Sparkling

Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

martes, 8 de octubre de 2019

Las mujeres territoriales...

He devorado kilómetros durante más de cinco horas, entre campos secos y viñas en plena vendimia, cielos azules, con luna y puestas de sol naranjas y rosas, debajo de pequeños grupos de cigüeñas en tránsito hacia uno de nuestros sures. Diría que no me va a quedar ni un punto y que ya me arreglaré porque lo que he disfrutado no me lo pueden quitar los de la DGT.

Y pensar... Porque las mujeres territoriales lo tenemos, eso. También somos pensadoras, planeadoras y nos ilusionamos. He recordado mi territorio, los olores, los verdes y el musgo perpétuo, el pequeño rio que cruza el valle y lo que siento solamente ahí, en los caminos de siempre; he decidido escapar hacia allí, ahora que parece que refresca y que quizá convenga encender la chimenea, dormir a destiempo, comer frugalmente y a deshoras, despeinada y a solas.

Mucho que pensar, decisiones que tomar, planes que trazar. Creo que encontré un territorio real al que huir, al otro lado del Atlántico, hemisferio sur, con excusa poderosa e indiscutible. Las mujeres territoriales que abrimos nuestras vidas, nuestras casas, nuestras familias, a veces también las cerramos y nos escondemos hacia dentro. Para siempre...

lunes, 7 de octubre de 2019

Otro sumatorio...

Debajo de sábanas y mantas suaves de entretiempo. Entre cuatro paredes y algún tabique para cocinar un poco. Detrás de los párpados mientras pensaba en cómo defenderme de todos los miedos. Dentro de la música inyectada en mis oídos sin ni siquiera escuchar la letra. Intentando formar parte de las historias de unas series que he ido dejando al empezar, sin piedad, sin segundas oportunidades. Ocupándome con tareas mecánicas a las que me he dedicado con el mejor de mis perfeccionismos, ahora de aficionada. Chequeando compulsivamente un teléfono en busca de trazos, indicios, datos, noticias, cualquier cosa, algo. Soñando recuerdos, valorando lo que ya no es. Me he escondido.

Todas mis hormonas en plena fiesta. Y yo alejándome. De mi misma, principalmente. Leyendo, entrando en silencio, desconectada y con un sueño que se corta y cuesta y es breve. Dopamina me ha llamado y la vida me ha costado disfrazarme para salir y volver a entrar y comenzar a correr sobre una cinta que cada día va un poco más deprisa durante un poquito más de tiempo. En éstas circunstancias hay que ponerse retos fáciles. Y yo me conformo con recuperar mis cuádriceps para el invierno y dejar por ahí algo de peso. No es mi dieta favorita pero sí la más efectiva: la del disgusto. Se te encierra el estómago, escondido, como yo. Y se te vacían los lagrimales, drenando. Es un volver a empezar y tomar decisiones, eligiendo qué actividad, en qué dedicar el tiempo, por dónde comenzar a rectificar la colección de errores.

Oxitocina, serotonina y endorfina se han pasado dos jornadas desgañitándose sin éxito. No han conseguido recuperarme, ni con una doble dosis de electroshock. Imposible. Me han perdido. Para siempre.

Sé que no recordaré con alegría este tiempo, éstos días. La suma de tantas cosas ahoga. De verdad...

domingo, 6 de octubre de 2019

De autonomías, compromisos y pena...

Autonomía. Una profesional me cuenta que es una de mis palabras clave. Por supuesto, no estamos hablando de política.

Me llama y me explica algo acerca de una prueba, sedación, (maravilloso) propofol y prohibición de conducir. Necesita ser acompañada. Por supuesto, no hablo de la profesional del párrafo anterior.

Con el teléfono en la mano y la voz por los aires, nuestro silencio, busco la fecha en mi agenda. Está libre el slot de media tarde. Elevo la mirada, sigo callada, valorando la importancia de las cosas, la de hacer que lo más importante sea lo primero. 

Recuerdo la consigna de la autonomía y me comprometo. Por supuesto, con el miedo a fallar que siempre me ha caracterizado.

Nunca pensó que podría contar conmigo. Qué pena. Sí. Pena verdadera y de lágrimas...

jueves, 3 de octubre de 2019

Juguetes e insomnios...

Este lugar hace mucho que dejó de ser mi juguete. Nada tiene que ver con las modas. Durante años fue refugio, instrumento, terapia y medio. Hoy a veces todavía.

Aqui he llorado y se me ha helado, literalmente, la sangre. Cosa que sucede cuando descubres que te mienten, omiten o no te cuentan. Te traicionan, de una manera evidente. Y devienes insomne unos días. Se te acorta el apetito y el semblante se agudiza de seriedad y facciones caidas. Porque esos episodios coinciden con el principio del fin. Irreversible, por desconfiado, por el dolor y el nunca más, por descreída. Pero sobretodo, sobretodo, por esa decepción negra que lo tiñe todo y que ya no te permite ni mirar ni ver de la misma forma a la contraparte.

Es duro, ese proceso. Es más fácil con las habilidades adquiridas a base de repeticiones (dolorosas, claro). Pero duele. De verdad duele.

Ha habido por aqui millones de momentos preciosos, compartidos, llenos y mágicos, testigos del crecimiento hacia la madurez, la serenidad y la satisfacción. Prueba demostrativa de que la vida me vivía con pasión, dejando rastro y huella. Eternos. Y yo no presentaba oposición alguna, generalmente despreocupada.

Pero eso es otra historia, quizá. Hoy el mensaje es que estoy insomne. Y que el insomnio me atacó por la espalda, por sorpresa, con nocturnidad y especialmente desprevenida. Con la guardia baja. Parezco nueva...!

viernes, 13 de septiembre de 2019

Me desmiento...!

Y me corrijo. Y rectifico. Porque sí.
No lloro en seco, señoras. No! Mis lagrimales funcionan perfectamente, gracias a Dios. Ignoro su funcionalidad y utilidad concreta o si es beneficioso para mi... No puedo decir lo mismo de mis pabellones auditivos, por ejemplo. Me regalan sinfonías graves y agudas, sin descanso, de forma asimétrica, simultánea, además. No hay ritmo, no son bailables. Desconciertan. Y para alguien que no tiene nociones de solfeo es difícil de interpretar.
Pero mis ojos, ay mis ojos!
He despertado temprano de mi pequeña siesta nocturna, inquieta, tortuosa y torturada y he descubierto, por sorpresa y pegada a un centímetro del espejo, que alrededor de mis ojos algunas lágrimas habían conseguido hacerse paso entre los pliegues de la piel y dejar su rastro. Prueba irrefutable de que han estado, al menos esta noche, dónde las dejé mientras luchaba contra todos los pánicos y me debatía contra mis monstruos personales.
Mi organismo está vivo, aunque es como si hubiera decidido hacerlo por su cuenta y riesgo, ahora que mi mente se despide...
Me hablaron de aceptación, ayer. Largamente. A veces ininteligiblemente, porque la filosofía se me ha dado desde siempre regular. Pero cuánta verdad (aceptar nuestras luces, habitar nuestras sombras, resignación, renuncia, aceptar lo que hay o cambiarlo si es posible, porque no somos árboles...). Gracias, Vic. Tendré que volver a escucharlo, que da de sí una barbaridad.
Y a la terapeuta que me ha recetado un largo abrazo, sin prisas, estrecho, de los que me relajan como ninguna otra cosa (casi), un beso agradecido. Siempre me has interpretado tan bien como a uno de tus mapas...


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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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