deben ser y mientras tanto hay quienes se quedan por el camino. Y no decir de la nostalgia de no estar dónde se quiere en compañía de aquell#s a los que sin dudas prefieres.
 
Es una época triste, de noches largas e insomnes, de planes sin grandes metas y con desconciertos y un poco de miedo, que yo el ritmo del 2012 no creo que pueda aguantarlo dignamente... El día que dejéis de necesitarme me iré a vivir fuera de aqui...

viernes, 21 de diciembre de 2012

Paréntesis breve, inter fiestas...

Las vacaciones escolares son una bendición. Cuando se suman con los años y en el tiempo y te descubres disponiendo de seis semanas libres al año, el panorama se distiende. Hace poco, en una de mis etapas críticas, me planteé "comprale tiempo" a mi superior jerárquico. Me lo regaló. Hubo un evidente cambio de prioridades en mi y decidí que tenía que sentarme en el suelo, ir al parque, preparar papillas sanas de color verde y dar todo mi cariño [que no anda escaso, precisamente]. Y así fue, aunque seguro que pudo ser mejor. Cuando te quedas sola y tienes dos responsabilidades, te asustas, empequeñeces y flaqueas. También adelgazas, mucho. Pero remontas y engordas y ahora cosecho resultados. De nuevo el cambio de ciclo y de prioridades y ahora ya es todo distinto. Tengo un objetivo claro y me dedico tanto como me dejas. Y conste que me dejan poco, me ponen mala cara y hasta me reprochan. Eso quienes tienen otras prioridades o quienes no quieren reconocer las mías o tienen otras necesidades. En fin. El 2013 va a ir como un tiro. En una u otra dirección, seguro. Y espero que la compañía no falte así que todo el mundo será más que bienvenido...

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Es para estar agradecida...

No tengo ni siquiera la más leve de las percepciones, ni lo recuerdo de tanto en tanto, ni tan solo una sensación accidental. Nada. No siento que sea Navidad, que haya que ser feliz [lo soy, pero lo de siempre, lo normal, espontáneamente], intercambiar regalos, estar junt#s, ni que me empujen a celebrarlo todos los rincones iluminados de esta ciudad húmeda y cálida hasta ahora, en diciembre. Me sobran las chaquetas, los resfriados y los soles de invierno. Me falta la nieve y la lluvia, la nevada anual que todo lo colapsa y rompe las rutinas. El frío.
 
Este año es de cambios y de primeras veces en una vida frágil que tendemos a dar por supuesta, sentada y sabida. Hace un par de días me dediqué a agradecer que mis piernas funcionen, igual que mis órganos [no estoy enganchada a la diálisis, mis dietas pueden ser normales y contener azúcares]. Puedo distinguir nítidamente los colores, leer letras y adivinar objetos a distancia. Estoy sana y fuera de un hospital. Puedo pensar y tengo memoria, mis huesos están íntegros y fuertes y soy capaz de percibir olores y sabores, cosa que aporta grandes satisfacciones. No soy muchas cosas que podrían limitarme y restar calidad a mi vida. Y, sin embargo, no nos damos cuenta...

martes, 18 de diciembre de 2012

Y las mariposas, a veces...

Otra vez una noche tropezada y dividida en tres. La desolación y el silencio que me empujan a acelerarlo todo y meterme en la ducha, la impaciencia, se multiplican por mil cuando suena el despertador y se incrusta en esa zona pequeña que tenemos sobre la nariz, entre las cejas; ese lugar que se frunce con el paso del tiempo y las inquietudes. No son preocupaciones, en realidad. Ahí se instalan algunas tristezas, nervios y sobretodo todas las risas.
 
Ayer le pregunté hacia dónde iba yo. Con semblante serio confesó no saberlo y yo me dibujé como dando vueltas sobre mí misma, en inútiles círculos concéntricos. Da el pego porque, como camino deprisa, parece que tengo muy clara mi dirección, mi destino, cuál será el futuro. Por mucho que trabaje lo de las debilidades y hayamos tomado conciencia común de las fortalezas que nos hacen invencibles [ya será menos, claro; pero es positivo pensar de esta forma], sigo sin saber con exactitud. A veces me atrevería con todo y me comería medio mundo. Luego me atraganto, me asusto y me quedo en el sitio.
 
Creo que hay posibilidades. Venga, acércate. Atrévete. Deja otra señal, unas letras, una voz. Ni nos imaginamos lo que nos espera, cuánto vamos a divertirnos hablando deprisa, pisándonos la vez y la voz, comenzándolo todo, atreviéndonos...

domingo, 16 de diciembre de 2012

Avances y retrocesos...

Soy pensadora, curiosa, difícil de comprender, escritora encriptada y otras tantas cosas. Soy, también, alguien que dejó de fumar hace algunos años [no soy, sin embargo, de las que cuentan los minutos desde que abandonaron la adicción] y quién esporádicamente añora con nostalgia el gesto de tener un cigarrillo entre el índice y el corazón de la mano derecha [soy diestra, por desgracia para mi] y llevárselo a la boca en intervalos cortos para inhalar y exhalar un humo caliente que contiene centenares de productos químicos que afectan a nuestra salud. Vale. A veces me gustaría volver a fumar. Lo reconozco. Es improbable que lo haga pero me gusta lamentarme mientras lo recuerdo. Tengo un carácter adictivo y sé que debo andarme con ojo. Con todo, incluidas las personas. Me engancho y lo hago con relativa facilidad y hasta la médula. Suele ser recíproco, por fortuna. Me encantan los post que comienzan por un me gustaría porque ya destilan calma, porque transmiten la ilusión que conlleva el fin de la frase para quien escribe...  Hace unos meses decidí cambiar de hábitos. Ahora aprovecho el tiempo de aviones y trenes para estudiar temas atrasados o nuevos. Antes solía perderlo, el tiempo. Y se me hace increíble todavía valorar el rendimiento y los resultados, el impacto también. Avanzo en mis fortalezas, por ejemplo, igual que conozco a fondo mis debilidades, que procuro matizar, al menos. En fin, lamento el caos pero es que dispongo de poco tiempo y hago tres cosas a la vez... Soy, al fin y al cabo, caótica. Y géminis...

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Un momento de silencio...

Tengo treinta minutos para mi entre el momento en el que se vacía la casa y en el que conviene que empiece la ducha. Una reunión de tutoría a primera hora con el padre del vástago promete alguna risa y un poco de ansiedad. Aquélla la proporciona el que fue, ésta el tutor. Y es que me resulta incomprensible el grado de dificultad al que se enfrentan ahora los chicos y las chicas; no recuerdo que fuera tan complicado, que requiriera tantas horas. Ni siquiera la Facultad me resultó tan caótica como ahora, que los convierte en arqueólogos de la materia en busca de la elaboración de los mejores apuntes del mundo. Lo veo como una pérdida de tiempo. En cambio, seguimos sin saber debatir o hablar en público, como si no fuera crucial en una vida. Sin que nadie rectifique, cada vez que legislan al respecto. Y mira que lo hacen con frecuencia, pero nada. Un olvido tras otro, un error endémico nacional. Sirve para hacer los más espantosos ridículos en entornos plurinacionales. Los españoles no necesitamos badge...

Todo va bien. Y sin embargo siento que se me despierta algo en el estómago. Un poco de pereza ante el próximo avión. Algo de rutinario en ciertas conversaciones. Como un vacío aquí delante, un camino cortado, la carretera en obras yendo hacia ninguna parte. La sensación no es de miedo ni de preocupación, solo de vacío. El que precisamente yo no puedo permitir ni quiero permitirme. No hay queja, nada que perturbe una plácida existencia. Quizá de tan plácida ahora, aburrida. Todo es subjetivo y las agendas no tienen por qué parecerse o llenarse a la vez o entenderse igual.

Tengo treinta minutos hasta que vaya a entrar en la ducha y hoy, en lugar de pensar con el volante entre las manos, conduciendo por inercia y conversando telefónicamente, me he sentado aqui, en silencio, en blanco, para saber cómo estoy. Me sorprendo un poco porque debería haber dejado la impaciencia por ahí caída y sin embargo...

jueves, 6 de diciembre de 2012

Teatros y alertas...

Un regalo. Dos entradas. Una obra colorista, explosiva y alegre. Vigilia de puente, en el mejor de los casos. Un repaso mental a l#s probables acompañantes. Repito el repaso. Tengo que esforzarme más. Tiene que haber alguien en mi misma ciudad, sin compromiso, a quien me apetezca ver, disponible. Venga, esfuérzate. 

Qué triste que la respuesta sea: nadie.

Definitivamente, algo no va bien. La parte intangible e inmaterial gana por goleada. Y una vez leí que eso era malo, señal de alarma, aviso de mal funcionamiento.

Confieso preocupación y esta vez no voy a negarlo...

lunes, 26 de noviembre de 2012

Hablando de ética...

Supongo que a algunas nos debe pasar. Me dicen que no se me entiende, que mis posts son difíciles, para mentes privilegiadas. No sé si estar de acuerdo. Es cierto que soy opaca de manera forzada y aquí las razones no importan. Es así. Pero creo que hay cosas inteligibles a la primera, evidencias y hasta planteamientos plagados de obviedades. Siempre me ha sucedido y ahora ya llevo dos blogs a mis [anchas] espaldas [de nadadora] y muchos años por aqui (creo que más de diez pero, como suelo reconocer, el tiempo se me hace de mal contar, como por falta de interés; es otra historia...): la gente llega con curiosidad y, me tarevo a decir que con interés; según el caso, se lee un gran número de entradas y se hace una composición y llega a conclusiones. Comenta, atrevida, durante una temporada que suele ser corta. Y desaparece después de establecer una cierta relación de proximidad, con intercambio de correos y, en el mejor de los casos, algún encuentro puntual. Todo eso salvo honrosas excepciones de gente que decide permanecer. Y permanece.
 
A veces quiero creer que la palabra clave es la siguiente: disponibilidad. Cuando una está disponible está abierta a planes, citas, correspondencia y largas conversaciones. Cuando una no lo está, tiende a esconderse, a no propiciar futuros inciertos, interesantes. Hay quien decide disimular su indisponibilidad y avanza hacia cualquier parte, sin saber el lugar al que se dirige. Yo lo he visto, yo lo he hasta padecido. Pero, suerte o desgracia, no tod#s somos iguales y hay quien opta por una determinada honestidad. No abandero ninguna causa ni se me llena la boca de anécdotas, mucho menos de felicidades, pero generalmente tardo muy poco en advertir de esa falta de disponibilidad que suele terminar con todo, excepto en los casos en los que el interés trasciende y supersede cualquier otra opción. A mi me gustan estas cosas, ver las reacciones de las personas, tratar de entenderlas, buscando por qués y tratando de aplicar la empatía.
 
Decía que mis posts son difíciles y raros. Quizá haya conseguido explicarme, excusarme. En este AVE que parece ir más lento que nunca antes...

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Otra vez...

A rachas y a trompicones. Las cosas van a fases y etapas y la que abro en estos días no es solo la navideña, que acostumbro a vivir intensamente y a celebrarla con un [para mi] largo asueto. Y blanco. En la etapa que estreno comienzan los madrugones otra vez, los aeropuertos y los taxis y las camas de hotel [que nunca he abandonado, en realidad], las muchas personas relacionadas con asuntos tan diversos a los que hay que adaptarse deprisa, las ausencias de la mesa del despacho y de las salas de reuniones; luego vendrán las urgencias, los recordatorios y hasta las exigencias. No puede ser de otra manera. Puede parecer imposible pero está llegando un momento extraño en el que se acumulan temas y se inician novedades que mejor llamar primicias, por la inexperiencia mía y las ganas que quiero ponerle. Nunca prometí nada. Siempre hay reuniones pendientes. Largas conversaciones y, al final, la certeza de que siguen quedando diferentes puntos por tratar y la incertidumbre de la próxima vez, entre viajes, en medio de las ausencias bilaterales. Me desplazo breve, me muevo deprisa. Pero eso no le sucede a todo el mundo, que debe tener otras obligaciones, atender distintas exigencias, aprovechar los días de calma y alargar, permanecer en lugares y tiempos. En cambio yo... apagaré un despertador a las 04:00 para seguir durmiendo un par o tres de horas más tarde camino al sur y deshacer el camino volado otra vez de noche, incorporándome tarde a lo que debe ser una jornada normal en la vida de mis descendientes. A Dios agradezco que puedan permanecer sin tutorizar y yo tranquila...

jueves, 15 de noviembre de 2012

De la primera vez, de grupos que cantan y de otras adoraciones...

A una le perforan el alma una vez. La primera. Y todas las demás veces ya no son nunca la misma ni la inicial y más sentida. Simplemente te enamoras y pierdes hasta la esencia mientras todo va sucediendo, el cerebro se adormece temporalmente y tu cuerpo padece reacciones químicas, biológicas y físicas impunemente, sin previo aviso. Hablo de la primera vez, del primer amor. Quizá se olvida. Tal vez. Y se revisita de tanto en tanto, cuando la adolescencia entra en grises, como en borrador y todo se ha ido modificando de manera que nada es real sino el producto de los matices subjetivos. Pero de buen rollo, se altera. Se olvida quién protagonizó esa vez primera y, sin embargo, los sentidos permanecen casi intactos, aumentando, deviniendo imposibles. Puede ser que todo lo demás sea una copia, un intento de regresar, retrotraerse, recuperar. Todo.

Iba a hablar de relaciones asimétricas por la edad pero voy a abstenerme, de la misma manera que no quiero referirme ni al lápiz de Ikea ni al pistacho [es un estribillo popular de una canción de un grupo mallorquín llamado Antònia Font; me gustan. También los Manel y Anna Roig i l'ombre de ton chien y nada -me gustan- algunos otros que no es necesario decir, ¿para qué? si todo es tan subjetivo y carente de valor, a veces; con lo que deben esforzarse, los pobres, para salir adelante para que venga una idiota a dar opiniones que nadie le ha pedido, vamos...] o a los malos humores y las tensiones que se acumulan alrededor, con cuerpo, con alma, nombre y apellidos.

Visualizo la siguiente habitación de hotel, tan familiar, tan céntrica, tan fácil hacerla mía. La cordura se mantiene con ciertos hábitos, como el de llegar, buscar el lugar en el que el trolley negro y rígido de vértices redondos pueda mantener sus dos hojas abiertas, deshacerla inmediatamente después de los primeros besos detrás de la puerta: el necessaire [tremendo en esta lengua, ¿verdad?], colgar las pocas prendas que lo requieren, sacar los zapatos de sus bolsas de viaje, volver a dar abrazos y besos, enredarme en un hombro y, por fin, descansar, sabiendo que la vida me regala algo más de 48h. y que voy a compartirme completamente, a obsequiar, dejarme vencer por varios placeres distintos que van desde el gastronómico pasando por el cultural sin olvidar el más físico de todos. Extraño a veces esa gran ciudad y perderme por sus barrios, locales y enormes calles. Nada que ver a cuándo la visito por mis obligaciones profesionales. Nada.

Odiaba ese lugar. Ahora adoro volver...

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Thoughts...

Se me está desordenando el caos. Es probable que sea materialmente imposible. Pero el mío tiene vida propia, actúa por su cuenta y es cierto que la palabra se queda corta para describir el interior de mi cabeza a día de este hoy que ya acaba.

Sucede en raras ocasiones, así que ando desentrenada.

Funciono por compartimentos estancos, perfectamente sellados. No hay fisuras ni escapes. Y así -con un mucho de organización no improvisada- voy transitando con cierto éxito [el éxito lo determina cada una, en este caso; me refiero -en el mío- a un más que aceptable grado de satisfacción, por ejemplo] por todas y cada una de las facetas que me forman y, por lo tanto, completan. Y hasta complementan, vale.

Solo ocasionalmente todo se mezcla y en mi cabeza se produce un cortocircuito. Me manejo mal, en esos momentos.

No sé si comprar el primer vuelo que salga hacia California y empadronarme ahí o bien pedir a gritos que me ingresen en algún hospital, me pongan una vía y me administren propofol durante un par de semanas y me dejen aislada, sola, hasta que los circuitos neuronales vuelvan a estar comunicados y recupere mi salud mental. Y las ganas de un millón de cosas.

Uno de esos largos días en los que valoras seriamente si serás capaz de seguir adelante...

jueves, 8 de noviembre de 2012

Me gustaría decirte algunas palabras...

Como decía... el tren...
 
He visto el otoño y todos los viñedos de color y entre la lluvia. Aquí las estaciones van a otra velocidad y se nos están avanzando. He ido en su busca lejos dos veces y las dos he fracasado: me he adelantado, contra todo pronóstico, también. No han empezado la poda y los sarmientos están en su esplendor en tamaño y en plena decadencia por sus sinfonías en marrón y rojo. Ojalá el agua caiga y caiga hasta empapar dulcemente la tierra que ha reducido su productividad, alterando precios y mercado y obligándo a rehacer presupuestos. Es una ansiedad constante, esto...
 
Al salir, de noche, me he entretenido en escribir una nota en la pizarra de casa, con el ánimo de acompañar desde la ausencia, persiguiendo una presencia virtual y simbólica que haga un nanosegundo de compañía, justificando retrasos inevitables, con cualquiera de las combinaciones posibles e imposibles. Él ni siquiera vio la nota. Ella ha pedido que llegara antes. He charlado con el maquinista y no hay nada que hacer. Serán pasadas las diez y volverá a ser de noche.
 
Agradezco a los dioses que me tengan ocupada y sin posibilidad de pensar. En cuanto me descuido, recurro. Y no hablo de apelaciones, no. Me refiero a pensamientos de esos que te revisitan hasta aburrir, agobiar, saciar. Los pegajosos y los desagradables, ese estilo de pensamientos que una tiene cuando quedan cosas por hacer, palabras que decir, conversaciones pendientes y tanto por vivir a medias. Me veo recordando y, eso sí que no, ya no tengo edad para lamentos, remordimientos y disculpas. Ahora no...

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Los puntos suspensivos son sólo tres y van seguidos de espacio...

La serendipia ha hecho que hoy le ponga nombre a algo que hace mucho que sé de mi misma. Nada cambia pero es como dar cara a las personas con las que correspondes, por ejemplo: libera y da calma, al menos a mi. Confieso, sin embargo, que la fuerte atracción debe venir acompañada de piel. Y voy a dejarlo aquí porque es una anécdota, el tema, consecuencia de la casualidad... como ya he dicho.

El tren ha irrumpido con tanta fuerza en mi cotidianeidad, que empiezo a ser capaz de caminar entre vagones con naturalidad profesional, como si esos vaivenes que provocan los socavones que fueron noticia que abría telediarios y que a mi me hicieron jurar que jamás dejaría el aire, Barajas ni el Prat, porque la tierra era demasiado peligrosa, nos engañarían y alguna vez un largo tren acabaría deglutido. Como si esos vaivenes, decía, no fueran capaces de romperte la cadera mientras te colocas una enorme sonrisa que disimula el dolor físico, el del ridículo y hasta el amor propio maleado... Pasan los años y no suceden esas cosas, yo he cambiado de hábitos [jamás pensé en hacerme monja, por cierto] y padezco modificaciones físicas evidentes, que asumo con dignidad y tristeza.

Tengo el convencimiento de que cada día está lleno de infinitas posibilidades, sonrisas escondidas, retos, personas interesantes que te arrancan carcajadas deprisa en conversaciones arañadas, cada día está lleno de ti y de tus voces, los detalles compartidos y el devenir privilegiado de una época maravillosa que no acaba, contra todos los pronósticos que nunca ha hecho nadie. Vale. Un poco pastelero, queda. Pero, ¿qué quieres? Estoy destrozada...

lunes, 29 de octubre de 2012

Por si eres tú quien lo ha perdido todo...

Nunca me enamoraría de quien ha perdido batallas y espera en soledad a que lleguen milagros. No me gustaría sentir que rescato de los pozos y de las lágrimas y de las dudas más trascendentales. No querría abrazar a alguien que no tiene ninguna posibilidad de ser abrazada y es el último recurso, la única posibilidad y la vez final, que eso se nota. Lo cierto es que apenas sé enamorarme, más allá de responder impulsos ajenos, empeños y ganas. Me enamoré una vez, activamente y [como no podía ser de ninguna otra manera, perdón por la inmodestia] salió bien. Todas las otras, diría, me dejé y me consiguieron. Suena fácil lo que fue casi imposible. Y diría que imposible, sin el casi, si no conociera el final. Que me conozco. 

A veces me preocupa la imagen de intransigente que proyecto, absolutamente sin querer. O la de estricta. También la de impaciente y perfeccionista. No puedo comprender que todo eso, que es, se trasluzca tan clara y fácilmente. Quizá ell#s sean mucho más perspicaces de lo que aparentan y me tengan engañada. O no. Pero lo que me incomoda son los comentarios que acompañan el uffff de rigor. No sé si eso pueda tener arreglo, aunque lo cierto es que a los resultados me remito. Supongo.

Proyecto días a solas, lejos, con la cara bien alta y sin jugar al escondite. Que todo el mundo tenga la información y que nadie intervenga, incomodando. Nada de eso. Vivir de espaldas a todo tiene un precio. No compartir con nadie que el corazón revienta es una canallada. Y lo digo perfectamente consciente de las imperfecciones, de los no puede ser y de todos los es imposible que se me agolpan en la garganta mientras tecleo. Tendríamos que ser consecuentes, siempre, a todas horas. Caminar con la barbilla levantada de quien tiene todas las conciencias en calma, nada que disimular, nada que esconder. Mucho menos todas esas cosas tan bonitas. Menos enamorarse de alguien que ha perdido...

viernes, 26 de octubre de 2012

¿Precisamente ahora...?

Se me cierran los ojos, lentos. Y pienso que habrá sido el vino, las dos copas. Y recuerdo que la noche la pasé de tirón, aunque breve. Dos madrugones en cuatro días me tumban sin remedio, dos noches fuera, encuentros extensos y definitivos bajo presión y en cuatro idiomas, alternados con la naturalidad que solo las mentes abiertas son capaces de aplicar, sin necesidades de disculpas ni de falsas incomodidades. Tolerancia ante lo distinto y respeto por lo fácil para los demás. 

Se me erizaba la piel de los antebrazos imaginando y descubriendo que ese era también un lugar para quedarse, largamente, aunque sea tan inviable. El segundo en poco más de un año [¿qué me está pasando, por favor?]. Primera visita por trabajo al centro neurálgico del corazón del centro de las decisiones de esta Europa nuestra tan poco potenciada y a la que nadie respeta. Despidiendo el otoño porque, en efecto, están hoy en riguroso invierno y pasé verdadero calor bajo un cielo dolorosamente azul para unas retinas idénticas.

Procuro disimular el fastidio, los nervios, la pereza y el agotamiento de todas esas cosas por inútil en todas direcciones: ascendiente, descendientes y colateral. Una se calza una máscara superficial que va de pies a cabeza y convence mientras por dentro se corren maratones y todos los temores se agolpan en la epidermis, entre tantos pliegues. Hay, sin embargo, algún momento magnífico, sutil, como que un par de caballeros exquisitos se tomen todas las molestias por mostrarte algunos lugares inevitables y el Restaurante de referencia, entre paseos cálidos y vías adoquinadas y magnificentes como solo la centroeuropeas. 

Hay antes y después y a mi ese lugar me ha señalado la piel del alma, me he sentido sabiendo que habrá más, memorizando consciente el infinito y desconocido aeropuerto que, me temo, me visitará de tanto en tanto. Otro de esos cambios extraños que me suceden en estos últimos tiempos. Me asustan tantos frentes, no resistirlos o manejarlos mal, olvidar, perder, demorar... 

Lo que nunca fui, me descubro siendo...

miércoles, 17 de octubre de 2012

Hoy la proporción ha sido de 10 a 3...

Hoy ha sido un día especialmente raro, que comenzó muy temprano y me llevó al Madrid de los Austrias con esos parquets de madera con enormes separaciones entre lamas [se debe a que se instalaron con la materia prima todavía verde, me contaron una vez] que crujen escandalosamente a cada paso [más si es con tacones]. El día era precioso, hoy que decidí sacar la primera americana de invierno. 

Una no departe amigablemente de los objetivos, estrategias y hoja de ruta de una empresa grande con los Directores de todas las delegaciones de los cinco continentes, en busca de iluminación. Comida privada en un lugar público y visita rápida para tres [una impresionante biblioteca del siglo XVII]. Y reunión totalmente imprevista con La Coach de referencia en nuestro país para establecer la hoja de ruta de las vacas sagradas [anquilosadas, algunas] de la organización. No tiene precio que tu CEO te pida sinceridad para responder acerca de los puntos débiles del sistema, la cultura de la Casa y los compañeros miembros del Comité de Dirección. No tiene precio que insista, que -si es necesario- abandona la sala de reuniones para que nos sintamos más libres. Y contesto para alegría [no, más: la felicidad] de La Coach, que cree haber encontrado un tesoro, una fuente de conocimiento, una analista en tiempo real y me reclama para su equipo. Desde luego, los hombres que me acompañaban no son, precisamente, resolutivos y a mi es suficiente con sugerirme el tema para empezar a largar.

Hay días que son regalos, que son Navidades, que son cumpleaños y aniversarios. Hay días que merecen ser vividos intensamente para soñar que alguna vez pueden llegar a repetirse, si los astros vuelven a conjugarse y los escenarios y los protagonistas no mutan demasiado...

martes, 16 de octubre de 2012

Una presencia que persiste...

Ayer hizo cinco años que estuve en una fiesta y ayer se repitió una nueva fiesta para celebrar otro cumpleaños. Hablo de una de esas fiestas mezcla de gentes desconocidas que solo tienen en común el conocer a quien la organiza. Y eso es bien poco. Incómodo, si apareces sin acompañante, naturalmente. Hace cinco años me presenté con más reparos que otra cosa y me quedé cuatro horas, cerrando el local. De entre todos los asistentes, coincidí taburete alto con taburete alto en una esquina del salón, copa de vino en la mano, cierto nerviosismo y mucha timidez, con una mujer que me resultó incomprensiblemente interesante. De mi edad, regresada de una larga temporada en un potente país europeo, fluidez en varias lenguas, con alguna ingeniería que no recuerdo y expatriada de nuevo a su país gracias a otra poderosa multinacional del sector energético que ni siquiera me propuse recordar. Andaba en busca de marido para un ansiado bebé, que la naturaleza empujaba. Fueron horas agradables de conversación pausada entre coetáneas con vivencias comunes de quienes han crecido en un mismo lugar.
 
He podido seguirle los pasos discretamente gracias a nuestra común amiga y a ese maravilloso invento que [a veces] es el FBK. Para mi gigantesca sorpresa dio un giro inesperado, vio la luz y cambió de vida, dejando de buscar marido alguno. Hace dos años que se instaló en una relación física y espiritual intensa y [creo] vive feliz. Ayer la vi otra vez. El tiempo ha pasado para todos y reconozco que a mi me ha apisonado, pero no me lo pareció [feliz]. Ayer estuvimos [ni queriendo nos hubiera salido tan bien] enfrentadas, una en cada extremo de la mesa rectangular a la que nos sentábamos una veintena de invitados, en los lugares más alejados. Y, sin embargo, me tropecé varias veces con sus ojos azules. Lo cierto es que me apoderé de las risas de los no conocidos que compartían mi extremo de la mesa y su zona se convirtió en un lugar apagado y silencioso, aparentemente poco confortable.
 
Voy a reconocer que su recuerdo ha sido recurrente estos cinco años. Y que me cuesta apartarla de mi cabeza ahora que pienso que puede que pasen otros cinco años antes de poder volver a charlar con ella y ponerlos al día, como me apetecería... Pero no voy a reconocer nada más. Porque... ¿y si me lee...?

lunes, 15 de octubre de 2012

De hábitos e imperfecciones...

Queriendo cerrar etapas no hago más que abrir nuevos frentes. Sigo divirtiéndome tanto como me dejan y lo cierto es que encuentro serias resistencias para ello [para que me dejen]. Me gusta pensar que, a pesar de todo, esto es provisional, estoy agotando la fase y en algún momento el entorno va a cambiar para siempre y de forma rotundamente definitiva e irreversible. Mañana por la mañana voy a tener que recordar no ponerme perfume ni colonia, que esconde los olores y los matices de los vinos y ese sentido, el del olfato, es crucial en una cata a ciegas. Pasado me toca madrugar para seguir durmiendo en el AVE y regresar no demasiado tarde vía Barajas, después de haber dado un nuevo espectáculo en el que seguro que creceré dos palmos, de lo mucho que van a criticar mi presentación. Aunque sea en tono jocoso y constructivo, naturalmente, soy de las que procesa mal la crítica; aunque la acepto y la digiero, aún siendo de digestión muy lenta. Si hubiera nacido perfecta todo sería distinto; pero solo nací perfeccionista y eso, quien lo padece, sabe bien lo que es. Frustrante, por un lado; y te condena a vivir en un permanente estado de insatisfacción, por el otro [sic mi preciosa psicóloga blondie... hace una eternidad, claro]. Ahora que soy [tan] mayor y estoy cómoda en mi estado, no he mudado demasiado los hábitos pero reconozco que me he relajado. Y no me está sucediendo nada... 

viernes, 12 de octubre de 2012

La vida cambia de repente...

No puedo escribir más que tristezas. Maldecir esta odiosa distancia que yo no sé cómo vencer. Llorar que el hecho, las escenas se hayan repetido con tan poco tiempo de diferencia. Y que todo sea tan extraño, definitivo y traumático. Me ducho y al salir, mojada, un messenger telefónico entre BBs, antes de las 07:00: "... ha muerto. Me acaban de llamar". Pero... ¿cómo? Pero... ¿qué ...?

De pronto sabes que no fue accidental. Que la pareja estaba en crisis. Que ella tenía acceso a toda la medicación del mundo. Que era adicta a la famosa anestesia de aquel cantante que fue negro. Que tenía moratones por el cuerpo. Que él está bajo sospecha. Que todos esperamos a conocer la autopsia.

La vida cambia y empiezas a rebuscar en el alma-zen cuál fue la última vez que la viste, cuál fue el último encuentro fortuito, los planes truncados y los viajes que ya nunca serán. Los últimos besos y lo distante que estuvo en la última fiesta, como ausente, una mirada extraña y sin acabar de encontrarse cómoda en ningún lugar.

Yo te echaré de menos, tanto como maldigo estar tan lejos. Yo te recordaré de mucho en mucho al principio y de tanto en tanto después  Pero te seguiré recordando toda la vida. Que yo para esto es en lo único en lo que soy fiel...

Aquí está todo...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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