Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

lunes, 24 de febrero de 2025

Dos teorías personales y particulares... y un bonus

Tengo dos teorías. 

Igual de tontas, la verdad.

La primera: sentirte amado cura.

Lo he comprobado, en positivo. Con una convaleciente de cirugía mayor muy cercana. Una colateral, vamos.

Se ha sentido tan acompañada, querida y cuidada por el entorno de familia y amigos que está feliz, a pesar de todo. Los resultados salen "perfectos" (sic) y tiene más ganas de vivir que nunca.

También lo he experimentado en negativo.

No sentirse querida o respetada hace que enfermes. Y te sientas mal y no apetezca salir de la cama. Entras en un modo aburrido para sobrevivir. Para respirar. Mortal y mortífero.

La segunda teoría es que el 99% de las canciones son de amor y desamor. Al menos en mi lista. 

Incluso y en algún caso hasta cuando son canciones sin letra, a mi me parecen de amor y desamor. 

Como curiosidad, aquí lo dejo.

Otrosí digo: qué importante es la responsabilidad emocional en general. Qué importante la elegancia y la educación en las relaciones humanas. Y qué fea la crueldad y la manipulación, la mezquindad y el egoísmo.

Nunca acabas de conocer a nadie, parece ser...

Segundo otrosí: sigo intentando mudar mi cara de tonta a quién han estado tomando el pelo a otra más normalita. Pero aún me cuesta. Lo reconozco.

Lo mejor está por venir...

viernes, 21 de febrero de 2025

Mindfulness y respiraciones profundas...

Hace ya mucho que me sé eso del aquí y ahora.

Lo llamaron mindfulness pero la frase es de Buda.

Y punto.

No es que vaya a abrazar el budismo, de repente.

Pero escucho cosas relacionadas y leo y reconozco que los principios, bastante conocidos para todos, si los pones de una manera ordenada y reflexionas un poco ayuda bastante.

Y aquí estoy. Reconstruyéndome. Rediseñándome y viendo qué, dónde, cuándo y con quién, pero despacio.

Los duelos no se cierran en cinco minutos.

Los de las ausencias y las pérdidas.

Los de cambiar las cuatro paredes.

Los de sentir que todo fue un error, que las decisiones fueron precipitadas, que hay piedras y losas de lugares que no tengo fuerza para cargar, al menos sola.

Sobrellevo la soledad, procuro ir despacio, tener tiempo, cuidarme, descansar, ampliar mi círculo social, no comprar compulsivamente, apreciar las pequeñas cosas.

Escucho música, leo y pongo un difusor que me regaló esta navidad mi descendiente femenina. NO os imagináis la compañía que hace. Y lo bien que huele la casa.

Hago deporte y voy a que me rectifiquen por dentro la contractura en la que me he convertido.

Procuro no hacerle mucho caso a la pena y sentirme útil, que eso sí que es maravilloso.

Como menos. Apenas bebo alcohol. Hago deporte. Estoy perdiendo peso. Diría que una talla. Los pantalones se me caen, eso son  4 kilos. Pero me siento bien.

Han desaparecido los miedos. Sé que están ahí, agazapados, porque los milagros no existen. Pero no forman parte de mi, ni de mi dia a dia. 

Era la ansiedad, queridas...

jueves, 13 de febrero de 2025

Hace rato que tengo ganas de llorar...

A partir de hoy me toca cuidar. Mucho. Intensamente y en hospital. No se sabe bien hasta cuando.

Y hacer turnos con muy poca gente, lo que supone largas jornadas con alguien a quien habrán practicado una cirugía mayor.

No es por quejarme, o sí, pero empiezo a encontrarme mal. 

No de dolor. De miedo, quiero decir.

Nuevo miedo desbloqueado. Ahora que empezaba a controlar la otra larga lista de angustias. Cachis.

Es ese miedo a que cambie todo de repente. Ese miedo irracional a que salga mal. A tener que tomar el control de la situación cuando la situación general de esta puñetera luna en Leo me tiene secuestrada desde hace semanas. Y lo que me queda.

Yo procuro hacer poco ruido, caminar descalza, respirar a bocanadas pequeñas para pasar desapercibida y que las hostias se repartan entre más personas que solo yo. Por si acaso.

Recuerdo nítidamente cuando hace ya unos veinte años una doctora nos comunicó a un par de hermanas y a mi que mi madre se estaba desangrando y estaba descoagulada. Que si la vitamina K que le estaban suministrando no funcionaba, pues que se iría, porque no había nada más que pudieran hacer, a su edad.

Yo estaba de pie apoyada en una pared blanca. A mi derecha, también de pie, una hermana (no de las preferidas precisamente). Un poco más allá, también a la derecha, mi otra hermana (con esta sí que sí) y su marido.

A mi izquierda una silla de esas blancas, básicas y de plástico con bolsos y abrigos o chaquetas.

Como si fuera yo un cartoon y a cámara lenta, empecé a deslizarme hacia abajo con la espalda siempre pegada a la pared, porque se me estaban doblando las rodillas y no podía rectificar. 

La vista se me nublaba y tampoco podía hablar. Simplemente, me caía. Y no me daba cuenta.

La hermana tonta dijo que me estaba desmayando, aunque era mentira. Pero ella es así. Todavía lo cuenta para demostrar lo débil que soy aunque parezca tan fuerte.

Tiene razón.

La hermana mona corrió a mi lado, me sujetó por los hombros y me acompañó a sentarme en la silla blanca, básica y de plástico. 

Lo que no recuerdo es como logré recomponerme.

Tampoco sé cómo mañana a las 7h00 voy a poder acompañarla para que ingrese en quirófano directamente. Ni cómo voy a pasar las 7 horas, por lo menos, de operación y reanimación, esperándola. 

Ni las siguientes horas en las que va a estar grogui, con sueros y tubos y cosas desagradables de ver y oler. Odio el olor a hospital.

Ella, tan fuerte siempre, tan preocupada por la salud de todos, tan vigilante y ángel de la guarda. 

Ella, se tambalea. Y de pronto cambian las tornas y debo cuidarla yo a a ella. Siempre ha sido al revés, siempre ha suplido un poco a mi madre, desde que falta.

Hace rato que tengo ganas de llorar...

sábado, 8 de febrero de 2025

Transitando...

Voy transitando. De un estado al otro.

Hace unos días que dejé el enfado y la furia, la furia y el enfado, atrás. En este orden.

De pronto, entré sin esperarlo en la más pura de las decepciones. 

¿Cómo ha sido posible que no me haya dado cuenta de esto, ni de esto, mucho menos de lo otro, en todos estos tiempos? ¿En serio?

Imperdonable.

Y va más allá del ego, por supuesto.

Cansada de discutir aquello de "perotúnotedabascuenta?" o el "peronoloveías?".

Pues ni me di cuenta ni lo vi. Ni lo presentí. Igual ni siquiera lo sentí.

Ahora he estrenado una nueva temporada, en esta serie: "todo lo que se siente cuando te toman el pelo".

Veremos si nos gusta tanto como las anteriores. Y los capítulos que tiene.

Ya iré contando.

He reflexionado sobre algo que no es, en absoluto, nuevo.

Aquella frase manida de que la cabeza, el corazón y la boca deben estar alineados, para ir bien. Decir, pensar y sentir lo mismo y actuar en consecuencia.

No hacerse trampas al solitario y ser honesta con una misma.

Me pregunto cómo es posible pedir matrimonio un día y al siguiente [durante años, en realidad] esconder tu relación con tus consanguíneos.

Matizo, matizo.

Es decir, conoces a los padres, conoces a las hermanas peeeeeeerooooo... cuando coincides con ellos dentro o fuera de casa no te toca ni con un palo. Ni te mira. Ni te incluye en la conversación. Estás. Eres invisible. 

Spoiler: eso es algo que va de puta madre para la autoestima, para sentirte querida y reconocida. Fin del spoiler del excremento de araña.

Yo diría que deben pensar que somos amigas. ¿Verdad?

Que los vecinos no te vean frente a la casa, por favor. No me beses al salir del coche, ni al entrar. Que nos pueden ver los vecinos.

Perdón, ¿en que siglo estamos?

Disculpa, ¿cuántos añazos tenemos entre pecho y "espada"?

Pues eso.

Y hablas de matrimonio con la ligereza de una pluma. 

¿Perdona?

¿Podrías repetir todo eso para ver si en realidad es consecuente o soy yo que sigo imbécil?

¿Podrías reflexionar un poco y darte cuenta de la mentira monumental en la que te instalaste una vez y ya hasta hoy no te desplazaste ni un centímetro?

Yo trabajo para ser consecuente. En especial, sincera conmigo misma. Para que se me pase este enfado. Para reconstruir el castillo de naipes que construimos y que será ya imposible. Para ver cómo aprendo a construir otro. Y dónde. Y con quién, si es que.

Como tantas otras veces, también es verdad.

Nada nuevo.

Que el corazón se despedaza con el primer amor. Todos los subsiguientes son sombras de lo que fue aquel sufrimiento inenarrable e imborrable.

Luego te rehaces, te reconstruyes, te ayudan, te dejas ayudar por fin y vuelve a salir el sol. Y vuelven las ilusiones y las ganas.

Ganas de que por fin estemos a mediados de marzo... No me las puedo aguantar.

jueves, 30 de enero de 2025

Del tamaño de un excremento de araña...

Esa sería la medida que tiene hoy mi autoestima. Sin exagerar.

El peso lo ignoro.

Pero la medida es la de un excremento de araña.

De araña española y peninsular. No de araña australiana o canaria, de esas más grandes que una mano de leñador abierta.

Poca cosa, ¿verdad?

¿Qué cómo se llega hasta aquí?

¡Ahhhhh, amigaaaaa!!!!

La historia es larga. Y predecible. Y vosotras muy inteligentes. E innecesario de explicar. Al menos a mi no me apetece. Franchement.

Solo me interesa dejar constancia para el mañana que ha de venir.

Estoy relativamente segura de que en algún momento de mi vida, cuando no pueda moverme de un sillón confortable y me aburra tan soberanamente como en esta etapa de mi vida, abriré este blog y me leeré todas las entradas desde hace más de 15 años (creo). No del tirón, claro. 

En pequeñas diócesis. Lentamente. Sin prisa, porque lo más urgente que voy a tener que hacer en determinadas horas será tomar medicación, puntualmente.

Y me gustará intentar recordar para quién escribí cada frase, por qué, el momento exacto... Será difícil porque siempre he sido muy críptica. Era parte esencial del juego, para mi.

Yo sé que me encantará. Aunque sea coñazo a ratos. Como quien se propone releer Ulises o Cien años de soledad...

Muchas alegrías me dio este blog. Supongo que algún disgusto también. Pero de eso suelo olvidarme. Es mejor así...

martes, 28 de enero de 2025

Decepciones... grandes como puños...

Por fin. Ayer me ayudaron a entender muchas cosas.

No niego que estoy pasando por todas las fases. Son tránsitos bastante serenos, aunque tristes.

Yo no lo entendería de otra manera.

Pero me he topado con una palabra clave.

Superficialidad.

Siempre sospechada, pero desechada porque no encajaba muy bien con la realidad de la propietaria.

Y ostracismo.

Tanto tiempo para ser reprochada con un "y no tienes idea de lo que me pasa".

Caray.

¿No hemos sido capaces de encontrar el momento para que me contaras? entre recta y receta, entre plato y plato, entre paseo y paseo, ¿no fuimos capaces?

Mientras yo me desmenuzaba haciéndome trocitos de explicaciones, de reflexiones, de por qués... Hace mucho que hago los deberes, yo. Mucho tiempo dedicándome para entenderme de dónde vienen tantas cosas...

¿Y tú? ¿callada? ¿sin compartir nada?

Qué idiota soy, pienso.

Menuda decepción. Menuda sorpresa.

Superficialidad y hermetismo. A cambio de todo lo demás.

Y exabruptos y enfados y abundantes críticas a todo y todos los que se mueven.

Pues no me gusta nada.

El sumatorio es realmente muy feo. Y me siento un poco estafada, un poco engañada.

Así que ayer entré por la puerta grande en la toma de conciencia de una nueva fase. La de la furia. Digamos, enfado. Es más adecuado.

Mezclada con la pena, claro.

Yo no lo entendería de ninguna otra manera. Aunque ya veo que tú sí... 

lunes, 20 de enero de 2025

Nunca vienen solas...

Y no me refiero a las mujeres.

Pero sí a las malas noticias.

Por el dicho.

Podría ser mucho peor, francamente. Pero una es quejica por naturaleza.

Y nostálgica.

Y perfeccionista.

Pero lo de hoy mío es la evidencia de que nuestras defensas bajan cuando atravesamos tormentas.

También demuestra que mi salud se resiente antes y durante y después de los viajes.

Así que aquí estoy. 

Tosiendo como si tuviera que escupir los riñones por la boca, mientras proceso las cositas que me van pasando y sigo sumando.

Se admiten apuestas. 

¿Podré con todo esto o ya me abandono a mi suerte? sea la que sea...

Hagan juego, señoras.

martes, 24 de diciembre de 2024

Hogar, júbilo y las cinco personas más...

Los días van pasando. Los ocupo, pero sigue sobrando tiempo. Tendré que pensar en algo.

Eso hace que me plantee diez mil cosas diferentes. Para acabar igual de perdida que al principio.

Creo que la palabra clave es hogar.

Lo conveniente es llegar a tu casa y sentir que es un hogar. No una casa.

Eso suele suceder cuando hay gente en el interior. Incluso animales de compañía. Cuando van y vienen personas. Cuando las puertas, en sentido metafórico, están abiertas.

Es una bonita reflexión.

En el café del trabajo acabo de leer una frase que me ha hecho sonreír. Y pensar.

Es de Snoopy. O a él se le atribuye.

Hoy me levanté con muchísimas ganas de jubilarme.

Me he detenido un ratito a pensar a qué dedicaré el resto de mi vida cuando acabe el recorrido profesional. No es baladí, ni fácil. Decidirlo, quiero decir.

La gente se apresura a opinar y a hace listas de cosas que parecen atractivas.

Pero yo me conozco. Soy dada a la pereza si no tengo responsabilidades. No soy estricta conmigo misma si no tengo que cumplir con otros.

Eso es así. Gracias por hacerme notar que no es bueno. Ya lo sé.

Una hace lo que puede. Desde el primer al último día.

He vuelto atrás pensando en la cantidad de vidas que llevo ya a la espalda. Inicios, finales, mientras tantos, personas yendo y viniendo, entrando y saliendo... Lugares, despachos.

Cada etapa ha sido distinta, con cosas deliciosas y momentos terribles. Algunas han caído en el olvido absoluto, por anodinas o por necesidad e higiene mental.

Sé que a todo eso se le llama vida.

Pero también sé la importancia de elegir bien.

Porque habréis oído aquello de que somos el resultado de las 5 personas con las que compartimos más. Tiempo, conversaciones, actividades.

Cada una se lo sabrá. Con quien se junta, con quien charla, con quien se queja, a quien escucha.

Es más importante de lo que podemos pensar, porque el tono vital y el carácter de estas personas va calando, lenta y profundamente. Y nos micro transformamos un poco en ellos.

Aunque no lo sepamos, queramos o nos guste hacerlo.

Y se acaba notando.

Por tanto, vigila bien tus compañías y selecciona a quién quieres parecerte después de estar con ellas...

viernes, 20 de diciembre de 2024

Cuando el futuro hace bola...

Cuando entro en You Tube lo primero que me ofrece es una sesión de 15 minutos de meditación.

Según la hora que sea, ya me sugiere la meditación de la mañana o para dormir.

Ideal, oyes.

Casi nadie me conoce tan bien como esta aplicación. ;)

Lo cierto es que estoy consiguiendo una cosa: bajar revoluciones, ir más despacio, respirar conscientemente, no correr como pollo sin cabeza.

Nada que no hubiera hecho antes muchas veces, por cierto. Que no es que me esté cayendo del guindo, vamos.

Me voy parando en las cosas que hago, entre las mil primeras veces.

Ayer me apeteció muy fuerte limpiar los cristales. Las cristaleras. Porque vamos, tengo las paredes rellenas de vidrio, allí donde hay vistas, que es por toda la casa.

Y lo que pasa en esos casos es que si llueve los cristales se ensucian. Si llueve barro, pues peor. Y si no tienes costumbre de limpiarlas pues eso solidifica y es difícil de sacar.

Es una tarea pesada, si. Parecía que no iba a acabar nunca.

Lo conseguí, claro. Y ahora parece que mi vista ha mejorado, cuando busco el horizonte en plena puesta de sol roja, por la época del año. Todo se ve nítido.

Aunque con imperfecciones. Pero bueno.

Es bonito, la verdad.

También me dio por regar las plantas de exterior y ordenar un poco los sacos de tierra y abono y...

Al entrar en casa, cuando terminé, no podía cerrar correctamente la puerta corredera. No le encontraba el truco. 

Es superior a mi, que las cosas me limiten.

Quedaba abierta unos centímetros. Lo suficiente para que entrara el frío de la tarde y se escapara el calor de la calefacción.

Cachis.

Mi parte eco estaba furiosa. Con la puerta y conmigo misma, por torpe.

La dejé así. Cené, mirándola de reojo. Frugalmente. La cena, quiero decir.

Y decidí levantarme y cerrarla despacio. La puerta. 

Entró suavemente, al final. Está cerrada ahora. No he tenido que pedir ayuda. He podido sola.

Un punto para mi autoestima, señoras.

Que parecerá una tontería pero todas sabemos que no lo es. Lo que nos limita nos hace pequeñas. Y en esta época mido unos cinco centímetros de alto por cuatro de ancho.

Poca cosa.

Y la tercera tarea que hice anoche con más ilusión que jamás antes en la vida fue empaquetar regalos.

De nuevo, despacio. Fijándome en cada pliegue, eligiendo el papel según el destinatario, pensando en la reacción al abrirlos, cortando el celo con tijeras,... 

Como si regresara a la infancia, en caso de que en esa época me hubiera hecho ilusión envolver regalos, cosa que no recuerdo.

Antes he dicho que me falta claridad mental. Y lo sostengo. Y esto lo demuestra. 

No recuerdo la gran mayoría de las cosas, que, por otra parte, me están dando bastante igual.

Tengo suficiente con mi vida, con lo que siento, con mis temores y fobias, con los planes de futuro, con aprender a hacer,...

Tantas cosas que hacen bola...

Tirando...

Los días transcurren despacio. Uno detrás de otro. Dirás que eso siempre ha sido así.

Por supuesto.

Pero me refiero a que tomo conciencia de cada momento, de cada hora, de cada noche. Como nunca antes.

Planifico despacio. Intento llenar y ocupar cada minuto.

Voy más despacio.

Respiro más hondo.

No lo hago demasiado bien, todavía. Lo de la conciencia, quiero decir.

Tendré que hacer listas de deseos de cara al nuevo año.

Cuando recupere la claridad mental que ahora he perdido.

No recuerdo lo que acabo de decir, lo que me acaban de decir. Razono mal. Comprendo peor.

Cuestión de tiempo, me dicen. Cuestión de costumbre. Y de hábitos. De adaptación al caambio.

Soy escéptica desde siempre. Un poco pesimista, también. 

Así que el futuro me da más bien miedo, en lugar de ilusión o esperanza.

Voy a concentrarme en mi respiración, va. A pensar a corto. A no ver encima de mis gafas. No hay nada que ver.

Y voy a ir tirando...

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Aire y escapadas...

Me alimento de aire.

De grandes bocanadas de aire.

Procuro respirar con consciencia. Inspiro despacio y profundamente. Espiro larga y lentamente.

Como me pide que haga la voz que cada mañana y cada noche me guía hacia algo que llaman paz y relajación. Bueno, hago lo que puedo, la verdad.

No sabría decir si funciona. Pero, como soy metódica para lo que quiero, de momento sigo con mi nuevo hábito, como si estrenara zapatos y fuera pequeña.

Todavía da vueltas en mi cabeza un encuentro de este lunes en el que había depositado cuatro o cinco ilusiones.

Creo que necesitaba hablar de él.

No sé por qué. Tampoco duraron mucho, las ilusiones, quiero decir. Como el encontronazo (porque no fue un encuentro de los que dejan indiferente), sino un cruce violento, por llamarlo de alguna manera.

Me bastaron treinta minutos en medio de la nada, una tarde negra con una enorme luna naranja, helada por dentro y por fuera. Me había costado llegar hasta allí. Era un pueblo que no conocía. Y me anticipé, como es habitual en mí.

Una mirada bastó. Y creo que fue en dos direcciones. A ella tampoco le interesó nada ver a una mujer pequeña, con dolor, apagada y frágil. Eso se ve en los andares, señoras.

Y ella es, precisamente, experta en eso. En andares, en pies, en movimiento.

Tenía previsto hacer ejercicio, probar algo nuevo y muy saludable, quizá ampliar el círculo polar social en el que vivo. 

Ilusa de mí.

Pero nada.

Suciedad extrema. Precariedad. Una austeridad rayana en la pobreza. No era minimalismo, no.

Era algo que me espantó. Supongo que por mi extrema fragilidad, claro.

Me quedé un rato sentada y haciendo estiramientos en un tatami azul piscina mal cortado y peor montado. De esos que se adaptan como un puzle. Pues éste estaba cortado y sin unir, con lo cual el suelo de baldosa antigua se adivinaba en los perfiles. Y el polvo y todo lo demás.

Respiré. Me estiré. Me abstraje. Intenté leer un folleto que ella misma me recomendó, mientras hacía tiempo para empezar la actividad con un grupo de desconocidos.

Pero fue imposible aguantar. La espera, el lugar, el frío. La oscuridad y las incertidumbres. Tener que regresar a casa, coger el coche y cruzar campos negros, sola.

No pude. Puse una excusa increíble y me escapé. Como quien huye de algo que sabe que no le conviene, como quien no encuentra refugio ni consuelo. 

Aunque antes de cruzar la desvencijada verja de madera me atrapó en un abrazo gélido, antinatural, forzado, de cara a los alumnos que hacían su clase y no entendían ni qué hacía yo ahí, ni por qué no me quedaba ni por qué me marchaba.

Me marché. Nada más. Sin darme la vuelta ni mirar atrás...

martes, 17 de diciembre de 2024

Meditación, mindfulness y planificaciones...

Hace muchos años me "recetaron" el mindfulness. Creó que lo practiqué cinco minutos.

Pero la esencia del aquí y ahora va conmigo desde entonces.

Ahora, es gracioso, he dado un paso al frente.

Y he regresado a la meditación y a la gratitud.

No sé cuánto durará, claro. Pero anoche y esta mañana he cerrado y abierto mi jornada con meditaciones guiadas.

He sido incapaz de dejar la mente en blanco por más de un segundo. Siendo generosa.

Mis pensamientos vuelan hacia cualquier cosa nimia e insignificante.

Tengo que recoger la ropa tendida. Cosquillas. Cualquier recuerdo. Mañana tengo que. Esta tarde (vi llover).

No sé la utilidad que tendrá en mi revuelta mente.

Ni cuándo se me pasará la idea. Pero bueno.

Lo que sí hago de manera más recurrente es agradecer cosas. Un número determinado de cosas. Cinco, por ejemplo.

Son las básicas. Pero me siento privilegiada.

Un día hablaré de la vejez y la preparación para la muerte.

Otro día escribiré sobre cómo me siento. O de que tengo dolor de cabeza. Igual hablo de que no me concentro. O de que necesito planes que me ilusionen. De cualquier otra cosa, como siempre.

Porque como me dicen últimamente, el tema ha salido en la conversación simplemente porque tenía que salir...

Me parece un resumen magnífico. 

Porque hay cosas que no se pueden planificar...

lunes, 16 de diciembre de 2024

Astros, avisos y señales...

No paran de llegar mensajes astrológicos sobre la luna llena en Géminis, Marte y Mercurio retrógrados y cambios de etapa.

Reflexión, etapas, pensar antes de actuar. Y todas esas cosas.

Aquí lo dejo por si tenéis asuntos en las que deteneros de cara al fin del año y principio del próximo. Como cambiar de vida, por ejemplo.

O recordar todas aquellas sensaciones de cuando la vida se vacía. De pronto. Aunque había señales. A pesar de que hubo avisos.

¿Cuántas veces ya? ¿qué número es ahora?

Venga. Sigamos. Vayamos a por más...

jueves, 12 de diciembre de 2024

Faro Svörtuloft del parque nacional de Snæfellsjökull o del glaciar Snæfell

Ha salido la foto en la portada de Google, en mi pantalla. Esta misma mañana. 

Lo recuerdo perfectamente. De hecho, hice parar el coche de pronto, sorprendida por la explosión de color (es naranja yema de huevo) en un entorno protagonizado, única y exclusivamente, por el blanco, gris, azul marino y negro. Nada más.

Dos semanas sin ver colores afecta negativamente al estado de ánimo y al carácter. De verdad. Te abraza una tristeza que refiere mucha gente que vive en países en los que el día es corto y los cielos son grises. Siempre, durante muchos meses, cada año.

Es un lugar precioso, lejos de todo, en medio de la nada. Solo grupos de tres ovejas. Nadie.

Cambio de tema. Después de este precioso recuerdo.

Es complejo gestionar la emoción de saber que nunca voy a volver a ese lugar. Por ejemplo. Tampoco a otros muchos. Y que ya no iré a miles de sitios a los que me gustaría ir.

Se le llama vida, seguramente.

Ayer regresé a casa por una carretera muy estrecha. Era de noche. Pocas luces, algunas adornando con un gusto definitivamente horrible (nada de dudas) las fachadas, algún jardín, la calle principal, árboles...

Detrás del volante, con la música, redacté mentalmente un post precioso. En serio.

Eran frases cortas, entonadas con entusiasmo, porque nadie podía escucharlas, porque salían directas del alma. Describían el lugar, el momento, el frío, las curvas, los coches que cedían el paso, la noche...

Imposible recordarlo.

Magia pura, señoras...

lunes, 25 de noviembre de 2024

Quizá sea por eso...

Da gusto. Y con sinceridad lo digo. Este es verdaderamente un lugar seguro, íntimo y discreto.

La verdad es que entran los "perdidos". Quienes no saben ni lo que buscan. 

Y eso es bueno. Porque una puede venir, contar, vaciar y explicar. Y no pasa nada.

Por eso dejo constancia (un poco más para mi misma que por otra cosa) de que estreno etapa, justo antes de acabar el año.

Etapa de mirar hacia adentro, de planificar, de valorar el punto exacto en el que estoy para ver hacia dónde voy y qué hago para llegar ahí.

Ahora mismo hay distancias, nudo en la garganta, momentos de profunda oscuridad, de lágrimas perdidas que se escapan (y me pregunto un poco por qué, cuando eso sucede), de incertidumbres y consciencia de que hay que definir.

Eso me ha pasado antes. Cuando iba siguiendo, sin saber bien el qué o a quién o el motivo o hacia dónde.

La vida empieza a ser larga, ahora. Y ha dado bastante de sí.

Como para sentir que repito etapa, a lo mejor. Como para pensar que hay que diseñar las nuevas. ¿Dónde, cuándo?

Pero no hay respuestas. Todavía no.

Quizá hay más miedo e incertidumbre que otra cosa. Porque la mayoría de todo lo que se tambalea no depende de mí.

Quizá sea por eso. Quizá no... 

viernes, 15 de noviembre de 2024

Resúmenes y primeras visitas...

Hay resúmenes que una nunca querría hacer.

Como recordar las anestesias bucales, los ratos al más puro estilo Mari Trini (en paz descanse). Dos. Y los correspondientes dolores previos y los malos momentos cada vez. Atiborrarme de medicación, debutar con alergias y pasar otro mal rato, lejos de casa (para variar).

Viajar y encontrarse mal es una mierda de combinación, por cierto.

O visualizarme en el interior de dos aparatosas máquinas de resonancia magnética, que debían ser de las abiertas, pero no; y estuve con una pared pegada a la nariz. Dos veces, treinta minutos la primera vez, quince la segunda. Controlando mi respiración, mi tos, mis movimientos...

Cuando estoy ahí dentro me da por imaginar que estoy enterrada viva.

Así que el rato es de lo más agradable, como es de suponer.

En otro orden de cosas.

Hago menos ejercicio del que debo. Y cuando lo hago, las agujetas me recuerdan la primera frase de esta línea.

Falta de ganas, falta de oportunidades, falta de oferta. Un bucle perverso.

También recibo menos masajes que antes, de los que necesito. Tengo que guardarme un hueco en la agenda y recordar que cuidarse sienta muy bien. Anotado.

Cambio de tercio. 

Hay cosas que mejoran sustancialmente. Estoy contenta.

Pero desde fuera no se aprecia. 

Que algunas cosas mejoren. 

Que yo esté contenta.

Ni siquiera escribo aquí, con lo bien que me iba hacerlo.

He dado el primer paso para comprender qué puede estar pasándome. Es un principio. En breve, primera visita. Y charlar y ver de entender todo en conjunto, paso a paso, poco a poco, una cosa cada vez. Que hay muchas y va a ser largo.

Cuando me pongo mis propios límites y me veo entre limitaciones es cosa de actuar deprisa. Yo ya me lo noto.

No es la primera vez. 

Supongo que no será la última... 

lunes, 14 de octubre de 2024

Parece que refresca. O entradas anodinas...

 Me reprochan entradas anodinas.

Seguro que tienen razón, os diréis.

Pues sí. Si alguna vez estuve inspirada, eso ya cambió y no es así.

Me enfrento a la hoja en blanco sin ningún miedo. A estas alturas solo le temo a la enfermedad. Mucho.

A la mía, a la de los míos.

Todo lo demás, casi, casi, ya no importa. Sé que puedo con ello, que basta con algo de tiempo para que se ponga en su lugar.

Otros temores que pude tener en el pasado han quedado relegados.

Aunque reconozco que la larga lista de errores [vitales, profesionales] también me ha puesto a mi en el lugar al que debo pertenecer, que es al final, en una última fila.

Sin dramas.

Porque una se piensa que no sé, que puede con todo, que basta con proponérselo, que todo consiste en perseverar para conseguirlo.

Mentira.

Falso.

No es verdad.

Hay muchísimas cosas que he intentado sin éxito. Muchos proyectos que fracasaron.

Y la cosa está en que el cronómetro no ha parado ni un nanosegundo, cada vez. Que la cuenta atrás imparable, inalterable, invariable, va siguiendo, tan contenta. Aunque me equivoque estrepitosamente.

Pero aprendo. Eso sí que lo tengo...

miércoles, 25 de septiembre de 2024

Pues ha pasado otro trimestre. Fíjate... Tenéis que ir a Asia...

 Pues sí. Tres meses desde la última entrada.

¡Quién me ha visto y quién me ve! Con lo aplicadita y seria y disciplinada que he sido para estas cosas del escribir...

Es un poco el mucho trabajo. Otro poco el moverme más que las aspas de un aerogenerador en día de viento. La falta de ganas, también.

Porque lo de no tener cosas que contar no me sería aplicable.

Que el reto sería hacerme callar, probablemente.

Pasan los días, los meses y los trimestres.

Sigo cambiando mucho de cama, cada semana. Llenas y vacías.

Hay gente y hay soledad en mi vida. Y desafíos.

Y cambios, también.

Poco gimnasio, mucho menos del que me gustaría y debería. Aunque hago ejercicio del tipo caminar, tanto como puedo.

Menos masajes desde que volví de Asia, hace cinco minutos. Tengo que retomarlo.

Qué calor insufrible pasé. Que no sé cómo pude soportarlo, francamente.

Lección aprendida, que comparto: jamás ir a Asia del este en agosto. Jamás. Aunque os inviten. Aunque os convenzan de que bueno y tal. No. Jamás. Hacedme caso por favor que mira que lo digo clarito.

El mundo es muy grande y hay lugares inexplorados. No vayáis a Asia en agosto. Os lo ruego.

Ni a final de julio. Ni a principios de septiembre, mira. Aunque este esté siendo atípico. Pero ahora están a 33, por ejemplo.

Y yo a 23 maravillosos grados, ahora mismo.

Avisadas quedáis. Os lo digo.

Buscad rincones más frescos para verano. Dejad Asia para Navidad. Porfa.

Aunque eso sí. ¿Os he dicho lo bonita que es Asia...?

Tenéis que ir.

Sin falta.

miércoles, 3 de julio de 2024

¡Cuánto tiempo...!

Es verdad que hacía mucho tiempo. No sé decir cuánto...

Calculo mal el paso de los días. 

Para muestra, una conversación ayer mismo con mi dentista:

- ¿Cuánto hace que viniste y te hiciste (pon lo que te parezca mejor)?

Yo reflexiono, seria.

- Pues yo diría que el año pasado. Pero, como calculo muy mal los tiempos, siempre añado un año. Y me suelo acercar bastante. Así que la respuesta es "dos años desde que me hice eso".

Pongo cara de tía lista donde las haya. A él no le importa nada la cara que yo ponga, naturalmente.

El doctor, que lo es y además número uno de la promoción, mira la ficha, achina los ojos, hace un pequeño cálculo y me señala una celda del Excel con su dedito:

- Bueno, pues ya hace cuatro...

El tonito era más o menos de recochineo y daba para añadir un "listilla". Pero no lo dijo. Aunque segurísimo que lo pensó.

Todo esto lo digo porque hace mucho tiempo de la última vez. 

De que sintiera esta ansiedad instalada en el pecho, de la incomodidad y la preocupación, de la molestia en el brazo, en el tórax, en el aura... De la mala leche.

Porque el día iba bien, ayer. En el dentista, en la comida en un sitio magnífico, en la reunión súper creativa de disquisiciones extrañas.

Hasta que el día se cruzó.

Me tenía que haber ido al gimnasio a divertirme y ser feliz secretando cosas como la serotonina. 

Y dejándome de hostias.

Abandonar la extraña ilusión de poder disfrutar de nuevo en una mesa con platos y cubiertos y vasos o copas y alguna agradable conversación.

De eso, por cierto, también hace una jartá de tiempo. Que no me pasa.

Segundo otrosí: regresan las semanas de cuatro camas diferentes. Recordemos que es uno de los mejores motivos de generación de cortisol. Probablemente lo que me provoca esta opresión extraña en el pesho...

lunes, 1 de julio de 2024

Salud, polluelos y nuevas vidas...

 A estas alturas de la peli y después de tantos años aquí, casi todas sabemos que soy mujer de darle vueltas a las cosas.

¿Verdad?

Hasta yo me sorprendo pensando en la salud y en esa especie de mantra (cuando estás bien te sientes invencible; cuando te encuentras mal, tan pequeña...).

O en la evolución de la vida y la incertidumbre de lo que ha de venir...

Hace poco leí que había que ser muy paciente con los niños. Porque disponías de nosécuántos fines de semana para su etapa bebé dependiente. Y otros tantos de infancia (pesada). Hasta que abandonan tu vida.

Porque parece mentira pero ellos se van y tu dejas un rol determinado muy atrás.

Tampoco te cuenta nadie como romper ese hilo rojo, ese lazo y verlos vivir como adultos independientes.

Ahora es cuando miras atrás para repasar si les diste las reglas, las normas del juego, los instrumentos, la información...

Hoy no hablaré de la salud. Porque desde que tomo un complejo vitamínico y vitamina D3 (warning: hay que tomarla cada día, sin descanso, toda la vida. La carencia te deja chafada y triste. Que lo sepáis, aunque toméis mucho sol -ojo con el melanoma, por cierto-) me siento estupendamente bien y voy saltando virus y cosas raras como si fueran pantallas del Candy Crush Saga...

De esta mi nueva vida solo diré una cosa, en dos palabras: me gusta.

Unas veces más. 

Otras, menos... 

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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