Sparkling

Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

lunes, 16 de octubre de 2017

Era una mujer...

Era una mujer tan interesante.
Que leía.
Libros.

Era una mujer tan interesante.
Que, en los tiempos que corrían,
Leía.
Libros.

De papel...

lunes, 2 de octubre de 2017

Shen o un relato erótico...

Cambiamos. Todos y todas. Aunque no queramos ni lo sospechemos. Yo misma cambié recientemente. En un momento de entre hace dos años y uno y medio. Quién sabe el día exacto? Le importa a alguien la fecha? Qué más os dará... Mirad, mirad. Ahí se produjo un click insonoro, apenas perceptible por fuera y tan crucial dentro.

Soy amante. De los masajes también. En uno de mis paseos por la ciudad, esa ciudad mediana y con mar que roba corazones, encontré la ya ahora frecuente tienda pequeña regentada por mujeres orientales, con buena señalética, mucho branding y mejor marketing aún en los pequeños ventanales. Necesitaba una pedicura permanente y urgente, así que me decidí a entrar. Como siempre, la respuesta fue un sí. Al atraco de presentarme sin hora previa, de pedir un servicio largo y entretenido, de encadenar peticiones. Añado un masaje de pies. Lo veo. Siéntate aquí mismo, que ahora te atendemos. Ahora mismo. Mismo. Con servilismo medieval y sonrisas en el rostro.

Aparece una mujer, ni muy joven ni lo contrario, melena lisa y morena, brillante, delgada y elegante. Poco habladora, como sucede con los que no dominan un idioma. Ensimismada en silencios particulares, comienza su trabajo. Precisa y rápida, hábil y decidida, haciendo lo que ha hecho antes cientos de veces. Es su trabajo. Termina pronto la pedicura, impecable, y comienza el masaje de pies, el normal que va incluido, de poco más de un minuto, cuando acaban el servicio. Wooouu! Pienso que esas manos son buenas de verdad. Y de eso también entiendo... Y su compañera, viéndome cerrar los ojos y recostar hacia atrás mi cabeza con cara de paz, me informa: deberías probar sus masajes completos. Son impresionantes... Y lo deja ahí, sabiendo que no podré resistirme, que caeré en su tentación.

Estoy con la guardia baja y los pies van unidos a un cuerpo que siempre, siempre agradece cualquier caricia, así que sucumbo a la propuesta de una buena oferta. Sin mucho pensarla, en realidad. Sin malicia ni intención. No tengo prisa, hay tiempo y no me faltan ganas: me sobran. Nos cambiamos de espacio y entramos, juntas, en una estancia decorada en colores tierra y luces ténues, dónde huele a incienso intenso y a aceites esenciales y la música zen lo llena todo. Cortinas de gasa que ondean siguiendo los movimientos del aire que se desprende de la chica, que prepara un poco y deprisa lo que va a necesitar. Cómo te llamas? Shen, responde con la mirada baja y una pequeña sonrisa, como solemos hacer las tímidas...

Me indica que me coloque boca arriba y comienza su masaje por los brazos. Sigue despacio por el cuello y se desliza como por sorpresa con las dos manos entre mi pecho, rodeándolo, con fuerza y cuidado, dejando siempre al descubierto mis pezones, que no toca ni por un accidente, con un profundo respeto por esa zona considerada sagrada por contener lo que se cree más importante del cuerpo: el corazón. Manos de ángel, sin duda. Dulces, ligeras, firmes, sutiles y sensuales. De piel fina y cuidada. Sin respiración, cierro los ojos, más fuerte que antes. No he sentido nada. No he sentido nada. 

Entra en modo silencio y concentración y trabaja un poco mi barriga; me dice, brevemente, que lo suyo son las piernas. Pero ya estoy abandonada a mi suerte, a sus manos, a nuestro tacto cuando se juntan las dos pieles. Y ella sigue. Y sigue. Mis cuadriceps y las rodillas, sus manos arriba y abajo, uno de sus dedos se escapa deprisa, solo por un segundo, en uno de los pliegues de mi ingle derecha. Como sin querer pero con toda la intención. Como si fuera casual, para que yo sintiera eso y nada más. Pienso que es mi imaginación, que aquí no está pasando otra cosa que un masaje normal. Normal. Pero ella sigue. Dulce y enérgica, subiendo y descendiendo, siempre y todavía por mi pierna derecha. Repite el movimiento en el lugar que nunca debería tocar y lo alarga un poco, bajando la velocidad, deteniéndose un segundo. ¿Uno solo? Eterno. 

La sensualidad del lugar, de sus caricias, la sorpresa, la luz y el deseo... No puede ser y es imposible. Menuda, mi mente. Ando sobrada de ganas. Por fin unas manos mágicas. Por fin.

De pronto, adivino su cara ahi abajo, sonriendo con una expresión nueva y una mirada especial. Sin hablar, me pregunta, me ofrece y pide permiso, acercándose lentamente y sonriendo a mis rodillas, que comienza a separar con sus manos, muy despacio. Sus caricias son dulces y decididas, amplias y circulares. Comienza a pasear todos los pliegues de mi mitad inferior, yendo y marchándose algunos segundos. Viniendo de la cara interior de los muslos y volviendo, cada vez más cerca, tan cerca. Empiezo a moverme, a acomodarme sobre mi espalda y a respirar deprisa, completamente entregada a la sorpresa y a la novedad.

Shen me adivina excitada e impaciente. Ni puedo, a esas alturas, ni tan siquiera quiero, disimularlo. La escena es simplemente exquisita y no puedo pensar en otra cosa que en vivirla intensamente, con ella mirándome a los ojos y compartiendo una media sonrisa que dejaba adivinar que no solo yo estaba a punto, jugando la partida. Y se aprovecha de mi urgencia y decide hacerme esperar, divertirse conmigo, someterme a sus ritmos y dejarme en sus manos. Se entretiene, cruelmente, consciente de su control sobre mi y del efecto que está provocando. Qué manos, dulces y pequeñas, fuertes y finísimas. Jadeo, sin ningún pudor. Muevo mis caderas buscándola, acercándome, mientras ella se escapa, se aparta, sabiéndome.

Se sonríe cuando decide incorporarse hacia mi, apoyándose en mis rodillas. Y se inclina muy lentamente sobre mi cintura separando sus labios húmedos en dirección a los míos, que se abren para recibirla mientras aprieto los dientes tratando de disimular un primer grito...

viernes, 29 de septiembre de 2017

Vuelvo a las andadas, como una campeona...

Sentada en mi nueva silla, entre nuevas paredes, ventanas y suelos, rodeada de objetos, sonidos y aromas nuevos. Instalada en mi nueva vida. Todo nuevo, todo por estrenar. Todo.

Hoy recordé que alguien conocido (cuyo nombre no recuerdo ni pienso buscar) opina que "de las grandes crisis surgen personas muy interesantes". Y todas las personas interesantes que conozco y forman parte de mi vida de una u otra manera vivieron ese crack en algún momento de la suya. Un crack silencioso y letal, a veces. Necesario o imprescindible, casi siempre. De agradecer, para la correcta renovación. Una oportunidad, al fin.

Como en los viejos tiempos, las antiguas ganas de escribir aquí (y no allí ni allá ni ahí, no...), con las prisas de siempre y los dedos sobrevolando mi nuevo teclado blanco y plata, para vaciar la alegría de lo que hay dentro, las ganas de salir volando a encontrarte y gas, ras a cualquier lugar, nuevo o antiguo, porque sabemos que el sitio es, casi siempre, lo de menos, como una resta.

Me sonrío por dentro y por fuera sin miedo a nada ni nadie sabiendo que se me hace tarde, tengo que empaquetar, porque nuevas camas nos esperan, hoy que hemos decidido que mañana volverá a ser verano, seguiremos con flip flops aunque le pese a alguien, nos llenaremos de arena y quizá vivamos un último (¿quién sabe?) baño de sal después de una guerra de palas. Total, después llegarán los mimos. Y el invierno blanco y el frío. Y se cerrarán los mares y las islas, hasta nuevo aviso.

Compartir es una palabra bonita, pienso. En todos los ámbitos. Pero mucho más bonita cuando reviso el significado de compartir vida y casi todo, ahora que los compartimentos estanco van fundiéndose en negro y se diluyen y se licúan. Tampoco esto está siendo fácil y, sin embargo, sucede. Un poco por sorpresa, otro poco improvisando y el resto porque era de esperar.

Como casi siempre, como antes, vuelven los párrafos inconexos y bastante incomprensibles (excepto para algunas eruditas que podrían ser mis biógrafas oficiales, a estas alturas y después de haber interpretado muy correctamente cientos de mis posts) para explosionar de dentro afuera y ordenar significados, sentimientos y sensaciones nuevos. O no tan nuevos porque ya duran y vienen de atrás, contigo...

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Luciérnagas y llaves...

Vuelve la Spark disc jockey porque la canción revolotea como una luciérnaga entre mis cejas desde que vi la película. Totalmente recomendables, ambas. Intensas y profundas y reales y costumbristas. Como si pudieras acariciarlas, a ellas, a la cantante. Mágicas. Como el lugar, de sofá enorme y blanco lleno de pareos, piernas tumbadas, abrazo y cabeza recostada, corte de circulación en un brazo, cambio de posición, corte de respiración. El sol se puso, hay alguna nube negra, de contraluz y algodón, azul petróleo, sin lluvias. Sólo tú, y sólo yo. Y algunos jadeos entre respiraciones profundas y cortas, a nuestro lado. Se escapan caricias, sin ninguna prisa.

Te cambié unas llaves. Porque me diste las tuyas, hace tanto, ya. Que abren puertas y media vida. Con el tiempo y mucha ilusión te he dado otras, llenas de esfuerzos, recién hechas, recién recibidas. Porque si se dan se espera que se entre, se esté, se siga ahí. Porque es un placer extraño tenerte dentro del bolso, que puedas entrar sin hacer otra cosa que una breve llamada que nunca espera respuesta. Es un aviso, la advertencia, la sonrisa que es preludio de todo lo demás. Entra, pasa, quédate. Estás en casa. Y deja que te de algunos besos de esos de "estebesoesdeaquellosdetequieromucho, verdad?", mientras nos sonreímos tan cerca...

lunes, 25 de septiembre de 2017

Estoy porque quiero...

Nos empeñamos en aferrarnos a este verano largo, azul y verde, de impresiones. Con los pies dentro del agua, flip flops y playa. Porque no nos apetece mucho darle la bienvenida al otoño recién estrenado. Los días son largos, apetece Aperol y no hemos gusrdado los bañadores ni los shorts (los de ayer ya nadan en aguas limpias, gracias a Dios...). Las pieles vuelven a estar morenas después de estos tres días regalados a esta época pacífica, sin apenas estrés y compartidas, en tantos sentidos. Inmersa en tu tierra, tus lugares, tu gente, en ti. Nos empeñamos en buscar todos los momentos de intimidad y, si nos la rompen, lo acusamos. Nos aferramos a cualquier detalle, a todas las cosas que nos gusta valorar, y nos vamos viviendo con la naturalidad que da el compartirse. Con calma, alegría, ilusión y planes que se atropellan en busca de sus cosas nuevas. Infinidad de opciones cuando coexistes en el mismo lugar y siempre, porque todo se elonga, se desparrama y el tiempo también. Sobretodo cuando eres feliz. Sobretodo cuando puedes confiar. Sobretodo, sobretodo cuando no hace falta estar alerta porque, es muy simple, estás porque quieres estar. Y eso es lo más encantador de la vida, creedme...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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