Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

jueves, 7 de diciembre de 2017

Shen o un relato erótico... Capítulo VI.

Boca abajo me siento segura. No va a poder repetirse la escena increíble de la primera vez, el momento imposible que se ha ido fundiendo de tanto repasar, recordar, visitar. Esta vez estoy a salvo, suspiro y cierro los ojos, llenándome de calor, música, luz anaranjada y aroma de sándalo y vainilla.

Comienza su masaje por las manos. Es tan incómodo que un desconocido te haga caricias en las manos, que siempre pienso que mejor que sea breve, esa parte del cuerpo. Brazos y antebrazos. Hombros.

De pronto, sin ninguna lógica, sus manos se detienen sobre mis tobillos y muy despacio separa ligeramente mis piernas. Me resulta muy extraño que decida hacer la mitad inferior antes que terminar la superior, que no ha ni comenzado. Sus motivos tendrá, pienso.

Y siento sus dos palmas de las manos boca arriba y en horizontal tratando de colocarse bajo mis caderas, en paralelo, con la fuerza suficiente para que me abandone, me deje dirigir y la suavidad de siempre. Es Shen...

La adivino detrás de mi, en la parte inferior de la camilla, de pie. Pero no puedo verla. Y noto como tira de mis caderas hacia arriba, hacia ella. Todo muy a cámara lenta, como soñándolo. Y la toalla que me cubre va subiendo hacia mi espalda, dejando mis piernas entreabiertas al descubierto, y ella sigue guiándome y cambiando mi posición. No pongo resistencia pero tampoco serviría de nada. Fuerte y segura, avanza hasta colocarme con las rodillas sobre la camilla y mis brazos estirados en paralelo sobre mi cabeza.

Completamente expuesta, sé que está ahí detrás, observándome, esperándome, provocándome, sorprendida. La siento respirar. Noto sus caricias suaves y lentas, cómo conquista un centímetro tras otro, la forma de ir y venir cuándo y dónde menos la espero. Sopla ligeramente, de arriba abajo y me estremezco con un suspiro involuntario, preludio de lo que he de sentir, que la anima a seguir un poco más. Y me visita primero con los dedos, en caricias cortas y breves, y después con los labios, húmedos y calientes, que abre despacio pero por completo hasta envolverme toda. Y después, todo a la vez. confuso, sorprendente e inesperado.

Me remuevo sobre mi misma y mis labios la buscan porque necesitan besar, como respuesta, como sensación, no como sentimiento. Pero ella sigue ahí abajo, introduciendo sus dedos índice y pulgar alternativa o simultáneamente, el anular, imposible reconocer nada, con sus movimientos sutiles y ágiles, su tacto, sus manos, combinándolos con sus labios y su lengua, que creo que aparece a ratos.

Me encantaría que la historia hubiera sido más larga, dejarla hacer, ser capaz de resistirme, controlar. Imposible. Con Shen es materialmente imposible...

lunes, 4 de diciembre de 2017

Shen o un relato erótico... Capítulo V.

La decisión tomada, a pesar de todo. Y de las dudas y los miedos. Imposible seguir con esta incertidumbre y el enorme desasosiego que aprieta mi garganta y ralentiza mi respiración, además de perder mi mirada. Estoy idiotizada, desde la última vez, desde la primera. Me enfrentaré a eso, a lo que tenga que ser, a lo desconocido, a tenerla delante, porque no tengo alternativa, no puedo pensar en otra cosa, porque lo necesito. De verdad.

Me desnudo al miedo y me enfrento a esa batalla de desconciertos, fragilidad y vergüenza. La mente juega fuerte y me recuerda posicionamientos éticos y morales que siempre consideré sin dudar y que ahora se volatilizan cada día, lentamente. Quiero volver a sentir sus manos en mi piel. Fin.

Mi paseo cotidiano me deposita suave y lentamente ante su puerta, como tantas veces aunque no hubiera vuelto a entrar. Me tiembla un poco el pulso y temo que se note pero me presento en recepción, ese lugar pequeño con un mostrador de madera oscura de teka y superficie rugosa, cortinas naranjas y aroma de vainilla. Me despierta los sentidos estar ahí afuera, me alerta y acelera el corazón y el pulso. Me siento profundamente viva. Pregunto por Shen y reservo un tratamiento de sesenta minutos. No sé cuál y no me interesa.

Ojeo con displicencia una revista poco reciente sentada en un cómodo sillón bajo con los pies sumergidos en agua caliente y espuma. Mi alma congelada les da las gracias. Ni rastro de Ella, pero aún quedan diez minutos para el cambio de turno, para que sean en punto, para volver a verla. Media vida. Pienso. No quiero imaginar y he decidido dejarme llevar sin esperar nada. 

Los minutos se arrastran en mi reloj digital, en la pantalla de mi teléfono, que reviso continuamente, compulsivamente, en el reloj de pared que tengo frente a mi vista. Todos van despacio. Oigo los pasos de varios grupos de dos, saliendo de sus cubículos, lentamente. Se despiden y yo, mientras, me coloco en mi sillón, nerviosa. Oigo cómo pagan, se saludan, se despiden, la puerta al exterior se cierra varias veces y suena la melodía de las campanas tibetanas, conversaciones en una lengua oriental que desconozco, silencios, alguna risa.

Y mi nombre.

Escucho mi nombre y comienzo a levantarme y a recoger mis cosas, con la mirada baja, dudando entre quedarme y salir corriendo de ese lugar, respirar el aire helado y olvidarme de todo, de Ella, de esta borrachera de sensaciones extrañas e inexplicables. La veo frente a mi con la última vocal de mi nombre suspendida entre sus labios sorprendidos, menuda y sonriente. Le devuelve una mirada cómplice a mi sonrisa tímida, no disimulo mi sorpresa y mi alegría, feliz al darme cuenta de que me ha reconocido. Me señala el camino hacia su habitación y comienzo a caminar sintiendo su presencia en todos los rincones de mi espalda. Sé que es imposible pero he comenzado a temblar.

Con gestos y la misma sonrisa me solicita que me desnude y me tumbe boca abajo en la camilla, sale y me da un par de minutos, insuficientes para acabar de desvestirme, así que cuando entra me encuentra colgando mi ropa interior en una percha de detrás de la puerta. Tengo los brazos levantados y estoy desnuda. Me observa desde los ojos a los pies y se apresura a acercarme un albornoz y sugerirme con su mano derecha que me tumbe. Boca abajo, repite.

Me acomodo, me cubre con dos mantas y siento el calor de la camilla en todo el cuerpo. Cierro los ojos con la intención de potenciar mis otros sentidos ante lo que ha de venir. Escucho la música tranquilizadora, respiro el aroma de madera y sándalo y sus manos algo frías sujetan dulcemente mis tobillos mientras me pregunta qué es lo que necesito.

Necesitar. Fácil respuesta, entonces.

Le contesto titubeando que me pongo en sus manos, he tenido una semana dura y estoy contracturada, en general. Que haga lo que vaya notando, de manera improvisada. Me vendrá bien, seguro. Que no se preocupe. Se acerca a mi cara sonriendo y asintiendo. Hará lo que pueda, dice...



viernes, 17 de noviembre de 2017

Shen o un relato erótico... Capítulo IV.

Debería olvidarlo todo pero no puedo. Simple y cotidiana imposibilidad para los individuos con caracteres dependientes. No hay más. Toda lucha para modificar algo deviene innecesaria ante una realidad así.

Y me doy cientos de argumentos para no acercarme a ese lugar. Para no entrar por esa puerta de madera oscura y escuchar el ruido dulce y opaco de una campana tibetana que da la bienvenida entre silencios y músicas y luces anaranjadas. Cientos de excusas para no oler a vainilla y sentir el ambiente cálido de una temperatura perfecta cuando ahí afuera [y en mi alma] hiela. Para no sentir los nervios de esperar a ser atendida, de entreverla en cualquier rostro ahora que sus facciones se borraron un poco de la memoria, de tanto pensarla, de las semanas que han pasado desde la única, la primera vez. Cuando todo cambió para mi.

Paseo, a veces, mis tiempos muertos y cada vez, siempre, acabo frente a esa puerta. Con la esperanza y la ilusión de coincidir, de volver a verla, de observar su rostro y sus manos, su forma de andar lenta, cuidadosa, en calma. Pero nunca se ha producido esa casualidad. Y sigo pensándola. Con fuerza y algo de vergüenza, sí...

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Shen o un relato erótico... Capítulo III.

Han pasado muchos días desde esa primera vez y confieso que la recuerdo de manera regular, porque me atrapó los sentidos, ella y la sorpresa. Pienso a menudo si hice bien dejándome, si debía abandonarme o hubiera sido más adecuado poner límites, hacerme la fuerte, disimular ante la primera invitación de ese gesto inesperado e íntimo. En frío todo parece simple, fácil y evidente. Pero cuando regresas a esa pequeña habitación de luz tenue y anaranjada, música relajante, aromas que estimulan y su piel...

Muero por volver. A sus manos y a sus silencios, a dejarme hacer y sentir. Quiero volver, sí, y, sin embargo, la vergüenza me entretiene. Me aterra entrar y que no esté o que esté pero ocupada o que estando y libre no me recuerde o no vuelva a ofrecerse para un masaje. Y entre tanto los días van avanzando hacia el frío y las noches largas y las manos heladas dentro de los bolsillos del abrigo.

Quiero volver ahí como nunca he podido querer nada con la misma intensidad. Ni lo recuerdo, un deseo así. Que vuelva a mirarme a los ojos y a acariciarme el ombligo y las piernas y la cara interior de los muslos, tan suaves, tan despacio y tan dulcemente. Desde entonces me ha sido imposible llevar una vida normal. Y me lo repito para ver de convencerme y cargarme de razones y fuerza. Olvidar.

Veo su rostro alzarse entre mis rodillas flexionadas, buscando mi mirada y sonriendo tras mi expresión arrebolada, incrédula, tímida, avergonzada. La veo y la vuelvo a ver, como veo mi propio deseo y una agotadora atracción [nueva e indescriptible] por una desconocida que, me recuerdo, le ofrece lo mismo, probablemente, a cualquiera que se tumbe en su camilla. Me permito pensar que es "probablemente" y con eso me siento un poco mejor. No puede ser, tampoco debe y tendría que empezar a guardar en la memoria esa experiencia, para revisitarla alguna vez, en el futuro, cuando necesite de recuerdos...

miércoles, 25 de octubre de 2017

Shen o un relato erótico... Capítulo II.

La mirada perdida por el techo. Boca arriba y con las piernas flexionadas pero juntas, para cerrar y apretar y mantener todas las sensaciones. No existía el tiempo, yo incrédula y feliz, la expresión arrobada aún, la mente perturbada y debatiéndose acerca del bien, el mal, huir sin ser vista o quedarme a vivir en ese lugar.

Shen, por Dios...

lunes, 16 de octubre de 2017

Era una mujer...

Era una mujer tan interesante.
Que leía.
Libros.

Era una mujer tan interesante.
Que, en los tiempos que corrían,
Leía.
Libros.

De papel...

lunes, 2 de octubre de 2017

Shen o un relato erótico...

Cambiamos. Todos y todas. Aunque no queramos ni lo sospechemos. Yo misma cambié recientemente. En un momento de entre hace dos años y uno y medio. Quién sabe el día exacto? Le importa a alguien la fecha? Qué más os dará... Mirad, mirad. Ahí se produjo un click insonoro, apenas perceptible por fuera y tan crucial dentro.

Soy amante. De los masajes también. En uno de mis paseos por la ciudad, esa ciudad mediana y con mar que roba corazones, encontré la ya ahora frecuente tienda pequeña regentada por mujeres orientales, con buena señalética, mucho branding y mejor marketing aún en los pequeños ventanales. Necesitaba una pedicura permanente y urgente, así que me decidí a entrar. Como siempre, la respuesta fue un sí. Al atraco de presentarme sin hora previa, de pedir un servicio largo y entretenido, de encadenar peticiones. Añado un masaje de pies. Lo veo. Siéntate aquí mismo, que ahora te atendemos. Ahora mismo. Mismo. Con servilismo medieval y sonrisas en el rostro.

Aparece una mujer, ni muy joven ni lo contrario, melena lisa y morena, brillante, delgada y elegante. Poco habladora, como sucede con los que no dominan un idioma. Ensimismada en silencios particulares, comienza su trabajo. Precisa y rápida, hábil y decidida, haciendo lo que ha hecho antes cientos de veces. Es su trabajo. Termina pronto la pedicura, impecable, y comienza el masaje de pies, el normal que va incluido, de poco más de un minuto, cuando acaban el servicio. Wooouu! Pienso que esas manos son buenas de verdad. Y de eso también entiendo... Y su compañera, viéndome cerrar los ojos y recostar hacia atrás mi cabeza con cara de paz, me informa: deberías probar sus masajes completos. Son impresionantes... Y lo deja ahí, sabiendo que no podré resistirme, que caeré en su tentación.

Estoy con la guardia baja y los pies van unidos a un cuerpo que siempre, siempre agradece cualquier caricia, así que sucumbo a la propuesta de una buena oferta. Sin mucho pensarla, en realidad. Sin malicia ni intención. No tengo prisa, hay tiempo y no me faltan ganas: me sobran. Nos cambiamos de espacio y entramos, juntas, en una estancia decorada en colores tierra y luces ténues, dónde huele a incienso intenso y a aceites esenciales y la música zen lo llena todo. Cortinas de gasa que ondean siguiendo los movimientos del aire que se desprende de la chica, que prepara un poco y deprisa lo que va a necesitar. Cómo te llamas? Shen, responde con la mirada baja y una pequeña sonrisa, como solemos hacer las tímidas...

Me indica que me coloque boca arriba y comienza su masaje por los brazos. Sigue despacio por el cuello y se desliza como por sorpresa con las dos manos entre mi pecho, rodeándolo, con fuerza y cuidado, dejando siempre al descubierto mis pezones, que no toca ni por un accidente, con un profundo respeto por esa zona considerada sagrada por contener lo que se cree más importante del cuerpo: el corazón. Manos de ángel, sin duda. Dulces, ligeras, firmes, sutiles y sensuales. De piel fina y cuidada. Sin respiración, cierro los ojos, más fuerte que antes. No he sentido nada. No he sentido nada. 

Entra en modo silencio y concentración y trabaja un poco mi barriga; me dice, brevemente, que lo suyo son las piernas. Pero ya estoy abandonada a mi suerte, a sus manos, a nuestro tacto cuando se juntan las dos pieles. Y ella sigue. Y sigue. Mis cuadriceps y las rodillas, sus manos arriba y abajo, uno de sus dedos se escapa deprisa, solo por un segundo, en uno de los pliegues de mi ingle derecha. Como sin querer pero con toda la intención. Como si fuera casual, para que yo sintiera eso y nada más. Pienso que es mi imaginación, que aquí no está pasando otra cosa que un masaje normal. Normal. Pero ella sigue. Dulce y enérgica, subiendo y descendiendo, siempre y todavía por mi pierna derecha. Repite el movimiento en el lugar que nunca debería tocar y lo alarga un poco, bajando la velocidad, deteniéndose un segundo. ¿Uno solo? Eterno. 

La sensualidad del lugar, de sus caricias, la sorpresa, la luz y el deseo... No puede ser y es imposible. Menuda, mi mente. Ando sobrada de ganas. Por fin unas manos mágicas. Por fin.

De pronto, adivino su cara ahi abajo, sonriendo con una expresión nueva y una mirada especial. Sin hablar, me pregunta, me ofrece y pide permiso, acercándose lentamente y sonriendo a mis rodillas, que comienza a separar con sus manos, muy despacio. Sus caricias son dulces y decididas, amplias y circulares. Comienza a pasear todos los pliegues de mi mitad inferior, yendo y marchándose algunos segundos. Viniendo de la cara interior de los muslos y volviendo, cada vez más cerca, tan cerca. Empiezo a moverme, a acomodarme sobre mi espalda y a respirar deprisa, completamente entregada a la sorpresa y a la novedad.

Shen me adivina excitada e impaciente. Ni puedo, a esas alturas, ni tan siquiera quiero, disimularlo. La escena es simplemente exquisita y no puedo pensar en otra cosa que en vivirla intensamente, con ella mirándome a los ojos y compartiendo una media sonrisa que dejaba adivinar que no solo yo estaba a punto, jugando la partida. Y se aprovecha de mi urgencia y decide hacerme esperar, divertirse conmigo, someterme a sus ritmos y dejarme en sus manos. Se entretiene, cruelmente, consciente de su control sobre mi y del efecto que está provocando. Qué manos, dulces y pequeñas, fuertes y finísimas. Jadeo, sin ningún pudor. Muevo mis caderas buscándola, acercándome, mientras ella se escapa, se aparta, sabiéndome.

Se sonríe cuando decide incorporarse hacia mi, apoyándose en mis rodillas. Y se inclina muy lentamente sobre mi cintura separando sus labios húmedos en dirección a los míos, que se abren para recibirla mientras aprieto los dientes tratando de disimular un primer grito...

viernes, 29 de septiembre de 2017

Vuelvo a las andadas, como una campeona...

Sentada en mi nueva silla, entre nuevas paredes, ventanas y suelos, rodeada de objetos, sonidos y aromas nuevos. Instalada en mi nueva vida. Todo nuevo, todo por estrenar. Todo.

Hoy recordé que alguien conocido (cuyo nombre no recuerdo ni pienso buscar) opina que "de las grandes crisis surgen personas muy interesantes". Y todas las personas interesantes que conozco y forman parte de mi vida de una u otra manera vivieron ese crack en algún momento de la suya. Un crack silencioso y letal, a veces. Necesario o imprescindible, casi siempre. De agradecer, para la correcta renovación. Una oportunidad, al fin.

Como en los viejos tiempos, las antiguas ganas de escribir aquí (y no allí ni allá ni ahí, no...), con las prisas de siempre y los dedos sobrevolando mi nuevo teclado blanco y plata, para vaciar la alegría de lo que hay dentro, las ganas de salir volando a encontrarte y gas, ras a cualquier lugar, nuevo o antiguo, porque sabemos que el sitio es, casi siempre, lo de menos, como una resta.

Me sonrío por dentro y por fuera sin miedo a nada ni nadie sabiendo que se me hace tarde, tengo que empaquetar, porque nuevas camas nos esperan, hoy que hemos decidido que mañana volverá a ser verano, seguiremos con flip flops aunque le pese a alguien, nos llenaremos de arena y quizá vivamos un último (¿quién sabe?) baño de sal después de una guerra de palas. Total, después llegarán los mimos. Y el invierno blanco y el frío. Y se cerrarán los mares y las islas, hasta nuevo aviso.

Compartir es una palabra bonita, pienso. En todos los ámbitos. Pero mucho más bonita cuando reviso el significado de compartir vida y casi todo, ahora que los compartimentos estanco van fundiéndose en negro y se diluyen y se licúan. Tampoco esto está siendo fácil y, sin embargo, sucede. Un poco por sorpresa, otro poco improvisando y el resto porque era de esperar.

Como casi siempre, como antes, vuelven los párrafos inconexos y bastante incomprensibles (excepto para algunas eruditas que podrían ser mis biógrafas oficiales, a estas alturas y después de haber interpretado muy correctamente cientos de mis posts) para explosionar de dentro afuera y ordenar significados, sentimientos y sensaciones nuevos. O no tan nuevos porque ya duran y vienen de atrás, contigo...

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Luciérnagas y llaves...

Vuelve la Spark disc jockey porque la canción revolotea como una luciérnaga entre mis cejas desde que vi la película. Totalmente recomendables, ambas. Intensas y profundas y reales y costumbristas. Como si pudieras acariciarlas, a ellas, a la cantante. Mágicas. Como el lugar, de sofá enorme y blanco lleno de pareos, piernas tumbadas, abrazo y cabeza recostada, corte de circulación en un brazo, cambio de posición, corte de respiración. El sol se puso, hay alguna nube negra, de contraluz y algodón, azul petróleo, sin lluvias. Sólo tú, y sólo yo. Y algunos jadeos entre respiraciones profundas y cortas, a nuestro lado. Se escapan caricias, sin ninguna prisa.

Te cambié unas llaves. Porque me diste las tuyas, hace tanto, ya. Que abren puertas y media vida. Con el tiempo y mucha ilusión te he dado otras, llenas de esfuerzos, recién hechas, recién recibidas. Porque si se dan se espera que se entre, se esté, se siga ahí. Porque es un placer extraño tenerte dentro del bolso, que puedas entrar sin hacer otra cosa que una breve llamada que nunca espera respuesta. Es un aviso, la advertencia, la sonrisa que es preludio de todo lo demás. Entra, pasa, quédate. Estás en casa. Y deja que te de algunos besos de esos de "estebesoesdeaquellosdetequieromucho, verdad?", mientras nos sonreímos tan cerca...

lunes, 25 de septiembre de 2017

Estoy porque quiero...

Nos empeñamos en aferrarnos a este verano largo, azul y verde, de impresiones. Con los pies dentro del agua, flip flops y playa. Porque no nos apetece mucho darle la bienvenida al otoño recién estrenado. Los días son largos, apetece Aperol y no hemos gusrdado los bañadores ni los shorts (los de ayer ya nadan en aguas limpias, gracias a Dios...). Las pieles vuelven a estar morenas después de estos tres días regalados a esta época pacífica, sin apenas estrés y compartidas, en tantos sentidos. Inmersa en tu tierra, tus lugares, tu gente, en ti. Nos empeñamos en buscar todos los momentos de intimidad y, si nos la rompen, lo acusamos. Nos aferramos a cualquier detalle, a todas las cosas que nos gusta valorar, y nos vamos viviendo con la naturalidad que da el compartirse. Con calma, alegría, ilusión y planes que se atropellan en busca de sus cosas nuevas. Infinidad de opciones cuando coexistes en el mismo lugar y siempre, porque todo se elonga, se desparrama y el tiempo también. Sobretodo cuando eres feliz. Sobretodo cuando puedes confiar. Sobretodo, sobretodo cuando no hace falta estar alerta porque, es muy simple, estás porque quieres estar. Y eso es lo más encantador de la vida, creedme...

martes, 19 de septiembre de 2017

En cambio yo...

Eres un espacio abierto, 
Un globo lleno de oxígeno,
Un paisaje.
La ilusión,
Las risas y la alegría.
La solidez de una presencia y
Las ganas de vivir.
Proyectos,
Futuro y la confianza ciega.
Alguien que improvisa
Con paso firme.
Y luz.
Toda la luz.
Un mar en calma y
Animales en libertad,
La experiencia y
Mil aprendizajes.
Eres carácter y fuerza
Y ganas de comprender
Lo incomprensible.
También eres paciencia
Y calma, nada de
Prisas que aconsejan mal.
Olvidaba que eres respeto
Y lealtad, compromiso
Y que apuestas al largo plazo
Porque el corto no va contigo.
Casi siempre eres la roca
En la costa enfurecida,
Resorte y asa.
Eres el lugar al que volver y
Donde sentirme en casa.

En cambio yo,
Sueno a la cursilería de cuando me dedico a imaginar que hago poesía. Sin saber ni como se hace una simple rima...
Y aquí sigo...

viernes, 8 de septiembre de 2017

Paraísos...

Se nos pegaba la posedonia en la piel de las piernas, en los pies. Y se secaba. Caminábamos descalzas sobre arena de playas blanquísimas que cantaban música que a su vez daba nombre al lugar. Sabíamos a salitre y nos escocía la piel al contacto con una fina tela pero encontrábamos agua dulce en lugares imposibles para quitarnos de encima la sal. Comíamos en cualquier rincón encantador, vivíamos sin horarios, improvisando, vistiendo sólo un pareo. Sólo. Y unas sandalias porque algo debe impedir las quemaduras de la arena caliente. Nos empapamos de verde cristal y azul esmeralda un poco turquesa. Literalmente. Flotamos durante días, sin prisa ni ganas por regresar a nuestra base y secarnos. Nos dejamos llevar en horizontal por las figuras geométricas variables e irregulares que el sol refleja sobre fondos cristalinos y limpios de oscuro y me cegué. Hexágonos, octógonos, algún rnorme trapecio, dándome la mano quitamiedos. Nos tumbamos al sol tantas horas, contándonos, cantando y escuchando silencios. Nos mirábamos, antes y después de la serie de disparos. Y buscamos caracolas blancas. Navegamos recuerdos imborrables y entradas a puerto irrepetibles, vientos, velas y enormes motores. Siempre el sol de cada día. Constante como un amor eterno. Invariable como todo lo que nunca cambia. Puestas de sol de las que pueden parecer mentira y noches negras de manga corta y copa de vino. Nos reimos a la cara, leyéndonos los ojos líquidos, llorando de risas imposibles, hipos y toses. Incluso a solas, con el recuerdo. Corrimos los rincones que necesitábamos vivir, dejando de lado lo que no servía y excusas para regresar alguna vez como quien vuelve al lugar del crimen, cabizbajo por la pena del tiempo pasado. Y, lo mejor, cada noche, una tras otra de entre tantas seguidas, nos devolvíamos a casa para seguir viviéndonos...

jueves, 3 de agosto de 2017

No importa...

...si es en el epicentro de la Cataluña de interior, rural, árida, seca. O sobre una piragua en un lago en calma, sin una sola ola hasta que llegan los vientos. Encima de un pueblo suspendido entre rocas, asentado sólidamente entre viñas, por los siglos. Tampoco si es en uno de esos afterwork en la playa de casa o en esa tan cercana en la que no es necesario vestir nada. 

...que sea lunes o domingo por la tarde porque estamos, porque compartimos, porque suena extraño hasta para mi pero es cierto que no hay soledad, de esa tan familiar antes, hace tan poco, porque, como bien dices, "nos hemos acostumbrado".

...qué casa sea: tuya, mía, nuestra, de un par de noches, en el mar o en las montañas, cerca o bien lejos. Tampoco importa el destino, que seleccionamos con cuidado, ganas y mucho cariño.

En realidad, poco importa todo lo demás...

jueves, 13 de julio de 2017

Piérdeme. Piérdenos...

Cuenta atrás. Ganas. Sueños. Días. Millas y kilómetros. En tus manos. Entregada. Volcada. Sin dudas. Viviendo despacio. Saboreando intensamente. Todo. Cada cosa nueva. Y conocida.

Envuélveme. Manéjame. Lléname y llévame. Escóndeme. Tápame. Abrázame y bésame. 

Sobretodo, piérdeme. Completamente. Por favor. Lejos. Piérdenos...

martes, 4 de julio de 2017

Del latín, el fin de la tierra...

Visto un pareo y nada más. Bueno, un casco y unas sandalias. Te abrazo por la espalda. Intento abrigarte un poco con mis manos abuertas mientras te rodeo el cuello con los brazos. Me llevas. Me conduces. Me dejo. Y observo: los azules, los turquesas, la arena, el sol, estos cielos tan limpios, tan de verano sin estrenar, tan vírgenes.

Esa deliciosa manía de hablarme debajo del casco, a toda velocidad, olvidando que oigo mal y solo lo que quiero y me interesa. Hago lo mismo con los recuerdos, recuerdas?

Ahí instalada, toda la piel al viento, viendo pasar paisajes, pienso que me dejaría llevar hasta Finisterre. Del latín... Y le daría la vuelta al mundo mil veces sólo para vernos planearlo e inventaría nuevos destinos por mar y por tierra. Para que diera el aire. Sólo con un pareo. Viviendo siempre en verano...!

jueves, 29 de junio de 2017

Eres...

De símbolos
De cosas pequeñas
Y grandes

De memoria fina
Humor infinito
Y frases largas
Originales
Reflexivas

Y eres fuerte
Transparente
Confiable

Y transitas
Aprendiendo
Y enseñando
Siendo útil

Cambiando mundos
Moldeando
Adaptando
Comprendiendo

Y lloras
Mientras ries
Porque eres
De contrastes
Y de abismos

Experiencias 
Nuevos planes
Y caminos

Eres tremendamente tú...

martes, 27 de junio de 2017

Es imposible...

Apurar tanto un fin de semana. Que el agua sea tan turquesa. Reir tantas veces. No comprender la suerte que tenemos y nos acompaña. Encontrar un lugar más encantador y especial y exquisito para alojarnos. Que las cigarras canten tanto y tan fuerte. No haber pasado calor. Estar más tiempo en el agua. Recibir más sol. Que tus ojos sean tan verdes. Ser más feliz. No compartir todo contigo. Tener cielos tan azules y noches más estrelladas. No morir de ganas de preparar la próxima escapada y soñar con todos los días juntos que se avecinan. No quererte. Estar más morena en esta época del año. Resistirme a hacer pellas contigo. Dormir lejos de ti. No pensar en todo lo que nos queda y en tanto como nos falta. Es imposible no tener una aonrisa cruzada en la cara, horizontal, de oreja a oreja, ahora que recuerdo que me transformas en payaso y consigues que salga mi niña a dar un paseo por nuestras vidas. No guardarte eterno agradecimiento por lo que has hecho de mi, conmigo, tú, en plural. Imposible...

viernes, 23 de junio de 2017

He vuelto a perder las llaves...

Te alarmas y te mueves deprisa. Lo giras y revuelves todo. Te buscas en los bolsillos y te cacheas, tocándote con preocupación. Lo repites. "Otra vez he perdido las llaves". Cara de pánico, de pensar rápido una solución para no recibir cuestionamientos o reproches. No nos gustan. Nada.

Así que, con el estómago removido por los recuerdos que regresan tras esa frase que repites con relativa frecuencia o corta persistencia, hago una llamada a la calma. Seria y responsable. Lo que toca en estos casos. 

Recordamos nuestros últimos movimientos, mirándonos y pisándonos las palabras y la voz y la vez, de tan claro como está nítidamente instalado en nuestra memoria. Podríamos dibujarlo, incluso. Tú con tus lápices, yo con mis letras.

No has perdido nunca unas llaves. No te has dejado la cartera sobre una mesa ni una bufanda en el guardarropía de un bar. No has olvidado nada porque un día supe que tenías tendencia al despiste. Y pensé que había que andar vigilándote y cuidándote. Y aquí sigo. En un paraíso...

miércoles, 21 de junio de 2017

Gracias por devolverme todas las ganas...

Dices que hace seis meses...

Y en ellos pienso en tanto como ha sucedido y nos ha sobrevenido.

Me contaban de cambios de paradigma, destrucción de una vida conocida y montaje de una completamente nueva, travesías del desierto, a solas, sorpresas desagradables y conocer a quienes estaban ahí, lastrando, engañando, ahogando. Y cruces cósmicas que nunca antes habías pensado en que podían existir.

Y me sorprendía y no podía comprender.

La vida me ha ido arrebatando compartimentos gigantescos y me ha dado un par de volteretas, resituándome, recreándome. Estupor, pánico, dolor, lágrimas y la misma soledad que debe sentir un alacrán en el desierto de Atacama.

He crecido. Lo sé y lo veo. Por dentro y por fuera. Deberes terminados para esta fase. Aprendiendo para las nuevas. Madurada, serena, tranquila y segura, sin dudas ni temores. Porque eres la verdad absoluta que mató todas las mentiras. Gracias.

Sobrevivir el tsunami, prepararme y leer, experimentar, sentir, dejar de hacerlo, sentirme muerta ("he empezado a morirme", te dije llorando una noche frente a frente). Y entender tantas cosas que antes siquiera había presentido. Pieles, silencios, lugares, espacios, distancias.

Dices que hace seis meses pero sabemos que hace bastante más de dieciséis. A la sombra, por la noche, en la portería, largos paseos y muchas conversaciones letra a letra a todas horas, teléfonos sin fin a pesar de tu reticencia. Estabas, incondicional. Acompañabas, a plena luz y en las oscuridades. Gracias.

Hace toda una vida. Muchos meses más de los que cuentas tú. Haces la nueva etapa. Crecemos creando y compartiendo. Planeando esta nueva vida que tengo la suerte y la ilusión de construirnos como una nueva oportunidad, habiendo visto caer muros, lágrimas y contenidos, decepciones y abandonos definitivos.

#ganasdelunes cada día. Contigo. Ganas de playa a media tarde, improvisando. Haciendo en lo posible lo que nos apasiona. Ganas de turquesa y de playa. Ganas de ganas. Ganas de vida...


jueves, 15 de junio de 2017

Te echo de mucho...

Te echo de menos. Casi siempre. Excepto cuando me desbordo o me distraen.

Te echo de más. Porque sé que nos completamos. Y otros plurales tan difíciles.

Tambien te echo de tanto. Y de todo.

En suma: te echo de mucho...

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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