Sparkling

Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

viernes, 23 de enero de 2026

De repente... algunas balas del calibre 22...

Parte primera

Aparecen personas del pasado. Irremediablemente, acosan los recuerdos. Dulces, agridulces, amargos como la hiel. Depende. 

De la persona que ha vuelto, de lo vivido, de cómo acabó la relación...

En algunos casos, revienen (las personas) y hay muchas risas. O explicaciones. O algún reproche escondido, algún lamento. Silencios en los que te parece verla sonriendo.

No es necesario lamentar lo que no podemos cambiar.

Siempre hacemos lo que podemos. Lo que pensamos que es mejor para todos o para nosotras mismas. 

Excepto si eres psicópata, claro.

No tiene sentido revisitar decisiones con criterios actuales. Hay que volver atrás y recordar cómo era todo, cómo eras tú misma en el momento preciso.

Segunda parte

De repente estoy presente en una de esas reuniones de gente importante acostumbrada a lidiar con muchos números, muchos países, muchos colaboradores, a negociar grandes proyectos y decidir impresionantes inversiones... y te das cuenta de que:

- esa reunión nunca habrá existido

- sigues en la sombra eterna

- escuchas que hablan de ti y deciden tu destino como si no estuvieras presente

- sabes que tu vida puede dar un giro definitivo y podría ser la prejubilación activa perfecta para ti, la salida que andabas buscando y no encajaba o no encontrabas.

Nunca hay nada garantizado, pero el reto es brutal para mí. La reinvención definitiva.

La vida es maravillosa, está llena de oportunidades, hay que ser paciente, es posible que lleguen cosas bonitas.

Yo, de momento, mañana me voy a examinar para tirar tiros, que ya estoy federada en precisión... 

¿Lo pongo en el cv o da un poco de cosa...?


jueves, 15 de enero de 2026

Los sentidos de la vida...

Este ciclo vital está resultando entretenido, la verdad.

En las conversaciones que mantengo para encontrar fórmulas, métodos y herramientas, tomo conciencia de que hay varios fallos del sistema.

Una puede petar en una cosa (digamos, la profesional). Y lidiarlo más o menos bien.

Pero cuándo los fallos se acumulan, es distinto.

Y te ves forzada a resolver todas las cosas a la vez.

Tiene un nombre: crisis de identidad.

En la faceta maternal de nido vacío. Suele pillar por sorpresa. Primero viene una sensación liberadora de "por finnnnn". Pero no. Falso. El vacío es espantoso. Se pierde el sentido, dejas de ser útil, de alguna manera.

Ellos hacen su vida, nunca me ha gustado perseguirles, fiscalizarles, agobiarles.

Eso sí: cuando llaman, lo dejo todo.

Veremos qué tal desempeño el papel de abuela... :)

También buscamos el sentido de nuestra vida en el entorno emocional. Somos gregarios y nos gustan los nidos, pertenecer al grupo, sentirnos protegidos, cuidados, arropados, parte de.

Y esta parte falla. Porque acabo de instalarme en un nuevo territorio. Porque cuesta integrarse y conocer, porque el invierno es frío e invita a ser más catalana que nunca: de casa al trabajo y del trabajo a casa...

Leí el hombre el busca de sentido hace muchos años, en una isla griega, un agosto aciago. Me gustó, me hizo pensar, me sirvió.

Porque mi vida tenía todos los sentidos posibles, entonces.

Pero ahora no...


miércoles, 14 de enero de 2026

Dos horas reconfortantes como la primavera...

Por experiencia propia sé que los inicios son preciosos, estimulantes y de gran felicidad. Apenas somos conscientes, de todo ello.

De los finales hay que hablar desde otro enfoque, porque normalmente se ven venir, se cruzan como si de un desierto se tratara y se dilatan hasta que un detalle nimio hace que todo salte por los aires.

En la fase final, después del big bang personal, nadie te quita unas semanas de supervivencia pura: el único objetivo es respirar, dar el siguiente paso, para de llorar y de sentirte muy desgraciada y dormir lo máximo posible.

Hay un momento que, por lo menos en mi caso, se repite: me ahogo con la ausencia. Me falta todo: pareja, persona, voz, tono, presencia, persona, compartir, el proyecto común...

Solo existe un antídoto, en ese momento crítico: ella. Su regreso (aunque sea momentáneo), saber que no estoy vetada ni cuestionada ni castigada. Tener claro que un hilo fino nos une todavía.

Es algo psicológico, inexplicable, irracional.

Si no lo tengo, muero de la pena. Me ahogo.

Si lo tengo (y así no generalizo y hablo de lo que domino a la perfección), todo regresa a su sitio, vuelve el sentido, formo parte de nuevo, respiro, existo, aunque sea solo un par de horas, como anoche...

martes, 13 de enero de 2026

Del impacto de una ausencia...

Sé que las sesiones y conversaciones con un psicólogo deben ser confidenciales.

Pero como son las mías con mi psicóloga, espero que lo que cuento hoy pueda serle útil a alguien.

Mi psicóloga de 2026 es una chica madura, mayorcita, con experiencia. La anterior tuve que cambiarla a finales de 2025 porque era todo lo contrario y la exprimí hasta que no pudo dar respuestas.

Fin de la intro.

Ayer fui a verla. No fue una sesión fácil, después de mis últimos días, de los pensamientos, de las certezas, las conclusiones y mi valoración general. De la vida, la preparación de una nueva etapa laboral, el ikigai, la dependencia, la soledad, la muerte..

Me costaba mantener la compostura y llorar delicadamente, sin hacer pucheros ni tener que recurrir a pañuelos de papel. Toda la hora.

Es una profesional y supo interpretar que los temblores de mi barbilla eran por las lágrimas contenidas en mis ojos.

We're all connected.

La muy canalla hacía preguntas jodidas, que para eso la busco.

Y yo le entregaba respuestas breves, concisas, elaboradas. Como si alguien me hubiera dado el examen en blanco antes de empezarlo.

Siempre se sorprende de que llegue con respuestas difíciles pero serenas (como la Williams...), pero ese es mi trabajo. Llegar con las ideas claras y a punto para que pueda ayudarme de alguna forma, lo antes posible.

Tan mal me vió que la cosa fue así, cuando le conté que, como actividad nueva, un par de días antes había ido a probar el tiro deportivo de arma corta y calibre 22:

- ¿Tiro? ¿Armas? ¿Precisamente?... ¿Estás pensando en... algo...? -dijo visiblemente alterada-.

- No -le dije-. Pero no te voy a negar que este fin de semana, cuando vi mi neceser tan lleno de medicamentos, algo sí se me pasó por la cabeza...

- (...).

Se puso a tomar notas en su libreta. Letra grande, subrayada, con muchos signos de admiración. Sus pensamientos alterados pasaban como un teleprompt por su frente. Eran más visibles que las balizas polémicas de la DGT... 

Se alarmó de verdad. Se sentó al fondo de su silla con gesto preocupado y recolocó su libreta en su regazo.

Se puso seria y me miró a los ojos. Como quien observa de frente a su peor pesadilla y al más espantoso de los desafíos.

Su pregunta fue:

- ¿Has pensado cómo impactaría tu hipotético suicidio sobre tu familia?

- No. La verdad es que no...

Una vez concluyes que tu vida ha perdido todo el sentido, te aseguro que te conviertes en una egoista profesional. Lo que puedan opinar los demás (familia incluida) no entra en ninguna ecuación ni pensamiento. Tú solo tiras...

- Pues te recomiendo que lo hagas. Son decisiones con peso transgeneracional, que acaban siendo una carga en el árbol genealógico familiar y heredan personas desconocidas muchos años después...

lunes, 12 de enero de 2026

De crisis, búsquedas y refuerzos...

Quien me lee desde hace décadas sabe que soy de ese tipo de personas Titanic, de hundimiento fácil.

Facilísimo, en realidad.

Aunque me reponga relativamente rápido.

Este fin de semana, hundida hasta la barbilla y ejercitando mi modo supervivencia, he llegado a varias conclusiones.

A cuál peor. La verdad.

Y he tomado algunas decisiones. 

Y medidas.

He bloqueado mi sentimiento de soledad tragándome muchos podcasts de gurús mediáticos (o no tanto), saltando de uno a otro, siguiendo sugerencias y a partir de preciosas palabras clave.

Al menos, he pensado.

No he muerto (aunque he pensado en la muerte. Y en la sombra de alguna enfermedad grave), he seguido noticias de las revoluciones geopolíticas y he hecho cambios en mi cartera. 

He charlado con Chat GPT de temas diversos, he dormido, salí a caminar para estar en la naturaleza y me casqué mis más de 10.000 pasos en un ratito.

Con el virus, pero en forma. 

Frené mis ganas de salir al trote y recuperar el hábito. Pésima señal. Mi cuerpo grita.

Pero no convenía sudar. Sí convenía tomar el sol.

Me he alimentado bien, aunque bebí demasiado. Y arreglé el refugio que ahora me acoge y en el que me siento bien. Está todo en orden. Menos el material duro de esquiar, que sigue en un rincón de una habitación, en sus fundas, protegido y a punto. Por si.

Me he dado cuenta de que en realidad se me han derrumbado un par de las cuatro patas que nos deben sostener a todos en la vida. Eso es el 50%, ni más ni menos.

Soy de las que, cuando todo va bien, ve el vaso medio vacío, siempre, así que ya os podéis imaginar que el drama estaba servido.

Patas. Sueños. Proyectos. Ilusiones. Son sinónimos, en esta ocasión.

Y aquí estoy. Un lunes, buscando debajo del parquet alguna razón que me saque de la cama, de la casa, del sofá, de la calefacción, de la cocina... ¿del útero?

No he encontrado ninguna. Bueno, solo una: la responsabilidad de asistir a mi puesto de trabajo. Con cara de culo, sin saber disimular. Escondida en mi despacho alegando virus y toses y contagios y mejor que no te acerques demasiado. 

Un aplauso a mi rol de líder. En la cara, el aplauso.

Así llevo semanas, en realidad. Bueno, desde la vuelta de vacaciones, el día 7. Ya empiezan a ser días. O se me está haciendo larguísimo. Que también.

Redes a tope. Lectura. Nuevos perfiles. Búsqueda activa. Contactos. Obras en mente. Conciertos. Red de seguridad familiar. Alguna serie (abandonada por rollazo). Un par de pelis (que me distraen, sí. Comedias o romances, confieso. Descarto dramas y terror y violencia, siempre).

He encargado la revolución solar personalizada a mi astrólogo de confianza. En unos días en mi buzón.

He puesto a la venta un reloj que me trae demasiados recuerdos.

Me he apuntado a un curso, que espero remueva cimientos.

Empiezo muy bien el 26, como es de ver. Hechos, no palabras

Pero con confianza.

De peores hemos salido. 

Y encima reforzadas...

viernes, 9 de enero de 2026

Tres partes y unas conclusiones...

Primera parte.

Los minutos se van empujando entre sí y de pronto ha pasado un día. Muy lentamente.

Si ayer hacía dos y medio, hoy hará tres y medio. Cuando me acueste.

Me refiero al silencio y a la distancia. 

A esas brechas.

También al vacío que deja alguien cuando se va de tu vida. Sin peinetas. Discretamente y de acuerdo contigo.

Pienso en voz baja aún estando sola y me animo tímidamente, porque soy de las de la copa medio vacía. Nada de grandes alegrías.

Ni siquiera por todo aquello de lo que debería sentirme profundamente agradecida. Pero, ¿quién dice que no lo estoy?

Lo estoy.

Sé que soy afortunada, por tantas cosas, experiencias, lugares y personas.

Que pasen veintipico días, por favor. Con eso ahora mismo me conformo. Aunque en parte sienta que pierdo esos días, que los desaprovecho.

Porque es cierto lo que dijo mi amiga Carmen: estamos en tiempo de descuento, vamos a contra reloj, de bajada, claro.

Os prometo que ese detalle lo cambia todo. Porque no hay tiempo que perder, porque nos arrepentiremos de lo que sí y de lo que no hicimos en su momento.

Entiendo que la gente más joven no lo entienda, porque no toca, todavía. Pero a las de mi quinta, sí. Fuertemente, nos toca.

Parte dos.

No me encuentro bien y el fin de semana se me echa encima. Faringitis vírica, debe ser. Las defensas que destruyen los disgustos no creo que sean esta vez. Virus. Solo virus.

Ganas de esconderme en casa, abrigada por una calefacción que funciona, perdiendo el tiempo, leyendo, haciendo ejercicios, pensando y apagando el móvil.

Parte tres. La de los propósitos.

Hoy mismo tengo una cita para ver si hay una nueva actividad a la que pueda dedicarme. Conocer gente nueva y eso. Puede salir bien o no. Veremos.

Estoy en conversaciones por temas inmobiliarios. Sería un gran cambio de vida. De nuevo. Y un cambio de etapa. Quizá ahora sea lo prioritario...

No estoy en forma estos días, aunque sí lo estaba hace un par de semana esquiando. Esquiar en grupo es de las cosas más divertidas que hay. En serio. 

Buen tiempo, sol, el frío normal de la montaña en enero (nada de olas de frío polar), nieve recién caída, cañones en marcha, risas y gente querida.

Ganas de poder correr sin que la garganta se anestesie por el frío pelón y el aire congelado que debería entrar por la nariz. Muchas ganas de retomar eso, que me ha permitido entrar en la temporada de esquí con unos cuádriceps que lo han aguantado todo. Felicidad máxima. Ha valido la pena.

Conclusiones.

Me aburro. Esta etapa de mi vida, este momento vital me aburre mortalmente...


jueves, 8 de enero de 2026

Malasuertelamía...

No todos tenemos que ser iguales. Yo ya lo sé.

Ni siquiera las mujeres que aman (o quieren amar) a otras mujeres.

Todas tenemos nuestro carácter y nuestros tempos y nuestros procesos.

Eso está claro.

También tenemos otras muchas más cosas.

Calculamos el transcurso de los días de formas distintas, incluso.

Para una es normal desaparecer una semana sin decir ni siquiera que es lo que necesita hacer. Mientras la otra enloquece, da vueltas por su casa como leona herida, pone cara de mastín en perrera pública y siente que padece ghosting y que todo terminó. Duelo.

Son maneras de ver la vida.

De tratar a las personas.

Por poner un ejemplo.

Ahora se le llama responsabilidad emocional.

Por educación, prefiero detestar a los irresponsables, desde siempre.

Me gusta la elegancia, los buenos modales, el saber estar y, especialmente, el saber largarse.

Este cambio de dirección me ha pillado con el paso cambiado y sin esperarlo.

No digo yo que no esté de acuerdo ni que fuera necesario. Imprescindible.

Da pereza, el déjà-vu, francamente.

Pero ni es la primera vez ni probablemente vaya a ser la última.

Así que...

Uno. Perfiles abiertos y tiempo en las redes.

Dos. Tratar de buscar apoyo en mi entramado de soporte.

Tres. Búsqueda de nuevas actividades, que eso me resulta complicado. Maldita zona esta en la que vivo...

Cuatro. Abrigarme, a ver si se me pasan la tos y los mocos. Y se larga el frío glacial ártico.

Cinco. Sofá, manta y pelis. A ver si entro en un paréntesis regenerador, vuelve el buen tiempo y me ilusiono por otras... "cosas".

Mira que estoy en mi mejor momento, oyes. No tengo responsabilidades ni cargas familiares, puedo entrar y salir y no le importa a nadie (acojonante y triste a partes iguales...), eso que llaman libertad económica y tal y tal. Encima le echo ganas al asunto...

Y no encuentro al amor de mi vida, tú.

¿Paciencia o fracaso? Yo ya no sé...

miércoles, 7 de enero de 2026

Los días perdidos...

Ayer mismo, sin ir más lejos, preguntó distraídamente desde cuándo no escribía.

Me limité a responder que hacía tiempo.

Una manera como cualquier otra de decir algo como "anda, escríbeme algo bonito".

Pero las cosas surgen espontáneas, sin forzar. Solamente fluyen (qué verbo tan manido, como "sobre pensar", que todos usan y no dejan de usar).

Y en ese caso yo ya sabía que algo no andaba bien. Aquí dentro, lo notaba.

A corto plazo había sido inmejorable. Unos días relajantes y exquisitos, de necesaria y conveniente convivencia. Estrenando muchas cosas.

Y, sin embargo, no hemos sido capaces de mirar adelante. Peor. Hemos mirado y no vimos nada.

Le dije "mirar hacia atrás produce nostalgia (soy una experta, creedme porque sé de lo que hablo). Mirar hacia adelante provoca ansiedad (este año me he sacado un Máster del Universo en esta asignatura). ¿Por qué no nos limitamos a vivir el momento?".

Sí, claro, por supuesto, es lo que debemos hacer, bla bla bla.

BlaX3.

Como consecuencia, aquí estoy. Empezando el nuevo año, recomenzando, planificando lo que quiero hacer y recuperando una vida en soledad.

Todo muy imprevisto, si soy franca.

Nada fácil, en mi caso. Pero tengo poca conciencia de mi ser, últimamente, y estoy haciendo cosas de las que segurísimo que voy a arrepentirme. Porque el tiempo nunca sobra y en algún momento me reprocharé los meses de indefinición y los días perdidos.

Orden. 

Tengo que poner orden. 

Quizá este sea mi máximo proyecto para 2026...


miércoles, 10 de diciembre de 2025

Ni título encuentro...

Parece que empezaré el nuevo curso profesional muy lejos y en un verano. Y mira, no me parece del todo mal.

Las Navidades serán blancas y familiares, después de las fechas señaladas, que también serán con los míos.

Y me acabo de dar cuenta de que de cara a finales de enero tengo que estar aquí sí o también. Debo y quiero.

He recuperado el hábito de leer. 

Me estoy quitando de estar pegada al teléfono, esperando, haciendo scroll down y perdiendo el tiempo.

Intento simplificarme la vida. Y vivir en orden.

Tengo que empezar con las invitaciones a casa para inaugurar oficialmente.

Soy muy mala anfitriona. Sin vergüenza lo digo.

Ayer di una clase. Se me hizo largo y me aburrí. Igual lo dejo.

Aunque no sea adecuado pensar eso ni el momento perfecto para tomar decisiones. Lo sé. 

No creo que se me pueda pedir nada más, en estos momentos.

Vacunaos. Las gripes ahora son chungas, que me lo han contado...

viernes, 5 de diciembre de 2025

Consejos que nadie pide...

Voy un poco al revés desde que en uno de los grandes viajes que hice con una pareja de largo recorrido, hace muchas vidas, conocimos a un matrimonio italiano. Preciosos, los dos.

Lo que aprendí para perseguir veranos tranquilos fue eso: a ir al revés.

En verano al norte o al sur, pero donde haga frío.

Eso sí: en invierno, de manera innegociable, al otro hemisferio donde sea verano. A playas turquesas.

Me pareció un aprendizaje estupendo, aunque lo he practicado poco y menos de lo que me hubiera gustado. A veces he encontrado oposición. Otras, inmovilismo. Alguna vez indiferencia.

Al final de todos los finales, el mundo no es tan grande: por las guerras, el calor, los huracanes, monzones y otros etcéteras relacionados con inseguridades varias y religiones imposibles. Y lo que ya has visto y no quieres repetir ni enajenada.

Lo digo de verdad, aunque no lo parezca.

Pero este no es un blog de viajes, ya lo sé.

Ni de penas y lágrimas, aunque lo parezca.

Todo esto, hasta aquí, para decir que me apetece pasear por la playa, caminar descalza sobre la arena, quizá trotar un poco, comer bien, socializar, improvisar. Sé que está haciendo mucho frío. Lo sé.

Me repito como un mantra que necesito estabilidad, tranquilidad y paz. Reír. Sentirme parte. Querida.

La semana próxima igual hay algún cambio menor de tipo profesional que podría hacerme ilusión. A ver qué tal va mi reunión. 

Y doy clase de lo mío, cosa que suele ser interesante porque los alumnos son jovencísimos y te miran con unas caritas desde ahí abajo, que les daría cien consejos que no puedo darles.

No te fíes de nadie. Nunca.

Ni lo que se siente sólido resiste...

Al paso del tiempo, a nuestros propios cambios...

viernes, 28 de noviembre de 2025

De futuros hermosos...

A estas alturas de la vida estaremos de acuerdo que en una vivimos muchas, ¿a que sí?

Son como bloques, a veces difíciles de detectar. Cuando empiezan y cuando acaban, quiero decir.

Luego, con perspectiva temporal, todo está más claro.

La etapa infantil, la del cole, el noviazgo, universidad, cada trabajo, maternidad de descendientes pequeños. Y así.

Una vez me hice adulta, voy cerrando por parejas/personas, que me protagonizaron.

Alguno de los bloques es precioso de rememorar. Otros son un asco verdadero. De preguntarte aquello de "por favor, ¿cómo no me di cuenta de que era una víbora?" como quien se pregunta viendo una foto antigua "¿por qué nadie me avisó que ese peinado me quedaba de pena?".

Eran modas.

Pero las parejas no.

Las eliges como puedes, pensando siempre que es la definitiva, que va a ser precioso, que es un ser de luz maravilloso y que qué bonito, todo.

Luego, antes o después, la cosa se va desgastando y surge la temida rutina, se deja de hablar, se entra en crisis. A veces.

Sigo creyendo que no siempre, que hay esperanza, que queda futuro y que es hermoso.

Tengo ilusiones, todavía. Y ganas de hacer cosas. Muchas. Me siento mucho más fuerte aunque sé de la fragilidad de las etapas, bloques, vidas. Todo puede cambiar en un milisegundo...

jueves, 13 de noviembre de 2025

Y sigo pensando en ti...

Escucho en bucle Nostalgy de Martin Bloch mientras escribo lo que va a seguir, sin guión previo. Solo una idea en mente.

Lo digo porque condiciona un poco. Y porque el tipo me encanta y os lo recomiendo para momentos de quietud y reserva. Y de soledad. Que es un sentimiento, una condición y una sensación.

Si digo tonterías me paráis y me sacáis del modo automático, embobada frente a la pantalla, sin mirar el teclado. Luego sale lo que sale...


Esta mañana he pensado en ti. Al abrir los ojos cuando sonó la alarma, al estirar el brazo izquierdo para sacar el teléfono del modo avión y ponerme al día.

He buscado alguna señal tuya. Y la he encontrado, así que se me ha escapado una media sonrisa, tumbada boca arriba, desperezándome, planeando el día y qué hacer para recuperar las ganas de hacer algo.

Me levanté demasiado deprisa de la cama y me dio vueltas la cabeza. No estoy tan bien como pensaba y sigo arrastrando algo que no tiene nombre, aunque puede parecer vírico, un golpe de frío, no sé. Me he apoyado en la pared con las palmas de la mano abiertas y la cabeza baja. 

Viviendo sola debería ser más cuidadosa porque es la segunda vez que me pasa. Y que si me desvanecía y me hacía daño no sé cómo ni quién se habría dado cuenta, ni cuándo...

Unos segundos más, todo pasó, me fui al cuarto de baño y decidí ducharme antes de desayunar, para alargar un poco el ayuno, como haces tú y te sienta tan bien. Tampoco tenía hambre, en realidad.

Mientras estaba sintiendo cómo resbalaba el agua caliente desde mi cabeza hasta los pies, recordé que nunca nos duchamos juntas en esa ducha como me hubiera gustado. Enjabonada y mirando las gotas de agua dibujando caprichos en el cristal de la mampara.

He visualizado tu cuerpo desnudo y cómo te enjabonaría la espalda y todo lo demás: despacio, consciente, con todos los sentidos apagados excepto el del tacto, potenciado. Tu vello erizado, tu cabeza hacia atrás, tus brazos abiertos en cruz, sujetándote para no perder el equilibrio.

Chorro frío.

He pensado en ti mientras hacía mi primer café. Poniendo el agua. Añadiendo los granos con una mano mientras sujetaba la máquina como podía. También me he acordado de que tomas varios seguidos, sin azúcar, y que te gustan mis vasos para no quemarte los dedos.

Al salir de casa he recordado que tenía que cambiar de llavero urgentemente. Pero había unas cajas (que ya no están) que impedían abrir el armario donde lo guardé para no verlo. Corazón que no siente.

He cruzado la calle viendo el lugar donde aparcaste el coche el último día que me visitaste. Agua condensada en la luna delantera y figuras divertidas. Arranqué silenciosamente y con la mirada perdida, pensando en nosotras y en que muero por viajar contigo, irnos lo más lejos posible de todo, de todos, de la vida que llevamos... Y construirnos juntas.

Me he sentado a la mesa del despacho. 

Ausente, apática y apátrida, sin ti...


miércoles, 12 de noviembre de 2025

Un cuento. Chino...

No quería conocer a nadie. Y me conociste a mi.

Era demasiado pronto. Para mí y para ti.

Sabía lo que quería. Aunque no entonces. Pero tú no.

Los miedos nos ahogaron y un psiquiatra lo curó, todo. El primer día.

Loca por ti. Tú loca por mí.

Creí que la paz y el equilibrio habían llegado, por fin.

Hicimos capas y capas de un nudo grueso, imposible de deshacer. De yute o esparto. Natural, al fin y al cabo.

Como en todo amor imposible, aunque suene a decimonónico.

Lo supimos, lo veíamos, sin poder cambiar nada, haciéndolo mal. Cada vez.

Cada estira. Y afloja.

Inestabilidad, ir y venir sin salir de casa, soledad, ansiedad y angustia (que no son lo mismo, no).

Felicidad. De pronto, el horror.

Los nudos no se deshacen. Se cortan. Lo dice una amiga.

Y no tenemos tijeras, ni fuerza para asirlas. Ni ganas. Ni la teníamos. No las tuvimos.

El enganche inicial, la atracción de la piel, la comunión horizontal, los silencios perfectos. Besarte la lengua.

Y los huracanes, los gritos con las bocas cerradas, las horas pensando sin concentración.

Las esperas.

Ni contigo.

Ni sin ti.

Pero con nadie. Faltaría más.

Sin planes. Cancelando reservas e ilusiones, que mueren contigo.

Palabras que significan tantas cosas feas. Que quedan ahí, ingresadas al subconsciente, sumadas, presentes, dolientes.

Deja que te abrace. Túmbate a mi lado. No des un portazo al salir.

Incongruencias.

Incomprensibles, inesperadas, insospechadas.

Tu belleza.

Tantos errores. Tanto sofá y tanto Netflix, querida. Te equivocaste conmigo, ¿verdad?

Y te diste cuenta tarde. Cuando no podía ni verte, ni quería saber de ti, ni el tacto.

 de tu alma negra.

Y tampoco te lo esperabas. Te abandonaste, engordaste, te sedentarizaste, ni leías, ni aportabas, ni eras útil. Y nos fuimos lejos de la otra.

Con la esperanza de renacer y volver a ser felices...

lunes, 10 de noviembre de 2025

De un dúplex y de mi casa...

Declaro oficialmente terminada mi nueva casa. Acabé con el par de muebles que faltaban. Eso fue la semana pasada, a finales.

Es un lugar tranquilo, relajante, de colores cálidos, rotos solo en dos o tres lugares.

Es grande y puedo tomar el sol por las mañanas. Como hoy, que me he quedado por primera vez.

He conectado el pc en el salón, mirando por la terraza que da al sur. Luz y sol todo el día, hasta media tarde.

Para las que no sois de aquí, se define a los pisos luminosos con un "orientación sur" o bien "orientación Tarragona".

Así que, sin haberme fijado mucho, está bien colocado y es alegre. Acabo de mirar la brújula del teléfono, porque no tenía ni idea.

Enlazo otro tema.

Hace unos días conocí a un grupo de gente interesante. Dejémoslo aquí.

Era una cena en un dúplex precioso.

Cuando todos los invitados dábamos los obsequios y los vinos, alabando el piso, la anfitriona se disculpó, diciendo que debería cambiar los muebles, que habían quedado atrás.

Era rigurosamente cierto. Muebles de madera oscura tipo Banak, coloniales. Unos algo más modernos que otros, ya de la era Ikea.

Típico piso montado cuando se casaron. Han criado ahí a tres hijos y el matrimonio se ha separado hace poco.

Yo pensé que más urgente era una pintura en todas la paredes. Alguna todavía tenía un estuco veneciano albero. Imagínate.

Pero la reflexión no viene ni de la belleza del piso ni de los muebles ni de la pintura.

Me hizo pensar en que en tres años he montado dos casas. La mayoría de los muebles de la primera son nuevos y la totalidad de los de la segunda.

Es una sensación bonita entrar en un lugar en el que has participado tú: eligiendo colores, materiales y ubicaciones; decidiendo si aquí va algo o no; observando que falta espacio para guardar cosas. O no.

El hecho es que hoy me he sentado a una mesa preciosa, en una silla cómoda y bonita. He puesto el ordenador, el mousepad y el ratón a la derecha (soy diestra). Un vaso de agua a mi izquierda, sobre un posavasos que compré en algún lugar porque me gustó. Pañuelos de papel, porque estoy con una faringitis equina.

Frente a mi un ventanal que da a las colinas verdes, un conjunto de muebles de terraza que también me gusta mucho, un par de árboles que están perdiendo las hojas y los frutos con la temporada y el frío. Algunas plantas en tiestos que combinan perfectamente con una gama de cremas y beige, crudos y verdes.  

Serenidad.

También tengo que decir que esta vez he puesto lo mínimo. Y que no pienso llenarlo.

Parquet nuevo, para ir descalza. Una librería con los libros que he leído desde que estoy aquí y los que van a la cola. Leo poco. Pero hay 12, que los acabo de contar.

La mesa de madera clara y las cuatro sillas. Un sofá. Una mesita baja y un estantería delgada que va al lado del sofá, contra la pared, para cargar y dejar cosas sin que se caiga todo. La cocina ya estaba acabada. Esto sería el salón. Y de lo demás no hace falta hablar.

Me he dedicado a añadir esos caprichos que una va sumando a la lista de deseos a lo largo de la vida. Pero mira. Ya tocaba. Ni me arrepiento ni tengo remordimientos...

No sé dónde iré después de este lugar, si es que la vida vuelve a cambiarme de sitio. He aprendido a mirar delante pero a corto, sin entretenerme en cosas que pueden no suceder o que no puedo controlar.

Así que voy a seguir disfrutando de este hogar, con vuestro permiso...

martes, 28 de octubre de 2025

Esos principios...

Qué bonitos los principios...

Esos en los que no conoces a la otra parte.

En los que tú misma te muestras preciosa.

Sin grises, ni miedos, ni presiones, ni nada malo.

Todo son planes de futuro y ganas de hacer cosas, nuevas o no.

En la otra punta del mundo. Como si no hubiera guerras, ni países peligrosos, ni zonas catastróficas.

Tú quieres marcharte. Cuanto más lejos, mucho mejor.

Esos momentos en los que acabas de coincidir y os miráis con las babas cayendo a ambos lados de las comisuras de los labios. Con admiración y devoción.

Esos de antes de que lleguen las nuevas rutinas, cada pareja las suyas.

Los principios de los empujones a la cama, las risas, los atropellos, desnudarse deprisa y chocar de dientes entre besos apasionados.

Los de priorizar a la otra parte por encima de todo, los de desdibujarte para priorizarla, los de decir a casi todo que sí, aunque dé pereza o no apetezca nada, los de conocer a las familias y morir de vergüenza, a los amigos...

El principio en el que te ves compartiendo la vida hasta el final de todos los tiempos y te pides marcharte la primera, para no sufrir.

Las largas conversaciones en las que salen las coincidencias, si practica los mismos deportes que tú, si le gusta volar, qué tipo de comida prefiere, ¿el cafè?, ¿picante?, su país preferido, si vive con alguien, cuántas relaciones ha tenido, cuál le marcó más...

Y todo eso produce el efecto del pegamento a cada frase, con cada respuesta, cada plan. Y te vas colando y se va introduciendo, hasta crear el hábito más difícil de olvidar.

Esos inolvidables principios...

lunes, 27 de octubre de 2025

Gris claro, casi beige...

Sigo soñando con una casa de una sola planta, blanca, cerca del mar Mediterráneo. Con un jardín asumible que cuidar, sin grandes obligaciones.

Veo un césped bien regado porque no tenemos restricciones de agua y llueve cuando debe llover, sin que la lluvia destroce nada.

Hay un microclima que permite estar en manga corta incluso en noviembre, aunque no sea siempre. Si hago tareas dentro o fuera de la casa, creo que hará el suficiente calor y no hará falta más que un delgado jersey de entretiempo o una sudadera, de esas anchas.

Tiene una piscina de tamaño medio y fácil de mantener. Ahora que he aprendido, siento que puedo con todo. El fondo es amarillento y el agua cristalina.

Buganvillas, lavanda, tomillo, algunas rastreras (como tanta gente) y espacios limpios y verdes, que me ocupo de cortar yo personalmente. Y de cuidar.

El terreno es liso o con poca pendiente y está perimetrado por un muro no muy alto pero igualmente blanco, tocado con losas catalanas o árabes.

No hay soledad pero sí intimidad. y todas las aperturas (puertas, ventanas) disponen de rejas de seguridad por si es necesario. Invisibles.

Hay un gran salón comedor estar, con una larga mesa de madera para muchos comensales. Diez, por lo menos. O doce. Cerca de la cocina, abierta, que cuenta con una pequeña mesa redonda donde voy a querer desayunar cuando no lo haga de pie, como últimamente.

El suelo es de microcemento, para ir descalza y deslizarte, en toda la casa. De un gris claro, casi beige.

La zona de sofás es un peligro, porque una vez te tumbas a leer o a charlar, ya no quieres salir de ahí nunca más. Las vistas al mar cortan la respiración. Son grandes y mullidos, en lino de varios colores.

En la parte trasera hay algunos árboles frutales. Uno de cada. Un cerezo, un olivo, un limonero, un naranjo, un manzano... Y jazmín y galán de noche y otras plantas aromáticas. Cuando vuelvo de mi paseo diario y entro por la puerta principal de la casa las remuevo y me quedo oliendo, con la cabeza ligeramente inclinada hacia arriba y con los ojos cerrados.

Son los recuerdos...

Voy al pueblo con una bici eléctrica o un quad o una moto pequeña y manejable. Ni necesito más ni quiero ruidos ni tengo fuerza ya para sujetar cosas más grandes.

El garaje, para dos coches, es un edificio independiente, con mucho espacio y todo organizado en las paredes y cajones, al lado de la casa de invitados, que suelen ocupar amigos y familia. Me encanta tener gente en casa, si ellos también se sienten en su casa. Sin cumplidos.

Leo, escribo, medito, hago actividades en el pueblo más cercano y me cuidan. El gimnasio tiene lo que ha de tener y unas vistas... Tomo el sol cuando debo, pero en la justa medida. La piel me ha pasado a estas alturas una factura inasumible...

En la cocina estás tú, con un vestido de lino azul, que deja a la vista unas preciosas piernas morenas y bien formadas, cocinando una de tus últimas recetas. Por el olor diría que es un suquet de pescado, ¿verdad? 

Yo me acerco por detrás, te abrazo por la cintura y pego mi mejilla derecha en tu espalda. Un buen rato, balanceándote despacio en un giro pequeño, repetido. Te secas las manos, las pones sobre las mías y suspiras profundamente. Sin prisa.

Ya lo sé. Me pongo a preparar la ensalada, que me he entretenido y se nos está haciendo tarde...

Faltan plantas...

¡Qué curiosa, la vida!

Después de pasar un fin de semana introducida en una naturaleza salvaje, verde y de todos los colores del otoño, con sus degradados de marrones a amarillos, con un grupo de personas que me quieren y a las que quiero, me siento de nuevo a la mesa del despacho, con la cabeza fuera.

Como si no hubiera vuelto, ¿sabes?

Como si no quisiera volver, en realidad.

Como si estar desocupada fuera una solución, en lugar de catástrofe.

Digamos que ya estoy casi del todo instalada en mi nuevo lugar.

Estoy a medias de mi cambio de armario, pero reconozco que me cuesta ubicar las cosas y que con la ropa de verano cometí errores de distribución.

Valoro enormemente el espacio, cada rincón que he ido montando. Hay rincones encantadores en cada lugar y a mi me convence bastante, además de ser un poco útero, lugar seguro, con vistas y profundidad, con mucha luz y bien ventilado.

Aunque mi frase preferida sobre este asunto es una: "la casa perfecta no existe".

No voy a extenderme en eso, pero si se piensa bien es así.

Solo faltaría que ese espacio respirara vida. 

Quizá falten plantas... 

;)

martes, 14 de octubre de 2025

Etapas y proyectos...

Que la vida está construida de etapas es algo sabido.

Darte cuenta de que has cerrado una dignamente y empiezas otra con ilusión es muy bonito.

Como por milagro me he estabilizado, aunque no paro de pensar en cambiar de vida. Y me refiero a lo profesional.

Me atropella la idea de ¿y qué voy a hacer si se me vacía la agenda y me quedo sin responsabilidades y todo eso?

Pues no lo sé.

La verdad, no lo sé.

Lo único que sé con certeza es que no vendrá nadie a buscarme por mi cv, como mucho se piensan (lo sé porque ya he estado ahí y no sucedió), que no encontraré nada remunerado si soy yo quien se pone a buscar (todo lo que sea mentorizar y dar charlas va sin dinerito anexo, que yo lo sé).

Ponerme a cambiar cosas financieras, cambiar inmuebles, comprar o -lo más probable- vender llena unos meses y poco más.

Peluquería, masajes, fisio, deportes, gardening, bicis asistidas y socializar aparentan llenar poco la agenda.

Añado estudiar cosas que me interesen. Y escribir algún relato corto.

Insuficiente, para mi.

Viajar. Vale. Todo depende...

En esas ando: intentando estar aquí mirando fijamente a mis pies y mi próximo paso para no agobiarme, por un lado, y por otro soñando con construir una vida que está tomando forma...

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Diagnósticos y mindfulness...

Contenta y bostezando. Así estoy hoy.

Estudiando cosas que me refuercen.

Y resulta que el 90% de las recomendaciones que me dan ya las estoy poniendo en práctica desde principios de año y, con más fuerza, antes de las vacaciones de verano.

El cuerpo y la mente combinados son curiosos. Demandan lo que necesitan. Solo hay que escuchar atentamente.

Exploraré con interés y disciplina las pocas cosas recomendadas que me quedan porque quiero estar mejor muy pronto.

Saber exactamente lo que estoy pasando me ha ayudado dos o tres horrores. Saber que no es una enfermedad ni un trastorno ha sido un regalo.

Y todavía me siento más privilegiada.

Coinciden en que hay que mirar a corto, al aquí y ahora. El mindfulness que hace años ya empecé a practicar, sin mucho empeño.

Pero puedo retomarlo y aprender a hacerlo mejor.

Y me pongo desde ya...

martes, 16 de septiembre de 2025

Bautizada estoy...!

Por fin le han puesto nombre. 

Ahora ya sé a qué atenerme, cómo enfocarlo, ponerle remedio, trabajar en ello.

Un poco ruleta, bastante juego y los ánimos mejorando a marchas forzadas, sin haber siquiera empezado.

Estoy más tranquila. 

Esperanzada e ilusionada.

No solo por esto, si no por todo lo demás, también.

He logrado rechazar la baja larga, seguir mi vida normal (¿?), aplazar viajes por todas partes que no me aportan si no todo lo contrario y fijarme a corto. 

Ya tengo reserva para cosas que me apetecen mucho, incluida parte de la Navidad. La otra parte hay que planificarla entera, aún.

De momento, funciona que me haya vuelto la ilusión...

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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