Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

lunes, 6 de abril de 2020

La felicidad en tiempos de confinamiento...

Esto no se lo esperaba nadie, aunque los astrólogos sabían que algo enorme y global iba a suceder, sin poder ponerle nombre porque las señales que interpretaban eran nuevas e impredecibles. Y acertaron.

No hago pan (todavía). No bajo al río a lavar sábanas ni muelo trigo. Pero estoy feliz en mi confinamiento, largo y extraño, sorprendente y útil. Los días vuelan por la ventana, duermo mucho y socializo, quizá más que nunca. La creatividad está disparada y va a la misma velocidad que mi cabeza.

Como predijeron, regresan personas del pasado y es un clásico que me roben sonrisas. Siempre he sido nostálgica y melancólica, así que ese gesto (el de reaparecer) me despierta ternura automática. Lo cierto y verdadero es que le veo la parte buena a todo este cambio de vida, que me ha dejado en tierra de varios aviones y algún tren, hasta quién sabe cuándo. Y me adapto, aunque haya momentos bajos, como en la mayoría de las casas de aquellos que no se pasan el confinamiento por debajo del arco.

Saber que todo está en orden y todos quienes me importan (mucho) a buen recaudo es una enorme paz, aunque la incertidumbre de lo que nos espera después sea como un gigante negro, con pelo y babeante que se tambalea sobre nuestras cabezas. Esto está sacando a la optimista que llevaba escondida media vida bajo el disfraz de realismo. De hecho, tengo el convencimiento de que todo irá bien. Y que yo me iré bien lejos de aquí...

sábado, 28 de marzo de 2020

Un poco de la nada...

Aprendemos a ordenar las horas de cada día, ahora que son tan parecidos o hasta repetidos. Jugamos con las diferentes opciones, tan limitadas, y elegimos alguna. A veces erramos, a veces hacemos descubrimientos maravillosos (Unorthodox, por ejemplo). Nos cansamos y queremos cambiar. Estamos tan descansados que bendito sea el ejercicio de (casi) cada día. Nos contenemos para no comernos toda la ansiedad. Y nos movemos. Conectamos con quienes están y también con los que hace tanto que ya no. Aparecen voces pasadas que siempre aguardaron en ese rincón especial y te recuerdan que sigue importando aquello que os unió. Tendremos que aprender a racionar las diferentes ofertas, por si terminan por acabarse antes de lo previsto; porque mañana no será otro día. Mañana será un poco más de hoy, alargado...

jueves, 26 de marzo de 2020

Inspiración y pensamientos pendientes...

Procuro encontrar inspiración. También éstos días. Quizá especialmente ahora. En personas, en momentos, en situaciones, en lo que leo y, sobre todo, en cómo me informo.

Dejo un párrafo aquí que me ha parecido bonito, especial, interesante. Leído por ahí, en ningún lugar. No es de autor conocido, pero lo entrecomillo igual para hacer honor a la verdad que no es más que mi no autoría de lo que voy a publicar:

"Meditar no es poner la mente en blanco. Meditar es aprender a escuchar qué hay adentro. Escuchar con atención. Conocer los lugares comunes de la mente. Conocer esos sitios favoritos donde siempre le gusta ir.  Los pensamientos son a veces insistencias de algo que tenemos pendiente, de cosas por hacer, de asuntos que nos generan ansiedad y hasta que no nos ocupemos de ellos, no van a desaparecer." 

Yo añadiría que meditar es pensar en quienes son o fueron importantes para nosotros, nos forman parte y nos pertenecen. Somos, también, un poco ell#s. A veces, son nuestros pensamientos pendientes.

Que cada cuál aprenda de quienes aparecen en su mente cuando cierra los ojos para editar y decida en consecuencia. Incluso, tan sutilmente como cuando a veces parpadeamos...

sábado, 21 de marzo de 2020

Dark times...

Romperé estereotipos y aprenderé optimismo, me dije hace poco. Y así leo las señales buscando que provoquen ilusiones y planes, sonrisas y ganas. Con la que está cayendo, son imprescindibles y las necesitamos en grandes cantidades, a todas horas de éstos largos días.

Proyecto ilusiones y, ante las incertidumbres, voy hacia atrás, en busca de momentos mágicos, cruciales, solo especiales. Y me veo y me recuerdo dando un paseo en el Central Park en otoño y con las manos en los bolsillos del abrigo. En una isla griega de unos centenares de habitantes, en una moto y sin casco. En algún lugar de los Alpes nevados, subiendo y bajando, con frío. La lista no es para dar ideas ni crear un catálogo de viajes sino para fijar los recuerdos y darles la importsncia que se merecen.

Hay un lugar que fue especial y que visité en un par de ocasiones. En la primera, me invitaron a tomar un papel de colores de entre muchos de los que había en un bote de boca ancha, por la que cabía perfectamente la mano. Salió uno azul, en el que se leía el siguiente mensaje, escrito a máquina: “vivir consiste en construir futuros recuerdos”.

Hoy, quizá como nunca, tome especial sentido. Hay que llegar con la memoria llena de bonitos recuerdos cuando toque mirar por una ventana desde una cómoda butaca y los perros esperen tumbados a mis pies a que llegue el momento...

miércoles, 18 de marzo de 2020

Que hoy no sea hoy...

Et recordo cada día. Intensament. I no me'n amago a mi mateixa. A la resta, sí. Ningú entendria res. Penso en tú dolçament i t'enyoro. Refaig converses i ens veig a llocs. Em penedeixo dels silencis, dels petons que no et vaig donar, de les carícies que mai no et vaig fer. Et miraria d'una altra manera, avui. Des de la maduresa i els aprenentatges, des de la tristor del que ja no serà mai més. Des de la pena pel que mai no va ser i la llàstima. No hi ets i és el fet més irreversible de tots. Inútil tornar enrere, la vida a vegades és impossible...

Hoy amanecí revuelta, forzada y rebelada. Hoy no quería que fuera hoy. Más allá del confinamiento, del desgaste emocional, de la repetición impecable de las palabras clave en los medios de comunicación malditos; más allá de todo eso, amanecí dispuesta a modificar los mil flecos que me desagradan, de mi entorno, de mí, de todos. Confieso no saber por qué lugar empezar. Refiero cansancio y desgaste (incluso pensamientos de muerte), que diría un buen psiquiatra. A veces, apetece pensar que ya no se puede más, que no hay ganas, que nada importa ni ilusiona. Y abandonarse a la vida, ponerse en sus manos. Incluso en condiciones normales. Porque esto de ahora, obvio, no lo es.

Alargo la vista en busca de algo parecido a las ganas y la ilusión. Y eso sí que está contenido, erradicado, vencido y doblegado. Intentaré esforzarme más. Aunque las sienes, que van por su cuenta, quieran estallar. Lo intentaré. Lo prometo...

lunes, 16 de marzo de 2020

Hay tiempo...

Es tiempo de un nuevo orden internacional, de nuevas reglas, de resultados distintos a lo de siempre.

Hay tiempo para pensar, actuar, redefinir, recordar y valorar. Ver si somos quienes eramos y lo que queremos ser.

Días de reflexión, interiorización (si podemos) y de hacer planes, de proyectar. De ver hacia atrás y pensar si es lo que queremos, lo que necesitamos y nos apetece de verdad.

Valorar si la vida que llevamos es la que realmente. De cambiar. De redefinir. Como cuando observas, atónita, que el error es profundo, de base.

Y rectificar. O no. Seguir con la vida equivocada. Por miedo, pánico, falta de alternativas. Cada cual a lo suyo...

sábado, 14 de marzo de 2020

Confinamientos...

A mi estar en casa me gusta. Mucho. Desde casi siempre. A veces porque huía de mis compañías, que tenían menos peso del que habría deseado. Y por eso mismo no las deseaba. Físicamente, quiero decir. Otras veces porque me permitía estar con mis descendientes y conmigo, también.

Me cuesta horrores comprender a quienes no saben estar solos y tampoco en sus casas. Es crucial estar bien contigo misma para dedicarse a los demás. Luego sucede que vas de cama en cama, de brazo en brazo, de ideal en ideal. Y no puedes gustar porque repeles, empujas y apartas. Horrible. Y suelen no entender nada, por supuesto. Y la autocrítica es inexistente. Hombreporfavor.

El confinamiento, por tanto, está siendo de momento un regalo para mí. Tiempo. Para mí misma, para lo que quiero, para leer, escribir, pensar mucho, informarme, participar con opinión y voz, soñar en la siguiente escapada lejos, súper lejos, o súper cerca, olvidar los billetes perdidos por fuerza mayor, sonreír y visionar visualizando nuevos escenarios desconocidos. También esto pasará. Naturalmente.

Pienso en los irresponsables que se creen inmunes, en los estúpidos que juegan al “estonovaconmigo” y no colaboro. Los que no conocen el significado de la palabra imprescindible. Me refiero a la potestad de moverse estos días, por supuesto. Ellos son absolutamente prescindibles. En mi vida, al menos. El número de imbéciles es infinito y a mi me toca conocer a algunos. Una desgracia. Y a esos no les cambia nadie. Versos libres. Protones sueltos. Mis malos deseos para ellos. Y mis arcadas...

domingo, 8 de marzo de 2020

Miedo...

Hay quien ama en tiempos de cólera. O en tiempos de miedo. A la fragilidad, a que se rompa todo en mil pedazos, a la sorpresa de no adivinar ni verlo venir, al abandono. Miedo a que el cincuenta por ciento salga corriendo al girar una esquina, a media noche, cuando sople una brisa. Porque sí. Mucho miedo a las mentiras, a las medias verdades, a los olvidos. A la falta de confianza y a amar desconfiando, sí.  Y hasta a las omisiones. Miedo terrible a no entender, a que falten palabras y explicaciones y conversaciones. A las palabras altas y a los susurros envenenados. Miedo a sentirse pequeña, sola, engañada, abandonada. Un miedo sólido y pesado, paralizante y congelado, enorme e intrusivo, inseparable. Miedo a fallar, no estar a la altura, hacerlo mal. Más miedo a escuchar que lo hiciste mal de verdad, que dolió, minó, acarreó consecuencias y provocó resultados. Miedo a haber dejado de saber amar, a la muerte de la emoción, al horizonte vacío, alargado y lejano. Miedo paralizante que ha podido con la espontaneidad, la fuerza, la valentía y la decisión. Miedo a no volver a ser jamás quien era, a no saber envolver en abrazos, comer a besos, leer la piel, oler y escuchar. Un miedo insólito, distinto, telúrico y ancestral. Un pánico al fracaso, a ver descender la vida sin haber aprendido a amar sin miedo. Miedo al miedo de no saber querer...

viernes, 28 de febrero de 2020

Miles de películas...

Hace siglos que uso el aparato de televisión como radio. Como si no tuviera altavoces para el espotifai o aparato de música. Hay días que empiezo cinco películas de plataformas a la carta y es imposible pasar del minuto diez. O gritan y se matan o susurran durante hora y media porque se esconden de los vecinos que quieren delatarles en pleno 1936. Empiezo en V.O. pero el inglés es como galés o australiano o van muy deprisa. Paso al castellano y el doblaje es tremendo y en ese punto ya me desconecto y comienzo a buscar la siguiente peli. 

Me interesan temáticas de manera excepcional y no en genérico. A veces ni eso y por eso voy de peli en peli (para tirar cuando me toca) y rápidamente apago decepcionada (sentimiento recurrente en el último año de mi vida) por no haber sido capaz de encontrar algo mínimamente interesante a lo que asirme y desconectar de este silencio entrecortado solo por mis acúfenos...

jueves, 20 de febrero de 2020

Sí, quiero...

He tenido la suerte o la desgracia de ser la pequeña de una gran familia numerosa (eso sucedió antes de que el mundo se hiciera pedazos). Pero podía haberme pasado igual siendo la única mujer, el hijo sandwich, la mayor o la hija única. Indudable que la infancia y el entorno en el que se desarrolla es crucial. Pero también lo son la genética y la predisposición. Y hasta el aire que respiras y los paisajes que observas de niña. En algún momento me llegué a saber los porcentajes de cada uno de esos elementos pero, francamente, los borré. Como a tantas personas y recuerdos, por ejemplo.

Decía todo eso, antes de que se me fueran los dedos a sobrevolar el teclado sin dirección, porque hace días que pienso en un aprendizaje que alguien me regaló hace años y que, visto en perspectiva, ahora, adquiere una importancia impensable.

Fui una persona caprichosa que en la adolescencia y la juventud jugueteó con sentimientos propios y ajenos, provocando y padeciendo celos, tirando y aflojando relaciones, comenzando y acabando a voluntad, sufriendo a veces y deduzco que haciendo sufrir. Eso que ahora sé totalmente insano y hasta inadmisible era mi moneda de cambio. Vergüenza siento ahora al recordarlo. Tanta como gratitud con la maestra que, de un golpe seco en la nuca (es un símil, calma), me sacó de ese bucle enfermizo que, deduzco, podía venir de mi modo de interactuar con mi ascendiente materno. Con toda probabilidad. Tenía que esforzarme mucho entre tanta gente en casa para que me prestara atención y demostrara que me quería.

Decía, de nuevo, que recuerdo haber iniciado una relación a distancia (una de tantas... pero la importante, básicamente) y en mi soberbia supongo que decidiría tratarla como a las anteriores (relaciones). Para mi, la anormalidad era normal. Para ella no.

Y decidió hacerme saber, de algún modo directo pero sutil, que esos juegos inmaduros de criatura malcriada no funcionaban con ella. Y verbalizó en un frente a frente lo que no le gustaba, lo que no quería, lo que no esperaba ni de mi ni de nadie, ni de su compañera en la vida ni de su amor. No puedo recordar los detalles (me perdonaréis pero tengo la mente ocupada en otras cosas) pero voy a concluir el relato diciendo que me enseñó que mi forma de ser (en aquél momento) no era de recibo y que, fácil, había que elegir. Muy fácil. 

Si quería estar con ella, tendría que comprometerme a no más juegos, a estabilidad emocional, a un cierto compromiso (atrás Satanás!!! qué palabra horrible para mí...!), a ser seria en mis promesas, a avanzar hasta dónde nos llevaran la vida, mis descendientes, nuestros ascendientes y los kilómetros que nos separaban.

Respondí que sí. Me formateé. Me hice adulta emocional y nunca más jugué a que la cuerda se podía estirar a límites arriesgados. Si estaba implicada en la relación, lo estaba. Si quería terminarla, no había más que decirlo. Y así nos relacionamos durante muchos años. Y nunca podré agradecérselo lo suficiente...

miércoles, 19 de febrero de 2020

Cierta liberación...

Los días se deslizan lentos, cargados, como a plomo. Y me siento sedal y caña de pescar y anzuelo, que se hunde. Se suman [los días] para formar semanas y en breve se cumplirá el mes, por ejemplo. De cuando el destierro, la expatriación y la expulsión, del cambio, la sorpresa y la decepción. Pena. Enfado. Frustración. Muchas cosas que leo en libros de autoayuda barata de magufos de moda que se hinchan a vender libros repletos de frases hechas. Hablan de vacío, duelo, culpa, tiempo. Y hasta de cómo sobrevivir a todo eso y a la soledad. Y voy trazando planes, miro hacia delante, respiro pequeñas bocanadas y doy pasos breves, cortos, cerca, a medio gas. Y avanzo, de algún modo...

Un saludo cordial...

Como antes. Hay cosas que vuelven a ser. Y redacto textos con la mente mientras camino esta ciudad, concentrada. Luego no recuerdo nada porque mi memoria a corto es así, precisamente: muy corta. Como yo. No recuerdo ni el nombre de las personas nuevas, aún sabiendo lo importante que ese dato es para cada uno de nosotros y la rabia odiosa que me da que confundan el mío. Cosas de mi ascendente femenina y su numerosa descendencia del mismo sexo. Y el caos [también emocional] que ese detalle nos causó a todos. Y así me fue, ayer, por ejemplo, cuando treinta y cinco mujeres [sí: 35!] se presentaron con nombres propios. Bueno, ya advertí que no pensaba esforzarme y que me disculpaba de antemano por los errores. Pues no! Acerté justo con la que decidió retarme. [Era fácil: embellecía el lugar. Cómo olvidarla a ella, justamente?].

Y así, hay cosas que están regresando. Como la rutina de venir aquí cada día. Siempre tuvo efectos terapéuticos escucharme, leerme, exponerme en el anonimato. Y eso que nunca moví un dedo para que viniera mucha gente, por eso: porque es bastante mío, para mí. Y para las cuatro almas que volvéis de manera regular y silenciosa. Un saludo, queridas...!!

martes, 18 de febrero de 2020

Algunas veces...

A veces, alguna vez, se anegan las cuencas de los ojos y se entrecorta la mecánica que permite llenar los pulmones. Visión borrosa, sudoración en algunos puntos del cuerpo, movimientos rápidos y sin sentido. Imposible pronunciar una palabra, al menos yo me desenredo mejor los nudos del pelo que los de la garganta, que me salen dobles, de seguridad náutica. Alrededor: oscuridad. Hacia delante: incertidumbre. Pensamientos de muerte, de fracaso, inseguridad y derrota. Te ocupas los tiempos muertos con cualquier cosa y se dan paseos infinitos, como si quisieras llegar a Grecia por tierra y mar, del tirón, sin parar. Se come porque no hay otra.

Algunas veces el esfuerzo por encontrar aquello que te devuelva la esencia, lo que pueda servir de aliciente, traer de nuevo la sonrisa (ni siquiera pienso en una carcajada, claro) y permita mutar la mueca horizontal que llevas vestida entre la nariz y la barbilla desde hace ya demasiado. Negocias contigo misma con lo más material (un bolso? Un reloj? Algo que tenga ruedas y no contamine?...) y te regalas lo más espiritual que se te presenta. Vale, pues me retiraré, me darán de comer cosas buenas, me quitarán el alcohol y harán que me mueva en lugares dónde no hay nadie Se ocuparán de mi. Y de M. Que se viene conmigo...

sábado, 15 de febrero de 2020

Recomenzándome...

Empiezo a reconocer los procesos. Me está costando, como siempre y porque hacía tiempo que no lo sentía igual. Mucho tiempo, a decir verdad. Este vacío, la falta de ganas, el ostracismo de querer estar encerrada en casa. Cada cosa que hago y las que dejo de hacer siguen un camino que ahora no veo. No pienso. No planeo. Es más, estoy asustada y no me atrevo a tomar decisiones. No me siento fuerte, ergo me noto muy frágil.

Voy del enfado a la tristeza. Poco me muevo de esos dos extremos. Intento entenderlos, cada uno, por separado. Y procuro aplacar el ego, que siempre acaba perdiendo en estos casos. Y el orgullo, también lo retengo un poco. Pero mal. Nada de eso aplicaría ahora. Ni ego ni orgullo. No ahora ni hoy. Lamo mi autoestima como puedo. Y creo que no sé hacerlo muy bien porque sigue ahí, hundida.

Intento recordar que este proceso particular tiene una duración corta, que puedo reponerme rápido, que todo habrá pasado pronto y que volveré a tener fuerza, podré tomar decisiones, ver las cosas con claridad y empezar el olvido. Me veo en el pasado y sé que fue así y lo volverá a ser. Porque cuestionarse las bases de la vida es difícil y pasa factura y arrasa. Pero después se renace. No tengo idea de si recomenzaré más o menos yo, todavía...

Euphoria...

Adoro marcharme. Y me encanta volver. Aunque tenga que disimulármelo. A veces (como ésta vez) no regresaría y de hecho en el avión intenté negociarme a mi misma para convencerme de que tenía una lista larga de motivos. Conste que no hubiera vuelto.

Pero, ya que estamos, me encanta haber vuelto, provisional, planeando los siguientes viajes: lejos, cerca, por obligación, por pasión. Alguien me preguntó si existía alguien a quien no le gustara viajar... Pero muy seria. Y yo con la euforia de recontactar con quien de verdad necesitaba conexión.

Casi tan seria lo dijo como quien me ha preguntado si en mi opinión un determinado comportamiento era correcto. O normal. No recuerdo. Sería el caso de alguien que, a los pocos días de conocerla, le habló de matrimonio. Y muy pronto dejó el cepillo de dientes y algo de ropa en su casa. Y se refería siempre al destino, a compartir vida hasta el final, de cuidarse. Pero de pronto, a la primera adversidad, corta toda relación. 

Le dije que no. Que sonaba a inmadurez.

Hay quien vive en una farsa. Como aquella que, tras una intensa vida entre mujeres, de pronto recuerda que lo cómodo es lo hetero y que mejor regresa de dónde vino. A una relación con un hombre. Y esta vez me pregunto yo si hay valor para contar todo el pasado y quedar desnuda. O si se calla eso para siempre, condenando la relación a la opacidad de los sentimientos y la propia esencia.

Les deseo suerte a todas las implicadas. Les va a hacer falta...!

viernes, 14 de febrero de 2020

Invierno, de nuevo...

Y toca limpieza. De contactos en las diferentes redes. De relaciones estériles. Influencias tóxicas. Y presencias irrelevantes. También vaciaré agenda de gentes interesadas en relaciones de una sola dirección. Incluso de aquellos que no han sabido notar que eran necesarios y no estuvieron cuando se les echó de menos. Esos personajes, esa raza... Si. También borraré a los que no han aprendido que todos necesitamos sentirnos amados. A quien no pensó más allá de sus necesidades y aún no ha llegado a estudiar nada de la F de felicidad. O de la G de generosidad. Desaparecerán de mi horizonte los egoístas, irrelevantes, aburridos y maleducados. Limpiaré mi vida y la prepararé para la primavera. No veo el momento de que vuelva a ser mayo y me encuentre con la agenda vacía, sola y renovada...

miércoles, 12 de febrero de 2020

Concluyo...

Que es muy inútil seguir construyendo sueños que nunca llegan porque me los cambian rápido. Voy a dejar de compartirlos, así me hago con el control y su gestión. Es evidente que estar pendiente de otros tiene riesgos que ya no tengo intención de asumir. Vía libre.

También concluyo que a quién le vaya a corresponder quitarme lo bailao va a tener trabajo. Esto empieza a acumulárseme. Cosa de la edad y su correspondiente transparencia, asumo. Es cinismo, sí.

Todo parecía cambiado y muerto pero sin embargo...

domingo, 9 de febrero de 2020

Apuntes de acá...

Aquí las parejas heterosexuales no pegan. Son de contrastes extraños. Un bajito con una mujer muy alta, otro elegante con alguien más vulgar, ella arregladísima y él en playeras. Son sorprendentes, la mayoría. Aún no he encontrado a nadie que no adore el dulce de leche, el mate y el asado. Son abiertos y angloparlantes, tienen acento dulce aunque no quieran y saben vivir en la incertidumbre dedicándose a lo que haga falta. Y se tatúan. Mucho.

Son solo unas notas para no olvidar, llenas de tópicos y bastante inútiles pero en días como éste suele suceder que se me mueven los pensamientos, se me despiertan los dedos y las ganas de escribir, como siempre en modo automático, sin preparación previa ni guión. Ni nada. Abro la nueva entrada, veo la pantalla en blanco apagado y comienzo a pulsar letras, que se van sumando (como diría Lareth...).

En realidad tengo mucho que decir, pero aún discurre ahí arriba, en forma de relato, a partir de cosas que veo, con quien hablo, lo que escucho y algunos recuerdos. Saldrá, lo sé. Y será bello...

sábado, 8 de febrero de 2020

Un poco de resumen...

Borracha de sensaciones y primeras veces, me doy cuenta de que todas las búsquedas llevan al mismo lugar: compartir y compañía. Son el denominador común de nuestra infancia, lo que nos mueve a encontrar y nos empuja a salir ahí afuera.

Me desenvuelvo mejor de lo esperado [siempre fui una optimista contrariada] y me concentro bien en lo que tengo entre manos para no caer en la trampa de chapotear en el barro del pasado o soñar como una niña en lo que ha de venir.

Hago planes, sin más. Me concentro en lo que me apetece de verdad y no espero ni me entretengo porque ya no quiero distraerme del objetivo final. Y camino por lugares nuevos, hablo poco, sonrío mucho pero apenas río, me tocan a cambio de una contraprestación económica y me tonifico. Cuido lo que como porque lo dice la ayurveda: no tengo otro lugar en el que vivir. Sigo sorprendida el cumplimiento de la mayoría de las predicciones anuales y veo con inquietud no disimulada que se acerca una nueva cita, lo que significa que se cierra una etapa de 365 días de nuevo.

Adoro cómo hablan y cómo piensan. Es inevitable que me atrapen otras maneras de vivir...

jueves, 6 de febrero de 2020

Hemisferios y diferencias breves...

Aquí anochece después, hace calor y es otra estación. Los espacios son muy grandes y van algo después en determinados avances. Viven despacio y hablan con desgana, arrastrando sílabas, vocalizando poco y son más dulces, se apoyan en muletas muy tópicas. Hablan displicentes, perdonando. 

El sol quema intenso, la gente me mira a los ojos y la comida es muy real. Los horizontes quedan lejos y las nubes son marcadas y ampulosas, exageradas. Los niños juegan con cualquier cosa en la calle y a veces familias de tres se desplazan en un ciclomotor. Hay pobreza y no consideran la higiene una prioridad.

Una se puede acostumbrar a las sonrisas y a preguntas cándidas. A todos nos gusta que nos amen, al fin y al cabo...

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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