Sparkling

Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

miércoles, 23 de mayo de 2018

Mi agradecimiento, mi reconocimiento...

Demasiado sin pasarme por aquí. Lo sé. Y lo he pensado. Pero en ocasiones lo mejor está reñido con lo posible y es preferible y recomendable guardar silencio. Callar. Lamerse los pensamientos y quedarse a solas, con heridas y alegrías. Qué año tan intenso, por Dios... Cuánto cambio... Tantas oportunidades...

Un par de motivos de peso me empujan aquí, este lugar especial, de nuevo. Algunas presiones y sugerencias bienintencionadas, que agradezco, junto a cierta nostalgia personal por acudir a vaciarme. Es terapéutico. Siempre lo fue. Y ha sido de tanta ayuda...

Y, por otra parte, un agradecimiento especial a quién está dedicando horas y horas de su vida a leer íntegramente este blog. Desde las entradas más nuevas hacia atrás, pacientemente, constante. A largos sorbos, me lee. Desde el centro de la península y desde el noroeste del país. Depende de los días.

Gracias de verdad por el tiempo y el interés. No puedo decir otra cosa más allá de lo que siento.

Es curioso el ejercicio que me hace vivir, ese hecho extraordinario. Entro en los post a través de los cuales deja el lugar. Y así revivo episodios de mi misma que han sido olvidados, nuevos ahora, desconocidos. Me remueve y revuelve, me preocupa no recordar rápidamente quién hubo detrás de la inspiración o la excusa para escribir. Siempre he tenido tan mala memoria... Me hace pensar.

Y la curiosidad lo mata todo porque me gustaría saber qué le produce a alguien que no me conoce leer historias impersonales, abstractas, sin alusión explícita al sexo o identidad de los protagonistas de mis cuentos de hadas y de príncipes y princesas, reales a veces o no.

Mientras tanto, sigo construyendo nuevas vidas a marchas forzadas, viendo cómo cambia mi suerte, todo huele a verano por fin y tú y yo nos planeamos intensamente...

miércoles, 7 de febrero de 2018

Shen o un relato erótico... Capítulo IX.

Me desnuda como si fuera a darme otro masaje, deprisa, con precisión. Deja mi ropa sobre la única silla que queda libre y se dirige a la puerta. Para cerrarla con llave, por dentro. 

Intento comprender uno sólo de sus movimientos, qué planes tiene para nosotras, pero confieso que es imposible. Su frase: "Voy a hacerte la mujer más feliz del mundo" no me aclara nada...

Se frota las manos para quitarse el frío y me acaricia el cuello y los hombros, las dos de pie, de frente, intentando mirarnos a los ojos. Yo, tratando de disimular mis nervios. Ella, divertida. Me besa un poco en los labios, muy por encima, y sigue sonriendo, consciente de que estoy abandonada y ni siquiera voy a tratar de oponer resistencia.

Me toma de la mano y me arrastra suavemente hacia una de las paredes de la habitación, llena de puertas de armario, marrones. Me acerca y me instala frente a esa pared, me da la vuelta mientras ella se pone detrás de mi. Sin decir nada, coloca mis brazos hacia arriba y deposita las palmas de mis manos abiertas sobre mi cabeza. Repite la operación con mis piernas y las separa. 

Estoy completamente desnuda ante ella, que me observa sonriendo. Se acerca a mi oído derecho para dejar un susurro:

- No tengas miedo. Sólo siente. Siente bien lo que vas a sentir porque nunca antes lo has vivido. Estoy segura.

- (...) Enmudezco. Estoy nerviosa. No tengo ningún miedo.

De pronto, siento sus manos subiendo por mis pies, entreteniéndose durante el camino, cambiando la dirección de la caricia, con movimientos suaves. Se distraen lo que a mi me parece una eternidad hasta alcanzar la parte alta de mis muslos y, mientras una se entretiene paseando mi vientre, la otra mano comienza su camino hasta el centro de mis piernas.

Me penetra tímidamente, para prepararme, mientras su mejilla me acaricia la espalda y su otra mano sigue descubriendo mis pechos y mi barriga y me abraza por completo mientras imprime ritmo y velocidad  a sus caricias.

Aparta sus manos de mi por sorpresa, me retira los besos y retoma las caricias con la boca y la piel de su cara y sus pestañas y el dorso de las manos. Y consigue que no cese el movimiento ni la sorpresa porque cada una de esas partes de ella se funde conmigo a la vez, me llena, me acaricia.

Comienzo a gemir porque su dominación me deja sin defensas, porque necesito besarla, porque quiero sentirla más y más adentro. Porque una siempre sueña con sentirse así alguna vez.

Nos visualizo desde fuera, desde arriba y me veo de pie con los brazos y las piernas abiertos, las manos contra la pared, desnuda, en forma de equis, Shen explorándome por detrás, a voluntad, ilimitadamente, toda a la vez. 

De nuevo, la siento besarme, con sus besos húmedos y cálidos, por la espalda. Si se detuvo antes no lo recuerdo. No deja ni un centímetro de piel sin visitar y noto cómo se genuflexiona entre mis piernas abiertas, se da la vuelta y se coloca cómoda en una posición perfecta para las dos.

Nunca había estado tan expuesta, ni tan excitada y decido hacerle caso. Voy a sentir lo que me está haciendo sentir. Y cierro los ojos. Como si potenciar mis otros sentidos fuera realmente necesario. Iba a estallar muy pronto.

Un segundo después su lengua y su boca comenzaban a explorarme, abierta, abandonada. Completamente suya...

sábado, 3 de febrero de 2018

La mujer de los coros de Leonard Cohen v.2.

Interrumpo por un post la que será mi ópera prima porque este blog tiene un fenómeno que me resulta sorprendente y llama poderosamente mi atención.

No lo he estudiado a fondo y no tengo datos pero estoy segura de que mi intuición no falla si digo que sé cuál es el post más leído y por el cual más visitas llegan a este lugar.

Tiene que ver con Leonard Cohen y desconozco la razón de que interese tanto. Sólo veo que van pasando los años desde que lo escribí y las visitas siguen llegando e incluso dejan algún comentario, de tanto en tanto, deshilvanados, sinsentido, sin razón aparente.

martes, 30 de enero de 2018

Shen o un relato erótico... Capítulo VIII.

Y me asaltan dudas y miedos y hasta vergüenzas. Incluso los "What if..." de turno se deslizan por mi mente, aunque trato de dar respuestas a todos, deprisa, con firmeza. Esto no puede seguir así, porque simplemente no puedo seguir resistiéndolo, ni siquiera quiero resistirme más.

Ha sido todo tan rápido que, al abrir la puerta, me encuentro a Shen frente al mostrador revisando unos papeles. Su próximo cliente, deduzco. Me acerco por la espalda y la sorprendo con un improvisado y tímido "¿Podemos hablar un momento, por favor?". 

Con las dos manos abiertas y con las palmas hacia arriba, Shen me señala el camino hacia una pequeña sala, anaranjada y de luces tenues y olor a sándalo. La música es la de siempre. La expresión de su cara es una mezcla de sorpresa, curiosidad e impaciencia. Me pongo muy nerviosa y reconozco los latidos de mi corazón en la garganta pero arranco, improvisando:

- Shen... perdona pero necesito hablar contigo...

- No me llamo Shen... Lawan. Mi nombre es Lawan. En mi país significa "bella"... 

Precioso nombre para esa mujer, pienso.

- ¿Y tú? ¿cómo te llamas tú? - Me pregunta con una media sonrisa y algo parecido al interés.

- Me llamo Anna. También es muy común aquí.

Sonreímos mientras cruzamos la mirada y nos observamos, con curiosidad, como si ninguna tuviera prisa y ahí fuera no hubiera nada que hacer. Nunca.

Shen guarda silencio y con la mano derecha me retira el pelo de la mejilla, acomodándolo detrás de mi oreja izquierda. No sabe que es imposible que aguante ahí más de tres segundos y repite la operación, riendo en voz baja, divertida, consciente de que el gesto lo llena todo y que a mi me ha cortado el discurso y la respiración. Me mira de frente. Directamente a los ojos, por primera vez. Me ruborizo y bajo la cabeza para no ser descubierta pero sigue riéndose, ésta vez de mi. Está alegre. Se le nota. Mucho.

Balbuceo algo parecido a un "Shen, de verdad, tengo que hablar contigo... Yo no puedo seguir así..." que suena entre súplica y ruego.

Y Shen se levanta y me toma la cara con las dos manos y, también por primera vez, me besa muy suave los labios, me mira y suspiro. Es imposible, imposible. Me desespero.

- Shen, por favor...

- Dime, dime... Perdona...

Pienso que se defiende muy bien en nuestro idioma, a pesar de tener un dulce acento oriental.

- ... es que desde que te conocí no puedo dejar de pensar en ti, Shen... No dejo de pensar en ti. ¡No puedo!

- (...)

- ... y necesito saber si esto es normal para ti o hay algo distinto, si puedo verte en algún momento fuera de aquí, si sólo yo voy a volverme loca... Hablaba en voz bastante baja pero desesperada porque la situación empezaba a escaparse de mi control.

- Anna... ven, acércate... Me abraza con cuidado, dejando que mi mejilla repose sobre su pecho, que recupere la respiración y me serene. Me acaricia el cabello, la cara y me aprieta contra sí para retenerme, moviéndose ligeramente como si quisiera hacerme dormir.

Se incorpora y me levanta con ella, sujetándome por los antebrazos y sus manos, como danzando, suaves y algo frías, me rodean la nuca y acompañan mi boca hasta la suya. Otra vez. Los besos me envuelven toda y me promete algo así: "Anna, te voy a hacer la mujer más feliz del mundo... ven...".

Y ya es imposible seguir hablando con ella...



lunes, 15 de enero de 2018

Shen o un relato erótico... Capítulo VII.

Toda la felicidad que siento allí dentro, como una euforia desconocida e incontrolable, se desvanece al cerrar la puerta del local. Camino cabizbaja y ausente, sorprendida de que algo de esa magnitud pueda sentirse en algún lugar de este mundo. De que haya personas afortunadas que lo hayan vivido solo una vez en la vida.

Y me asaltan las ilusiones, las ideas y los proyectos, las propuestas y los planes. Por la espalda pero sin traición alguna. Regresaría sobre mis propios pasos corriendo para decirle que quiero vivir con ella, compartirlo todo, viajar a Indonesia y a Atacama, dar varias vieltas al mundo, mudarme de país dejándolo todo atrás y comprar una casa en la playa de su paraíso preferido.

Necesito poder hablarle, mirarla a la cara, llenarla de besos, cuidarla y arrancarle la pena que lleva escrita por capítulos largos en cada mejilla. Quiero tenerla cerca y para mi sin distracciones ni interferencias para poder conocerla y saber si lo que siento tiene algo de real o es consecuencia de tanta soledad o de la borrachera del momento inmediatamente posterior a uno de los orgasmos más intensos que pueden sentirse.

Shen está resultando el mayor descubrimiento de la vida, quien provoca sensaciones nuevas y desconocidas, las manos que la elevan al cielo con una sola caricia y es imposible dejarla escapar. Imposible. Es irrepetible. No hay dos, seguro. Voy a perseguirla y para demostrarlo voy a retroceder sobre mis propios pasos. Ahora mismo. Me doy la vuelta. Me coloco el bolso en el hombro izquierdo y comienzo a caminar con pasos ágiles y apresurados. Tenemos que hablar...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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